Naturaleza guajira

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
|
19 Agosto 2015
| |
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Crédito de fotografía: 

Cortesía de la entrevistada

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“A esta niña en pañales que acaba de llegar, hay que cujearla en el bosque para ver qué da”.

Dra. Leda Menéndez Carrera*

Maritza es una mujer inquieta. Hasta en su imaginación desanda las coordilleras pinareñas que tan bien conoce. Acostumbrada al verde de los montes, el canto de los pájaros y el olor de la tierra húmeda en las mañanas, después de dos décadas de trabajo en la Reserva de la Biosfera Sierra del Rosario, no acaba de adaptarse a estar detrás de un buró, una obligación ineludible como directora del Centro Nacional de Áreas Protegidas (CNAP).

“Aunque en Sierra del Rosario también era dirigente, usualmente estábamos en el campo. En el día podíamos caminar hasta sesenta kilómetros entre idas y vueltas. Era una actividad al aire libre y muy práctica”, dice, aunque reconoce la utilidad de su trabajo actual 

“Guiar un centro como este, donde hay tantas personas con un alto nivel científico, significa un reto que supone lecturas y actualización constantes. Hoy el CNAP maneja 211 sitios alistados como áreas protegidas con valores marinos, costeros y terrestres, exclusivos en la biodiversidad a nivel mundial.

“De ahí que deba ser capaz de negociar y mantener el equilibrio a la hora de conversar con los manejadores de los territorios y los propietarios de la tierra, pues la diversidad de administradores con los que tenemos que relacionarnos así lo demanda”.

Artemiseña hasta los huesos, Maritza siente a Pinar del Río como su propia casa. Fue allí donde conoció a las dos pasiones de su vida: la ingeniería forestal y a su esposo.

“En la época en que cursaba el preuniversitario había que incluir hasta diez opciones en la boleta de solicitud de carreras. A mí siempre me gustó la biología y la puse como primera opción, pero las prioridades académicas del país me llevaron por otros rumbos, explica la hoy Doctora en Ciencias Ecológicas y Forestales.

Así fue a estudiar a la ciudad de Pinar del Río, en el centro universitario Hermanos Saíz Montes de Oca, donde se convertiría en líder de la FEU en su Facultad y luego de la universidad.

“Como alumna me fue bien, aunque muchas veces lloré por estar lejos de mi casa. Pero disfruté de los festivales juveniles, culturales y los juegos deportivos Guamá”, recuerda.

Son de la loma

A la Sierra del Rosario llegó en su primer mes de inserción laboral. Debido a las características de la profesión elegida, la recolección in situ de datos en los bosques resulta vital.

“Es preciso observar periódicamente el aumento del diámetro de los árboles y su altura, entre otras particularidades que permiten conocer cuántos metros cúbicos de madera podrán obtenerse”.

Fue en la loma El Taburete donde la joven estudiante decidió montar las veintidós parcelas de monitoreo: un bosque siempre verde predominante en la región, una pendiente de 70 grados y una impresionante biodiversidad.

Las cualidades de la zona le permitieron establecer áreas de 20 por 25 metros, explica. “En ellas trabajé durante toda la carrera. Numerar los árboles y cortar los ejemplares enfermos fueron algunas de las tareas que desarrollé en ese tiempo”.

Después, se quedó. Su amor por esas lomas y por las personas que la acogieron, la estimularon a formar parte de la Estación Ecológica que allí funcionaba, al mando de la Dra. Leda Menéndez, única mujer además de ella.

“Trabajar junto a Leda fue muy importante. Representa un paradigma para mí y aún hoy, después de tantos años, sigue siendo una figura significativa dentro de la historia de la Sierra del Rosario”.

Junto a la Dra. Leda Menéndez, quien fuera durante muchos años la directora de la Estación Ecológica en Sierra del Rosario. (Foto cortesía de la entrevistada)

─ Fuiste la primera cubana en obtener el Premio del Programa Hombre y Biosfera (MAB, por sus siglas en inglés), que otorga la UNESCO a jóvenes investigadores menores de cuarenta años. ¿Qué significó para ti?

─ Este es un galardón que se otorga a proyectos relacionados con el programa de reservas de biosfera. Solo se conceden diez al año y consiste en cinco mil dólares para financiar tu investigación. Así que imagina lo que significó ganarlo para una joven de 23 años.

“Fue un premio que reconoció mi labor como investigadora, pero también el trabajo realizado por Cuba. Que una joven en un lugar tan apartado como la Sierra del Rosario obtuviera ese galardón al que aplicaron muchas personas en el mundo, deja una honda huella personal”.

─ En el año 1991, cuando se te otorgó el Premio MAB-UNESCO, recibir ese dinero en efectivo no era lo usual. ¿De qué forma pudiste disponer de él?

─ “Por la importancia que Cuba tenía en el quehacer sobre reservas de biosfera, la UNESCO buscó la variante de entregarnos equipamiento que nos ayudara en las investigaciones. Fue así como tuvimos nuestra primera computadora. Una maquinita con un disco duro de un giga, para siete especialistas”.

De principio a fin

Maritza siempre da los buenos días al sol en la carretera. Su naturaleza “guajira”, como suele decir, hace que sea la primera en llegar a su centro de trabajo y la última en irse.

En los 70 kilómetros que separan su casa de la oficina, en el municipio de Playa, en La Habana, aprovecha para leer informes, documentos, repasar su plan del día, con tal de no escatimar tiempo para cumplir con sus obligaciones, un valor aprendido de sus padres.

 “Es duro trasladarse desde Artemisa todos los días, si tenemos en cuenta que la distancia a recorrer no es poca, pero es algo que ya tengo incorporado desde hace siete años. Sin embargo, no creo que me jubile aquí porque esto requiere de un dinamismo que se va perdiendo con la edad, pero estoy adiestrando a las nuevas generaciones para que continúen con esta labor”, subraya Maritza García. Dinámica y muy práctica, esta mujer encuentra en su madre y esposo la fortaleza para seguir. A él  lo conoció en Las Terrazas, una de las áreas más bellas de la Sierra del Rosario, cuando como estudiante iba a las siembras de árboles, aunque solo después de comenzar a trabajar allí entablaron amistad.

“Fue durante la limpieza de un terreno. Los hombres tenían que botar la basura y las mujeres hacer el resto de la faena. Mientras nosotras trabajábamos, él solo entretenía con cuentos. Así que le dije que alternara entre el trabajo y las historias”, sonríe Maritza, al recordar que al final los dos terminaron compitiendo para ver quién era el mejor.

Veinte años no es nada

Con más de 27 años de vida laboral y una fructífera carrera, Maritza teme que no le alcance el tiempo para llevar a buen puerto la tarea que hace mucho le asignara la entonces ministra de Ciencia, Dra. Rosa Elena Simeón, al proponerle la dirección del CNAP.

Por el alto prestigio que tiene Cuba en la labor que realiza en sus áreas protegidas, profesionales de diversas especialidades han colaborado con países como México, República Dominicana, Haití, Venezuela, Colombia, Costa Rica y Panamá. Maritza de visita por uno de esas naciones. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

"Reconozco que soy muy exigente con todos y conmigo misma. Creo que los seres humanos debemos concluir las obras que comenzamos. Por ese motivo, yo trato de superar los obstáculos y hacer lo necesario para cumplir el compromiso asumido”.

─ Has recorrido toda la Isla. ¿Cuál crees que es la región más conservada?

─ La Sierra del Rosario es sin dudas un paradigma de la biodiversidad; sin embargo, no puedo decir sea la mayor o la mejor de toda la Isla porque hay otras regiones importantes como Cuchilla del Toa y Guanahacabibes, cada una con diferentes ecosistemas.

─ ¿Qué percepción existe sobre la labor que realiza Cuba en el cuidado y manejo de sus áreas?

─ La Isla es ejemplo en el manejo de su biodiversidad y áreas protegidas. Eso se debe a la importancia que le concede el Estado cubano al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). También a la alta calificación del personal y las instituciones científicas y reguladoras que acompañan a ese sistema. Así como a la capacidad técnica y de gestión que tenemos.

“Asimismo, el reconocimiento está dado por ser Cuba, una de las pocas naciones que opera un SNAP incorporado a las políticas del Estado, pues hay países donde esas regiones son privadas”.

─ ¿Crees que las conversaciones por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, beneficien la labor que se realiza en las áreas protegidas?

─ A mí me parece muy importante ese acercamiento, pero en materia medioambiental nunca han existido barreras porque el ecosistema es uno y las especies se desplazan libremente.

“Además, ya llevamos varios años trabajando estos temas a través de Organizaciones no gubernamentales, porque la ubicación geográfica que tiene Cuba es fundamental para cualquier actividad de manejo que se haga en el Golfo. De igual forma, hay que tener en cuenta el papel de  las corrientes marinas, sobre todo en el alevinaje. Existen  ejemplares que vienen a reproducirse en nuestras aguas y luego regresan a sus territorios”.

 Compartir la experiencia adquirida durante su vida profesional, es la finalidad de esta mujer que aún se siente joven. Ella apuesta por un empleo adecuado del medio ambiente y está convencida de que conseguirlo implica aprender a valorar sus beneficios para la vida. “Es por eso que la educación ambiental constituye quizás el eslabón más importante para despertar en las nuevas generaciones el respeto por la naturaleza”.

Para Maritza el cuidar la naturaleza es tan importante como respirar. Por eso es esencial aprovechar cada momento para disfrutarla. (Foto: Cortesía de la entrevistada)

 

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