Cuando Cristóbal Colón llegó a América en 1492, las islas de las Antillas estaban llenas de comunidades de arahuacos asentadas a lo largo de valles, ríos y costas. Algunas aldeas de taínos llegaban a los miles de habitantes. Eran sociedades de una gran energía y creatividad, con un extraordinario repertorio de formas expresivas que abarcaban la escultura, cerámica, joyería, deportes, danza, música y poesía. Sus conceptos abstractos, inventiva y dinamismo se reflejaban en las jerarquías sociales y su organización política.[1]
Hasta hace algún tiempo, los taínos eran considerados periféricos en relación con otras sociedades precolombinas. Los estudiosos se enfocaban en las grandes culturas continentales, tales como los Incas, Aztecas y Mayas, mientras que los arahuacos merecían menos la atención.
A medida que se ha profundizado en su estudio, los investigadores han llegado a la conclusión de que, para los tiempos de la conquista, los pequeños reinos taínos habían evolucionado hacia complejas entidades políticas que semejaban verdaderos estados.
Estos poseían una concepción diferente del universo y una profunda espiritualidad. Es impresionante constatar la conversación del Gran Almirante con un anciano taíno durante su segundo viaje. Colon, poseedor de una buena cultura y un admirable don de palabra, apenas pudo responder a los profundos temas existenciales que, a la vera de una amplia cesta de frutas, le trajo a colación un sabio antillano.[2]
Hoy está claro que el taino explotó todos los recursos naturales disponibles y desarrolló técnicas eficientes de agricultura, caza, pesca, artesanía y construcción. Ejemplo de esto eran las canoas, capaces de llevar hasta 100 personas, que se usaban para la pesca en aguas profundas y para el comercio entre las islas. Los viajes a larga distancia se hacían guiándose por el Sol; y de noche, por la Estrella Polar o por la Vía Láctea, una constelación que llamaban “La Gran Serpiente”.
Hacían objetos de madera, piedra, oro, conchas, huesos, cerámica y otros materiales. Los cuchillos de piedra y las hachas eran las armas más comunes y duraderas. Las hachas petaloides con mangos de madera se utilizaban para limpiar la tierra y labrar las canoas y otros objetos de madera, así como para cortar la yuca y otros alimentos.
Cada grupo étnico, en dependencia de su grado de desarrollo, hizo uso de los recursos que ofrecía la geología cubana: minerales, metales, arcillas y rocas[3].
Varios estudios alrededor de la minería aborigen cubana la han calificado, en lo esencial, de minería recolectora.[4] Los aborígenes cubanos llegaron a conocer sitios donde se podía recolectar las rocas más indicadas para sus diferentes instrumentos líticos, las mejores arcillas y los minerales de utilidad. Los conquistadores describen los “talleres” de trabajo para el tallado de la piedra y el trabajo del barro, junto a las canteras y fuentes que le suministran los materiales apropiados para fabricar numerosos objetos.
La explotación de recursos minerales que hacían los habitantes de Cuba a la llegada de los europeos se puede calificar de incipiente. Los aborígenes explotaban muy bien las arcillas, que encontraban en lugares próximos a los que habitaban. Con el barro confeccionaban una cerámica principalmente hogareña, consistente en recipientes, vasijas planas, burenes, discos con piedrecitas incrustadas para utilizarlos como ralladores o guayos y pequeños ídolos.[5]
Hasta el momento se han realizado pocos estudios relativos a la utilización de los asfaltos y petróleos de los manaderos existentes en Cuba., Es probable que emplearan estos recursos principalmente para calafatear sus canoas.

La caliza dura madrepórica o las concesiones de calcita de estalactitas o estalagmitas, que obtenían en las cuevas y lugares de la costa, la utilizaban para hacer los cemíes o ídolos mayores.
Usaban la arenisca, proveniente también de lugares próximos a sus aldeas, para hacer cemíes, pilones y dujos. El pedernal, que encontraban en la parte central del norte de Cuba oriental y central, lo empleaban sacándole lascas o astillas para hacer instrumentos cortantes.
La roca silícea, no era explotada de canteras, sino recogida en forma de canto rodado en las márgenes y lechos de los ríos, o en otros depósitos aluviales. Esta era golpeada de una forma especial, capaz de proporcionar una serie de pequeños implementos cortantes como cuchillos, hachas y barrenas para los más disímiles usos.
Puntas de flechas, piedras arrojadizas y cuchillos de pedernal en sus macanas se contaban en su arsenal bélico. Entre los objetos relacionados con la magia y figurativos se encuentran cuentas confeccionadas en piedras, conchas, vértebras de peces y huesos, con los cuales hacían collares; dagas líticas o gladiolitos y bolas o esferulitas realizadas en piedra tallada, en ocasiones muy pulidas.
De calizas duras y andesitas podían confeccionar burenes, buriles, percutores, morteros, candiles, pesos para sus redes, cuentas e idolillos. Los que habitaban Cuba central hacían hachas petaloides de la diorita félsica o de serpentinita, y parece que se han encontrado algunas fabricadas con jadeíta o nefrita; también de limonita pétrea se han hallado hachas petaloides en Pinar del Río.[6] Algunos minerales con vivos colores eran triturados para obtener colorantes. Estos colorantes eran la base de la realización de adornos corporales y van a estar presentes en los dibujos rupestres. [7]

El único metal que explotaban los taínos era el oro, aunque no es seguro de que lo hicieran de las menas auríferas, sino básicamente de los arrastres de los ríos, aun cuando se sospecha que, en la región central de Cuba, los indios extrajeron algún oro de la roca.
Con este oro hacían las “guayzas” o cuentas de piedra con incrustaciones de ese metal, más apreciado por su olor peculiar que por su valor simbólico o mágico. Muy débil parece la sugerencia hecha por Irene A. Wright [8], respecto a que los aborígenes de Cuba trabajaran el cobre y lo traficaran con los indios de la Florida. La tesis se basa en el análisis de ciertas reliquias de cobre de estas tribus floridanas con igual porcentaje en oro y plata que la que presenta el mineral de las minas de Cuba [9].
En las zonas cercanas a Cuba, los pueblos originarios usaron el petróleo en múltiples oficios: como combustible para alumbrarse en sus viviendas, para calafatear sus canoas, reforzar sus vasijas y con diversos fines medicinales. Aparentemente, Cuba no fue una excepción, aunque hasta el momento se cuenta con muy pocos estudios arqueológicos analíticos relativos a la utilización de los asfaltos y petróleos de los manaderos naturales.
Las referencias en los diarios y crónicas de indias apuntan a que los aborígenes usaban el hidrocarburo recolectado en superficie, además de en sus canoas, para embadurnar sus cuerpos, también como pegamento en instrumentos u obras de arte y para propósitos medicinales.
[1] Rey, Estrella y Cesar García del Pino. Conquista y Colonización de la isla de Cuba (1492-1553) Instituto de Historia de Cuba: Historia de Cuba, La Colonia, evolución socioeconómica y formación nacional de los orígenes hasta 1867, tomo II, Editora Política, La Habana, 1994.
[2] Hale, Edward Everett. The life of Christopher Columbus: from his own letters and journals and other documents of his time. CHICAGO: G. L. HOWE & CO. 1891. Copyrighted by G.L. HOWE, & CO.
[3] Soto Gonzalez Luis D. Apuntes sobre la historia de la minería cubana Editorial Oriente 1981 121 pp
[4] Soto Gonzalez, Luis D. Apuntes sobre la historia de la minería cubana Editorial Oriente 1981 121 pp
[5] Calvache Antonio. 1944. Minería Taína. en el libro «Historia y Desarrollo de la Minería en Cuba» Editorial Neptuno, 1944 – 166 páginas.
[6] Calvache Dorado, Antonio Breve Discurso Acerca de los Orígenes de la Minería Recursos Económicos Mineros de Cuba, Conf., 1943.
[7] Dacal Moure, Ramon and Rivero de la Calle, Manuel Arqueología Aborigen de Cuba – 1984
[8] Wright Irene History of Early Cuba 1492 – 1598 The Maxmillan Company New York 1916
[9] La hipótesis del investigador norteamericano Clearence B. Moore se discute en detalle en el Capítulo 3.; Moore, Clarence B. Sheet-copper from the mounds is no necessarilly of European origin AMERICAN ANTHROPOLOGIST No 5, pág. 27-48, 1903
