El grupo junto a la placa en homenaje a Antonio Núñez Jiménez
Miércoles 18 de abril del 2018
A las 3:56 de la tarde iniciamos la acampada en una ancha playa, teniendo a la vista, en la orilla opuesta del Toa, la desembocadura del río Naranjo bordeada por frondosos árboles. Alzamos las tiendas de campaña y pusimos la ropa a secar. Oscar le dedicó un tiempo a abrirle cuatro huecos en las puntas a la placa dedicada a Antonio Núñez Jiménez, para colocar los tornillos.
Después Oscar y yo fuimos con la placa al poblado, que nos quedaba detrás. Visitamos la escuelita y el círculo social, que estaban uno al lado del otro y eran los dos lugares propuestos por Robertico, el de la Fundación “Antonio Núñez Jiménez”, para escoger uno donde colocar la placa. En el círculo social había una especie de muro de alrededor de un metro de alto y más de metro y medio de ancho, y a Oscar le pareció el mejor lugar para colocarla. Con esta idea regresamos a la playa.
A las 5:30 llegó el grupito que buscaba la cámara, con las “manos vacías”. La corriente del lugar les impidió buscar a profundidad. Un poco después llegaron a la playa nuestro amigo Vilmedis, a quien conocí en el año 2006, y el presidente de la cooperativa que radicaba en Boca del Naranjo. Vilmedis atendía la zona por el Parque Alejandro Humboldt y, al enterarse de la pérdida de la cámara, nos dijo que él la buscaría temprano al día siguiente.
Oscar y yo le planteamos a los recién llegados nuestra intención de colocar la placa en el muro. El presidente de la cooperativa nos dijo que ese muro estaba previsto para hacer un sitial martiano, pero finalmente accedió, considerando que tenía espacio para colocar la placa y hacer el sitial.
En la orilla del frente del campamento había una cayuca de color rojo llamada “La Viajera”. Por nuestros dos anfitriones supimos que era una de las dos que quedaban en el Toa. La otra se llamaba “La Niña”. Determinadas restricciones sobre la construcción de embarcaciones habían provocado que las cayucas se fueran extinguiendo, a pesar de la utilidad que tienen para los habitantes de las márgenes del Toa, al emplearlas para cargar productos y trasladar a las personas.
Los malnombristas no perdimos la oportunidad de montarnos en “La Viajera” y tirarnos algunas fotos sobre ella. La embarcación era una especie de bote de fondo plano, pero bastante alargada, y se manejaba con una larga vara, la cual se afincaba en el fondo del río para impulsar la cayuca.

Los del grupo Cuatro de cocina se encargaron de la comida nocturna. Cocinaron arroz y plátanos hervidos, además de preparar la carne en salsa y el refresco. Mientras se cocinaba, ya de noche, unos puercos merodearon por la cocina y tuvieron que ser espantados en varias oportunidades. Una lluvia corta le puso tensión a la noche. El tiroteo se produjo pasadas las 9:30. No faltaron la música y la fogata en la bella noche a orillas del Toa, hasta que el sueño nos puso a dormir.
Jueves 19 de abril del 2018
La madrugada fue apacible. Antes de la siete de la mañana llegó Vilmedis al campamento y con él partieron Héctor y Osniel a buscar la cámara perdida. La gente se comenzó a despertar relajadamente después de las siete. El grupo Uno comandado por Edgardo preparó el desayuno habitual. Después comenzó una recogida lenta para partir rumbo a Baracoa, el destino del día.
Estando en ese ajetreo se aparecieron los buscadores de la cámara con la gran noticia de que había aparecido. Héctor y Osniel llegaron impresionados por la forma como Vilmedis penetró en la corriente, por su conocimiento del fondo del río y por su capacidad de aguantar la respiración.
Ellos no sabían cómo agradecerle y se me acercaron para ver qué pensaba yo. Les dije que nada de dinero, pues nuestra relación era de amistad y el dinero no cabía. Vilmedis era una gente con grandes valores humanos. Teníamos otras cosas que podíamos donárselas, como siempre hacemos con los lugareños de las zonas que visitamos, sobre todo la comida que nos quedaba.
Sobre una piedra colocamos los forros de las balsas y algunas balsas ponchadas que no utilizaríamos más. Todo ello le sería de gran utilidad a Vilmedis para su trabajo, que no solo era el cuidado del Parque, sino también como campesino. Por cierto, nuestro amigo nos contó que había nacido en Mal Nombre, es decir, él era más malnombrista que todos nosotros.
En un momento paramos la recogida del campamento y nos fuimos para el círculo social de Boca del Naranjo. Allí nos esperaban los pobladores. Oscar le había dado la placa al presidente de la cooperativa y ya la habían colocado en la pared del muro. Por delante le pusimos la bandera de Mal Nombre, para después develarla.
Primeramente, les hablé a los presentes de Núñez Jiménez, de todo lo que hizo por los pobladores del Toa y de que era importante que cuidaran la placa. Después todos nos agrupamos junto al muro y, entre el presidente de la cooperativa, Vilmedis y yo, quitamos la bandera a modo de develar la placa. Las fotos y videos fueron captando todo lo que ocurría.

Al final tuvimos una interesante conversación con un poblador que era experto en hacer cayucas. Este nos dijo que se había aprobado la construcción de más cayucas y que pensaban hacer dos nuevas, que se llamarían “La Pinta” y “La Santamaría”, las que se unirían a “La Niña” para completar los nombres de las calaveras de Colón, además de a “La Viajera”.
Terminada la actividad, regresamos al campamento de la playa y una buena parte del grupo entró en el agua. Eduardito jugó un buen rato con un hijo de Vilmedis, contemporáneo en edad con él. Después nos agrupamos al inicio de un rápido y pudimos ver cómo los tres niños de la tropa se tiraban por él en balsa. Primero fue Samuel, después Eduardito y por último Camila, quien, para no perder la costumbre, se trabó en medio de la corriente, a pesar de que el rápido era suave.
Terminado el relax, concluimos la recogida del campamento y nos fuimos a coger sombra bajo unos arbustos, a esperar a que el más rezagado de la tropa, el Gaby, terminara de desarmar la tienda de campaña y recogiera sus pertenencias bajo el fuerte sol de la incipiente tarde.
A la 2:12 minutos partimos todos con Vilmedis. Pasamos el poblado de Boca del Naranjo y, tras caminar unos cientos de metros, nos detuvimos a la entrada de un trillo que subía a la casa de nuestro amigo. Allí nos despedimos afectuosamente de Vilmedis, su mujer y su hijo, y seguimos rumbo al poblado de La Perrera, donde debíamos coger algún transporte para llegar a Baracoa.
Al rato de caminar, tomamos un trillo a la izquierda y bajamos al Toa. Cruzamos la corriente y en una playa de la otra orilla escuchamos unos gritos del lado opuesto del río. Era gente del grupo gritándole a Yaíma, quien se había pasado y ya estaba “oliendo” a pérdida. Cruzaron el río los retrasados y continuamos juntos bajo un sol majadero. La extensa playa nos fue girando a la izquierda y pudimos ver del otro lado la boca del río Quibiján. Caminábamos por un área que nos sirvió de acampada en el año 2006.
Terminando la playa, un ligero trillo marcado sobre la arena pedregosa nos llevó a hacer un nuevo y último cruce del Toa en una zona donde el ancho de la corriente alcanzaba los cien metros. Yordanis se fue delante y tiró hacia la derecha. Yo crucé transversal y fui directo a donde subía un ancho camino hacia La Perrera. Del otro lado nos reagrupamos y después continuamos por el ascenso.
A poco menos de un kilómetro de caminata, llegamos a la carretera que une a Quibiján con la vía Moa-Baracoa. La cruzamos y nos estacionamos en una cafetería, ya en plena Perrera. La cafetería tenía un pequeño salón techado con mesas y sillas, abierto por los lados, con un muro bordeándolo. También tenía un local contiguo, donde estaban el mostrador y la cocina. En el lugar vendían panes con huevos fritos y refresco, y el toque particular lo dieron Edgardo y Yordanis, al ser ellos quienes cocinaron los huevos y prepararon los panes.
Terminada la merienda, comenzó un juego de pelota en una explanada que había al lado de la cafetería. A una silla se le puso un saco por encima a modo de home. La pelota fue confeccionada al momento con una media. Si el pitcher lanzaba y la pelota daba en el saco, era strike. A los dos strikes, el bateador era puesto out. Un palo haría de bate.
Después de conformarse los dos equipos, comenzó el juego. Con el avance de los innings, el juego fue tomando calor. Senia llamó la atención por sus habilidades para batear y fildear. Un equipo ganó el primer juego 4-0 y el otro ganó el segundo 4-1. El segundo juego fue interrumpido por una herida que sufrió Gabriel cayéndole atrás a un fly.
Siguiendo a la espera, se apareció un camión de la Empresa Comercializadora de Medicamentos (EMCOMED), pero, como estaba cargado de medicinas, no nos podía llevar. Cayó la noche sin que pudiéramos conseguir algún transporte para partir.
En medio de la espera, recibimos una sorpresa. De una casa cercana donde vivía la familia de Elvira y Héctor nos hicieron una donación muy oportuna. La solidaria pareja, al conocer de nuestra presencia cercana, nos regaló un caldo con camarón de río y unos ñames. Sin saber cómo agradecerles, fuimos a su casa a buscar la donación y entablamos una conversación muy amena con aquella gente tan acogedora.
Una segunda sorpresa nos la dio Vilmedis. Nuestro amigo ya tenía móvil y por esta vía se enteró de que no teníamos transporte para partir. Entonces hizo una llamada a Baracoa y nos gestionó un camión a veinte pesos por persona. En medio de la noche se apareció Vilmedis en La Perrera para traernos la buena noticia. El hombre se había convertido en un ángel de la guarda del grupo.
Llegó el camión a La Perrera, nos despedimos por segunda y última vez de Vilmedis y a las 9:15 partimos rumbo a la villa primada. El viaje se nos fui tranquilo, con sueño, cansancio y cierta incomodidad por lo duros que estaban los asientos. Poco después de las diez llegamos a Baracoa, terminando el viaje junto a la larga escalera que llevaba hasta el ranchón de la ciudad. Subimos la escalera, pasamos por el lado del ranchón que había sido asolado por el ciclón Matheus y llegamos a la casa de otros amigos nuestros: Edgar y Maribel.
Como siempre, nos recibieron gratamente y nos ofrecieron su casa para acampar. Unos se acotejaron en un cuarto a medio construir en la parte trasera del patio, otros sobre el césped de la entrada, otros en el portal, otros en la sala y otros en un cuarto. También hubo quienes se fueron a armar sus tiendas de campaña frente al ranchón. Janett, de tan mala suerte, se encajó dos clavos en el cuarto de atrás. Ella y Gabriel fueron curados en la propia casa. Luego de una agotadora jornada, fuimos cayendo muertos de sueño.
Viernes 20 de abril del 2018
A la mañana siguiente nos despertamos sin presión. Teníamos el día entero para recorrer Baracoa. Algunos adelantaron una visita, al adentrarse en el cercano museo arqueológico anclado en una cueva. Después fuimos bajando por grupitos, primeramente, a desayunar, teniendo en la cafetería del “Cocal” nuestro principal objetivo. Tras el desayuno, los pasos malnombristas transitaron por La Punta, el Malecón, el parque central y la iglesia. El almuerzo fue compartido entre los restaurantes “Jalisco” y “1511”. En la tarde, algunos nos tiramos a conversar y descansar junto a la piscina del bello hotel “El Castillo”, teniendo a la vista en lontananza la impresionante imagen del “Yunque de Baracoa”. Otros recorrieron la extensa playa. El necesitado baño para toda la tropa se produjo en el enorme tanque de agua ubicado en las cercanías de la casa de nuestros anfitriones. En la noche, el parque de la iglesia nos acogió en pandilla, hasta que el sueño nos llevó a nuestros “aposentos”.
Sábado 21 de abril del 2018
A la mañana siguiente di el de pie a las siete, pues teníamos que partir rumbo a Holguín. Nos despedimos de Edgar y Maribel y bajamos a la terminal intermunicipal, que había sido remodelada. Como el trío de Guanajay ya había desayunado, les dejamos los bultos y salimos a buscar algo de comer. Luego de calzar nuestros estómagos, regresamos todos y nos tiramos en el salón de la terminal. Estando a la espera, nos llamó una de las hijas de Edgard y Maribel para decirnos que Yordanis estaba allá arriba y que ya iba a bajar. Un poco después se apareció un camión con la oferta de llevarnos hasta Moa a cincuenta pesos por persona. Con la mayor tranquilidad del mundo, le rechacé la oferta a un gestionador de pasajes con el que yo había hablado temprano para que nos consiguiera un camión que nos llevara a treinta. A esa hora ya nos habían anunciado que vendría una guarandinga estatal a hacer el viaje hasta Moa.
Pasada la una de la tarde se apareció la guarandinga. De inmediato los malnombristas organizamos la cola, luego de recibir un ticket para subir. A la 1:26 arrancó la guarandinga, bastante cargada. El extenso e incómodo viaje fue amenizado con la música puesta por los malnombristas.
A las cuatro de la tarde llegamos a la terminal de Moa, justo cuando un camión se ofrecía a llevarnos hasta la ciudad de Holguín. De inmediato comenzamos a subir, pero al conocer que el precio del pasaje era de cincuenta pesos por persona, le dije a los malnombristas que bajaran, y eso hicieron. Nos fuimos para el salón de la terminal, a ver un partido de la Copa del Rey entre el Barcelona y el Sevilla, que finalmente ganó el Barça 5-0.
Nuestro desplante a los tipos del camión surgió efecto, pues al poco rato nos llamaron para decirnos que nos llevarían a Holguín por cuarenta pesos. Subimos, nos acomodamos en los asientos y a las 4:41 partimos rumbo a la Ciudad de los Parques. En el extenso viaje nos cogió la noche y el sueño también tuvo su protagonismo entre la tropa.
A las 8:41, es decir, tras cuatro horas exactas de viaje, llegamos a la terminal de Las Baleares en la ciudad de Holguín. Al bajarnos, cruzamos al frente, pues en el parque del estadio de pelota “Calixto García” había una feria gastronómica gigante. Durante más de una hora dimos vueltas en grupitos por variados servicios que allí ofertaban, hasta que cada cual pudo aplacar su apetito. Después la gente se fue agrupando a la salida de la feria. Cuando todos estuvimos juntos, la mayoría partió en una guagua rumbo a la casa de Tony, donde acamparíamos esa noche. Yo me quedé esperando a David, Yanieyis y Samuel, quienes habían ido al hospital, pues Samuel tenía una erupción en la piel. Finalmente, nos agrupamos todos en la casa de Tony y, aunque él no estaba, sus padres, Margarita y Marcelino, ya nos conocían de otra acampada en el 2013 y su hospitalidad se puso de manifiesto como en aquella ocasión. Algunos salieron a dar una vuelta por la ciudad y hubo quienes subieron la Loma de La Cruz. Para dormir nos distribuimos en el portal y en la sala de la casa. Así pasamos la última noche del viaje.
Domingo 22 de abril del 2018
Nuevamente, el de pie fue relajado, pues no teníamos apuro. Debíamos estar en el aeropuerto a las once de la mañana y de un parque cercano llamado “El Parque de los Niños” salía una guagua directo hasta allá. Aprovechamos parte de la mañana para dar una vuelta por la ciudad y comer algo. Después recogimos las mochilas en la casa, nos despedimos de nuestros anfitriones y nos fuimos para el parque. Al llegar una guagua Diana, comenzó la apretazón para subir. Hubo algún que otro escéptico, pero les afirmé que subiríamos todos. Y así fue, luego de hacer una labor esforzada y meticulosa, subiendo y apretándonos dentro de la guagua. En aquel tumulto hicimos el viaje hasta el aeropuerto.
Al llegar a la terminal aérea nos confirmaron algo que ya sospechábamos. Nuevamente el avión tenía desperfectos, por lo que haríamos el viaje de regreso a La Habana en guagua. Luego de una breve espera en la que se disparó un “monotema” en el grupo, llegaron tres guaguas de turismo a la entrada del aeropuerto. Los malnombristas nos distribuimos en dos y partimos cuando ya pasaba la una de la tarde. El largo viaje no tuvo contratiempos en aquellas cómodas guaguas. Al oscurecer hicimos un alto en Taguasco para comer en unas paladares.
Lunes 23 de abril del 2018
Antes del amanecer, la primera guagua –en la que yo iba– llegó a la terminal de Villanueva en La Habana. La otra arribó un poco después. Terminaba así una atractiva guerrilla, que tuvo como plato fuerte una navegación por “el río más lindo del mundo”. Era la séptima ocasión en la que Mal Nombre navegaba por las cristalinas aguas del mayor afluente del Toa.
Un mes después de nuestro viaje ocurrió el accidente aéreo en las inmediaciones del aeropuerto José Martí, en el que un avión cargado de pasajeros se desplomó en tierra y se incendió, provocando la muerte de toda la tripulación y de todos los pasajeros, salvo una sobreviviente. Dicho avión debía cubrir la misma ruta que nos llevó a Holguín.
