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Mujeres en el cosmos: una historia de exclusión

Claudia Alemañy Castilla
04 abril 2026 | 0 |

Jessica Meir y Christina Koch fueron las protagonistas de la primera caminata espacial compuesta enteramente por mujeres a penas en octubre de 2019./Foto tomada de www.nasa.gov.org


Este texto fue incluido en el monográfico sobre la Carrera Espacial publicado por Juventud Técnica en el año 2023. Lo compartimos ahora en formato web en ocasión de la participación de Christina Koch en la misión Artemis II.

A principio de la década de los años 60 del siglo XX, la carrera espacial estaba en pleno apogeo. Mientras soviéticos y estadounidenses lanzaban golpes en el ring de pelea a través de agencias gubernamentales, una púgil silenciosa se alzaba con un fuerte y secreto gancho.

El doctor William Randolphy Lovelace II y el general de brigada Donald Flickinger se reunieron en privado con la entonces reconocida piloto Jerrie Cobb. El objetivo era convencer a la aviadora de someterse a varias pruebas físicas, similares a aquellas realizadas por los pioneros de la era cósmica.

El prestigio de sus interlocutores, ambos involucrados en el Comité Espacial de Bioastronáutica de la Agencia estadounidense para la Aeronáutica (NASA, por sus siglas en inglés), acabó por convencerla.

Cobb tuvo que someterse a 87 exámenes. Le insertaron agujas, fue sumergida en agua en espacios de plena oscuridad para simular el aislamiento sensorial, estimularon sus sentidos para condicionar el vértigo, entre otras. La piloto no solo superó todos los requisitos, también sobrepasó los resultados de muchos astronautas masculinos.

Lovelace y Flickinger contactaron a otras 19 mujeres. De ellas, solo 12 completaron las pruebas y se sumaron a la primera aviadora. Así nacía el programa Mercury 13 (nombrado en honor al Mercury 7, a través del cual se seleccionó a los primeros viajeros espaciales del hemisferio occidental).

Sin embargo, esta iniciativa no contaba con el apoyo oficial del gobierno norteamericano. Más bien se trataba de un proyecto filantrópico, desarrollado por Lovelace y algunos colegas, donde el dinero privado estaba moviendo los hilos.

Cuando Mercury 13 se abrió al mundo no recibió una bienvenida calurosa. Por el contrario, tanto la NASA como el gobierno de Dwight Eisenhower recelaron de que fuera pertinente enviar mujeres al espacio. Con tal de cerrar el programa femenino, los burócratas se aferraron a un ardiente y discriminatorio clavo.

Algunas de las Mercury 13 sobrevivientes en una reunión a finales de los años 80./Foto tomada de National
Geographics.

Un documento ejecutivo señalaba que los astronautas, además de cumplir las pruebas físicas, debían poseer experiencia en el manejo de jets militares. Hasta entonces, ese oficio y entrenamiento no estaba disponible para mujeres.

Cobb y sus compañeras intentaron apelar a la decisión administrativa. Se presentaron en audiencia frente al Congreso de su país y alegaron con fuerza que el sexo —todavía era pronto para hablar de género en su contexto— no jugaba un rol determinante a la hora de escoger un buen piloto para un cohete.

El debate fue infructífero, devastador. Los legisladores conveniaron que las mujeres no debían ser enviadas al espacio “por respeto al orden social”. Paradójicamente, pocos meses después de las alegaciones, Valentina Tereshkova se puso frente al volante de la nave Vostok 6.

La piloto soviética condujo, en solitario, y demostró la igualdad de capacidad entre hombre y mujeres, “tanto en la Tierra como en el espacio”. En suelo firme, la NASA fue reprendida hasta reconocer públicamente su error. Las Mercury, aunque satisfechas por el logro de la aviadora soviética que les daba la razón, miraban al cielo con envidia.

Seis décadas después…

¿Sabes cuántas mujeres han conseguido viajar al espacio? 60. Sí, solo el 13 por ciento entre las más de 500 personas que ya sobrepasaron alguna vez la atmósfera de la Tierra a lo largo de los últimos años.

Actualización
Hasta abril de 2026, unas 75 mujeres viajaron al espacio, incluyendo a Christina Koch, actual integrante de la misión Artemis II. Esto representa aproximadamente un 11–12 por ciento del total del total de 662 personas que lo han conseguido.

La lógica indicaba que, una vez completado el vuelo de la Tereshkova, la puerta había quedado abierta para más astronautas y cosmonautas (*) femeninas. Por desgracia no fue así. Las siguientes mujeres en subir a un cohete tardaron hasta la década de los 80 del siglo XX.

Valentina Tereshkova tomó la delantera y se convirtió en la primera mujer en el espacio. /Foto tomada de https://www.mujeresnotables.com/

Otra vez una soviética, Svetlana Savitskaya, tomaría la delantera. No solo fue la segunda en viajar al cosmos; también completó la primera caminata espacial femenina en 1982. Un año después, Sally Ride se convirtió en el símbolo de que las estadounidenses también podían llegar al espacio.

Las cifras de viajeras espaciales se vuelven aún más deprimentes cuando se intenta conocer sus nacionalidades. Como era de esperar, la mayoría son de Estados Unidos y soviéticas (ahora algunas rusas). Y aunque la Agencia Espacial Europea aportó un par de nombres —Claudie Haigneré y Samantha Cristoforetti—, las demás regiones del planeta han sido representadas gracias a arreglos más de índole política que científica.

Por ejemplo, Chiaki Mukai y Naoko Yamazaki, ambas japonesas, fueron durante varios años las únicas asiáticas en alcanzar el cosmos. Lo hicieron gracias a la colaboración de su agencia local con la NASA. Afortunadamente, en 2012, la china Liu Yang pudo viajar al espacio con su bandera nacional como único emblema.

Asimismo, Ellen Ochoa es considerada como la primera astronauta de origen hispano. La física nació y ha permanecido toda su vida en suelo estadounidense, pero sus abuelos fueron mexicanos. El programa espacial norteamericano se aprovechó de ese detalle para ofrecer una imagen más inclusiva de su trabajo.

Mae Jemison, aunque de nacionalidad estadounidense, es considerada la primera afrodescendiente en viajar al cosmos./Foto tomada de https://delphipages.live/

Algo parecido ocurre con Mae Jemison, la primera afrodescendiente que abordó un transbordador en 1992. En el cuadro de astronautas femeninas, su tez destaca junto a la de Jeanette Epps, Joan  Higginbotham, Stephanie Wilson e Yvonne Cagle —únicas mujeres negras de los programas espaciales—. Pero todas ellas son norteamericanas. Sumar a una científica verdaderamente nacida en un país africano es una tarea todavía pendiente.

La persona de más edad en el espacio: ¿una mujer?

Este 2021, el magnate Jeff Bezos marcó el renacer de las Mercury. El antiguo CEO de Amazon anunció a través de sus redes sociales que él y su hermano acompañarán a Wally Funk en uno de los vuelos suborbitales de la compañía Blue Origin.

La piloto, ahora de 82 años, estuvo entre las mujeres seleccionadas por Lovelace y Flickinger en la década de los 60 del pasado siglo. Tuvo una carrera prominente, a pesar de no haber podido conquistar el cosmos. En 1974 se convirtió en la primera investigadora para la seguridad aérea de la Comisión Nacional de Transporte de su país.

Funk nunca ha perdido la esperanza de ser astronauta. Presentó su candidatura cuatro veces ante la NASA, pero fue siempre rechazada. No obstante, ha subvencionado su propio entrenamiento en el simulador estático de la base Edwards Air Force y en la Star City, de Rusia.

Con 79 años, llegó a pagar un billete de 200 mil dólares a la compañía privada Virgin Galactic para conseguir al menos la oportunidad de ser turista espacial. Sin embargo, ese viaje no se concretó.

Ahora, pasada la entrada a su octava década de vida, la aviadora ve esperanza para cumplir sus sueños. Su aspiración ahora es sobrepasar la atmósfera terrestre como mujer, pero también como la persona más anciana en hacerlo.

Otro aliciente es desbancar a John Glenn, el primer estadounidense en orbitar la Tierra y la quinta persona en el espacio, quien regresó al cosmos en 1995 con 77 años. También fue uno de los más grandes oponentes de las Mercury 13.

En los últimos tiempos, diversas organizaciones académicas abogan por una mayor inclusión en los programas de formación de astronautas. Quienes viajan al espacio deben ser altamente cualificados y requieren de una excelente preparación física. No tener en cuenta a las mujeres para esas tareas, además de discriminatorio, constituye un flagrante desperdicio de talento.

Asimismo, todavía se conoce muy poco acerca de los rostros femeninos en travesías espaciales. Divulgar sus historias de vida es la manera más sencilla de crear referentes para que las niñas y adolescentes de hoy aspiren a volar cohetes en el futuro.


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