Reality show

Autor: 

Yunieski Betancourt Dipotet
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23 Enero 2014
| |
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Crédito de fotografía: 

Ilustración: Carlos Pérez Zamora, estudiante de Diseño

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El sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse casi un día entero.

Josué 10:13







I. El israelita

Refreno a mi caballo y clavo mi lanza en el pecho de un amorreo moribundo. Su sangre me salpica y mis hermanos de Isacar gritan. Son sombras rojas que entrechocan sus armas, alabándote, Señor de los ejércitos.

La llanura de Gabaón es un hervidero de carros de guerra incendiados y miles de amorreos destrozados. Adonisedec, Oham, Faram, Jafia y Dabir osaron desafiarte, y yacen a tus pies, sus huestes y coronas quebradas.

Soberbios, vinieron en sus carros tirados por caballos pintados, con estruendo de címbalos y cuernos; cargando a sus ídolos de piedra y madera, orando a sus oídos sordos y pidiendo bendiciones a sus bocas muertas.

Pero su fuerza se hizo nada ante nuestro empuje y sus cantos blasfemos se volvieron aullidos de terror y su huida fue como una estampida de reses.

En su locura, creyeron que la noche los protegería, pero cuando llegó su hora, tu luz divina se adueñó del cielo, que se tornó dorado.


—¡Contemplen la gloria del Dios vivo! —nos gritó Josué, hijo de Nun—. Él combate junto a nosotros.

Y arremetimos enardecidos, dejando sus cuerpos en la llanura, cascarones rotos que albergaron almas idólatras.

Cascarones que contemplo ahora, con el pecho estremecido; mientras a lo lejos comienzan a resonar las trompetas de plata batida, llamándonos.

Miro al horizonte, y allí, junto a los estandartes de las tribus distingo el centelleo del Arca. Y a ellos.

Como leones entre corderos, con sus efodes de lino inmaculados, la custodian los más celosos de tu amor: los hijos de Leví.

Los veo alzar sus manos y comenzar a cantar. Y pese a la distancia los escucho. Sus voces recorren la llanura acallando los ruidos; son ráfagas de viento que purgan la tempestad en mis entrañas. Me hablan de tu poder, de tu alianza eterna con nosotros.  

Mis hombres vitorean cuando cesan.

Veo sus lágrimas brotar y siento las mías surcar mis mejillas. Mi visión se empaña.

Una, dos veces más, resuenan las trompetas de plata.

Me seco el rostro. Y doy la orden de regresar.

II. El amorreo.


Abro los ojos y mi corazón se acelera.

Los habiru que se llaman a si mismos Israel se han ido, dejando miles de cadáveres en la llanura. Cientos de carros de combate arden. El olor de la carne quemada me hace vomitar. 

Estoy vivo, susurro. Y me postro sobre el polvo y la sangre seca, y rezo, porque grande es Asherá, venerada en Ucad, en la tercera colina de Hai, y aun más grande Amurru, venerado en Eenan, en su primera colina.

Ellos me han protegido de la cólera de Baal. 

Mi fe no flaqueó cuando Jericó y mi amada Hay cayeron, asoladas por la espada de los habiru. Mi fe me sostuvo cuando Faram, amo de Jerimot, acudió al llamado de Adonisedec, amo de Jerusalén, y los refugiados de Hai fuimos obligados a alistarnos.

— Gabaón —dijo Adonisedec— se alió a los intrusos de más allá del Jordán.

Y avanzamos contra Gabaón, cubiertos de bronce rojo, sobre carros tirados por caballos fuertes, hasta que en la noche del cuarto día llegamos ante sus puertas y acampamos, muchedumbre como arena, cubriendo la llanura.

—Atacaremos al alba —decidió Adonisedec, junto a los cuatro grandes, pero el amanecer nos encontró bajo asedio, nuestros centinelas masacrados, y las colinas que rodean la llanura cubiertas por los habiru.

Las piedras de sus hondas cayeron a miles sobre nosotros, mientras embestíamos la ciudad, hasta que cerca de la hora del ocaso Baal, caminante del cielo, apartó su ojo de nosotros y se disipó nuestro valor.  

Huimos, sin esperar a los rezagados, tratando de alcanzar a los que nos aventajaban, empeñados en proteger nuestras vidas con sus espaldas. Huimos, mirando al cielo, esperando que la noche cayese para escapar del enojo de Baal, y escabullirnos de los instrumentos de su castigo; pero cuando el sol desapareció, el cielo se inundó de luz.  

Prodigio de Baal.

Clamé por su piedad, y una piedra quebró mi casco, arrojándome en la nada.

Estoy vivo, susurro una vez más.

Y me levanto, espada en mano, de entre mis hermanos muertos. 

III. El alien

Confidencial

A: Junta directiva.
Di-versiones Tiamat S.A.

Quiero agradecer sus felicitaciones. Estar nominada al premio de la Federación Sica por la producción de la mejor batalla diurna del año es un honor que me emociona. Entre nosotros, creo que es un episodio espectacular. Superaremos con creces a los reality shows de nuestros competidores. 

El trabajo en el terreno fue exquisito. Mediante sueños indujimos a los amorreos de Gabaón a pactar con los israelitas, lo que provocó que sus ex aliados les atacasen. Debo confesarles que el volumen de combatientes superó nuestras previsiones. Los reyes amorreos movilizaron novecientos siete mil cuatrocientos setenta y tres guerreros; y los israelitas, quinientos veintitrés mil novecientos, con el apoyo de cuarenta y tres mil setecientos veintiún gabaonitas.
 
En ese momento me percaté de que teníamos la oportunidad de hacer historia. Así que decidí emplazar una cámara por humano, para un total de un millón cuatrocientos setenta y cinco mil noventa y cuatro esfero cámaras robóticas, que equipamos con dispositivos de invisibilidad y reacción múltiple al movimiento.

Súmese a esto dos mil cámaras estáticas destinadas a planos medios y generales. Una inversión colosal. Pero valió la pena. La calidad y variedad de las imágenes obtenidas no tiene parangón ni siquiera en los reality shows del planeta capital.  

El volumen de guerreros me planteó un reto adicional pues, obviamente, el combate se alargaría hasta la noche; lo que nos perjudicaría, no solo por la inversión extra en aditamentos nocturnos para las cámaras, sino porque los últimos estimados de audiencia señalan que el público se aburre durante este tipo de enfrentamientos. 

Meses atrás, me hubiese limitado a solicitar una ralentización de la rotación del planeta, pero como gracias a las quejas de los pro derechos humanos se han prohibido las manipulaciones medio ambientales, opté por rediseñar once mega satélites para generar la luz que necesitábamos.   

El resultado está a la vista: una batalla diurna con casi veinticuatro horas terrestres de duración que, espero, demorará en ser igualada. 

Antes de finalizar, quiero asegurarles que no echo en saco roto sus recomendaciones de trabajar en pro de atraer segmentos más cultos de público. Estoy preparando episodios centrados en la vida pacífica de estos pueblos, desde la perspectiva del choque cultural entre los invasores nómadas y los sedentarios conquistados. Es seguro que no tendrán altas audiencias, pero nos granjearán buenas críticas por parte de los académicos.

Por cierto, en mi próxima comunicación enviaré un reporte acerca del avance de los experimentos biológicos, en especial los referidos a la partenogénesis. Debo admitir que se presenta especialmente difícil de lograr. Sin embargo, no descansaré hasta crear una situación en la que podamos utilizarla durante alguna de las próximas temporadas.

Atte,
Ninlil Umma 
Productora general para el sector cuatro del planeta Tierra.
Di-versiones Tiamat S.A.

 

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