¡No, no es la Luna lo que ves, es el planeta Mercurio! Este mundo, el más cercano al Sol, es un planeta de superlativos y contrastes violentos. Es el más pequeño, el más rápido y casi el más caliente del Sistema Solar. Su nombre evoca al veloz mensajero de los dioses, y su naturaleza no defrauda: es un lugar donde el suelo se hornea a 427 °C bajo el sol abrasador y se congela hasta -183 °C en las sombras eternas de sus cráteres polares, registrando la mayor variación térmica conocida: ¡610 grados!
Su danza orbital es igualmente extrema. Completa una vuelta al Sol en apenas 88 días, pero su día solar (de un amanecer al siguiente) dura el doble: 176 días terrestres. Esto se debe a su extraña resonancia 3:2: rota tres veces sobre su eje por cada dos órbitas al Sol. Además, su órbita muy alargada y su elevada inclinación lo convierten en un objetivo escurridizo, siempre atrapado en el resplandor solar, nunca alejándose más de 28° de nuestra estrella.

El esquivo lucero del alba y del atardecer
Por esta cercanía al Sol, Mercurio solo es visible brevemente durante el crepúsculo matutino o vespertino, cerca del horizonte. Esta circunstancia, unida a la turbulencia atmosférica baja, hace que la mayoría de la gente nunca lo haya visto conscientemente. Sin embargo, los astrónomos amateurs conocen un secreto: la mejor forma de observarlo es… ¡de día!
Observar a Mercurio con luz diurna, cuando está más alto en el cielo y se mira a través de menos atmósfera, ofrece vistas más estables. El contraste de brillo entre el planeta y el cielo azul es menor, lo que permite apreciar mejor sus tenues marcas superficiales. Los mejores momentos son en las horas de la mañana tardía (cuando Mercurio está al oeste del Sol, en apariciones matutinas) o en la tarde (cuando está al este, en apariciones vespertinas), siempre que el planeta esté más alto que el Sol.
Con un telescopio de 130 mm y aumentos altos (entre 180 y 260 aumentos) pueden distinguirse detalles. Un filtro rojo o naranja (se le denomina así porque solo deja pasar la luz del color indicado) ayuda a aumentar el contraste contra el cielo. Las fases más favorables para observar sus sutiles rasgos son entre gibosa y un amplio cuarto creciente, cerca de las mayores elongaciones.

Un año de oportunidades: Mercurio en 2026
El año 2026 ofrece múltiples oportunidades para cazar a este planeta. Su período sinódico (de una conjunción inferior a la siguiente) es de unos 116 días, lo que brinda generalmente tres ciclos de visibilidad al amanecer y al atardecer cada año. La inclinación de la eclíptica favorece las apariciones vespertinas de otoño y matutinas de primavera en el hemisferio opuesto al invierno. En 2026, el hemisferio sur tendrá mejores vistas en las elongaciones matutinas de otoño y vespertinas de primavera.
Aquí algunos de los eventos más destacados relacionados con este planeta:
- – Febrero: El 18/19, una fina Luna creciente pasará a menos de 0.1° bajo Mercurio (una ocultación para EE.UU. y México), marcando su Gran Elongación Este (GEE) de 18°. El 27, un bello encuentro con Venus, separados por 4.5°.
- – Abril: Tras su conjunción inferior, Mercurio brilla en el cielo matutino. Alcanza su Gran Elongación Oeste (GEW) el 3 de abril (28° del Sol). A mediados de mes, protagoniza una espectacular conjunión planetaria: el 17 pasa a 1.3° de Neptuno (el planeta más cercano y el más lejano en un mismo campo visual) y el 20 se acerca a Saturno y Marte, formando un compacto cuarteto con Neptuno cerca.
- – Junio: Nueva GEE el 15 de junio (25° del Sol), excelente para observaciones vespertinas de verano. Una Luna creciente se une a él el 16.
- – Agosto: GEW el 2 de agosto. Conjunciones notables: con la Luna el 11 y con Júpiter el 15, ambos en el cielo del amanecer.
- – Octubre-Noviembre: Excelente aparición vespertina para el hemisferio sur, con GEE el 12 de octubre. El 4 de noviembre, en su conjunción inferior, pasa extremadamente cerca del limbo solar (6.15′), casi alineándose para un tránsito (el próximo será en 2032). Rápidamente, alcanza otra GEW el 20 de noviembre en el cielo matutino.
Mercurio es mucho más que un punto brillante difícil de ver. Es un laboratorio de extremos, un mundo con un ritmo extraño y una dinámica orbital fascinante. Con paciencia, técnica y aprovechando las ventanas de oportunidad como las de 2026, cualquier astrónomo aficionado puede dejar de simplemente “buscar” a Mercurio para empezar a “observarlo” y apreciar los misterios de este mundo inhóspito y veloz que guarda los secretos de la influencia gravitatoria del Sol.
Referencias
- – Paulson, M. (2026). Planets. Observer’s Handbook 2026, 210-212.
