La reproducción pictográfica, contenida en el Códice de Francisco de Sahagun, muestra a un aborigen tomando trozos de bitumen en la orilla del mar.
El chapapote en la literatura científica y literaria
Alexander Humboldt (1769–1859) en el Ensayo político de la isla de Cuba, publicado en 1828,[1] resume mucho lo que se conocía a principios del siglo XIX sobre el petróleo y el asfalto natural en Cuba. Se describen los manaderos de asfalto en las bahías de La Habana y Cárdenas. Dice: “Se asegura que hallaron también en la parte oriental de la isla, entre Holguín y Mayarí, y en la costa de Santiago de Cuba, fuentes abundantes de petróleo (manantiales de betún y chapapote)”, y en otra parte “hay también chapapote cerca de las aguas minerales de Madruga, diez y seis leguas a barlovento de La Habana y seis a sotavento de Matanzas”.
El término chapapote, aparentemente, ya era de uso común en 1829, cuando Joaquín J. Navarro (¿? -1835) leyó un reporte por invitación de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, denominado “Memoria sobre la Resinita o Chapapote de la isla de Cuba”. En el discurso describe varios campos de petróleo de Guanabacoa, en las cercanías de La Habana. En las Juntas Generales de los días 14, 15 y 17 de diciembre de 1829, se decidió que la investigación merece una medalla de honor y la impresión a costa del Gobierno y de la Capitanía general.
El artículo completo sobre los depósitos de material bituminoso de La Habana, descritos por Joaquín J. Navarro, fue publicado en la imprenta del Gobierno en 1830.[2] En el año 1839 se publica: “Betún mineral (Chapapote)”, por parte de Antonio Bachiller y Morales (1812–1889),[3] artículo que no ha podido ser localizado en ninguno de los tres tomos de las obras completas del mencionado autor.
En 1848 Richard C. Taylor (1789–1851) publica en Filadelfia Statistics of Coal, que incluye la distribución de los criaderos de sustancias bituminosas, tanto asfalto como petróleo, conocidas entonces en todo el mundo, previo al descubrimiento del primer petróleo comercial por parte del coronel Drake en Pensilvania.
Este libro se considera que es la principal fuente de información global sobre la industria antes de Titusville. Aquí, se hace la observación que las llamadas minas de carbón de las cercanías de La Habana no eran realmente minas de carbón, sino de petróleo sólido, pastoso y semilíquido de “the substance denominated chapapote” (sic. la sustancia denominada chapapote).
En 1850 se publicó en la Gaceta de La Habana, la relación de las minas de la Isla, entre las que se encuentra la de chapapote en la bahía de Cárdenas. En 1851, el político y hacendado español Alejandro de Olivan Boruel (1796–1878) publica Memoria sobre las aplicaciones del Chapapote, donde describe las diferentes utilizaciones que se le puede dar al chapapote en Cuba. Olivan llegaría a ser académico de la Real Academia Española de la de Bellas Artes de San Fernando, y de la de Ciencias Morales y Políticas, como académico fundador.
Viajero en Cuba, le vemos interesado por el perfeccionamiento del cultivo de la caña de azúcar y en particular en la aplicación de los abonos químicos en las plantaciones. En Cuba el trabajo de Alejandro de Olivan sobre el chapapote fue premiado con medalla de honor y el título de socio numerario de la Sociedad de Amigos del País. El trabajo se reprodujo en los Anales de la Junta de Fomento.[4]
En 1862 el ingeniero francés T. Chateau publica en Cuba el artículo, “Nota sobre el Chapapote en la Isla de Cuba”, el cual es replicado en la revista ese mismo año bajo el título de los “Anales del cuerpo de ingenieros civiles de Francia”.[5] En 1865, el propio Th. Chateau publica otro artículo denominado “Sobre la posición geológica, composición y aplicación de las sustancias bituminosas de Cuba”, en el que de nuevo se habla del chapapote de Cuba.[6] En 1870, en las reuniones periódicas de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (mayo 8, 29 y junio 12) se pone a discusión el tema del petróleo y el chapapote, considerados como combustibles con la intervención de académicos e invitados. En 1872 la Academia de Ciencias de La Habana escucha una conferencia del médico Ambrosio Gonzales del Valle Cañizo (1822–1913), denominada “Chapapote líquido en Cuba”, donde se presentan muestras del petróleo pesado que se produce al sur de Varadero.[7]
En la Exposición Universal “Cuarto Centenario del Descubrimiento”, celebrada en Sevilla, Españal, se presentó el mapa minero de la isla de Cuba, confeccionado por el ingeniero Pedro Salterain y Legarra (1835–1893), dibujado por Joaquín Egozcue. En este mapa figuran con signos especiales los lugares donde se hallan las minas de oro, cobre, manganeso, hierro, cromo, chapapote (asfalto), petróleo, nafta y guano.
En la literatura de la península, la primera mención aparece en novelas del escritor español Benito Pérez Galdós (1843–1920). La primera es en Trafalgar, publicada en 1873, habla de un “barril de chapapote”, la palabra se repite en su novela Fortunata y Jacinta (1885–1887), para nombrar el betún que cubre la cara de un niño disfrazado.
En México: “chapopote”
Los grandes charcos de petróleo viscoso en las costas del Golfo de México y el asfalto sólido arrojado durante las tormentas hacia las playas, eran conocidos por los pueblos originarios de México desde la antigüedad.[8]
Estas culturas, principalmente los olmecas, y más tarde mayas y aztecas, hicieron amplios y diversos usos de todos estos productos. Se conoce de su utilización en la construcción, en medicina, para colorear la piel, como aceite iluminante y en la elaboración de pequeñas obras de arte.[9] Se estima que el comienzo de su utilización se remonta al año 600 A.C., y su uso se extendió posteriormente a Mesoamérica.
Las cronistas de Indias narran que, entre los aztecas del siglo XVI, la pintura facial con asfalto era común. Tanto para los aztecas, como para otros pueblos, estas pinturas corporales actuaban como un escudo o “blindaje simbólico”.
De todas las crónicas antiguas, la que más luz arroja sobre la utilización de los hidrocarburos por los pobladores de México es el Códice Florentino, del religioso franciscano Bernardino de Sahagún (1500–1590), documento que data del tercer cuarto del siglo XVI.
Este códice refiere que el “chapuputli es un betún que sale de la mar, y es como pez de Castilla, que fácilmente se deshace, y el mar lo echa de sí con las ondas, y esto ciertos y señalados días, conforme al creciente de la luna; viene ancha y gorda, a manera de manta, y en la orilla ándenla a coger los que moran junto a la mar”.[10] El “chapuputli” mezclado con axin, un ungüento de color amarillo extraído de los insectos, se convertía en una goma suave y aromática que se usaba como dentífrico para blanquear la dentadura y prevenir el mal aliento, pasta que denominaban “txictli”, vocablo que con el tiempo devino en “chicle”. Finalmente, por las características impermeabilizantes del chapopote, algunos autores consideran posible que haya sido utilizado en la reparación de embarcaciones, emplastado sobre grietas y surcos.

Fray Juan de Torquemada (1557–1624), al reseñar las características de un acto ceremonial aborigen, señala que “el incienso no era del ordinario que llaman copal blanco, ni del incienso común (…), sino de una goma de betún negro, a manera de pez, el cual licor se engendra en la mar, y sus aguas y olas lo echan en algunas partes a sus riberas y orillas, y le llaman chapopotli, el cual echa de sí mal olor (…) intenso y fuerte”.[11]
¿Un cubanismo?
El término “chapapote” fue incluido en los diccionarios de Ramón Joaquín Domínguez (1811–1848): “Mar. Especie de betún que tiene el mismo uso que el alquitrán”[12] y el enciclopédico de Gaspar y Roig, de 1853, dice: “Perú: asfalto”.[13] Por su parte, la Real Academia incluye “chapapote” por primera vez en su Diccionario de la Lengua Castellana, de 1884, definiéndolo como: “Brea natural que se encuentra más o menos líquida en las islas de Cuba y Santo Domingo y en otros puntos del globo. Frecuentemente se la ve sobrenadar en las aguas del Atlántico intertropical”[14]; En 1889, la Academia cambia su definición: “chapapote” es ahora una “voz caribe” que nombra un “asfalto más o menos espeso, que se halla en las Antillas”. Un nuevo cambio sobreviene en 1892, “chapapote” es: “De or[igen]. nahua o caribe” y se encuentra “en México y las Antillas”; hay, también en 1892, una segunda acepción académica: “en Cantabria y Gal[icia]. Alquitrán”.
Fernando Ortiz (1881–1969), el ilustre humanista cubano, indicaba que, en su patria, se decía chapapote, “con esa misma voz mexicana y no caribe, como erróneamente dice el Diccionario de la Academia”.[15] De esta forma se zanjó definitivamente la duda sobre el término.
[1] Humboldt, A. von, “Ensayo político sobre la isla de Cuba”. 1828 Aranjuez, Ediciones Doce Calles, Junta de Castilla-León. THEATRUM NATURAE. Colección de Historia Natural, Textos Clásicos, p. 214.
[2] Navarro, Joaquín J. “Memoria sobre la Resinita o Chapapote en la isla de Cuba”, leído ante la Real Sociedad Patriótica de La Habana en 1829. Imprenta del Gobierno y Cap. General. En 8º M, Sil ps. 1830.
[3] Bachiller y Morales, A. 1839 “Betún Mineral (Chapapote)”.
[4] Oliván, Alejandro. de “Memoria sobre las Aplicaciones del Chapapote” Anales de la Junta de Fomento. t. IV p 346 (1851)
[5] Chateu Th. Bitume de Cuba Annales du genie civil et recueil sur les mathematiques pures et apliqqués, les Ponts et chaussées, les routes et les chimins de fer, l’architecture, la métallurgie, la Chimie, la phisique, les arts mecaniques, l’economnie industrielle, le mines, etc. Paris 1862, Eugene Lacroix, editeur 1r annee, 2eme part, Pag. 405
[6] Chateau Th. Memoir sur la position geologique , la composition et les application de divers bitumes, Chapapote de l’ille de Cuba par M. Th, Chateau, chimist Annales du genie civil et recueil sur les mathematiques pures et apliqqués, les Ponts et chaussées, les routes et les chimins de fer, l’architecture, la métallurgie, la Chimie, la phisique, les arts mecaniques, l’economnie industrielle, le mines, etc. Paris 1862, Eugene Lacroix, editeur. Mines: 3 eme annee, 2 eme part pag. 65.
[7] González del Valle, Ambrosio, 1872. Chapapote líquido (Cuba). Anales de la Academia de Ciencias de la Habana, 9, pág. 38–39.
[8] Wendt, Carl J. y Ann Cyphers, 2008, “How the Olmec Used Bitumen in Ancient Mesoamerica”, Journal of Anthropological Archaeology 27 (2), pp. 175–191.
[9] León Portilla, Miguel Ritos, sacerdotes y atavíos de los dioses, de México. Instituto de Historia. Editorial Universidad Autónoma de Mexico.1958 Pág. 173.
[10] de Sahagún, Fray Bernardino (1500–1590). Historia general de las cosas de Nueva España. (Copias del original perdido Códice Florentino en Italia y Códice Matritense en Madrid), La primera edición moderna de la obra la hizo Carlos María Bustamante en México: Impr. del ciudadano A. Valdés, 1829.
[11] Torquemada, Fray Juan “De los veinte y un libros rituales y monarquía indiana”, Universidad Nacional Autónoma de México. Biblioteca del Estudiante. coordinación de Humanidades. 1964
[12] Diccionario nacional de la lengua española 3. Editado por Mellado, Ramon-Joaquín Dominguez Ed. Mellado, Madrid 1848.
[13] Diccionario enciclopédico de la lengua española: con todas las voces, frases, refranes y locuciones usadas en España y las Américas españolas…; por una sociedad de personas especiales en las letras, las ciencias y las artes: Augusto Ulloa… et al.; revisado por Domingo Fontan [et al.]; ordenado por Nemesio Fernández Cuesta, Madrid : Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, 1853, 2 vol. (primero A-fyt de 1058 p.; segundo G-zype de 1393 p. ); 32 cm, colección “Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig”.
[14] Diccionario de la Lengua Castellana por la Real Academia Española Edición 12 de 1884. Madrid Imprenta de Gregorio Hernando, 1884.
[15] Ortiz Fernando. Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, 1940. Edición crítica de Enrico Mario Santí. Cátedra Letras hispánicas, Madrid, 2002.
