Maremoto

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
|
07 Julio 2017
| |
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Crédito de fotografía: 

Ilustración: Roberto Javier Quintero Gutiérrez

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Conocidos también con el nombre de tsunamis, son fenómenos naturales de poca frecuencia en el Caribe. Sin embargo, su ocurrencia cerca de Cuba no es imposible y resulta necesario estar atentos a los comunicados de la Defensa Civil y buscar refugio en montañas u otras elevaciones del terreno.

Comenzaba a caer la noche. La suave brisa invernal era casi insignificante en aquella zona del Oriente cubano. Los habitantes de la Villa Primada sintieron los bruscos temblores a tempranas horas de la tarde. Luego, muchos regresaron a  algunas de sus labores diarias, mientras otros permanecieron expectantes a posibles réplicas.

De pronto, la cotidianidad fue interrumpida y la alarma se hizo tangible. Los vecinos de Baracoa escucharon las primeras voces de alerta desde un helicóptero de la Defensa Civil que surcó el cielo de la ciudad: se acercaba un maremoto.

A las 4 y 53 minutos de la tarde del martes 12 de enero del 2010 un potente terremoto de 7,3 en la escala de Richter, se registró a 15 kilómetros de Puerto Príncipe, la capital haitiana. Poco después, el Centro de Prevención de Tsunamis del Pacífico notificó la posibilidad de ocurrencia de uno de esos eventos marinos para los países que conforman La Española y Cuba.

Rafaela Ferreiro, una baracoense testigo del suceso, recuerda con la mayor claridad que aquel anochecer todo el mundo se subió a las lomas.

“Nuestra ciudad está a baja altura con respecto al nivel del mar y no podíamos quedarnos. Nos señalaron que subiéramos a los puntos más altos en las montañitas y que nadie volviera a sus casas hasta próximos avisos.

“Yo creo que en menos de 30 minutos los mil y tantos habitantes de la ciudad ya estábamos evacuados. Todo el mundo cogió lo indispensable, agua, la leche para los niños. Nadie se quedó atrás, para las lomas fueron los ancianos, los enfermos, personas en sillas de ruedas…”

Rafaela, quien siguió las orientaciones de la Defensa Civil junto a su familia, todavía agradece la actitud de quienes viven en aquellas lomas, que abrieron sus puertas para dar un lugar seguro a los posibles damnificados en caso de la llegada del tsunami.

“Todos fueron muy hospitalarios y hubo albergados hasta en el Hotel Castillo, que también se encuentra sobre una de nuestras alturas”.

Cerca de las nueve de la noche, rememora la baracoense, desde otro helicóptero se advirtió a todos que podían volver a sus casas; ya no había peligro.

“No pasó nada, pero aquella noche todo el mundo durmió con un ojo abierto y el otro cerrado. Había mucho miedo a que de todos modos ´aquello´ viniera por la noche”.

A pesar de la angustiosa situación, los vecinos dela primera villa fundada en la Isla pudieron encontrar lo positivo. Ahora ellos están al tanto acerca de algo que muchos otros cubanos desconocen: Cuba no está exenta de la visita de los maremotos.

Ruptura en el fondomarino empuja el aguahacia arriba e inicia la ola

A medida que se acerca a tierra firme su velocidad disminuye (45 km/h) pero aumenta su altura La ola llega a la costa y destruye a su Paso De dónde vienen ¡y cómo van!

Los maremotos son ondas largas, con una longitud de diez a 200 kilómetros. Su apariencia es similar a una elevada cortina de agua. Como promedio, alcanzan una altura de seis a siete metros, pero algunos consiguen 30 y hasta 40.

La velocidad media de las ondulaciones, cuando se origina el fenómeno, oscila entre los 600 y los 900 kilómetros por hora. Pero al arribar a las costas lo hace a unos 36 kilómetros por hora, rapidez similar a la de un corredor de cien metros planos tras cruzar la meta.

Huir de ellos es como tratar de vencer a Usain Bolt: ¿alguien lo ha conseguido en los últimos años? Por eso, uno de los factores más importantes para prevenir la pérdida de vidas humanas es conocer las causas y características de las enormes olas.

Uno de los signos inequívocos de su aparición es la rápida y espontánea retirada del mar. Al ocurrir esto es necesario alejarse rápidamente del agua y buscar lugares elevados. Sucede lo mismo cuando se produce un terremoto cercano a las zonas costeras y es capaz de hacer caer un individuo al suelo.

El 26 de diciembre de 2004 el mundo fue testigo de la muerte de más de 280 mil personas, provocada por la sucesiva ocurrencia de tsunamis en la mayor parte de los países con costas al Océano Índico. El grupo de maremotos fue provocado por un terremoto submarino de magnitud 9,0, según la escala sismológica de Richter.

Las olas provocadas por el temblor se elevaron a más de 30 metros, en las zonas más próximas al epicentro del fenómeno sísmico, cercano al norte de

Sumatra. Por otro lado, las altas ondulaciones provocaron el deceso de al menos ocho personas en las costas de Sudáfrica, completando un recorrido de más de ocho mil kilómetros.

Pero la ocurrencia de sismos, submarinos o terrestres, no es la única causa de los letales maremotos. En el área del Caribe, además de los estremecimientos de la placa tectónica, existen otras dos fuentes principales para la posible producción de esas eventualidades oceanológicas.

Una de ellas son los desplazamientos o deslaves del terreno. Al caer una gran masa de tierra al mar se provoca un enorme desalojo de agua y se genera una onda de maremoto.

Las erupciones volcánicas constituyen otra fuente. Los volcanes marinos y los ubicados en las superficies terrestres resultan igualmente peligrosos. Ambos son capaces de emitir grandes cantidades de flujos piroplásticos al ambiente marino, lo cual desplaza las aguas aceleradamente y pudiera generar las ondas necesarias para la aparición de un tsunami.

El maremoto más fuerte del que la historia tiene registros fue provocado por la erupción del volcán Krakatoa, en Sonda, una isla indonesia, en 1883. Según distintos autores, la ola generada se elevó sobre los 35 y 42 metros de altura.

Marcelino Hernández González, jefe del Departamento de Oceanografía del Instituto Cubano de Ciencias del Mar (ICIMAR), advierte que en la zona donde se encuentra nuestra Isla, cualquiera de esas tres causas potenciales es particularmente peligrosa.

“El Mar Caribe y el Golfo de México realmente son pequeños. Si se produce alguno de estos fenómenos y da origen a un maremoto, este puede tardar solamente una o dos horas en llegar a nuestros litorales, quizás menos”.

Hernández González también enfatiza que aun cuando las olas de maremoto solo tengan unas decenas de centímetros de altura, no deben ser subestimadas.

Según el experto, “experiencias reales y ensayos de laboratorio demuestran la generación de fuertes corrientes capaces de inundar las partes bajas de la costa y hacer caer a niños o ancianos que pueden sufrir serios daños; incluso fallecer a causa de un golpe o asfixia”.

Viaje de una onda de tsunami provocada por una erupción volcánica.

De 600 a 900 Km/h Capaz de alcanzar Cuba en solo 7 horas aproximadamente

De cabo a rabo, caimán amenazado

Científicos especializados en la sísmica marina destacan la presencia de dos fallas transversales al sur de Cuba, las cuales se deslizan una encima de la otra. El jefe del Departamento de Oceanografía del ICIMAR corrobora que esto puede provocar movimientos verticales y dar lugar a una especie de efecto de pistón donde se impulse al agua hacia arriba.

Los terremotos mayores de siete grados en la escala de Richter que ocurran en esa zona, así como al norte de La Española o de Puerto Rico, constituyen una amenaza de maremotos, principalmente para la mitad oriental de la Isla.

Pero lo cierto es que la mayoría de los modelos y escenarios matemáticos indican que todo el archipiélago puede ser embestido por eventos de ese tipo, aun cuando la incidencia sea menor en la región occidental. Tristemente, la mayoría de los estudios se ha centrado en buscar posibles causas en el Mar Caribe.

“No se han hecho muchas investigaciones acerca de qué pasaría si ocurrieran terremotos u otras fuentes de tsunamis en el Golfo de México. Tampoco es una zona tan precursora de esos fenómenos.

Sin embargo, un día podrían generarse y sin dudas afectaría fundamentalmente al occidente del país”, puntualiza Hernández González.

El aumento de las poblaciones en los asentamientos costeros, el incremento de la presencia turística y las amargas experiencias de otras regiones del planeta, motivaron e impulsaron la vigilancia contra maremotos en Cuba.

En 2015, la nación se unió al Grupo de Coordinación del Sistema de Alertas de Tsunamis y otras Amenazas Costeras del Caribe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La Defensa Civil de la Isla ya tenía un trabajo previo desde hace varios años.

Nuestra respuesta ante las alarmas provocadas por el terremoto de Haití da testimonio de ello.

Para perfeccionar las acciones de prevención necesarias contra esos desastres, los investigadores cubanos se valen de los mencionados modelos matemáticos de pronóstico de propagación y amplitud

Fallas terrestres

Zonas de terremotos potenciales generadores de tsunamis

de ondas de maremoto, así como de las redes de observación sísmica y mareográfica del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CNAIS) y el ICIMAR.

Los expertos nacionales también trabajan de conjunto en proyectos de investigación y colaboración que envuelven a la mayoría de los países con costas al Caribe, y otras organizaciones como la Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) y el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico, entre otros.

Además, el CNAIS y el ICIMAR, con las estimaciones de las posibles embestidas y daños, coordinan sus resultados con la Red Mareográfica Nacional de la Agencia Topo-GEODESA del Grupo Empresarial Geocuba.

La mayoría de estos institutos tienen herramientas que funcionan en tiempo real para captar resultados, y a su vez están en comunicación con el resto del mundo. Los equipos que todavía no cuentan con esa facilidad tienen la posibilidad de ser interconectados en el futuro. Mientras tanto, son empleados por los investigadores para recopilar datos.

Por otra parte, el Estado Mayor de la Defensa Civil es el encargado de organizar a las personas y movilizarlas en tiempos acelerados.

“Un maremoto no es un ciclón, donde hay fase informativa, de alerta y de alarma. En caso de tsunamis las dos primeras etapas se funden en una y sedeben realizar las labores preventivas en escasos minutos.

La Defensa Civil no tiene tiempo de esperar por una estimación del recorrido del fenómeno. Se debe evacuar el mayor número de poblaciones cercanas a las costas por donde podría venir el evento”,explica Hernández González.

La falta de percepción de riesgo es uno de los grandes problemas que padecemos todavía muchos cubanos respecto a los maremotos, una significativa debilidad a la hora de enfrentar una catástrofe de ese tipo, advierte el jefe del Departamento de Oceanografía del ICIMAR.

No se trata de vivir con miedo, solo saber que es importante, como bien lo saben los baracoenses, dormir con un ojo cerrado y el otro atento.

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