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La enseñanza primaria más cerca del Sol

Raidel Sosa Armas
14 enero 2026 | 0 |

Bajo un cielo despejado de la mañana, el patio de la escuela primaria Lourdes Eisméndiz Vega, del municipio de Güira de Melena, se convirtió en un improvisado observatorio solar. Los estudiantes de quinto grado, guiados por su profesora de Ciencias Naturales, realizaron una actividad complementaria extraordinaria: la observación directa de la fotosfera del Sol y el conteo de sus manchas, una experiencia que llevó los conceptos del libro de texto a una realidad tangible y fascinante.

La capacidad de asombro de los más pequeños sigue intacta.

La jornada comenzó en el aula con una crucial lección de seguridad. “Nunca, bajo ninguna circunstancia, se debe mirar al Sol directamente”, recordó la profesora. Luego, explicó el funcionamiento del telescopio, equipado con una pantalla especializada que permitiría observar nuestra estrella más cercana sin riesgo. La expectación era palpable.

El momento culminante llegó cuando el grupo estudiantes se percató de lo que se proyectaba en la pantalla. Lo que vieron los dejó sin palabras: un disco brillante y perfecto, la fotosfera solar, con pequeñas irregularidades oscuras dispersas por su superficie. Eran las manchas solares, regiones “más frías” causadas por intensa actividad magnética. Con lápiz y papel en mano, los niños se convirtieron en científicos por un día, anotando diligentemente el número y la posición de estas “pecas” solares, un ejercicio real de monitoreo astronómico.

Imagen del Sol durante la observación.

“¡Pensé que el Sol era solo una bola de fuego lisa! Ver que tiene detalles y que cambia es increíble”, comentó emocionado uno de los estudiantes. Otros discutían sobre la forma y el tamaño de las manchas, relacionando espontáneamente la observación con los conceptos de energía y calor que habían estudiado.

Esta actividad no fue un mero entretenimiento, sino una concreción viva del Programa de Ciencias Naturales de quinto grado. El currículo cubano establece que uno de los conocimientos esenciales que deben adquirir los estudiantes es comprender que “esta energía proviene del Sol, fuente, además, de luz y calor en el planeta, sin el cual la vida en este sería imposible”. Al observar la fuente misma de esa energía, los alumnos internalizaron este principio de una manera imborrable.

Además, la actividad respondió al llamado del programa de poner en el centro “la actividad práctica experimental, reflexiva y valorativa, la cual se concibe como vía fundamental del aprendizaje”. El conteo de manchas solares transformó a los estudiantes de receptores pasivos de información en investigadores activos, fomentando la curiosidad, el trabajo en equipo y el método científico.

La sesión no quería finalizar: “¿Se puede ver la Luna y los planetas con ese telescopio?” “¿Cuándo se puede realizar una actividad nocturna?” “Yo vi en un documental…”. Las preguntas se amontonaban, dejando sin espacio a las respuestas. Fue una experiencia muy enriquecedora.  

En esta ocasión, los estudiantes no solo se llevaron la imagen grabada del Sol en sus retinas, sino una comprensión más profunda y personal de su papel central en la naturaleza. Esta pequeña actividad matutina demostró que cuando la teoría salta de las páginas del programa para materializarse en la experiencia directa, el aprendizaje trasciende el aula y se convierte en una chispa de verdadero asombro científico.

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