Plataforma semisumergible de perforación en aguas ultraprofundas.
Cuando se va a buscar petróleo, lo primero es siempre evaluar el potencial de hidrocarburos de la zona. Estos son voluminosos estudios que deben, al final, demostrar la existencia o no en el subsuelo de un sistema petrolero que genera y, eventualmente, permite la acumulación de hidrocarburos. Parte de esa evaluación es siempre calcular cuánto petróleo puede hipotéticamente estar conservado en el sitio y que está por descubrir.
Con una evaluación geológica positiva, se procede a la simulación económica. En caso de ser ambas positivas, se pasa al proceso de convertir los hipotéticos recursos “no descubiertos” a “reservas probadas”, lo cual se conoce como exploración petrolera.
Antes de iniciar las costosas investigaciones en el campo, es menester definir qué tipo de yacimientos es posible encontrar, incluyendo el tamaño de la trampa, su profundidad, tipo de petróleo y previsión de obstáculos de todo tipo: geográficos, ambientales, de seguridad, etc. Esto es lo que se conoce como definición del tipo de yacimiento a buscar o “escenario exploratorio” (también conocido por su término en inglés: “exploratory play”).

Los trabajos geológicos y geofísicos se llevan a cabo en el terreno para detectar la profundidad y el tamaño de las estructuras del subsuelo correspondientes al “escenario exploratorio” definido. Con frecuencia, luego de los primeros trabajos, no es posible definir con exactitud estos prospectos por lo que se van a necesitar trabajos complementarios de mayor detalle.
El objetivo de las investigaciones geofísicas es detectar y cartografiar los prospectos o estructuras potencialmente contenedoras de yacimientos.
Esto es a lo máximo que se puede aspirar, porque ningún método geológico o geofísico es capaz de detectar la presencia de acumulaciones industriales de petróleo o gas.
Los mejores prospectos resultantes de los levantamientos son probados con perforación exploratoria, pozos profundos planificados a una profundidad determinada. Al final de la perforación, los registros geofísicos a lo largo del pozo van a detectar las zonas donde existen rocas permeables saturadas de petróleo o gas.
Los registros geofísicos de pozo constituyen una de las informaciones básicas que permite estimar las propiedades petrofísicas de las rocas y los fluidos en su espacio poroso. Los principales parámetros que se evalúan en un pozo son: Porosidad, Densidad, Diámetro del agujero, Saturación, Buzamiento de las capas, Fracturas, etc. Finalmente, las zonas del pozo con mejores características de porosidad, permeabilidad y saturación de petróleo son ensayadas.

Los ensayos de producción posteriores tienen dos grandes categorías. La primera, son las pruebas de presión para determinar las propiedades reales de la roca y de los fluidos (por ejemplo, la permeabilidad, porosidad y presión promedio de yacimiento), así como la localización e identificación de heterogeneidades (por ejemplo, fallas sellantes, fracturas naturales y capas). La segunda categoría, consiste en las pruebas de productividad efectuadas durante semanas o meses, que permite determinar el potencial de producción de un pozo. Si todo lo anterior sale bien, se puede declarar que se ha descubierto un nuevo yacimiento.
El papel de las nuevas ideas en el descubrimiento de campos petroleros
En ninguna cuenca del mundo ha sido fácil descubrir petróleo y a medida que ha ido pasando el tiempo, cada vez es más difícil encontrar nuevos campos. En todos los casos, la clave siempre ha sido la promoción de nuevos paradigmas. De ahí, el dicho que repiten los petroleros de que “el petróleo se busca en rocas viejas con ideas nuevas” o que “el yacimiento primero se descubre en la mente y luego en el subsuelo”. Luchar por derrumbar el “dogma” ha sido siempre el lema favorito de los buenos exploradores, aunque siempre tienen que sufrir porque la nueva propuesta encuentra siempre una gran resistencia de los demás.
Desde la teoría anticlinal del siglo XIX, hasta los conceptos de la estratigrafía secuencial del siglo XXI, los geólogos y geofísicos han tenido que perseverar para probar que cada nueva idea es válida. Evidentemente, no se trata de lanzar al aire cualquier idea descabellada y comprometer valiosos recursos en un proyecto con poca probabilidad de éxito.
Se trata de integrar al sistema de escenarios petroleros conceptuales, los últimos conocimientos geológicos, la aplicación de nuevas tecnologías y las experiencias de análogos mundiales exitosos. Esto lleva a probar métodos que no se habían estimado, buscar acumulaciones que se considerado imposibles y explorar en lugares y secciones de la columna estratigráfica antes desdeñados por poco probables.
La exploración en regiones tan complejas como Cuba exige que los geólogos piensen siempre de forma diferente. Solo con nuevas ideas se pueden descubrir nuevos yacimientos, definiendo escenarios que no se habían considerado con anterioridad, promoviendo nuevas ideas en la utilización de métodos que nunca antes se habían ensayado, y evaluando lugares que antes se hubieran considerado imposibles para encontrar hidrocarburos. Sin olvidar lo establecido con anterioridad, pensar fuera del cajón es la clave en nuestro país.
En 150 años de historia exploratoria, en Cuba se han identificado casi veinte diferentes escenarios exploratorios, pero no se excluye que en el futuro se puedan identificar otros más, entre los que se pudieran encontrar algunos escenarios no convencionales como el petróleo y el gas en rocas compactas, el gas de hidratos de carbono, el gas disuelto en agua y otros.
Tomar el riesgo de desarrollar una nueva idea, de fundamentar su viabilidad económica y posteriormente llevarla a vías de hecho con la perforación de pozos exploratorios es una de las vías para incrementar la producción. Esta combinación de elementos de apreciación es la prueba de ácido que se aplica a todos los prospectos que integran la cartera de oportunidades. Estos elementos permiten clasificar cuáles son las que tienen méritos técnicos y económicos antes de emprender la perforación.
