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Proyecto fotovoltaico asegura puntos claves del sistema semafórico en La Habana

Sheryl Márquez Vega
16 febrero 2026 | 0 |

Cuando se interrumpe el suministro eléctrico en La Habana, también se apagan sus ojos. Ellos son los que regulan la circulación de vehículos y peatones para que la ciudad “vea” y responda al movimiento. Sin ellos es como si perdiera parte de su capacidad de percepción, tal cual ocurre en un organismo humano cuando se interrumpe la comunicación sensorial.

En esas circunstancias, algunas vías rápidas o cruces muy complejos, donde confluyen varias avenidas muy transitadas, requieren mayor atención, con agentes de tránsito regulando el paso y un flujo vehicular que se vuelve menos estable.

En ese escenario, una iniciativa que apuesta por la energía solar comienza a ofrecer una alternativa técnica y sostenible para la ciudad. El proyecto es impulsado por la División de Aseguramiento Técnico de la Empresa de Servicios de Telecomunicaciones de los Órganos de la Defensa (DAT.SERTOD), cuyo encargo histórico había sido garantizar las comunicaciones en situaciones críticas.

Sin embargo, en los últimos años su perfil se ha ampliado hacia personas naturales y empresas, lo que abrió el camino a nuevas líneas productivas, entre ellas, equipamiento relacionado con las fuentes renovables de energía.

“La necesidad fue el punto de partida”, explica Omar Borrego Deulofeu, director de la División. Las afectaciones al fluido eléctrico hacen que los semáforos se apaguen con frecuencia. “Una ciudad sin semáforos es un desastre”, afirma. No solo por el aumento de la complejidad para la gestión del tráfico y las pérdidas de tiempo. También por el impacto directo en la seguridad vial y en las condiciones de trabajo de los agentes de tránsito, obligados a suplir con presencia humana lo que debería resolver la tecnología.

La respuesta fue diseñar un sistema autónomo, capaz de operar, incluso, durante apagones prolongados. Cada semáforo incorpora paneles solares, baterías de litio de 150 amperes e inversores inteligentes, que gestionan automáticamente la energía. Cuando hay electricidad, el sistema se alimenta de la red y mantiene cargada la batería. Cuando no la hay, los paneles solares asumen la carga durante el día y garantizan el funcionamiento nocturno. El resultado es continuidad del servicio y mayor estabilidad en cruces críticos.

La instalación de estos sistemas no parte de cero ni ocurre en condiciones ideales. Muchos de los semáforos de La Habana fueron montados hace décadas y presentan hoy limitaciones técnicas acumuladas.

“En varios puntos los registros están tupidos, las tuberías obstruidas y el acceso al cableado se hace difícil”, explica el ingeniero en Telecomunicaciones Octavio Duarte Aguirre. En no pocos casos, antes de instalar cualquier sistema nuevo, es necesario destupir conductos completos para que el cable pueda pasar.

Aun así, el valor principal de la solución fotovoltaica no está solo en la modernización del soporte físico, sino en la autonomía que aporta al sistema semafórico.

Según detalla Duarte Aguirre, el respaldo energético está calculado para funcionar entre cuatro y seis horas, en dependencia de la capacidad del banco de baterías.

Durante el día, los paneles solares pueden cargar la batería. Por la noche, o ante la ausencia de fluido eléctrico, el sistema opera con la energía almacenada.

Este proyecto no se limita a la tecnología. Uno de sus pilares es la economía circular. “La mayoría de los elementos que utilizamos son recuperados”, señala Omar Borrego.

Un ejemplo visible está en el cruce de Zapata y Paseo, donde el mástil que sostiene el panel solar perteneció originalmente a la antigua montaña rusa del Parque Lenin. Ya existen al menos tres estructuras similares instaladas en la ciudad. Reutilizar estos materiales no solo reduce costos, sino que evita la compra de armazones nuevas, especialmente caras y difíciles de adquirir.

El desarrollo del sistema ha ido acompañado de un proceso de aprendizaje técnico sostenido. La empresa mantiene una alianza estratégica con la Universidad de La Habana, en particular con el Laboratorio de Investigaciones Fotovoltaicas, que dirige la Dra. Lídice Vaillant Roca. Uno de sus roles claves, por ejemplo, fue sido su participación en la evaluación sistemas fotovoltaicos en condiciones locales.

Esta colaboración ha permitido capacitar al personal de DAT.SERTOD y elevar el rigor de las instalaciones. Como resultado, un técnico y dos ingenieros obtuvieron certificaciones internacionales en universidades de la India y Alemania, especializadas en instalación, montaje y explotación de sistemas fotovoltaicos.

La correcta ubicación de los paneles —orientación, latitud e inclinación— es determinante para el rendimiento del sistema, al igual que la puesta a tierra, indispensable para proteger los equipos frente a descargas eléctricas. Todos estos elementos forman parte de un diseño más profesional, alejado de soluciones improvisadas y pensado para escalar.

“El panel no es una garantía infinita”, aclara el especialista Duarte Aguirre. “Muchas personas piensan que con instalar un panel ya el semáforo va a funcionar indefinidamente, y no es así. El respaldo tiene un tiempo limitado, directamente relacionado con la capacidad de la batería”. Si el apagón supera ese margen y no hay recarga, el sistema eventualmente se apaga.

El funcionamiento, sin embargo, es completamente automático. Siempre que exista red eléctrica, el sistema se alimenta de ella, tanto de día como de noche. Si durante el día no hay electricidad, entra en funcionamiento el panel solar; y si el apagón ocurre de noche, el semáforo trabaja con la energía previamente acumulada en la batería. Esta lógica de operación garantiza respaldo sin necesidad de intervención humana constante.

El impacto ya es perceptible en algunas de las intersecciones más complejas de la ciudad. Existen al menos 12 puntos extremadamente caóticos para el tráfico, donde confluyen grandes volúmenes de vehículos y peatones. Allí se concentran hoy las prioridades del proyecto.

La sostenibilidad también se juega en el tiempo. Por eso, el plan incluye mantenimiento periódico de baterías, limpieza y medición de los paneles, así como una cadena completa que contempla la reparación y el reciclaje de los propios sistemas fotovoltaicos. No se trata solo de instalar, sino de garantizar durabilidad y autonomía a largo plazo.

La incorporación de la tecnología fotovoltaica al sistema semafórico de La Habana evidencia el valor de las soluciones técnicas concebidas desde la articulación entre entidades productivas, universidades y servicios públicos. Y cuánto de innovación tenemos a mano para solucionar problemas cotidianos.

 Más allá del impacto inmediato en la movilidad urbana, el proyecto demuestra que es posible avanzar hacia esquemas energéticos más eficientes y sostenibles, con un uso racional de los recursos a mano.

En ese enfoque, basado en la planificación, capacitación y la ciencia aplicada, y en una participación creciente de jóvenes graduados de técnico medio en Informática, se consolida una alternativa viable para fortalecer la gestión urbana en el contexto actual del país.

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