Artemis II será el primer vuelo tripulado a las inmediaciones de la Luna en más de 50 años, pero sus tripulantes harán mucho más que pilotar. Su misión es convertirse en sujetos de estudio para investigaciones que allanarán el camino hacia Marte.
Con una ventana de lanzamiento que se abre el 6 de febrero de 2026, la misión Artemis II de la NASA no solo marca el regreso de los humanos más allá de la órbita terrestre baja. A bordo de la cápsula Orión, los cuatro astronautas vivirán en un laboratorio científico volante durante un viaje de aproximadamente 10 días, generando datos vitales para la salud y el desempeño humano en el espacio profundo.
La tripulación pionera y la máquina
La misión está comandada por un equipo internacional:
- Reid Wiseman (comandante de la NASA).
- Víctor Glover (piloto de la NASA).
- Christina Koch (especialista de Misión de la NASA).
- Jeremy Hansen (especialista de Misión de la Agencia Espacial Canadiense).

Viajarán a bordo de la nave Orión, llamada “Integrity”, lanzada por el cohete Space Launch System (SLS). Esta será la primera prueba tripulada de ambos sistemas. Orión, del tamaño aproximado de un pequeño apartamento, presenta un entorno más limitado que la Estación Espacial Internacional, lo que añade una capa extra de desafío para las investigaciones.

Líneas clave de investigación
La carga más valiosa de Artemis II no es un instrumento, sino los propios astronautas. La misión alberga un extenso programa del Programa de Investigación sobre Seres Humanos (HRP) de la NASA, estructurado en varias áreas principales.
- Salud y comportamiento humano: Los astronautas recopilarán datos fundamentales sobre cómo responden el cuerpo y la mente al espacio profundo.
- Estudio ARCHeR: Monitorea el sueño, el estrés, la cognición y el trabajo en equipo mediante dispositivos de muñeca que registran movimiento y patrones de sueño, tanto durante la misión como antes y después de ella.
- Biomarcadores inmunitarios: Este estudio innovador rastreará el sistema inmunitario mediante el análisis de muestras de saliva seca. Sin espacio para refrigeración, la tripulación transferirá saliva a un papel especial que se almacenará en libretas de bolsillo para su análisis posterior en Tierra.
- Medidas estándar de Artemis II: Proporciona una “foto” completa de la salud fisiológica. Incluye recolección de muestras biológicas (sangre, orina, saliva) y pruebas de equilibrio, función muscular y salud ocular antes y después del vuelo.
La amenaza invisible
Más allá de la protección del campo magnético terrestre, la radiación es uno de los mayores riesgos a medida que la nave se aleje de nuestro planeta.
La nave Orión estará equipada con una red avanzada de sensores. Se desplegarán detectores activos que pueden alertar a la tripulación durante una tormenta solar para que busque refugio. Además, en colaboración con la Agencia Espacial Alemana (DLR), se usarán detectores de alta resolución capaces de medir la peligrosa radiación de iones pesados.
La tecnología más avanzada es el proyecto AVATAR, que utiliza “órganos-en-un-chip”. Estos chips, del tamaño de una memoria USB, contienen células de la médula ósea de los propios astronautas, donadas antes del vuelo. Servirán como “avatars” celulares para estudiar los efectos de la radiación y la microgravedad a nivel tisular.

Ciencia planetaria en tiempo real
Aunque no aterrizarán, los astronautas realizarán valiosas observaciones científicas. Cuando Orión pase por el lado lejano de la Luna, la tripulación, entrenada en geología, fotografiará y describirá cráteres de impacto, flujos de lava y otras formaciones.
Una novedad clave será la integración de un equipo de científicos en el control de misión. Este equipo, con expertos en vulcanismo y cráteres, analizará los datos en tiempo real y podrá guiar las observaciones de la tripulación, probando un modelo para futuras exploraciones.
Colaboración humano-máquina
Expertos destacan que el futuro de la exploración lunar sostenida depende de la integración efectiva entre astronautas y sistemas robóticos. Esta misión sienta las bases para que, en el futuro, los humanos en órbita o en una base puedan teleoperar robots en la superficie lunar, ampliando enormemente su capacidad de exploración y trabajo.
Un salto necesario hacia Marte
Artemis II es un eslabón crítico. Los datos obtenidos sobre la degradación inmunológica, los efectos de la radiación a nivel celular y la dinámica de equipos en confinamiento extremo son imprescindibles para diseñar contramedidas efectivas.
Como señaló Laurie Abadie, ingeniera aeroespacial del programa Artemis en la NASA, “las lecciones que aprendamos de esta tripulación nos ayudarán a llevar a cabo misiones e investigaciones en el espacio profundo de manera más segura”. Estas lecciones tienen un destino final claro: preparar a la humanidad para su próximo gran salto, la primera misión tripulada a Marte.
