Por Liliana Núñez Veliz, presidenta de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre./ (versionado por Rosmery Pineda Mirabal)
El compostaje es una técnica tan antigua como la naturaleza misma. Imitamos el proceso natural por el cual las hojas caen al suelo, se descomponen y alimentan la tierra para que nuevas plantas puedan crecer. Es un círculo virtuoso donde devolvemos a la tierra los nutrientes que ella nos regala.
Beneficios
– Reducimos nuestra basura a la mitad: Aproximadamente el 40 por ciento de los residuos de casa son orgánicos y pueden convertirse en abono.
– Cuidamos el planeta: Evitamos que la materia orgánica se pudra en vertederos generando metano (un potente gas de efecto invernadero) y prevenimos la contaminación del suelo y el agua.
– Ahorramos dinero: Obtenemos abono gratuito y de calidad.
– Mejoramos la salud de nuestras plantas: El compost las fortalece, ayuda a retener el agua de riego y previene plagas.
– Conectamos con la naturaleza: Es una actividad simple que nos recuerda el ciclo de la vida.
¿Qué necesitas para compostar?
Si tienes jardín, puedes hacerlo directamente sobre la tierra, delimitando un espacio con bloques o madera. Esto permite que los microorganismos beneficiosos entren y hagan su trabajo.
– Si vives en un apartamento o espacio reducido, usa un contenedor o compostera. Puedes fabricarlos tú mismo.

Clave del diseño: No debe ser hermético. Necesita entrada de oxígeno. Si tiene tapa (por niños, mascotas o lluvia), asegúrate de que tenga ventilación.
¿Dónde ubicar la compostera?
– Si tienes jardín, busca un lugar a la sombra la mayor parte del día. En climas muy fríos, puede recibir un poco más de sol; en climas cálidos, siempre a la sombra.
– En pequeños espacios o apartamentos sitúala en un lugar techado para evitar el exceso de lluvia y para que sirva de protección frente a vientos muy fuertes que puedan resecar o enfriar la mezcla.

¿Qué elementos compostar?
Olvídate de lo orgánico vs. inorgánico. La mejor regla, probada durante años, es:
– Aquellos residuos que no han pasado por un proceso de cocción: Cáscaras de frutas y verduras, restos de poda, hojas secas…
– También puedes utilizar la borra del café y saquitos de té. Además, celulosa: papel sanitario (solo de orina), servilletas de papel; cartón y papel limpios y trozados.

¿En qué condiciones depositar los residuos?
– Todo debe estar lo más trozado posible, idealmente en trozos de hasta 3 cm (cuanto más pequeño, más rápido se descompone).
– Si un residuo húmedo tiene hongos o está un poco descompuesto, es incluso mejor, porque ya está aportando bacterias y hongos que aceleran el proceso.
– Clasifícalos en residuos húmedos y secos:
- Húmedos: Restos de fruta/verdura, café, yerba, pasto recién cortado.
- Secos: Ramas pequeñas, hojas secas, papel y cartón, viruta de madera, paja.
¿Cómo preparar el compost?

– Prepara la compostera: Coloca una capa base de material seco y grueso para facilitar la circulación del aire por debajo y evitar que se encharque.
– Recolecta los residuos diarios: Usa un cubito pequeño con tapa en la cocina. Ahí vas a clocar durante el día todos los residuos que cumplan los requisitos del punto 3.
– Transfiere a la compostera principal: Cuando el cubito se llene (cada día o cada dos días), vacíalo en la compostera grande. En ese momento, aplica el método de capas:
1. Extiende los residuos húmedos formando una capa fina.
2. Cúbrelos inmediatamente con material seco (hojas secas, paja, cartón o papel trozado, viruta de madera). La capa seca debe ser aproximadamente del mismo volumen que la húmeda. Esto evita los malos olores, las moscas y mantiene el equilibrio de humedad.
- Si no tienes suficiente hojarasca, puedes usar papel de periódico, servilletas de papel o cartón limpio, bien trozado.
– Controla la humedad y la mezcla: Después de añadir los residuos, revuelve un poco con un palo o tridente para mezclar lo húmedo con lo seco. La mezcla debe quedar con una humedad similar a la de una esponja bien escurrida. Si ves que está muy seca, rocía un poco de agua; si está encharcada o huele mal, añade más material seco y remueve.
¿Cómo mantener tu compost vivo?
– Toma un puñado y aprieta. Debe formar una pelota que se rompa fácilmente, como una esponja bien escurrida. Si gotea, añade más material seco. Si se deshace como polvo, añade un poco de agua o material húmedo.
– Si huele mal (a podrido o amoníaco), es señal de que necesita más material seco y ser removido.
– Cada 15 días o una vez al mes, remueve o vira la mezcla con un tridente o pala. Esto oxigena y hace que toda la pila se descomponga parejo.
– Al principio, el centro de la pila se calentará. Si está muy caliente (no puedes mantener la mano), necesita humedad. Si está tibia, va avanzando genial.
¿Qué microorganismos son bienvenidos?
– Los aliados: Cochinitas, bichos bolita, ciempiés y lombrices.
– Las señales de alerta: Si aparecen muchas hormigas, el compost está muy seco (agrega agua). Si aparecen gusanos blancos pequeños en exceso, revisa que no hayas echado proteína animal o restos de comida cocinada.
¿Cuánto tiempo tardará en estar listo tu compost?
– En condiciones ideales, el compost puede estar listo en un periodo de 3 a 6 meses. Pero si se maneja de forma más pasiva, puede tomar entre 6 meses y un año o, incluso, más, dependiendo de los materiales y el clima.
¿Cómo saber si está listo?
– Está oscuro, homogéneo y no se reconocen los restos originales.
– Huele a tierra húmeda o a bosque.
– Su temperatura es fría.

Prueba casera: Guarda un poco en una bolsa cerrada 24 horas. Si al abrirla no huele mal, está maduro y listo para usar.
El tiempo es el que trabaja a tu favor. Tú lo dejas ahí y él solo se hace. No necesitas ser un experto ni obsesionarte. Solo observa, aprende y deja que la naturaleza haga su “magia”. Al final, el resultado de convertir tus residuos en compost para tus plantas es una de las satisfacciones más grandes y sencillas que puedes regalarte.
