En la ciudad de Matanzas, un taller demuestra que los residuos pueden convertirse en riqueza. Se trata de Ecomadera, perteneciente a la Cooperativa No Agropecuaria Atres, (creada en el 2014) donde una filosofía sencilla guía cada proceso: la basura es dinero. Allí, toneladas de plástico desechado encuentran una segunda oportunidad transformadas en vigas, muebles, cercas y otros productos útiles.
El ingeniero electromecánico Anselmo Jorrín Elizalde, con cuatro años de experiencia en el proyecto, explica que la materia prima proviene tanto de entidades estatales como de la población. “El plástico está en todas partes: en las calles, en las casas. Nosotros lo recogemos, lo clasificamos según sus características y lo preparamos para su reutilización”, detalla.
El proceso productivo comienza con la clasificación de los residuos plásticos. Posteriormente, estos se trituran en equipos especializados y se mezclan según el tipo de producto final que se desea obtener. Una vez procesado, el material pasa por sistemas de separación de metales antes de ir a las extrusoras, donde se moldean perfiles como tablas, columnas o vigas de ecomadera.

Pero, ¿qué es exactamente la ecomadera? Se trata de un material sintético obtenido a partir del reciclaje de plásticos. A diferencia de esta última, la ecomadera no se pudre, resiste la humedad, los insectos y las condiciones climáticas adversas, además de contribuir a la reducción de desechos sólidos y la tala de árboles.
Con esta tecnología, el taller produce materiales resistentes destinados a múltiples usos: pasarelas, puentes, cercas, techos y mobiliario. Ejemplo de ello son las estructuras instaladas en zonas turísticas como Varadero y Cayo Largo del Sur, donde las pasarelas de acceso a las playas se construyen con este material reciclado.
”A los vecinos naturales de Matanzas, todo el que tenga un canapé arrinconado en la casa, un cate arrinconado, que no sepa qué hacer con él, que a veces lo que quieren es deshacerse de él, les sugerimos que vean lo que hacemos con ellos y que lo pueden utilizar. Y repito, los precios son accesibles, al menos eso es lo que nos han dicho las cantidades de personas que ya han accedido a ese tipo de servicios”.
También este taller asumió el diseño y producción con ecomadera de la cerca perimetral de las casas contenedores, un programa de gobierno que se desarrolla en el país.
Más allá de la producción industrial, el proyecto tiene un impacto directo en la comunidad. Muebles en desuso, como sillas o butacas, son recuperados mediante el tejido con cintas plásticas, devolviéndoles funcionalidad sin necesidad de importaciones o gastos en divisas. Hoteles del territorio ya se benefician de esta alternativa, reutilizando mobiliario que antes estaba destinado al descarte.



La iniciativa también ha trascendido al ámbito educativo. En la escuela secundaria Cándido González, estudiantes de noveno grado participan activamente en el proceso de reciclaje. Ainara Pérez Bolaños asegura que esta experiencia ha sido enriquecedora: “Hemos aprendido a tejer, a reciclar y a darle nueva vida a objetos que ya no se usaban”.
El vínculo entre el taller y la escuela ha permitido fomentar una cultura ambiental en las nuevas generaciones. Bajo la guía de docentes como Inés María Delgado Cárdenas, los alumnos no solo clasifican plásticos, sino que también fabrican piezas útiles para la propia institución y la comunidad, desde mobiliario hasta soluciones para espacios deportivos.
Esta integración entre producción, educación y comunidad fortalece el impacto social del proyecto. Los jóvenes, además de aprender un oficio, se convierten en promotores del reciclaje y en proveedores potenciales de materia prima.
En el taller Ecomadera se incentiva la participación ciudadana mediante la compra de plástico a precios superiores a los establecidos por la Empresa de Materias Primas, lo que estimula la recogida y entrega de desechos reciclables y fortalece la cadena de aprovechamiento sostenible.
A pesar de los avances, el desafío sigue siendo grande. En Matanzas aún existe una considerable cantidad de plástico mal gestionado. Para los trabajadores de Ecomadera, la clave está en ampliar la participación ciudadana y el apoyo institucional, de manera que más residuos puedan ser transformados en recursos, economía y dinero.
