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Una Olimpiada en cuatro voces

Raul Abreu Martin
23 julio 2025 | 1 |

Cuatro estudiantes cubanos esperan el veredicto. No tienen idea de la noticia que van a recibir en breve. Cuando es 14 de julio en Emiratos Árabes Unidos, está a punto de concluir una participación histórica para Cuba en la Olimpiada Internacional de Química.

La cosecha es una medalla de plata, un metal que le fue esquivo a la Mayor de las Antillas por casi veinte años, y dos de bronce. Una sorpresa que calificaron como doble al no saber los resultados con antelación, y muestra de las posibilidades futuras de la ciencia cubana en eventos de este tipo.

“Traer un buen resultado al país es gratificante, pues demuestra el potencial y calidad de los estudiantes cubanos, sorprendiendo a los que nos subestiman por nuestra pequeñez en el mapa o nuestras posibilidades económicas”, dijo a Juventud Técnica el estudiante Juan Carlos Yepe Muñiz, del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin.

“Cuando dieron los resultados estábamos muy felices, pero la victoria se sintió un poco agridulce por ese compañero que se quedó a pocos puntos de la mención honorífica. Como cubanos, el logro fue impresionante, ya que hacía mucho tiempo que no podía asistir un equipo completo a la IChO y por tanto, los resultados eran buenos, pero no como los de este año”, comentó Leticia María Merlo Alfonso, del IPVCE Eusebio Olivera Rodríguez, quien obtuvo una de las medallas de bronce.

Uno de los elementos que ha lastrado la participación cubana en este tipo de eventos es precisamente la imposibilidad de asistir en ocasiones con equipos completos. En las ediciones anteriores del quinquenio donde intervino el país la cosecha fue un bronce y una mención honorífica (2024) y dos terceros lugares (2023).

Compañero de Jessica en el Eusebio Olivera, Osmani Lázaro Hernández Fiallo contó que “el resultado del equipo lo disfrutamos en conjunto y siempre nos quedamos con algo por dentro que nos decía que podíamos hacerlo mejor independientemente del buen resultado, porque siempre se puede más”.

David contra Goliat: la experiencia de la IChO

Hernández Fiallo describió asistir al evento como “muy emocionante, porque tienes el peso de que el país esté lo más alto posible en los estándares mundiales”.

Yepe por su parte declara que es “una oportunidad ideal de conocer múltiples culturas alrededor del mundo y ponerse a prueba. Representar a Cuba en el evento es como tomar el papel de David en el enfrentamiento a Goliat, requiere un esfuerzo tremendo competir de la mano con 90 países, aun viniendo de un país de menos recursos que varios de los que se presentan”.

Fue muy divertido ir a la Olimpiada, no solo por los viajes que hicimos y las cosas nuevas que vimos, sino por los exámenes, que fueron desafiantes y entretenidos, añadió Merlo Alfonso.

Estos eventos, además de tener un matiz competitivo, son un espacio de encuentro para estudiantes y profesores de la materia, provenientes de todas partes del mundo. Ese intercambio académico y cultural es uno de los grandes beneficios de las olimpiadas de conocimiento.

“Compartir con estudiantes de otros países siempre se siente como un soplo de aire fresco, donde exploras distintos partes del planeta en solo unos instantes. Es un gusto encontrar amigos en varios rincones del planeta, y a lo mejor en el futuro poder toparte con ellos, ya sea en una investigación, en una visita amistosa o por simple casualidad”, valoró Yepe.

Al preguntarle a Leticia, destacó la versatilidad de los estudiantes extranjeros. “No solo sabían química, conocían varios idiomas y tenían mucha cultura general. Me sorprendió también ver lo que nos parecíamos, lo mucho que estudiaban y todas las cosas que dejaban de hacer para poder estar allí”.

“La facilidad de relacionarse con los demás sin importar su país, raza o creencia es algo que se debe destacar y que es un aspecto que hace única a la competencia, la capacidad de unir a los países por mediación de la ciencia. Los amigos y experiencias colectivas que nos llevamos del evento valen más que cualquier medalla”, comentó Bárbaro Eriel Rodríguez Gil, del IPVCE Ernesto Che Guevara.

Enfrentando a la competencia

89 países y 350 participantes fueron los rivales de Cuba en la Olimpiada Internacional de Química 2025, celebrada en Emiratos Árabes Unidos del 5 al 14 de julio, según la web oficial del torneo. Para llegar ahí, los estudiantes de la Isla pasaron por el adiestramiento previo de rigor.

“Para el entrenamiento contamos con profesores de la universidad de La Habana, entrenadores de varias provincias y personas de varios ámbitos, que aportaron lo necesario para hacer posible todo”, añadió Yepe.

Esa etapa comienza desde su entrada a los IPVCE, comenta Hernández Fiallo. “A partir de ahí comenzamos a prepararnos con vistas al concurso nacional. Se seleccionan los diez mejores por grado y se llevan a la preselección nacional. Allí se reciben entrenamientos más intensivos con vistas a pruebas selectivas. Una vez completado el equipo, comienza otra etapa de preparación para cada competencia”.

Para Merlo Alfonso, “lo más difícil fue prepararnos para el examen práctico, ya que en muy poco tiempo intentamos abarcar mucho contenido”. Yepe complementa que fue lo más difícil de la competencia, debido a que “requería de una alta habilidad y rapidez en el laboratorio para completar con éxito las tareas que se proponían en las cinco horas de la prueba”.

Rodríguez Gil comenta que fue un reto para ellos encontrarse “con nuevos temas y técnicas de laboratorio. Pero con esfuerzo y colaboración se le pudo hacer frente lo mejor posible, y lo más emocionante fue sentarnos en la mesa a compartir con la sensación de misión cumplida después de la clausura”.

Un futuro para la química cubana

Los cuatro jóvenes que han conseguido este resultado histórico para Cuba manifestaron a Juventud Técnica su deseo de continuar vinculados a la ciencia, en especial a la química. “Creo que si cierro los ojos y me pongo a pensar en el futuro, me veo trabajando en ello”, dijo Merlo Alfonso.

“En la química siento mucha seguridad, puesto que las olimpiadas te preparan para un nivel semejante al universitario, lo cual hace de estudiarla una buena apuesta. Además, no hay nada mejor que estudiar lo que a uno le gusta, y a mí me gusta la química”, sentenció Yepe.

De su experiencia como estudiantes y representantes de Cuba en la Olimpiada Internacional de Química eventos internacionales también emanan opiniones sobre cómo enganchar a sus contemporáneos y nuevas generaciones al mundo de la ciencia.

En ese sentido, Rodríguez Gil los anima a “abrir un libro y darse cuenta por ellos mismos sobre la realidad de todo lo que ocurre a su alrededor, y que se animen a rodearse de personas de ciencias para debatir. No hay nada más bonito que debatir sobre lo último que leíste en un libro y darte cuenta de por qué ocurren cosas cotidianas que día a día ignorabas”.

“Limitarse con lo que se da en el aula construye prejuicios sobre qué se estudia en cada asignatura. Cuando dejas de estudiar para una prueba y empiezas a entender el tema en sí, la experiencia mejora, descubres que tiene mucho más que ofrecer”, dijo Yepe.

Merlo Alfonso añadió que “todas las cosas que van a descubrir valen el esfuerzo; y en química al menos, podrán crear y transformar, siempre habrá algo nuevo”.

Finalizó Hernández Fiallo destacando la importancia de fomentar la formación vocacional en las escuelas. “Muchos estudiantes talentosos no entran al concurso porque piensan que les va a quitar tiempo. Que los muchachos entren a los IPVCE y que si algo les gusta de verdad lo estudien a profundidad porque eso siempre les va a servir”.

Para poner el resultado en contexto

La primera participación de Cuba en una Olimpiada Internacional de Química fue exactamente hace cuarenta años, con un equipo integrado por Tirso Gassié Rodríguez, Geni Gómez Morejón, César Fernández Estrabao y Luis Javier Gonzáles López.

Dos años después (en la edición de 1986 no asistió ningún cubano), Ernesto Ortitz ganó la primera medalla de bronce para la Mayor de las Antillas. En las ediciones posteriores, Cuba obtuvo al menos un tercer lugar en las ediciones de 1988, 1989, 1990, 1991. Luego de un año de ausencia, tres metales bronceados regresaron a Cuba en 1993.

Sin resultados destacados en 1994 y 1995, Daniel García Rivera (1996), Rachel Crespo (1997) y Darel Martínez Bedoya (1999) conquistaron el bronce. En esos años, Cuba asistió con un solo representante, exceptuando la ausencia de la edición de 1998.

Al regreso en 2001, la delegación hizo pleno. Los cuatro estudiantes que la conformaron (David Santos Carballal, Karel Hernández Sánchez, Elaín Fernando Carbonell y Marx Castillo Alemán) ganaron medalla de bronce.

Kenny Bravo Rodríguez (2003) y Gerardo Ojeda Carralero (2008) son los únicos estudiantes de la isla caribeña que han obtenido una medalla de plata en estos eventos. Diecisiete años después, Juan Carlos Yepe Muñiz se suma a esa lista. Solo en una ocasión un cubano ha ganado la medalla de oro en este tipo de eventos: Luis Daniel Cruz Zaragoza en la edición de 2005.

Antes de los resultados de 2025, la participación más destacada de Cuba en la Olimpiada Internacional de Química en los tiempos recientes fue en 2023. César Endris Acosta Martínez y Erik Jordan Valdés Abreu ganaron dos medallas de bronce siendo los únicos representantes de la delegación.

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Comentarios

    Marlen Martin López 23/07/2025

    Excelente participación de los jóvenes representando a nuestro país. Gracias por darlo a conocer. Buen reportaje.👍