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Género, trabajo y subjetividad: una mirada a la reproducción social en el capitalismo

Rosmery Pineda Mirabal
11 febrero 2026 | 1 |

 


El capitalismo no solo asignó a las mujeres el rol invisible del hogar, también convirtió a los hombres en héroes de una épica agotadora: proveer, competir, no fallar. Esas imágenes, lejos de ser naturales, sostienen un modelo productivo que necesita cuerpos dóciles y emociones completamente restringidas. La división sexual del trabajo sugiere entonces un pacto desigual donde ambos géneros pierden, aunque de distinta manera.

El Doctor en Antropología Social por la Universidad de Buenos Aires, docente e investigador del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL-CONICET), Hernán Palermo, quien recientemente impartió el curso “El capitalismo contemporáneo y la división sexual del trabajo: entre el imperativo de la feminidad y la masculinidad” en el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas reflexiona sobre cómo operan estos mecanismos en la actualidad, qué transformaciones han sufrido y cuáles son los aprendizajes para la construcción de una sociedad más equitativa.

– “No nacemos hombres, no nacemos mujeres, todo es una construcción social”. Usted ha sido muy enfático en esta idea. ¿Qué significa? ¿Qué argumentos la sostienen?

“No nacemos mujeres” es una frase de Simone de Beauvoir, de la década del cincuenta, y uno pudiera tomarla y afirmar que tampoco nacemos varones, sino que nacemos con alguna característica biológica -pene o vagina- y a partir de ella la sociedad va construyendo históricamente y socialmente la noción de hombre y mujer. Esa construcción, como diría Judith Butler, es una performance.

“La construcción de la identidad de género no es un atributo natural, porque cuando algo viene dado de la naturaleza es una ley inamovible. Si una especie animal realiza una actividad o práctica determinada, la realiza en todo tiempo y ámbito geográfico. Desde ya, en el ámbito de lo humano, las identidades de género son “performateadas”, porque hay mujeres trans y hombres trans, es decir, hay excepciones sobre esa regla. Con ello está claro que la performance de la identidad de género es una construcción social y como tal es transformable, aunque también es sostenida por sanciones sociales y morales que tiene la sociedad respecto a cómo deben comportarse los varones y a cómo deben comportarse las mujeres”.

– ¿Podría definir cómo aparece la división sexual del trabajo en el capitalismo?

En ese momento de erosión del modo de producción feudal y constitución del modo de producción capitalista, siglo XV, donde se produce las privatizaciones de las tierras comunales de los campesinos, aparece la propiedad privada, se configura en el mercado del trabajo las leyes de persecución para ocupar a todo aquel que estuviese desempleado y culmina la llamada acumulación originaria, dirá Marx con la conquista de América, un elemento sustancial que sostiene ese modo de producción capitalista es precisamente la división sexual del trabajo.

“Esta es el lugar predestinado de la mujer al interior de las casas privatizadas y al interior de las familias, llevando adelante un rol sustancial que la reproducción de la fuerza de trabajo. El trabajo de reproducción social: la sostenibilidad de la vida. Un trabajo completamente no pagado, invisibilizado, desprestigiado y sobre todo, un trabajo que ni siquiera es conceptualizado como trabajo. Se constituye ahí una clave para entender el capitalismo.

“Dirán algunas autoras feministas, quienes sostienen la vida. Todo ser humano en distintas etapas de nuestra vida seremos cuidados por mujeres, ya sea cuando nacemos, cuando estamos enfermos o cuando somos adultos mayores”.

¿De qué manera los imperativos sociales de la feminidad y la masculinidad no solo organizan las tareas sociales, sino que naturalizan jerarquías y son funcionales a la acumulación de capital?

Esta pregunta guarda gran relación con parte de mi investigación “La producción de la masculinidad en el trabajo petrolero”. En mi caso investigué a los trabajadores en ámbitos masculinizados, donde no solo hay mayoritariamente varones sino donde el sentido hegemónico, dominante, es un sentido masculinizado, vinculado con la resistencia, el aguante, la dureza, el no quejarse, el golpearse e invisibilizar esos golpes. Ámbitos como mineros, petroleros, siderúrgicos, entre otros.

“La tesis que elaboré se sustenta en cómo para llevar adelante esos trabajos se demanda de una disciplina fabril cuyos saberes técnicos profesionales están vinculados con la tarea profesional mecánica, metal-mecánica, o extractiva, pero también se demanda de prácticas, saberes y representaciones relativas a la masculinidad. Podemos decir que la masculinidad en esa práctica de trabajo es una herramienta que se demanda, se evalúa y se requiere para los distintos procesos productivos. Aunque, también, podemos pensarlo inversamente. En ámbitos feminizados, para las mujeres se demandan saberes, prácticas y representaciones que guardan relación con la dulzura, la amabilidad y la paciencia.

“Hay que decir que, tanto los imperativos de la feminidad como los de la masculinidad, no tienen que ver con nuestras prácticas naturales, sino que se construyen. Son construcciones sociales que se utilizan en los ámbitos del trabajo y trabajar también es ejercer relaciones de género y relaciones de poder”.

En el capitalismo actual, ¿se han reconfigurado estos imperativos de género? ¿Vemos una ruptura o una adaptación de los roles tradicionales?

Sí. Actualmente se han transformado ambos imperativos. En el caso de la masculinidad muchas veces, por ejemplo, en empresas tecnológicas de producción de software no se demanda el mismo imperativo de masculinidad de hombres fuertes y machos sino que se demanda hombres quizás emprendedores, líderes, resilientes, flexibles en el sentido de equivocarse y poder transformar su decisión, inteligentes…

“También podríamos pensar en uno de los valores que tiene que ver con el “hombre proveedor”, el cual se ha transformado hoy día porque la mujer también trabaja.

Ahora, hay algo que es intocable en el capitalismo y no va a transformarse de ninguna manera, es la división sexual del trabajo porque es el sustento de las relaciones de poder entre el patriarcado y el capitalismo. Es un sistema indisociable. No se pueden disociar. Están unificados, amalgamados. En tal sentido, en ambos esa división sexual es una de las bases de sustentabilidad, y también retomando a voces del feminismo anglosajón como Nancy Fraser, Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya, la institución más confiable para el capitalismo es la familia patriarcal heteronormativa ya que permite reproducir esa fuerza de trabajo.

– ¿Qué costos tienen esos imperativos de éxito en los hombres?

En gran medida esos imperativos inalcanzables de hombres exitosos, y esto lo plantean los estudios de las masculinidades, digamos hombres adinerados, tienen que ver con la pregunta: “¿Por qué los hombres arriesgan la vida, su propia vida, su cuerpo, sus cuidados, en el trabajo?”. Lo hacen en poder construir aquello que nombramos una “masculinidad heroica”. Aquí también aparece, por ejemplo, el consumo de alcohol u otros consumos problemáticos, es decir, hay un montón de situaciones donde el hombre se pone en riesgo en busca de lograr ese imperativo.

“El modelo que nos propone el patriarcado en claves es también capitalista, es inalcanzable para los varones. Por eso, muchas veces cuando analizamos los momentos de desocupación, notamos que esta se vive de forma más traumática en los varones que en las mujeres, porque de alguna manera ella atenta contra el imperativo del `hombre proveedor´”.

“Me recuerdo en la década del noventa, en los momentos de desocupación fuertes de la Argentina, hubo varios casos de suicidios de varones por perder el trabajo. Perder el trabajo es en cierta forma como caer en aquella metáfora de la castración: “me cortaron las bolas”. Esa metáfora habla de dejar de ser varón y pasar a ese código de la masculinidad dentro del ámbito de lo abyecto, dentro del ámbito de la feminidad, es decir, feminizarse”.

¿Es posible una reorganización social de los cuidados sin una crítica radical al modelo capitalista que los deprecia?

Yo creería que no es posible reorganizar los cuidados, la reproducción social, sin una crítica radical al capitalismo. Ahora bien, también podemos decir que hay muchos capitalismos posibles. Podemos pensar en un capitalismo liberal, o en un capitalismo más de intervención del Estado y regulación de la relación capital-trabajo, y también podemos pensar en un capitalismo fascista o uno de ultraderecha.

“Sin embargo, creo que mientras transitamos esa crítica radical, que es necesaria porque indudablemente patriarcado y capitalismo están asociados, podemos construir una división de tareas entre hombres y mujeres mucho más igualitaria, donde también los varones puedan entender que involucrarse en esos cuidados le va a permitir vivir, por ejemplo, paternidades mucho más plenas”.

– ¿Qué aprendizajes en su experiencia como investigador pudiesen sugerir cambios para una organización social del trabajo no basada en esta división sexual jerárquica?

Esta pregunta no la respondo como investigador sino como padre que, en cierta forma, ha intentado llevar en familia una división sexual de los cuidados equitativa. A partir de esa experiencia de cuidado de mis dos hijas, sé que es pesado, que a veces uno se queda sin herramientas y sin respuestas pero, la relación que se construye con los hijos es de una profundidad inmensa, que de ninguna manera se puede alcanzar si no se involucra en las tareas de cuidado. Esa profundidad y esa relación es hermosa y compleja en todas sus dimensiones y hace que la paternidad sea una de las experiencias antropológicas más fascinantes y más hermosas de la humanidad.

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