Revelación

Autor: 

Raúl Piad Ríos
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24 Marzo 2014
| |
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Oscuridad, todo está oscuro. En estas circunstancias es casi una bendición.

Dicen que en la antigua Tierra las personas solían temerle a la noche porque creían que era el reino de los demonios y los espíritus malignos, quitando a estos últimos, para nosotros el anochecer es un refugio que al menos nos da la sensación de estar a salvo por aquello de: “no se puede matar aquello que no ves”, o al menos eso es lo que uno se obliga a creer.

Carajo, otra bengala, no nos dejan ni respirar. El enemigo las usa como contramedida para contrarrestar nuestros misiles guiados con designación por infrarrojos. En un principio, su objetivo es hacer que el misil siga la señal de calor de la bengala en lugar de los motores de sus aeronaves de desembarco, pero, de paso producen una luz que te deja medio ciego durante algunos segundos a no ser que lleves puesto el yelmo. Están intentando localizarnos y si es verdad que la obstinación antecede al éxito, entonces… estamos bien jodidos.

Debo parecer un imbécil aquí sentado en medio de nuestra propia mierda, hablando como solo los locos saben hacerlo, tan imbécil como aquellos que rezan o tratan de dormir en medio de los gritos y las explosiones. Antes me alegraba cuando al moverme sentía  algún  ramalazo de dolor en cualquier parte del cuerpo pero desde que las tabletas de analgésicos se acabaron, hasta el pensar duele, así que bien podría morirme en cualquier momento y no darme cuenta. Pero los muertos no hablan y todo lo que estoy diciendo se está grabando en el implante que tengo oculto en algún lugar de la cabeza; “su diario personal”, nos dijeron el primer día, “una forma cómoda y eficaz para llevar un registro de sus acciones en el campo de batalla”, excelente definición hasta que uno de los veteranos reinterpretó las palabras del instructor: “una caja negra portátil para conocer los últimos momentos del soldado y, de paso, espiar las posibles conversaciones de los enemigos, tras cada matanza recogen a los muertos y les abren la cabeza en dos para sacarle los implantes y estudiar todo lo que el infeliz ‘no escuchó’ tras ser reventado”. Eso me hace recordar que si algún hijo puta va a oír esto entonces tengo un mensaje para ustedes, cabrones: hagan mejor su cochino trabajo.

Una nueva explosión nos sacude y una esquirla se lleva la mitad de alguien, me parece que a Rubens. No dura ni un minuto aunque el médico tampoco aparece por ninguna parte… por supuesto, a ese lo mataron esta mañana. De mi pelotón solo quedamos cinco contando al teniente, y eso que hace solo dos días que nos soltaron. El aterrizaje fue tranquilo, apenas un par de escuadrones de cazas enemigos y alguna que otra patrulla. Se nos había dicho que los primeros días serían rutinarios: exploración y limpieza del terreno para preparar la llegada de la artillería y luego aseguramiento de la zona hasta que nuestras fuerzas estuvieran preparadas para iniciar la ofensiva a gran escala. Y bueno si, rutinarias fueron las dos primeras horas en las que apenas pudimos bajar algún material, después… mierda…nunca había visto tantos djalshi en mi vida. Los sensores los detectaron demasiado tarde, nadie estaba preparado y aunque éramos bastante, más de la mitad nunca había estado en un combate real y tras la sorpresa esa misma mitad quedó en el primer ataque. El resto se me confunde: los oficiales tratando de organizar la resistencia en medio de un tiroteo frenético, algunos hasta trataron de arengarnos: “tranquilos muchachos que ya vienen los pesos pesados”, ¿una mentira repetida muchas veces termina por convertirse en verdad? , al parecer sí, porque fuimos capaces de resistir hasta que las fragatas estacionadas en órbita pudieran bombardear la zona y abrirnos una brecha. Después nos enteraríamos de que eso fue lo último que pudieron hacer antes de que la flota djalshi apareciera de la nada y las despedazara.

El líder del pelotón, el teniente Marcus Silas, nos agrupó como pudo para encontrar algún sitio donde pasar la noche en relativa tranquilidad. Hernán y yo fuimos despachados como exploradores con los dos únicos fusiles de precisión que habíamos podido salvar. Para ese entonces ya él había perdido los escudos de la armadura que no habían podido asimilar la energía de un disparo de un láser de pulso y, para colmo, tenía un fragmento de algo incrustado en la pierna izquierda, todo un suertudo considerando las múltiples hemorragias y la pérdida masiva de extremidades de algunos de mis compañeros. De sobra está decir que ambos servíamos de muy poco y si realmente hubiéramos tenido algún enemigo esperando para emboscarnos, entonces creo que nuestros nombres se habrían convertido en solo eso, nombres en un papel.

Por suerte, para los ilusos que confiaron o no en nosotros y gracias a los miles de dioses que han existido alguna vez, con lo único que nos topamos fue con una pequeña patrulla de media docena de soldados djalshi, los cuales, me imagino, andaban tras nuestras huellas. Fue la primera vez que pude apreciar los principales rasgos de una de las razas más misteriosas y temidas de la galaxia: lo primero que me llamó la atención de aquella criatura esbelta y de largos miembros fue su pelo, consistente en unas fibras gruesas y largas de un negro imposible de encontrar en ninguna cabeza humana y que llevaba recogido en un raro peinado. Los lugares que no estaban cubiertos por la armadura mostraban su piel broncínea y leonada, surcada por unas líneas oscuras muy parecidas a algunos tatuajes que se ven en las colonias. Lo último que pude distinguir antes de que estallara en llamas por el disparo del plasma, fueron sus ojos color oro viejo y el espacio vacío  que ocupaba el lugar en el que debería encontrarse la boca, de la cual he oído decir que solo la muestran cuando hablan. Mientras sus compañeros echaban a correr y yo inyectaba otra carga de iones en el mecanismo disparador, no pude evitar sonreír: toda una vida viviendo entre pedazos de metal oxidado en el lugar donde la galaxia debe tener el culo, deseando conocer otras formas de vida inteligente para al final venir a matar a la primera que me pasó por delante. Hernán pudo tumbar a otro antes de que se pusieran fuera de alcance, así que considerando nuestra misión cumplida retornamos junto a los demás.

Esa noche nos encontramos con sobrevivientes de otros escuadrones, en todas partes había sido igual, desconcertantes ataques relámpago de grandes cantidades de djalshi fuertemente armados que rodearon a los que estaban descargando material, en algunas partes las cápsulas de descenso ni siquiera pudieron tocar tierra. La única explicación era que nos habían estado esperando. Dos de los nuevos que habían llegado conmigo se volaron los sesos y a otros hubo que sedarlos para que no echaran a correr cuando comenzaron los gritos de los heridos. De esa primera noche recuerdo claramente algunos fragmentos de la conversación entre el teniente Marcus y el mando orbital que aún examinaba la situación desde sus cómodas posiciones:

- Mando… ¿cuál es la situación actual sobre el cuadrante 34? ¿Hay alguna señal de los pelotones que deberían reforzar nuestra posición? – su voz sonaba totalmente desesperada.

- Negativo Cazador Blanco. Los escuadrones Sabueso y Escorpión tuvieron que retirarse luego de que sus vanguardias fueran destrozadas, se espera actividad del enemigo en las primeras horas del amanecer. Sus órdenes son fortificar su posición para…

- ¿Fortificar? – el teniente parecía un animal rabioso - ¡Esto es un caos! A duras penas la mitad de mis hombres sobrevivirán a esta noche, no tenemos medicamentos de primera necesidad y la munición es escasa. Necesitamos apoyo terrestre o la extracción con urgencia.

- Nuestros sensores solo han podido localizar algunas cápsulas de armamento pesado al norte de su posición, sugerimos su recuperación y el establecimiento de posiciones defensivas hasta nuevo aviso. Con ese equipo…

- Sí ya sé, gano la guerra. ¿Creen que me he vuelto imbécil? Ahora mismo lo único que tengo es un puñado de muchachos cagados de miedo y a dos o tres veteranos que están más muertos que vivos, y en cuanto a municiones, bueno, digamos que nadie me va a regalar una maldita bala de más. ¿Misiles de rango medio? No aguantaríamos ni un día frente a su artillería, nos tienen rodeados y esperamos un ataque inminente…

No necesité o no quise oír más, ya sabía lo que nos esperaba. Más tarde, en medio de una duermevela alucinante, volví a escuchar la voz de lija del teniente insultando a las ignorantes madres de todos los jerarcas de Nephilim por lo que nos habían hecho. Cuando al fin se calló, no sé si por la situación en que estaba o por pura cabronada del destino, pude pensar en serio por primera vez en mi vida. Me di cuenta de lo grande que era el collar que me había dejado poner. Nephilim… la alianza de los capitales más grandes e importantes de todos los sistemas habitados por humanos. Surgida cinco años después del descubrimiento de la Ambrosía, se dedica, a invertir capital y tecnología para su extracción, principalmente en planetas cuyas economías no les permiten realizar remodelaciones en su industria, la cual ya de por sí, es sumamente costosa. Esto determina que en los tratados que realiza la Corporación con los gobiernos locales la balanza se incline casi siempre a su favor, obteniendo enormes ganancias. Pero en una galaxia sumida en la anarquía siempre existen consorcios rivales y administraciones astutas, que se valen de grupos mercenarios como Umbra o Arcángel Carmesí para obligar a los inversores a firmar tratados menos ventajosos para ellos, eso sin contar los intereses de las otras razas que ¿casualmente o a propósito? siempre chocan con los suyos. Es aquí donde aparecemos nosotros: los perros de Nephilim, el ejército que constituye el brazo con el que se quita de arriba las moscas que comienzan a molestarle, y eso que no….

- ¡¡Cuidado, acaban de triangularnos!!

- ¡Isaac muévete coño, deja de comer mierda y muévete!

Nos descubrieron, esto es un maldito infierno, no hay donde meterse, el teniente trata de reagrupar a algunos… dudo que pueda llegar hasta ellos… tal vez y si…. me escondo bajo algún cadáver pueda pasar desapercibido, eso mismo, voy a  hacerlo, aquel, creo que es el de Tomás……….  Click……..

- Bien, terminamos ya con este.

- Ya era hora, me duele la espalda del tiempo que llevamos aquí con esta basura. Apágalo todo y vamos a echarnos un buen trago en lo de Verónica.

- Es lo mejor que has dicho en todo el día, lávate las manos y desconecta los escalpelos.

- Este último sí que había hablado bastante, en fin, supongo que no tenía mucho más que hacer, el pobre.

- ¿Pobre? El muy condenado nos llamó hijos de puta.

- No lo culpo, en su lugar yo hubiera hecho lo mismo.

- Baja la voz, animalito, ¿se te olvidó que nos están grabando?

- Disculpa. He terminado, vámonos.

- Apaga las luces.

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