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Desmontando mitos de la industria petrolera: “El petróleo proviene de los dinosaurios”

Dr. Rafael Tenreyro Perez
04 enero 2026 | 0 |

Las evidencias científicas apoyan un origen orgánico del petróleo; los científicos aseguran que “es básicamente ciencia constituida”. Pero eso no ha impedido que sigan circulando todo tipo de creencias, también relacionadas con los dinosaurios


La leyenda de los dinosaurios, se origina aparentemente en la década de los años treinta del siglo pasado, cuando una empresa petrolera adoptó como su mascota un gigantesco apatosaurio (Apatosaurus ajax). Este es un dinosaurio saurópodo diplodócido, que vivió a finales del período Jurásico, aproximadamente entre 150 y 155 millones de años atrás, en el llamado periodo Kimmeridgiense.

Las gentiles figuras de este y otros dinosaurios, en el logo y en todos los productos de promoción comercial, hacían las delicias de las familias –especialmente los niños–, estimulando las compras. Las imágenes se quedaban profundamente en las mentes, cementando la idea no solo de que el petróleo se había formado en los tiempos en que los terribles saurios imperaban en la Tierra, sino que, además, sus cuerpos con el tiempo se convirtieron en aceite.

La suposición de que el petróleo se originó de los dinosaurios, sugerida por la mencionada campaña comercial, ha sobrevivido por muchos años, mucho más que la propia empresa petrolera que ayudó a fomentarla. Este es otro caso de un mito que sobrevive al objeto.

El mito perdura

Gráfico de un libro escolar que muestra el origen del petróleo: peces, dinosaurios y plantas caen en el fondo marino.

Hoy, no pocos periodistas, escritores, divulgadores e, incluso, científicos bien intencionados, han sucumbido a esta ilusión con visos poéticos. Varios libros con fines educativos muestran los fondos de los mares, donde se va a generar el petróleo, salpicados de esqueletos de dinosaurios, reforzando de tal forma la leyenda en el imaginario de los niños.

Resulta elemental e imperativo que esos mitos se desmientan. En primer lugar, es necesario contribuir a que la sociedad conozca más sobre el origen de una sustancia de uso generalizado, tanto por cultura general, como para promover su uso más racional. En segundo lugar, la comprensión del origen del petróleo es condición para el desarrollo de nuevas tecnologías y usos. Durante años existió la duda si el petróleo es de origen biológico (orgánico) o de origen mineral (inorgánico). La discusión fue más allá de una mera especulación filosófica.

La comprensión del origen del petróleo es un elemento crucial en el diseño de estrategias de exploración y en la proyección de la industria a largo plazo. Desde la década de los años veinte del siglo pasado, el cúmulo de evidencias científicas indicaba que todo el petróleo existente tenía su origen en organismos vivos.  La materia orgánica de esos organismos, cuyos restos cayeron en el fondo de antiguos océanos, mares y lagos, fue enterrada y conservada por sedimentos posteriores.

Según las teorías actualmente disponibles, fueron las bacterias microscópicas, y no los dinosaurios del tamaño de un edificio de Alamar, las que produjeron las reservas de petróleo. Las bacterias unicelulares aparecieron en los océanos hace unos 3 mil 500 millones de años, y fueron prácticamente la única forma de vida en el planeta hasta hace unos 600 millones de años.

¡No eran bobos!

Por minúsculas que fueran estas bacterias individuales, sus colonias crecían hasta alcanzar proporciones verdaderamente masivas (una sola colonia bacteriana podría pesar miles, o incluso millones de toneladas ). Cálculos conservadores estiman que cada tonelada de petróleo es el resultado de 10 millones de toneladas de materia orgánica, fundamentalmente de organismos unicelulares.

El petróleo tampoco es una batería solar

Otro mito que circula de boca en boca es que la energía del petróleo no es más que la energía solar absorbida por fotosíntesis por parte del fitoplancton (organismos microscópicos vegetales del plancton marino) y posteriormente trasladada al zooplancton (pequeños animales del plancton).

Aunque suena muy sugerente la idea, es totalmente errónea. En realidad, la energía que se obtiene del petróleo y sus derivados es producto de la combustión de sustancias orgánicas, formadas fundamentalmente por hidrogeno y carburo. En el proceso de ignición en presencia de oxígeno se obtiene dióxido de carbono, agua y energía termodinámica.

Es cierto que la energía solar es un elemento fundamental en el crecimiento y desarrollo de las biomasas a nivel mundial, tanto en tierra como en el mar. Pero un enunciado como el anterior induce a pensar que tanto el fitoplancton como el zooplancton y, por ende, el petróleo, funcionan como baterías solares, lo que no es estrictamente cierto.

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