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Duaba-Salto Fino 2017 (primera parte)

Miguel Alfonso Sandelis
06 noviembre 2026 | 0 |

Una vista de la serranía en pleno ascenso


La guerrilla de verano malnombrista del año 2017 ha sido una de las más extensas en toda la historia del grupo. Se inició con la búsqueda de la mayor elevación de la provincia de Guantánamo, lo cual será motivo de otras crónicas, y terminó con un recorrido que nos llevó desde la ciudad de Baracoa, pasando por el Cañón del río Yumurí, Maisí y Pozo Azul, hasta Playitas de Cajobabo. Pero el plato fuerte, completamente inédito para el grupo, comprendió un recorrido por el río Duaba, prácticamente desde su nacimiento, hasta la base de campismo El Yunque, ubicada en la margen oriental del río, y a pocos kilómetros de su desembocadura. Y, por si fuera poco, al trayecto por el Duaba se le anexó una nueva exploración en busca de Salto Fino.

Lo de Salto Fino tenía dos ingredientes sumamente retadores. Todos los antecedentes que conocíamos sobre exploraciones al Salto hablaban de una búsqueda partiendo del río Quibiján, el cual corre a poco más de kilómetro del Salto, o desde un lugar conocido como Los Cedrones, pero ninguna tenía como referencia al río Duaba, el cual corre a unos cuatro kilómetros del Salto. El otro elemento retador era que, a menos de un año de nuestra excursión, el huracán Matheus había azotado la zona durante varias horas, con vientos que llegaron a los 180 kilómetros por hora. Es decir, debían ser notables los desastres causados en un área natural muy accidentada e intrincada. El plan para la excursión era llegar a Salto Fino arriba.

Miércoles, 26 de julio del 2017

A las 6:20 de la tarde partimos los malnombristas en un camión desde el pobladito de Los Calderas, ubicado en la serranía del municipio guantanamero de Imías, luego de haber ascendido el Pico Buenavista. El próximo objetivo era el río Duaba, pero para ello tendríamos que ascender un fuerte macizo montañoso para acceder a la cuenca del Duaba.

En el camión que cogimos en El caldero.

Unos cientos de metros más adelante recogimos a algunos del grupo, que estaban “arrasando” en una cafetería del pobladito. En total, éramos 45.

Como aún quedaba luz solar, podíamos contemplar las escarpabas laderas que nos rodeaban, en las que resaltaban las cabras, que posaban sobre los escasos y estrechos filones que ofrecían las laderas.

En un recodo del terraplén, el chofer detuvo el camión, se bajó y fue hasta una casa, para regresar al rato con unas masas de puerco, que fueron repartidas en el grupo. ¡Vaya gesto del hombre!

Ya de noche, llegamos al poblado de San Ignacio, pero no lo atravesamos. Del fondo del grupo le di 600 pesos al chofer para que nos llevara a Río del Medio, un caserío extendido a ambas orillas del río del mismo nombre, porque mi prioridad era adelantar lo más posible. Bordeamos a San Ignacio tras doblar a la derecha en un entronque y un poco más adelante comenzamos a ver las casas de Río del Medio.

El camión hizo varios cruces del río yendo aguas arriba, hasta detenerse junto a un ranchón que nos había servido como lugar de acampada en el año 2011, cuando íbamos en busca del pico El Gato. Pero los vientos de Matheus le habían volado el techo al ranchón. Además, el río allí tenía poco ancho. Por ello decidí buscar un lugar más adelante para pasar esa noche.

Seguimos rodando, pero solo un pequeño tramo, porque el chofer detuvo el camión en una explanada, argumentando que llegaba solo hasta allí, porque temía que, en lo adelante, no tuviera espacio para girar el camión para regresar.

La explanada tenía polvo y piedrecitas. El chofer partió de regreso y me fui con Eledys hasta el otro lado del río, buscando un mejor sitio para acampar, pero nada bueno hallamos. Luego volví a cruzar el río, con la compañía de Janett, Edgardo y Janett y buscamos más allá. Yaser y Edgardo se adelantaron, pero tampoco hallaron un sitio mejor que la explanada, por lo que regresamos. A la vuelta ya el lugar no nos parecía tan malo, incluso nos ofrecieron espacio en el patio de una casa. Comenzaron entonces a alzarse las tiendas de campaña.

Al grupo Uno de cocina dirigido por Edgardo le tocaba hacer la comida de esa noche y, después de levantar sus tiendas, se pusieron en funciones. Bajaron hasta la orilla del río y allí plantaron los calderos sobre unas piedras. En el lugar la corriente tenía muy poco caudal, porque más arriba una manguera le llevaba una parte. Los cocineros hicieron arroz demoradamente y prepararon también carne en salsa y refresco.

Mientras se cocinaba, le pregunté a un vecino por Arquímedes, un campesino a quien conocimos loma arriba en el 2011. Pero Arquímedes ya había bajado de la loma porque ya tenía 90 años, y allí mismo estaba, por lo que pude conversar un rato con él. En el lugar se aparecieron otros dos campesinos, la pareja de Eslinda y Omar, con quienes también hicimos amistad en el 2011. Ellos nos guardaron parte de la carga en aquel entonces, luego de que una amenaza ciclónica nos hiciera bajar de las lomas y, tras pasar un día, decidimos volver en busca del pico El Gato.

Pasadas las once de la noche fue que estuvo listo el tiroteo. Al repartirse, hubo tres que no alcanzamos carne, por lo que abrimos una lata. De arroz hubo doble y un tin de triple.

Jueves, 27 de julio del 2017

Antes de acostarnos, hicimos una celebración. Dos de los trillizos de Anna y Adrián: Alice y Matías, cumplían nueve años. Luego de cantarles “felicidades”, nos acostamos a dormir en el cierre de una intensa jornada. De madrugada arreció el viento y cayó un breve aguacero.

A las siete le di el de pie a la tropa. Rovic amaneció con un poco de fiebre. El grupo Dos preparó un desayuno de leche con chocolate y dulce de guayaba con galletas, mientras el Uno hacía una redistribución de los bultos de comida para ser cargados. Nuestra meta para el día era el arroyo La Zambumbia. Para llegar a él era necesario realizar un extendido ascenso, pues la Zambumbia es una de las cabezadas de Río del Medio.

Mientras se recogía el campamento, Mary se encontró una jabonera regada y comenzó a preguntar por su dueño en voz alta. En medio de su vocinglería, Ale, su hijo, le dijo que era de él, y entonces el “cuero” del grupo le cayó encima a la madre porque no lo había educado bien.

Recogiendo la acampada en Río del Medio.

La hora de partida fue bastante tardía: las 10:12. Echamos a andar en una mañana soleada, aunque las sombras de grandes árboles nos protegían bastante. Llegamos a un lugar donde el río era una invitación al baño por su limpieza, caudal, la belleza de grandes piedras que lo adornaban y el sol en la altura. El mayor caudal se debía a que la manguera estaba más abajo. Y, por supuesto, nos bañamos. El relax fue tan grande, que hasta hubo tiradera de agua. Héctor y Frank estaban de retaguardia y, al llegar, Héctor fue al agua, pero Frank se quedó afuera sentado, con cierta cara de obstine.

Después de un buen rato en el agua, recogimos y comenzamos a subir por un camino de la orilla izquierda del río. La fuerte y larga pendiente que nos esperaba ya varios la conocíamos. Elizabeth y el Rafa siguieron bordeando el río.

Un baño refrescante en Río del Medio.

Algo arriba hicimos un alto en una especie de mirador por la derecha, que nos permitía ver una vertiente de la serranía. Denis llegó allí completamente “explotado”. David, al notar la ausencia de Eli y el Rafa, regresó loma abajo hasta dar con ellos. Cuando el trío se reencontró con la tropa, descansamos unos minutos más y proseguimos el ascenso.

En el próximo tramo, con el sol castigando, el sudor echó a correr por nuestros cuerpos. Luego de un buen rato de ascenso, pasada la una de la tarde, llegamos a una aguada sumergida en una arboleda donde abundaban las mangas blancas. La tomadera de la fría agua de la aguada y el atracón de mangos no se hicieron esperar.

En la continuación de la marcha tuvimos más sombras que sol, hasta llegar a un sitio conocido como El Jubal, donde hicimos acampada en el año 2009. Allí el Gaby tuvo que recibir masajes en los muslos, por parte de Hery y Juliet en el año 2011, lubricado con aceite de comer. Ahora el Gaby volvía a tener problemas, pero de los que se resuelven oculto con un papel en un matorral. Denis volvió a llegar explotado al descanso.

El descanso en El Jubal.

Pasadas las tres, continuamos loma arriba, con gran parte de la tropa con grandes ganas de acampar. Llegamos a un entronque con un arroyo por un trillo a la derecha. Edgardo y yo lo exploramos, porque tenía dudas de que fuera el entronque a la loma de La Cana, aunque esta elevación se ubicaba a la izquierda del camino principal. Regresamos de la exploración y el grupo siguió el ascenso después de perder media hora, hasta llegar al verdadero entronque de La Cana. Hacia la izquierda se podía ver la gran elevación con su elevada antena en la cima.

Luego de tomar a la derecha la delantera de la tropa, pasaron un tramo erosionado donde se inició un descenso y, al llegar a un campo de helechos, se detuvieron con dudas. Cuando llegué al lugar, los insté hasta seguir. Un poco más de bajada y llegamos al arroyo de la Zambumbia. Allí matamos la sed y después continuamos bordeando el arroyo. Mi idea era acampar en un sitio algo allanado donde se juntan dos arroyos.

Después de cruzar varias veces la corriente, llegamos al lugar que buscaba, pero estaba enyerbado. Algunos habían seguido y algo más arriba encontraron un sitio descampado. Al comentarlo a su regreso, Alexis y yo subimos a ver el sitio, pero me pareció estrecho, si acaso para dos tiendas de campaña. No obstante, a Alexis le gustó.

Acampada en La Zambumbia.

De vuelta al lugar entre arroyos, comenzó una chapea por parte de los hombres, hasta lograr despejarlo. Vino entonces el arme de las tiendas de campaña. Algunos plantaron en el sitio explorado por Alexis y por mí.

Con el campamento armado, el grupo Dos de cocina comenzó su tarea y bien pronto Osniel comprendió lo difícil que sería levantar la candela con tanta humedad en la leña. Las salvadoras fueron unas pastillas de combustible llevadas por Wilfredo, que propiciaron que se cocinaron los espaguetis previstos para la jornada.

Faltando diez minutos para las diez de la noche se formó el tiroteo. Yo serví los espaguetis y la carne en salsa, mientras el Gaby servía el refresco. Luego de matar el hambre, el sueño nos dominó.

(continuará en la próxima semana)

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