Salto de agua del tercer arroyo del Nibujón
Para la 28 guerrilla de verano los malnombristas asumimos un gran reto inicial: atravesar parte del sistema montañoso Nipe-Sagua-Baracoa, desde las cercanías de la desembocadura del río Nibujón en la costa norte, hasta el mayor afluente del Toa, el río Jaguaní, en un periplo prácticamente inédito. Posteriormente navegaríamos los ríos Jaguaní y Toa.
Viernes 24 de julio del 2015
A las 8:30 de la noche los malnombristas comenzamos a invadir el Palacio de Pioneros del municipio Playa, desde donde partiríamos a nuestra guerrilla de verano. Pero primeramente un motivo especial nos reuniría, no solo a los de la excursión, sino a muchos más: celebrar el cumpleaños de los trillizos sueco-cubanos, hijos de Anna y Adrián, y el de Ingrid, otra hija de esta destacada pareja malnombrista.
Luego del jolgorio de la fiesta, en la que participaron 81 personas, permanecimos los que partiríamos rumbo al río Nibujón. Después de distribuir los módulos de comida, nos quedamos a la espera de una guagua.
Sábado 25 de julio del 2015
A las 12:30 de la madrugada partió la guagua con 33 malnombristas a bordo, desde el palacio de los pioneros de Playa, en La Habana. La madrugada se fue tranquila y, tras el amanecer, hicimos la primera reunión de la guerrilla, en la que anunciamos los tres grupos de cocina con sus jefes, y los tres tríos de retaguardia.
Pasado el mediodía recogimos al Griny y a Leslie en la ciudad de Holguín, completando así la cifra de 35 excursionistas. Un alto en Mayarí nos permitió almorzar. Más tarde recogimos a tres guerrilleros de Moa, pertenecientes al grupo Cero Fallos, con quienes habíamos establecido comunicación anteriormente. Ellos participarían en el ascenso del río Nibujón y después regresarían a Moa.
Pasadas las cinco de la tarde llegamos al río Nibujón, donde atraviesa la carretera Moa-Baracoa, y la guagua penetró un tramo por un terraplén para adelantarnos río arriba. Tras bajarnos, realizamos una caminata de unos dos kilómetros, con algunos cruces del río, hasta finalmente acampar en una acogedora playa, donde nos dimos un baño de estreno. El grupo Uno cocinó unos ricos espaguetis y la noche nos absorbió con el sueño incluido.

Domingo 26 de julio del 2015
Con un de pie a las seis, el campamento se comenzó a alistar. El grupo Dos hizo choco-leche y preparó galletas con dulce de guayaba de desayuno. Redistribuimos los bultos de comida y partimos cuando eran alrededor de las nueve.
La meseta de Airán era un objetivo intermedio para llegar al Jaguaní. Para treparnos en ella teníamos dos opciones: subir por un camino que aparecía en un mapa, cerca de la boca del arroyo Jaragua (lo cual era más directo), o seguir el curso del río Nibujón y subir una ladera al final.
Caminando río arriba, llegamos a boca del Jaragua y nos bañamos en una poceta, mientras Meyquel, el moense, buscaba el camino que sube a la meseta de Airán. Pero este no apareció y seguimos el curso del Nibujón por un ancho camino que en ocasiones cruzaba el río, pasando por una zona conocida como “El Lechugo”, donde abundaban frondosos árboles.
En la orilla derecha del río llegamos a un punto donde el camino subía rumbo a la meseta de Iberia, pero allí debíamos abandonarlo para adentrarnos en el cauce del Nibujón. Eso hicimos y bien pronto nos aparecieron tres partes del río conocidas como “Los Tifones”, donde no es posible caminar por las orillas debido a que el cauce se encierra entre farallones.
Para rebasar el complicado tramo, tuvimos que poner en práctica una organización de grupo. Inflamos varias balsas y un grupito se enfrascó en colocar las mochilas sobre ellas, otro se dedicó a empujar por la corriente las balsas cargadas, mientras que uno último subía las mochilas al final hasta un lugar seguro.

Al vencer los tres tramos, la tarde había avanzado bastante y tuvimos que buscar un lugar para acampar, decidiendo pasar la noche en “el mejor sitio que encontramos”: una curva del río con laderas pedregosas e inclinadas. Algunos armaron sus tiendas de campaña sobre las rocas, mientras otros nos sumergimos en el monte para buscar un lugar lo más “llano” posible en las laderas. En la ocasión preparamos puré de papas como estreno, pues cocinar arroz o espaguetis sería una odisea, con tanta humedad en la leña.
Lunes 27 de julio del 2015
Nos despertamos con la claridad, deseosos de ver el primero de los tres arroyos que alimentan al Nibujón, cayendo desde la meseta de Iberia. Solo medio kilómetro bastó para llegar al lugar. Allí nos dimos un buen baño y seguimos Nibujón arriba.
Llegamos a la desembocadura del segundo arroyo y en el lugar tuvimos que apelar a una balsa inflada para pasar las mochilas por una poceta. Grandes piedras se convertían en obstáculos a franquear entre la corriente, que cada vez era más menguada.
El tercer y último arroyo nos trajo confusión, pues un gran salto de agua también coincidía en el lugar. Tras despejar la duda, ascendimos por el arroyo y, a menos de 200 metros de su espléndido salto desde la meseta de Iberia, decidimos emprenderla por una inclinadísima ladera para conquistar la meseta de Airán.
La subida por la ladera fue sumamente difícil dada su notable inclinación. El tibisí nos enredó todo lo que quiso en algunos tramos. Una piedra que se me desprendió fue directo a golpear un brazo de la bisoña Celia, provocándole una contusión que, de milagro, no llegó a fractura. Los energéticos hechos de polvo de galleta, azúcar, leche en polvo y chocolate en polvo, se sumaron a los buches de agua para impulsarnos en la subida.
Cayendo la tarde fuimos venciendo la altura y llegamos a un ancho camino. Unos metros más y hallamos un buen lugar para acampar, pero sin agua a mano. El camino seguía, pero la noche estaba cerca y teníamos que armar el campamento. Un trillo que bajaba nos alentó a algunos a buscar agua. A mitad del descenso nos detuvimos y Edgardo y Dany siguieron descendiendo, hasta volver al Nibujón, justo debajo del salto del tercer arroyo. Es decir, si hubiéramos caminado unos 200 metros más por el arroyo, podríamos haber subido la ladera por un trillo y no por la inclinada pendiente que tuvimos que rebasar.
En el campamento que improvisamos una llanta de carro nos sirvió de cocina, aunque realmente ingerimos comida fría en el cierre de la jornada. Esa noche sentí un extraño malestar en el cuerpo.
Martes 28 de julio del 2015
Al amanecer, Edgardo, Frank y yo salimos de exploración por el camino ancho. Primeramente, bien cerca de donde acampamos, hallamos cuatro horcones de lo que fue un campamento y, a solo unos metros del lugar, corría un cristalino arroyo. Es decir, dormimos muy cerca del agua sin saberlo.
Seguimos el camino en subida, hasta comprobar que este nos llevaba a la base de la meseta de Iberia, tal y como queríamos. Regresamos, desayunamos y partimos todos.
Al llegar a la base de la meseta, hallamos una caseta con una cocina adentro, un trillo que bajaba al parecer a un arroyo, otro camino que subía a la meseta y otro trillo que se adentraba por un firme con rumbo sureste.
Nuestra intención era bordear la meseta de Iberia hasta coger un arroyo que tomara rumbo suroeste, pero aquel camino que bajaba por el firme podía ser nuestra solución, si definitivamente giraba a la derecha. Tomamos por él, pero más adelante comprobamos que este se alejaba con rumbo al río Naranjo y decidimos regresar cuando la temperatura de mi cuerpo marcaba los 38 grados. Un grupo exploró el trillo que bajaba al arroyo, lo rebasó e hizo camino hasta otro arroyo, para luego regresar al nuevo campamento que comenzamos a levantar en los alrededores de la caseta. Esa noche la fiebre me subió a 39.
Miércoles 29 de julio del 2015
Luego del amanecer, desayunamos y partimos por el trillo que bajaba al arroyo. Luego subimos y descendimos hasta llegar al otro arroyo. Allí tuve una discusión con algunos que querían seguir arroyo abajo para llegar al río Jaguaní. Les dije que aquel camino llevaba hasta el río Naranjo y no al Jaguaní. Terminada la discusión, seguimos haciendo camino, bordeando la meseta de Iberia.
Por la tarde nuestro rumbo enfiló al suroeste y comenzamos a ver unos charquitos de agua en el preludio de un arroyo. Al fin apareció el arroyo, seguimos por él y nos detuvimos finalmente cuando un hierbazal a la izquierda nos propició hacer un estrecho campamento. Despejamos las incógnitas de dos trillos que llegaban por cada orilla del arroyo, pues ninguno llevaba directo al Jaguaní. Esa noche dormí nuevamente con fiebre.

Jueves 30 de julio del 2015
Al amanecer se ajetreó el campamento y, tras el desayuno, continuamos arroyo abajo, rebasando algunos trances difíciles. Prácticamente, la jornada se nos fue caminando por el arroyo.
Pasadas las cuatro de la tarde los primeros tuvieron la aparición más feliz de la guerrilla: el río Jaguaní, con su cristalina y cálida corriente. Cinco jornadas en el monte fueron el preludio de la llegada a aquel paradisíaco lugar. El júbilo se fue generalizando a medida que llegábamos al río “más lindo de Cuba”. El baño de todos, el menú de arroz con carne y la acampada en un arenazo junto al río completaron la jornada, en la que varios malnombristas se me sumaron en la fiebre provocada por la ya apodada “Sandemia”, debido a que yo había sido el iniciador de aquella epidemia. La nota mayor la puso el Griny con 40 grados de temperatura.

Viernes 31 de julio del 2015
Dos chubascos nocturnos pusieron a prueba a las tiendas de campaña, además de a Dany y a mí, que dormíamos a la intemperie. Dany era un estadounidense de 14 años, hijo de una amiga mía del preuniversitario. El muchacho poco a poco fue entrando en confianza en el grupo, y en él resaltaban un adelantado carisma y el reguero que tenía en sus pertenencias. Yo, que era su partner y también soy regado, tenía que estar al tanto de sus cosas.
Al amanecer desayunamos, recogimos y nos alistamos, unos para navegar y otros para caminar junto al río. La navegación se fue tranquila, más bien esforzada por la necesidad de bracear bastante, pues a la zona más lluviosa de Cuba también había llegado la sequía, y los rápidos no tenían la fuerza de ocasiones anteriores. Por la tarde nos reencontramos todos en el lugar “más lindo de Cuba”, según Yaser: Boca del Jaguaní, justo allí donde el Jaguaní junta sus aguas con las del Toa. Esa noche seis malnombristas teníamos fiebre de 38 o más. La “Sandemia” estaba en su apogeo.
Sábado 1ro. de agosto del 2015
Con la claridad mañanera, nos alistamos los navegantes para seguir la contienda por las aguas del Toa. Once se fueron más temprano caminando, pues su guerrilla malnombrista ya estaba terminando. La navegación volvió a requerir de nuestras esforzadas brazadas, aunque no faltó la diversión en algunos rápidos, e incluso formamos trencitos en más de uno. Tampoco faltaron los ponches, pero una goma de efecto instantáneo que nos donó la mamá de Dany, nos permitió perder poco tiempo en los remiendos.
Por la tarde hicimos un alto en casa de Vilmedis, un buen amigo del Parque Alejandro de Humboldt, quien nos brindó naranjas y piñas como oportuna merienda. Acampamos más adelante, en una extensa playa de la zona del Naranjo del Toa.

Los caminantes llegaron más temprano y lograron contactar con cuatro malnombristas que se incorporarían al grupo para ir a Salto Fino, que era el último objetivo de la guerrilla. Tanto los once caminantes como el cuarteto abandonaron la zona sin vernos llegar. Los caminantes siguieron rumbo a Baracoa mientras el cuarteo volvió al poblado de Quibiján, donde nos esperaban desde el día 31.
Arroz amarillo, plátanos hervidos, carne en salsa y refresco nos regalamos como comida los que acampamos en el Naranjo. Mucha ropa dejamos tendida sobre la arena en la noche, con la intención que se secara.
Domingo 2 de agosto del 2015
Los 16 malnombristas que acampamos en el Naranjo, nos levantamos a las seis de la mañana, desayunamos, recogimos el campamento y partimos a pie en busca del poblado de Quibiján. La navegación había terminado.
Cruzamos el Toa, atravesamos el caserío del Naranjo y seguimos por una extensa vereda que nos llevó hasta el río Quibiján, justo a unos metros de su desembocadura en el Toa. Allí tomamos Quibiján arriba, pero los tres de la retaguardia se confundieron de camino y fueron a parar al poblado de La Perrera.
Después de tres cruces del río, el grueso de la tropa subió por un escarpado trillo hasta el terraplén que parte desde la carretera Moa-Baracoa. Arriba llegamos hasta un consultorio médico y caminamos en bajada hasta el pueblo de Quibiján para hacer un alto en el bar-cafetería. Al poco rato llegó el perdido trío de la retaguardia, formado por Frank, Héctor y Edgardo.
Así terminaba la primera parte de la guerrilla de verano del año 2015, que nos llevó a conocer el interesante río Nibujón y a adentrarnos en las aguas del bello Jaguaní.
