Suilan Estévez Velarde Vivo entre números y letras

Autor: 

Yanel Blanco Miranda
|
12 Febrero 2019
| |
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Crédito de fotografía: 

Claudia Alemañy Castilla

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Suilan Estévez reconoce que antes de entrar a la universidad solo había puesto sus manos en una computadora para jugar o realizar algún que otro trabajo escolar. De programación informá tica sabía poco o nada. Sin embargo, siempre estuvo segura de que su vida profesional transitaría por un camino de números, fórmulas o procesos.

Cuando en duodécimo grado tuvo que decidir qué estudiar, la carrera Ciencias de la Computación tocó su fi bra más creativa. “Saber hasta dónde puede llegarse en esta disciplina, qué es lo que permite y qué no, es fascinante”, confiesa.

Su primer año no fue fácil. Acostumbrarse al ritmo y los esfuerzos de un estudiante de enseñanza superior fue fatigoso para ella, aun cuando procedía de la vocacional Lenin, donde existe un mayor rigor en los estudios.

“Yo no sabía programar, nunca lo había hecho. Incluso, mi inglés era deficiente y eso atentaba contra mi aprendizaje, pues la mayor parte de la bibliografía es en ese idioma. Por tal motivo, en un inicio, tuve que aprender a aprender, dice.

“Hasta mi familia se preocupó porque el choque fue muy duro. Pero yo creía que si ponía de mi parte saldría airosa y eso fue lo que sucedió”.

Graduada en el 2013, Suilan forma parte del Departamento de Inteligencia Artifi cial y Sistemas Computacionales en la Facultad de Matemática y Computación, que la acogió durante cinco años.

Con un camino ligado a la docencia, esta joven considera que en su quehacer diario un peso igual de importante lo tiene la investigación, centrada en
estos momentos en el aprendizaje automático, eje fundamental para la Minería de Texto y la Minería de Opinión, además de la Optimización y la Metaheurística.

“Pienso que un profesor universitario no debe desligarse de la investigación; esta enriquece el conocimiento impartido en clases. Mantenerse al tanto de
los últimos acontecimientos acaecidos en su campo del saber, permite explicarles a los alumnos el por qué y para qué de las materias que damos”.

— ¿Qué es lo que más te motiva para dar clases?

— Ver el instante en que a mis discípulos se les iluminan los ojos por la comprensión. Ese momento en que entienden lo que les estoy explicando es único.

— ¿Qué nivel de enseñanza te resulta más estimulante como profesora?

— He dado clases en varios años, incluso en el duodécimo grado que está en la universidad y es distinto en cada caso. Los estudiantes de los primeros cursos son más entusiastas, se impresionan por cualquier detalle y logro que alcanzan.

“Los de quinto, sin embargo, como están bien preparados son un poco más recelosos. Pero puedes pedirles mucho más. Son capaces de enfrentarse a problemas reales”.

Suilan dedica todas las horas posibles a trabajar en el desarrollo
de algoritmos. ( Foto: Claudia Alemañy Castilla)

El sitio de mi recreo

Matemáticamente hablando, la desproporción entre hombres y mujeres en la licenciatura Ciencias de la Computación es grande. Todavía persisten viejos tabúes con respecto a la incorporación de las muchachas a carreras “tradicionalmente de hombres”.

Suilan lo vivió como estudiante y ahora lo observa desde su posición de profesora. Si bien afirma que nunca ha sentido menosprecio por parte de sus colegas o tutores, reconoce que en algunos casos ha existido discriminación por causa del género.

“Durante mi paso por la academia, el número de mujeres en las aulas no sobrepasaba la cifra de una estudiante por cada tres varones. Podía suceder
que en un grupo solo hubiera cuatro chicas. En la actualidad nada ha cambiado”.

La Inteligencia Artifcial (IA) es, según Suilan Estévez, “crear algo que parece inteligente a partir de elementos muy básicos”. No obstante, esa defnición, aclara, “resulta más compleja en tanto el modelo a seguir somos los seres humanos. ¿Cómo podemos medir la inteligencia, más allá de: es lo que
tenemos las personas?”.

Con la IA sucede lo mismo. A pesar de existir un examen denominado test de Turing (nombrado así por su creador, el matemático e informático inglés
Alan Mathison Turing), que permite determinar si un ordenador o computadora se comporta conforme a lo que se entiende como artifcialmente inteligente o no, comprobar que existe lleva tiempo.

“Las computadoras son mejores que nosotros sacando cuentas y procesando grandes volúmenes de información. Sin embargo, queremos que nos igualen a la hora de reconocer rostros en las fotografías o que entiendan el lenguaje, por citar dos ejemplos.

“De ahí que las evaluaciones para determinar la presencia de IA consisten en que resulte difícil identifcar cuál es la máquina y quién la persona. Para eso varios jueces deben chatear al mismo tiempo con un individuo y con la computadora. Si son confundidos por esta, pudiera afrmarse que estamos frente a inteligencia artificial”.

— Entonces, ¿cuál es el atractivo de crear IA?

— Es la sensación de lograr algo que, en algunos casos, es mejor que uno. Tengo alumnos de quinto año que han diseñado jugadores de ajedrez capaces
de ganarle a un campeón del mundo, algo que para ellos resultaría imposible, pero para sus algoritmos no. Ese sentimiento de construir un proyecto desde
cero es impresionante porque al fnal solo trabajamos con números y letras.

— ¿Podemos afrmar que la Inteligencia Artifcial está en la mayoría de la tecnología que usamos hoy?

— El equipo más pequeño en el que podamos pensar tiene algoritmos de IA detrás. Hay juegos de computadoras, como los de ajedrez o dominó, que los utilizan. Asimismo, está presente en los programas de reconocimiento facial y el pilotaje de aviones o carros. También podemos encontrarla en las aplicaciones de los teléfonos celulares. Incluso Google la usa en la búsqueda de información.

— ¿Cuáles son los desafíos para Cuba en esta área de las ciencias de la computación?

— En comparación con otros países de Latinoamérica tenemos la ventaja del conocimiento. Nuestros alumnos reciben muy buena preparación en esa rama, y con respeto a la parte investigativa se perflan programas interesantes. El reto está en conseguir las condiciones materiales adecuadas para llevarlos a buen puerto. Además de introducirlos en la industria cubana, en las empresas. El mayor desafío, hoy, es fortalecer la pirámide gobierno-empresa-universidad”.

Una habanera de Cienfuegos, de aquí y de allá

Aunque los documentos que la identifican delatan su nacimiento en Cienfuegos, su corazón pertenece a la barriada de Jesús María en La Habana
Vieja.

“Solo nací en esa provincia porque mis padres iban a trabajar en la Central Nuclear que se estaba construyendo. Pero debido a que el proyecto no
continuó, regresamos para La Habana”, precisa. De la época en Cienfuegos solo conoce lo que su familia le ha contado.

No obstante, los años de primaria los recuerda como su mejor etapa. “Pese a ser la matemática de mis asignaturas favoritas, fue uno de mis profesores de humanidades, quien más me marcó. Por él aprendí a hablar en público y hallé mi gusto por el magisterio”, refiere Suilan.

Otra gran decisión tomada por sus padres la alejaría del barrio de su niñez. El nuevo destino sería Guanabacoa. Para la adolescente, adaptarse no resultó
difícil. La Lenin llegó después y con ella la posibilidad de encontrar buenos amigos y a su pareja, un joven que, como ella, ama la ciencia.

 

Junto a su pareja y compañero de profesión (Foto: Cortesía de la entrevistada)

El respaldo familiar ha sido clave para esta joven. “Mis padres siempre me respaldaron. Ellos entienden lo valioso de mi labor. Mi papá, que trabaja en el
mundo empresarial y que veía la utilización de la inteligencia artifcial como algo lejano, ahora la percibe de otra manera. Quizás por eso he llegado hasta este punto y no me he rendido por el camino”.

Suilan reconoce que aún le falta mucho por hacer. Terminar su doctorado constituye, a corto plazo, el afán más importante en su vida profesional. Sin
embargo, sus perspectivas a futuro resultan un poco más ambiciosas.

“Quiero cambiar las cosas a mi alrededor. No digo que va a ser un proceso rápido, ni siquiera que pueda lograrlo, pero deseo que las investigaciones que realicemos en esta área del conocimiento sean aplicadas, y que encontremos mecanismos capaces de aunar esfuerzos entre la empresa y la universidad”

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