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Cariclo: el pequeño gigante con anillos que no deja de sorprender

Raidel Sosa Armas
10 septiembre 2026 | 0 |

Impresión artística de los anillos que rodean al planeta menor Cariclo (Crédito: ESO/L. Calçada/Nick Risinger (skysurvey.org)


En el vasto y oscuro espacio entre Júpiter y Neptuno, un pequeño objeto de apenas 250 kilómetros de diámetro —más o menos la distancia que separa La Habana de la ciudad de Santa Clara— desafía todo lo que creíamos saber sobre los anillos del Sistema Solar. Su nombre es Cariclo, un centauro, una de esas extrañas rocas que navegan entre las órbitas de los gigantes gaseosos y que, a medio camino entre asteroide y cometa, parecen guardar más secretos de los que los astrónomos imaginaron.

Un descubrimiento que rompió el molde

Durante décadas, los anillos fueron un privilegio exclusivo de los planetas gigantes: Saturno, Júpiter, Urano y Neptuno. La idea de que un cuerpo pequeño pudiera tenerlos parecía imposible, porque la gravedad de un objeto tan diminuto no sería capaz de retener un disco de partículas a su alrededor.

Pero en 2014, la revista Nature publicó un hallazgo que lo cambió todo: el centauro (10199) Cariclo tenía no uno, sino dos anillos densos y estrechos. El descubrimiento fue completamente accidental. Ocurrió durante una ocultación estelar, un evento astronómico en el que Cariclo pasó por delante de una estrella lejana y la bloqueó brevemente. Los astrónomos, que esperaban ver solo un parpadeo, detectaron dos pequeñas caídas adicionales de brillo antes y después del evento principal.

Esa señal, captada desde siete telescopios en Sudamérica, reveló la presencia de dos anillos de apenas 7 y 3 kilómetros de ancho, separados por un hueco de 9 kilómetros. Cariclo se convirtió así en el quinto cuerpo del Sistema Solar —y el primero no planetario— en tener anillos.

La técnica que permite “ver” lo invisible

Estas curvas de luz revelan la caída característica en el brillo de una estrella, cuando los anillos de Cariclo la ocultaron, el 18 de octubre de 2022. Imagen tomada del artículo de Santos-Sanz.

¿Cómo se estudian objetos tan pequeños y lejanos, a casi 17 veces la distancia entre la Tierra y el Sol? La respuesta está en la ocultación estelar, una técnica que funciona como un eclipse a cámara lenta. Cuando Cariclo pasa frente a una estrella, su sombra proyecta una huella sobre la Tierra. Al medir con precisión cómo disminuye y se recupera la luz de esa estrella, los astrónomos pueden reconstruir la forma, el tamaño y la estructura de lo que hay alrededor del objeto ocultante.

Es un método indirecto pero extraordinariamente preciso. La clave está en la velocidad relativa: cuanto más lento se mueve el objeto respecto al telescopio, mayor es la resolución espacial que se obtiene. Y ahí es donde entra en juego el telescopio espacial James Webb (JWST), que desde su órbita alrededor del punto de Lagrange L2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, puede observar estos eventos con una precisión sin precedentes.

El giro inesperado: anillos que cambian

El 18 de octubre de 2022, el JWST apuntó hacia Cariclo en el instante exacto en que iniciaba una ocultación estelar. Fue la primera ocultación predicha y planificada específicamente para ser observada con este telescopio. Lo que reveló fue asombroso: los anillos de Cariclo no son estructuras estáticas de hielo congeladas en el tiempo, como se creía. Están cambiando, y lo hacen muy rápido.

Un estudio liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), publicado en Science Advances en septiembre de 2026, comparó las observaciones del JWST con las obtenidas durante ocultaciones anteriores a lo largo de una década. El resultado fue inesperado: el anillo interior, más denso, se ha vuelto significativamente más opaco, mientras que el anillo exterior muestra ahora una firma mucho más débil que antes. “Los dos anillos están cambiando en direcciones opuestas”, explica Pablo Santos-Sanz, investigador del IAA-CSIC y autor principal del estudio.

Este comportamiento sugiere que los anillos no son reliquias inmutables, sino sistemas dinámicos que se reabastecen o pierden material con el tiempo. El anillo exterior, en particular, podría ser transitorio: quizá esté perdiendo partículas al espacio o quizá su opacidad varíe según la longitud de onda con la que se observe. “Nuestros resultados nos obligan a repensar cómo se forman, cómo evolucionan y qué mecanismos mantienen su estabilidad”, añade Santos-Sanz.

El misterio de la formación

El origen de los anillos de Cariclo sigue siendo un enigma. Se han propuesto varias hipótesis: que se formaran por el impacto de otro cuerpo que pulverizó material en órbita, que fueran el resultado de la ruptura de un satélite, o incluso que surgieran de eyecciones de polvo y hielo desde la superficie del propio Cariclo, activadas por la sublimación de compuestos volátiles como el monóxido de carbono o el nitrógeno.

Lo que sí parece claro es que los anillos son estructuras frágiles. Las estimaciones sugieren que las partículas colisionan entre sí y se dispersan en escalas de tiempo de unos cien mil años, mucho menos que la edad del Sistema Solar. Para que sigan existiendo, algo debe mantenerlos confinados. Y ese “algo” podría ser una pequeña luna.

La luna fantasma

“Al igual que tiene anillos, es muy probable que Cariclo tenga al menos una pequeña luna esperando ser descubierta”, sugiere Felipe Braga-Ribas, uno de los descubridores de los anillos. La idea no es descabellada: en los sistemas de anillos de Saturno, las llamadas “lunas pastoras” confinan las partículas en órbitas estrechas mediante su gravedad. En el caso de Cariclo, un satélite de apenas 3 kilómetros de radio podría bastar para esculpir y mantener la estructura de los anillos.

Aunque nunca se ha observado directamente, su presencia explicaría por qué los anillos de Cariclo son tan estrechos y definidos. También ayudaría a entender por qué el sistema no se ha desintegrado a pesar de la débil gravedad del centauro.

Un nuevo capítulo en la exploración del Sistema Solar

El caso de Cariclo es un recordatorio de que el Sistema Solar sigue lleno de sorpresas. Hace apenas una década, la idea de anillos alrededor de un asteroide era impensable. Hoy sabemos que no solo existen, sino que son dinámicos, cambian y probablemente no estén solos. El JWST ha abierto una ventana para estudiar estos sistemas con una precisión que antes era inimaginable, y los resultados no han hecho más que empezar.

Quizá lo más fascinante sea la lección que nos deja: en el espacio, las estructuras más pequeñas y aparentemente insignificantes pueden albergar los procesos más complejos. Cariclo, esa roca perdida entre gigantes, es la prueba de que el Universo no deja de desafiarnos.


Referencias

· Braga-Ribas, F., et al. (2014). “A ring system detected around the Centaur (10199) Chariklo”. Nature, 508, 72–75. DOI: 10.1038/nature13155.

· Santos-Sanz, P., et al. (2026). “JWST stellar occultation reveals unexpected changes in Chariklo’s ring system”. Science Advances, 12(37). DOI: 10.1126/sciadv.aeh4794.

· Duffard, R., et al. (2014). “Photometric and spectroscopic evidence for a dense ring system around Centaur Chariklo”. Astronomy & Astrophysics, 568, A79. DOI: 10.1051/0004-6361/201424208.

· Pan, M., & Wu, Y. (2016). “On the Mass and Origin of Chariklo’s Rings”. The Astrophysical Journal, 821, 18.

· Melita, M. D., et al. “Assessment of different formation scenarios for the ring system of (10199) Chariklo”. Universidad de Alicante.

· ESO (2014). “First Ring System Around Asteroid: Chariklo found to have two rings”. Observatorio Europeo Austral.

· IAA-CSIC (2026). “El telescopio espacial James Webb descubre que los invisibles anillos de Chariklo están cambiando”. Nota de prensa.

· ABC Ciencia (2026). “Cariclo, la única roca con anillos del Sistema Solar, podría tener también una luna”.

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