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Desmontando mitos de la industria petrolera: “El petróleo se va a acabar en pocos años”

Dr. Rafael Tenreyro Perez
25 enero 2026 | 0 |

La humanidad sigue dependiendo de un recurso no renovable: la inevitabilidad de su agotamiento invita a pensar.


El petróleo ha sido tan importante en el desarrollo de la sociedad moderna que a menudo el siglo XX se conoce como la “Era del Petróleo”. Todavía hoy en el siglo XXI, el petróleo y el gas natural desempeñan el papel principal en el sistema energético mundial: el 31% de la energía primaria se cubre con combustibles derivados del petróleo, mientras que el gas natural representa un 21% adicional. En lo que va de siglo la producción y la demanda no han dejado de crecer.

La teoría del “pico del petróleo”

El geofísico e ingeniero de petróleo Marion King Hubbert, sobre la base de una simple fórmula matemática, predijo que la producción de petróleo de cualquier yacimiento experimenta una evolución descrita por una campana de Gauss.

En 1956, predijo que en unos 15 años la producción petrolera de los Estados Unidos alcanzaría un máximo y luego caería hasta llegar a cero, lo cual le generó muchas críticas de expertos y directivos de la industria del petróleo. De su previsión se deducía que, a partir de ese punto de máxima producción, cada barril de petróleo costará más caro porque se habrá generado una escasez en la materia o una equiparación entre los costos de extracción y el costo del barril del petróleo.

Sus detractores argumentaban que Hubbert no había considerado, ni el descubrimiento de nuevos campos, ni el desarrollo de nuevas tecnologías y que no habría pico del petróleo en los próximos años.

Pero la realidad fue muy dura y a partir de octubre de 1970 la entonces todopoderosa industria petrolera norteamericana observó con sorpresa que la producción había alcanzado su punto cimero de 9,5 millones de barriles diarios y comenzaba a declinar.

Vale aclarar que Hubbert nunca fue un pesimista total e insistía en la explotación racional, el ahorro y la innovación tecnológica para manejar el declive natural. Y en esto la vida le dio también la razón: una tecnología desarrollada en el año 2000, que incluía la perforación horizontal y la fracturación hidráulica, permitió revertir la declinación al tener acceso a recursos atrapados en las rocas más compactas.

La producción de nuevo creció y hoy alcanza los 14 millones de barriles diarios de crudo. Lo inesperado de esta nueva tecnología fue que la producción de las capas compactas declina a una tasa mucho mayor que la de las formaciones convencionales. Ello obliga a perforar más y más pozos solo para sostener los niveles de producción, y agregando costos de inversión que pudieran no recuperarse nunca.

Producción de petróleo en los Estados Unidos.

El ejemplo de la industria petrolera en los Estados Unidos demuestra que no es tan sencillo como tomar las reservas existentes y las por descubrir para pronosticar una producción en función de la declinación natural de los campos. Esta aproximación llevó a pensar que el mundo industrializado agotaría progresivamente los recursos petroleros de fácil acceso en los distintos países productores, para finalmente ser cada vez más dependiente del petróleo del Oriente Medio. Los actores de la industria siguieron un modelo de actuación que maximizaba el dominio de tantos recursos bajo el subsuelo como fuera posible.

La innovación tecnología ha permitido alargar en el tiempo la llegada del pico de producción. Los dos ejemplos evidentes son la tecnología del “fracking” y la perforación horizontal con incrementos de recursos en Norteamérica y en la faja del Rio Orinoco, en Venezuela, hasta convertir este último país como el de mayores reservas petroleras en el mundo.

Pico de producción contra pico de demanda.

Aunque el agotamiento absoluto del petróleo está lejano en el tiempo, la preocupación, en una etapa de transición de una economía dependiente de los combustibles fósiles a una economía basada en fuentes renovables de energía, se enfoca en la garantía del suministro y la inestabilidad de los precios.

Dos escenarios son posibles: el pico de oferta en el que la extracción mundial de petróleo alcanza su tasa máxima y luego comienza un declive irreversible y el pico de la demanda donde la demanda de crudo debe disminuir significativamente debido a políticas climáticas, tecnologías de energía renovable o eficiencia energética. En ninguno de los dos casos significa que nos estamos quedando sin petróleo.

Dinámica de producción petrolera en el mundo en relación con el año de descubrimiento de los yacimientos.

Los acuerdos sobre el cambio climático han cambiado, por lo menos a mediado plazo, la visión de la industria del petróleo y el gas. Con la perspectiva de que las principales economías se pudieran alejar del petróleo, los productores se empiezan a dar cuenta de que el petróleo bajo tierra podría algún día tener menos valor que el petróleo producido y vendido a corto plazo.

La percepción cambia de creer que era posible un pico en los suministros, a la posibilidad de un pico en la demanda de petróleo en las próximas décadas. Consecuencia de esta situación son dos posibles escenarios que no se habían previsto. Uno es la llamada “paradoja verde”: si los productores anticipan una disminución de la demanda, podrían extraer petróleo más rápido ahora para recuperar las inversiones, lo que paradójicamente aumentará las emisiones a corto plazo y el daño climático. El otro es la descapitalización acelerada de la industria, pues las caídas anticipadas de la demanda podrían ralentizar la inversión en infraestructura petrolera, lo que podría reducir la oferta a corto plazo.

¿El petróleo o los petróleos?

Resulta evidente de que ya hemos llegado al momento que se ha agotado buena parte de los petróleos ya descubiertos y que, además, son fáciles de producir, y que cada vez tenemos que apelar a aquellos petróleos más pesados o dependientes de la aplicación de altas tecnologías, lo que se pudiera traducir en altos costos. En la figura 2 se puede observar que la mayor parte de la producción actual de petróleo proviene de yacimientos descubiertos hace aproximadamente sesenta años.

Dentro de los petróleos extrapesados se encuentran los que se extraen de las arenas bituminosas de Canadá y los petróleos, antes mencionados, de la Faja del Orinoco, que cuenta con enormes volúmenes. Pero, lo que se necesita para mantener el nivel de oferta en el mercado son grandes volúmenes, e incrementarlos choca con la dificultad de que son necesarios grandes volúmenes de recursos, tales como el agua,  gas natural para la generación de vapor, gastos para aliviar los impactos ambientales e inversiones adicionales para poder refinarlos o convertirlos en petróleo sintético.

En resumen, se puede descartar el mito de que el petróleo se acaba definitivamente (hay petróleo para cientos de años). Cierto es que el mundo seguirá dependiendo de los hidrocarburos para su desarrollo por muchos años. Y también es verdad que el que va quedando es caro, dependiente de la tecnología y difícil de producir.

Con crecientes preocupaciones por el cambio climático, los incrementos de los costos del desarrollo de los proyectos, las relaciones con el gobierno y el público general, la industria del petróleo mundial se encuentra actualmente en una situación muy delicada.

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