Por Dr. en Ciencias Económicas, Guillermo Andrés Alpízar
Realizo este comentario después de haber leído varios criterios sobre la transformación del CITMA. Algunos se han manifestado a favor y otros en contra, pero todos han intentado contribuir a que el país adopte la mejor decisión en este ámbito.
Considero importante ofrecer también algunas ideas al respecto. No reclamo originalidad sobre ellas: algunas han madurado durante años en conversaciones y debates con colegas. Anteriormente he planteado que la reorganización propuesta puede mejorar la coherencia institucional y reducir costes, pero sus resultados dependerán de la preservación de las capacidades existentes y de cómo se manejen en el futuro los problemas estructurales del sistema de CTI. Sobre estos elementos quisiera profundizar a continuación.
El CITMA
Para entender lo que sucederá, hay que establecer una distinción entre la formulación de la política de ciencia, tecnología e innovación (CTI) y la función de administración de determinadas entidades del sistema cubano de CTI. La primera corresponde al CITMA en su condición de organismo rector de la CTI en Cuba; la segunda, a su responsabilidad directa o indirecta sobre los centros productores de conocimiento que se le subordinan.
Desde su fundación como Organismo de la Administración Central del Estado (OACE), el CITMA ha sido un instrumento útil para el diseño y la consolidación del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación cubano. Ha acumulado experiencia en el diseño de políticas y en el trabajo directo con personal altamente cualificado. Dentro del Gobierno, cumple funciones esenciales, no solo regulatorias, sino también consultivas, y constituye una importante fuente de datos sobre CTI.
Sin embargo en esa función ha representado en diversas ocasiones un obstáculo burocrático para los actores del sistema de CTI, al complejizar innecesariamente algunos procedimientos administrativos. Como toda estructura gubernamental, ha mantenido entidades y puestos administrativos cuya contribución efectiva al funcionamiento del sistema no siempre resulta clara. A ello se suma la existencia de una estructura que, en varios aspectos, resulta paralela a las direcciones de CTI de los ministerios.
Por otra parte, dentro del Gobierno, ha asumido la rectoría de dos ámbitos que -aunque hayan estado unidos desde sus inicios- no tienen por qué coincidir bajo un mismo órgano: la política de CTI y la política ambiental cubana.
En el actual contexto de crisis, tiene sentido que el Gobierno intente aligerar la carga burocrática y reducir la cantidad de ministerios. Pero, además, este sería un paso sensato incluso si no existiera la crisis actual.
Las políticas
En relación con el diseño de la política de CTI, lo importante no es tanto quién la diseña, sino cómo se diseña y cómo se implementa. Las estructuras del MES poseen actualmente experiencia acumulada en el ámbito de la ciencia universitaria, pero no se trata meramente de absorber las funciones del CITMA. El nuevo ministerio que emerja será responsable de articular las capacidades desarrolladas en ambos organismos y de preservar la experiencia acumulada por cada uno.
Desde la perspectiva de la gobernanza del sistema de CTI, la integración de la educación superior con la rectoría de la política de CTI puede proporcionar una mayor coherencia y generar sinergias que antes no existían. También puede reducir costes y facilitar la transferencia de conocimientos y la movilidad del personal entre las universidades y los centros de investigación. Sobre este particular, será necesario esperar un poco más para conocer los detalles de la implementación de la propuesta.
Por su parte, la política ambiental parece conservar una jerarquía adecuada dentro del nuevo ministerio al que serán transferidas esas competencias.
Los riesgos
Como señalaba anteriormente, el sistema de gobernanza cubano tiene la característica de que los organismos rectores no solo dirigen la política pública, sino que, en la práctica, actúan también como administradores de estructuras intermedias y de base. De ahí emanan tres riesgos a los cuales conviene prestar atención.
Prioridad. El MES tiene una gran responsabilidad en la administración de las universidades, las cuales, como regla general, carecen de autonomía. Esta función consume muchos recursos del actual ministerio y, si no se adoptan las medidas adecuadas, la dirección de la política de CTI podría quedar relegada a un segundo plano dentro de la nueva estructura. El desempeño futuro del sistema nacional de CTI dependerá, en buena medida, de que el nuevo ministerio mantenga un equilibrio adecuado entre ciencia y educación superior.
Preservación de capacidades. Los cambios pueden conllevar reubicaciones de recursos humanos cualificados, fusiones de centros y otras formas de reorganización. Es importante que se preserven las capacidades científicas y tecnológicas de los centros que actualmente dependen del CITMA. Con independencia del organismo rector, en esos centros se concentran capacidades esenciales para sostener los actuales niveles de desempeño del país en este ámbito e impulsar futuras mejoras.
Costes humanos. El cambio impone costes, no solo materiales, sino también asociados a la necesidad de reajustar rutinas y garantizar la coherencia institucional del nuevo organismo. En este proceso será necesario, además, velar por que no se pierda el capital humano acumulado en el CITMA, especialmente en las estructuras intermedias de dirección, cuya presencia se extiende por todo el país.
Es comprensible que compañeros valiosos teman por su estabilidad laboral y reclamen la continuidad de las instituciones a las que han dedicado buena parte de sus vidas. Una transición mal organizada podría provocar la pérdida de experiencia y de capacidades de coordinación acumuladas durante años. Atender esta cuestión resulta particularmente importante en el contexto de la crisis actual.
Por ello, la transición debe organizarse adecuadamente, procurando minimizar los costes humanos que, sin duda, acarreará.
Los problemas estructurales
Más importante que discutir si la política de CTI debe ser dirigida por el CITMA o por el nuevo ministerio resulta promover una discusión colectiva sobre cómo el nuevo organismo abordará los problemas estructurales del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. Por ejemplo, uno estos problemas es el subfinanciamiento, una realidad bien documentada en numerosos artículos e informes. La discusión sobre los salarios del personal científico que tuvo lugar hace algunos años es solo un ejemplo de ello.
La transferencia de las funciones del CITMA a un nuevo ministerio no soluciona este problema. A mi juicio, se trata de un asunto que tendrá que continuar debatiéndose en el futuro, pues la persistencia del subfinanciamiento sí podría terminar de desarticular las capacidades de ciencia, tecnología e innovación que aún conserva el país y cuya preservación preocupa a tantos.
La crisis actual no parece ofrecer muchas oportunidades de mejora en este ámbito, al menos a corto plazo.
El desafío de transformar
Para finalizar, es evidente que, aun cuando la decisión de integrar las funciones del MES y el CITMA es acertada, el proceso generará fricciones y resistencia al cambio. Ahora el desafío resulta prestar atención a los detalles de la transición, pues en ellos se juega, en buena medida, el éxito o el fracaso de esta transformación.
Sin embargo, más allá de las posibles consecuencias negativas y de los riesgos, es necesario reconocer que la nueva configuración institucional propuesta abre la posibilidad de una organización más coherente, menos fragmentada y con mejores vínculos entre educación superior, investigación e innovación. Se trata de oportunidades que, sin duda, corresponde aprovechar.
