Las naves de los gérmenes II

Autor: 

Claudia Alemañy Castilla
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08 Julio 2017
| |
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Ir al dentista es, para muchos, motivo de espanto. Hay quienes solo con pensar en la silla, devenida mesa de trabajo, se sienten desfallecer. Laura, por el contrario, nunca ha tenido miedo de los estomatólogos.

Pero la joven paciente habanera confiesa que sí padece pánicos cuando su doctora le confiesa que lleva una semana con los mismos guantes de látex.

-No te preocupes, advierte siempre la especialista. Yo los hiervo en mi casa cada vez que me los pongo.

Es que ahora mismo no hay medida para mis manos y todos me quedan muy grandes o extremadamente pequeños.

Laura deja a la galena hacer su trabajo sin comentarios. Se recuesta sobre el asiento y cumple al dedillo las indicaciones. Aunque la muchacha nunca pregunta, siempre se queda con dudas: ¿Hervir las herramientas de trabajo es suficiente para que los pacientes no queden indefensos ante los gérmenes? ¿Es correcto usar un solo par de guantes al día sin importar el número de pacientes atendidos?

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“La blefaritis es causada por una infección de bacterias u hongos que frecuentemente se alojan en los parpados debido a prácticas higiénicas inadecuadas. Por ejemplo, si nos pintamos con el delineador de otra persona, estamos exponiendo nuestros ojos a los microrganismos de otros. Es como usar el peine o el cepillo de dientes de alguien más”.

El oftalmólogo escogía muy bien las palabras para explicar a Noemí y a su hija el funcionamiento de la enfermedad. Las dos comentaron que la adolescente estaba cursando el preuniversitario becada y las experiencias del médico indicaban que el padecimiento era común en esas edades por diversos motivos.

La jovencita tenía un ojo irritado y con muchas secreciones y el doctor comenzó a limpiarla mientras hacía énfasis en la higiene y el adecuado tratamiento.

“Es necesario que la paciente emplee una toalla solo para lavarse la cara y esta y las fundas de las almohadas donde duerme la niña deben lavarse a diario. También deberá ponerse fomentos de agua tibia y mantener los ojos siempre despejados de las incomodas costras. ¡Y nada de lentes cosméticos!”.

El oculista se aseguró con el microscopio de retirar todas las capas infecciosas con una torunda estéril. Al terminar, echó la gasa a la basura, junto a otros desperdicios: envoltorios de papel y las sobras de su almuerzo. Se sentó tras su escritorio y escribió una receta de antibióticos.

De repente llamaron a la puerta de la consulta y otro doctor atravesó el umbral. Los dos hombres se saludaron con alegría; al parecer hacía mucho tiempo que no se veían. Mientras tanto Noemí, desde una esquina de la habitación, se preguntaba en qué momento el doctor se iba a lavar las manos.

Por desgracia, ni los pacientes ni el galeno parecían preocupados porque la torunda contaminada fuera desechada sin mayores cuidados.

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Yanara se convirtió en la sensación de todo sexto grado cuando llegó aquel el lunes con un curioso pececito transparente colgado de uno de los bolsillos de su mochila a modo de llavero. De pronto, todos sus compañeritos querían tener uno igual.

La niña de doce años, con una sonrisa de satisfacción, decía a sus amiguitos que pasaran por su casa pues su mamá los hacía y los vendía a cinco pesos cubanos.

Una de las maestras también quedó prendada del curioso aditamento y pidió a la pionera echar un vistazo más detallado. Con sorpresa miró a la pequeña y dijo: ¡Está hecho con los cables de sueros de hospital!

–¡Claro, profe! Mi tía es enfermera y le trae los tubitos viejos a mi mamá. En la casa yo la ayudo a lavarlos y a hacer esas bonitas artesanías.

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Estas curiosas anécdotas constituyen un vívido ejemplo de cómo pacientes y trabajadores de la salud olvidan los cuidados necesarios en torno a los desechos médicos hospitalarios. Los motivos son diversos.

Por lo general, la percepción del riesgo es baja y se desatienden los pasos básicos a seguir para la reducción final de los remanentes. Otra de las causas fundamentales es la falta de implementos indispensables para la apropiada recogida de los restos.

La doctora Raquel Junco Díaz, especialista de Seguridad Ambiental del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología (INHEM), señaló a Juventud Técnica que muchas consultas y cuerpos de guardia carecen de implementos que ayuden a la adecuada segregación.

“En los cubículos nunca hay más de un cesto de basura, cuando deberían ser al menos dos para poder diferenciar los desechos dañinos de los que no lo son. Aunque lo ideal sería contar, desde las áreas de atención primarias de los centros de salud, con envases para los restos biosanitarios, anatomo-patológicos y los corto-punzantes”.

La especialista reconoció que esos recursos supondrían mayores gastos, pero también advirtió acerca de su valor para prevenir enfermedades.

“Lo más importante es realizar las primeras acciones del ciclo de manejo de los remanentes peligrosos desde el origen. La segregación, uno de los pasos más importantes, puede ser realizada por los propios médicos. Los cirujanos no deben estar atentos a esas tareas mientras se encuentran en las labores del quirófano, y el cuidado de dichos “detalles” se convierte en responsabilidad de enfermeras u otros técnicos. Pero en las consultas externas, nuestros galenos con frecuencia no conceden la debida importancia a la correcta disposición de los desechos”.

En los hospitales del país, por lo general, se conforman grupos de enfermeras, técnicos de limpieza y doctores, lo cuales se encargan de organizar las labores higiénicas relacionadas con los desperdicios resultantes de la actividad médica. Esos equipos son los responsables de realizar los diferentes procesos para la reducción de la basura.

Regla Bermúdez Pérez, especialista de segundo grado en Microbiología y coordinadora nacional del Programa de Desechos Sólidos y de Bioseguridad del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), puntualizó que también existe una estructura nacional para establecer las pautas de funcionamiento de esos equipos de trabajo.

“La máxima figura es el jefe del programa, que radica aquí en el MINSAP, y además hay responsables por cada provincia y municipio. Hacemos reuniones anuales entre todos, así como entrenamientos”.

De acuerdo con Bermúdez Pérez, también existe un plan de capacitación, de carácter anual y sistemático, que se imparte primero a nivel de país y luego es difundido en las diferentes regiones de la Isla. Lo establecido es que cuando el adiestramiento llegue a los equipos individuales de cada centro de salud, estos deben compartirlo con sus demás compañeros de trabajo.

“Dichos espacios son indispensables para divulgar nuevos resultados e investigaciones. Por ejemplo, años atrás, el papel donde vienen guardados los instrumentos estériles era considerado peligroso y se botaba junto con las demás herramientas.

Manualidades con tubitos de sueros

Hay desigual rigor en exigir que se cumplan las medidas higiénicas que deben tener quienes manejan desechos peligrosos hospitalarios en el espacio laboral.

Los médicos en el salón deben atender cuestiones exclusivamente quirúrgicas, por eso se necesita personal especializado que cuide de los desechos. (Foto: Roberto Suárez)

Actualmente, se ha comprobado que esos envoltorios no contienen ninguna contaminación y pueden ser reciclados”, especificó la doctora Junco Díaz.

 La jefa del servicio de higiene de un hospital capitalino advirtió a Juventud Técnica que en varias ocasiones ha convocado a los trabajadores de la institución para celebrar conversatorios e incentivar las buenas prácticas entre todos. Sin embargo, en su caso particular, los encuentros no cuentan con mucha asistencia y tampoco con el apoyo incondicional de los directivos.

¿Vestirme bien… para la basura?

La actividad de manejo de los remanentes peligrosos, además de la adecuada preparación de quienes realizan esas labores, requiere de una vestimenta y prácticas particulares relacionadas con la apariencia física. La protección propia y de otros seres humanos debe ser la prioridad.

“De manera elemental, se requiere de un uniforme blanco, donde las manchas sean fácilmente perceptibles. También es muy importante el uso de un gorro que recoja todo el cabello, pues este puede

El Manual de manejo de desechos médicos, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicado en el año 2014, remarca que la ropa de quienes laboran con los desechos médicos dañinos debe de cumplir pautas elementales.

Según el documento, las mangas de las camisas deben de ser de tres cuartos (hasta los codos aproximadamente) y los guantes deben cubrir desde los dedos hasta esa parte de los brazos, de forma tal que ninguna parte del cuerpo quede desprotegida. Los botones de la bata tienen que estar correctamente cerrados.

Cuando existan grandes amontonamientos de basura dentro de los espacios de almacenamiento, es necesario el empleo de nasobucos para evitar el contacto con los aerosoles que se generen en áreas reducidas.

El grosor de los guantes también es importante. Este debe variar en dependencia de la actividad de recolección que se realice. En caso de manipular los objetos corto-punzantes, las prendas de protección deben estar reforzadas en las puntas de los dedos y en las palmas de las manos para evitar que los recolectores se pinchen.

Por desgracia, en algunos centros hospitalarios nacionales esas medidas de protección no son cumplidas con rigor y predominan los métodos alternativos y poco seguros para el manejo de los desechos.

Por lo general, las prendas son “las que aparecen” y no las adecuadas.

También se trabaja con anillos, pulsos y otros adornos, a pesar de que lo único permitido es el empleo de un reloj de mano, en caso de ser indispensable para la labor.

Otra problemática sobre la cual se aprecian descuidos es en torno a la limpieza y el lavado de las ropas empleadas por los trabajadores de la salud.

¿Conoce de algún médico que no cuelgue sus batas en la misma tendera donde están sus ropas del diario? Es poco probable. Los investigadores del INHEM alertan frecuentemente sobre los potenciales peligros relacionados con la higienización de la vestimenta de trabajo junto a las usadas en el hogar.

Sin embargo, la infracción prevalece. Incluso, Juventud Técnica pudo conocer de casos particulares de cirujanos que lavan la ropa de toda la familia junto a la del quirófano para evitar las demoras del sistema de limpieza de esas prendas en sus hospitales.

Si bien algunas de las faltas de cuidados mencionadas son responsabilidad de los trabajadores, existen otras medidas indispensables relacionadas con la vestimenta que dependen del centro hospitalario. Incluso, en muchas ocasiones, los trabajadores no cuentan con locales necesarios para cambiarse de ropa o tomar un baño al terminar la jornada laboral.

Regla Bermúdez, funcionaria del MINSAP, explicó las formas de capacitación del personal de salud respecto a los desechos hospitalarios

La doctora Raquel Junco del INHEM destacó la necesidad de un sistema integral para declarar incidencias

Los encargados de velar por los desechos no cuentan con la vestimenta adecuada

Buenas y malas prácticas de personal encargado de los desechos.(las contravenciones que ocurren) (lo que está establecido), Uniforme blanco donde se aprecien las manchas y con mangas tres cuartos.

Botones de batas del uniforme cerrados.

Se requieren guantes.

Cabello recogido y uso de gorro.

Uso de nasobucos en espacios con mucha concentración de remanentes.

Manos limpias, sin aditamentos, solo un reloj en caso de ser necesario.

Equipos para la recogida interna y embalaje de los desechos ya descontaminados.

Se prohíben los alimentos y los objetos personales en las áreas donde se manejan los desechos.

No comer o fumar en áreas con riesgo de contaminación.

Las personas no autorizadas no pueden acceder a las áreas donde hay riesgo d infección a partir de los desechos peligrosos.

Uso de cualquier ropa, principalmente aquella que los técnicos traen de sus casas.

Bastas abiertas.

Manejo de los desechos sin guantes.

Trabajar con el cabello suelto y mal protegido.

No empleo del nasobuco.

Uso de anillos, pulseras y otros adornos durante el tratamiento de los desechos.

Equipos sin descontaminar.

Guardar alimentos, objetos de uso personal y otros enseres ajenos en las áreas de trabajo.

Comer, fumar, beber o aplicarse cosméticos en áreas de trabajo con riesgo biológico.

Permanencia de personas en áreas donde se prohíbe estrictamente el acceso de personal ajeno.

Monitoreo de las reacciones físicas y biológicas del personal expuesto (una especie de cuarentena o aislamiento para prevenir la propagación)

Esquema de Norma cubana de bioseguridad para casos de exposición

Evaluación de las causas

Rellenar un formulario de reporte

Reportar a un superior

Prevenir las repeticiones

De cortes y puntadas

Alexis es laboratorista en un policlínico de la provincia de Granma. Cuenta con varias décadas de experiencia y es muy respetado por sus compañeros, pues rara vez ha de repetir un análisis u obtiene resultados erróneos.

Su trabajo, como bien él dice, consiste en estar rodeado de placas Petri y tubos de ensayo. Sin embargo, está consciente de que los accidentes pueden suceder, incluso a aquellos bien preparados.

Hace apenas un año, el especialista granmense se pinchó un dedo mientras manipulaba una aguja con la cual había extraído sangre a un paciente diagnosticado con Hepatitis B. Relata que por una fracción de segundo estuvo aterrado y a punto de gritar.

Sin embargo, prefirió permanecer callado. Había sido solo una leve perforación y casi no había marca alguna en la epidermis. Terminó con el paciente, se fue al laboratorio y organizó el trabajo pendiente. Al terminar, pidió el resto de la tarde a su superior y se fue a casa tranquilamente.

Durante una semana, Alexis se mantuvo a sí mismo bajo observación. Se tomaba la temperatura e incluso buscaba síntomas fáciles de reconocer que pudiera presentar debido a un posible contagio. A los quince días se hizo un análisis para comprobar si estaba libre de la enfermedad y dio negativo. Continuó repitiendo el estudio por más de seis meses sin decir nada a sus compañeros.

“No dije nada porque no quería causar pánico. Además, todavía hoy no tengo bien claro a quién tengo que informar cuando sucede algo como eso aquí en el policlínico”, comentó a Juventud Técnica el científico granmense.

El dilema de Alexis probablemente es el mismo de muchos otros especialistas cubanos que manejan desechos médicos peligrosos. La doctora Junco Díaz, del INHEM, afirma que una de las posibles razones de esas deficiencias es la ausencia en el país de un sistema integral de reportes de accidentes, ya sea por punción, exposición a sangre o de cualquier otra índole.

“No aparecen prácticamente estadísticas de que esto acaece en Cuba. Creemos que al menos el 90 por ciento de los casos pasan de forma inadvertida. No es un fenómeno exclusivamente nuestro, puede suceder en cualquier otra parte del mundo, pero la mayoría de los países tienen formas de registrar las incidencias”.

La Norma Cubana de Bioseguridad establece los diferentes pasos a seguir para reportar los casos de exposición a enfermedades. Sin embargo, Junco Díaz advierte que con gran frecuencia las personas no declaran el contacto.

Pareciera que la mayoría de los responsables de manipular los desechos en los centros hospitalarios del país están de espaldas a otros datos difundidos internacionalmente. La OMS dice que un virus puede permanecer en una jeringuilla hasta ocho días después de esta ser utilizada.

Desde el año 2000, la organización publica estimaciones anuales donde se plantea que el contacto con desechos médicos peligrosos provoca aproximadamente 20 millones de infecciones por Hepatitis B y, al menos, dos millones por la de tipo C. Además, las agujas contaminadas en instituciones de salud son las causantes de más de 260 mil casos de contagio del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH).

La especialista del INHEM advierte que puede haber diferentes métodos para contrarrestar la ausencia de información acerca de estos percances en hospitales nacionales.

“En la mayoría de los centros de salud del país existe al menos una computadora y podríamos habilitar un software que registre todos los accidentes”, expresó Junco Díaz.

La falta de rigor en la preparación de los trabajadores que manipulan los residuos, junto a los elevados costos de los equipamientos y la convergencia de un variado número de instituciones responsables por el adecuado funcionamiento del proceso, requieren de análisis más exhaustivos. Es necesario ser más incisivos con el problema y priorizar la formación del recurso humano.

De esa forma, los pacientes no tendrán que ser atendidos con guantes inadecuadamente higienizados, las torundas contaminadas no quedarán mal segregadas y los niños no jugarán con llaveros hechos de tubos de sueros reutilizados.

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