Ley de Bienestar animal: un año no basta

Autor: 

Gabriela Orihuela
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10 Abril 2022
| |
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El estadio estaba lleno; muchas personas gritaban, la euforia dominaba los rostros naturalizados por ver el dolor ajeno. Los vaqueros animan la escena y del saco salta un gato. Un gato que corre por su vida y, tantos y tantas, ríen ante la barbarie. No caben dudas, es violencia.

Tanto al inicio como al final, violencia es violencia; no importa de donde venga, no importan sobre quién sea ejercida, no importa si solo infundió el miedo o dejó marcas en la piel o hizo desaparecer una vida.

La soga aparece como instrumento de dominación, ¿acaso no es parte de la cadena alimenticia el dominar a los más débiles para sobrevivir? Sin embargo, esta vez no fue para que unos cuantos pudieran hacerlo, fue en un espectáculo. Donde jugar con el más débil es, tan solo, diversión.

Dicen que aquel minino está vivo, aunque aún no lo comprobamos. Por lo menos parece que él aún respira; otros, en este año, han dejado de hacerlo.

Lamentablemente, pese a la aprobación de un Decreto-Ley de Bienestar Animal en el año anterior, nuestros animales –que no se ciñen a los de compañía solamente- siguen siendo víctimas silenciosas y/o visibles de esta sociedad que necesita más cultura, educación.

En el rodeo de la XXIII edición de la Feria Internacional Agroindustrial Alimentaria Fiagrop 2022 sucedió algo más que un «lamentable hecho» — como señaló y repudió la nota de prensa del Ministerio de la Agricultura — , allí, en horas de la tarde del 8 de abril, se puso de manifiesto la crueldad que sigue manifestándose en nuestra sociedad. Sí, fue allí y fue captada por cámaras que no podían hacer más que retratar el momento. Pero, ¿cuántas veces no podemos hacer visible un hecho similar por no tener evidencias?

Hace unos días tiraron a Rafael –nombre que cariñosamente se le otorgó- contra una de las paredes del Cementerio de Colón; la semana pasada dos animales negros –un perro y un gato- fueron víctimas de practicantes de la religión, sus cuerpos todavía pueden ser vistos en las cercanías del Cementerio de Colón; en Viñales cinco caballos trabajan sin cesar, no tienen tiempo para descansar, el látigo los sigue castigando; en La Habana Vieja un perro es encontrado amarrado y lleno de garrapatas, murió esa misma tarde.

Pocas han sido las personas sancionadas luego de la aprobación del Decreto-Ley -o, al menos, fueron escasos los ejemplos dados a conocer-. No obstante, sabemos que son más, muchos más. Las redes sirven como lugar de denuncia, los estados de WhatsApp. ¿Por qué? Contamos con un ministerio que debe velar por la integridad, bienestar y protección animal y con otras entendidas rectoras de la disciplina en el país. Los correos y las llamadas para realizar las denuncias no bastan.

Toda ley posee dos componentes indispensables: un componente punitivo y uno educativo. No existen los mecanismos necesarios para que el primero se cumpla. Nuestro Decreto-Ley sigue dando pasos pequeños para lograr minimizar esos actos que no son deslices, son hechos que atentan contra la vida de alguien que, por no ser humano, está siendo invisible.

Lo de ayer, sumado a otros muchos actos de violencia, crueldad y sadismo, nos ratifican que el camino correcto es través de la educación. ¿Cómo y cuándo comenzamos a hacer esta educación más extensiva? La tarea no puede recaer solamente en los hombros de los protectores, naturalistas y animalistas.

Mañana es el Día del Perro en Cuba, pero se clama por todos los animales: por los que gozan de una familia, por los que viven en las calles, por los que yacen enterrados, por los que son fuerza de trabajo, por los que viven en laboratorios, por los que nacen con una fecha de muerte, por los que entregan su vida debido a la fe humana, por los que se esconden en los campos, cuevas, arroyos, por los que están por nacer.

Los animales no hablan, pero sienten. Nosotros somos su voz.


 

 

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