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La evolución: el espectáculo más extraordinario que haya ocurrido sobre la tierra

Dr. Ernesto Estévez Rams
02 abril 2026 | 0 |

Imagen: “The Obliteration Room” – Yayoi Kusama


La idea de la evolución como una especie de progreso lineal alimentó la idea positivista de que todo proceso autónomo, dejado a su decursar propio, “progresaría” de algún estadio “inferior” a otro “superior”. Visto así, lo dialéctico se toma no circunscrito al movimiento como necesidad, sino se da un paso más drástico y se califica a ese movimiento como obligatoriamente “ascendente”. Para el siglo XIX, la prevalencia de esa idea era casi inevitable dada la idea determinista que todas las ciencias naturales parecía gritar a los cuatro vientos. Hoy sabemos más que eso. La propia noción de “progreso” ya no la vemos como que califica los procesos naturales.

Una de los pasatiempos más populares en el análisis de la sociedad es la extrapolación de las ideas fundamentales de la evolución a los procesos sociales. El ejercicio está plagado de problemas desde el mismo punto de partida y esencialmente es lo que llamaríamos una tontería. Hay una larga historia de cómo las ideas originales de Darwin bebieron, conceptualmente, de las ideas malthusianas.

Thomas Robert Malthus fue un clérigo inglés que vivió entre las segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. Él observó que mientras el crecimiento de la población era exponencial, la disponibilidad de alimentos ocurría a menor ritmo, lo que conducía inevitablemente a una trampa poblacional. Malthus veía en las catástrofes humanas, ya fueran naturales como pandemias, sociales como las hambrunas o las guerras, o la sencilla desigualdad social que implicaba una mayor mortalidad entre los pobres, correctivos imprescindibles, diseñados por el dios abrahámico, para salir de la trampa poblacional. De estas ideas nació la noción de que la corrección poblacional se trata de un tipo social de  selección natural del más “fuerte”

Pero la idea de Darwin de la evolución, con toda la influencia malthusiana, cambia esa narración en un punto esencial. La evolución no se trata de una guerra entre individuos de una misma especie, sino de adaptabilidad de la especie frente a la circunstancias cambiantes.

La evolución es uno de los cuerpos científicos más sólidos de las ciencias y ha sido comprobado hasta la saciedad en todas sus escalas, desde las especies hasta sus mecanismos de acción a nivel molecular. Es un extraordinario monumento al ingenio y la inteligencia humana. Con razón, Darwin es uno de los más grandes científicos de la historia, solo comparable con muy pocos otros.

Otro equívoco frecuente es afirmar que la evolución trata sobre la sobrevivencia del más fuerte. El concepto de fuerte está mal definido y ciertamente no puede referirse al más fuerte fisicamente. Un león puede ser muy fuerte, pero si la falta de agua golpea su habitat, bien puede extinguirse contrario a la mejor adapatabilidad, en esas mismas circunstancias, de los antílopes, que pueden llegar a fuentes de agua más lejanas y en menor tiempo. Poco importa si el león es el depredador y el antílope la víctima de su hambre. Es solo un ejemplo. Pero más aún, la evolución no trata sobre si se pelean un león flaco y mal nutrido y uno robusto y saludable, la evolución es sobre otra cosa.

La evolución es un mecanismo dialéctico muy complejo y para lograr entenderlo a profundidad se ha necesitado más de 150 años de avance científico y descubrimientos trascedentales como el de los genes y la transmisión de la información hereditaria en una especie.

La pretensión de usar la evolución como coartada para dar como un orden natural de las cosas la depredación de unos seres humanos contra otros, es solo una mala justificación de algo que no tiene asidero ni natural, ni moral alguno. Súmele que los organismos multicelulares complejos como los anfibios, los reptiles, las aves, los mamíferos y entre estos últimos, nosotros mismos, son una historia extraordinaria de colaboración sistémica que nos ha dado lugar. Quizás, como gráficamente lo hiciera llamar el biólogo evolucionista Richard Dawkins, el mayor espectáculo que sobre la Tierra haya alguna vez ocurrido.

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