Inicio / Monte Adentro / Jaguaní Mal Nombre 2018 (segunda parte)

Jaguaní Mal Nombre 2018 (segunda parte)

Miguel Alfonso Sandelis
04 julio 2026 | 0 |

Martes 17 de abril del 2018

Luego de otra noche sin susto, volví a dar el de pie a las 6:30. El grupo Tres, con María Emilia al frente, preparó un desayuno similar al anterior.  Después vino una demora más alargada para coger ponches y coser forros de balsas.

A las 10:30 partimos a navegar. Bien pronto pasamos por delante del arroyo de Los Lirios y luego rebasamos dos curvas del río hacia la derecha. Después de la segunda curva comenzaba el rápido más fuerte del Jaguaní en la zona conocida por “Farallones”. Allí me detuve para echarle un vistazo a lo que venía.

En el lugar el río baja unos cien metros dividido en dos, aunque el grueso de la corriente se va por la derecha; formándose en el centro una isleta alargada. Varios rápidos ligeros anteceden a una curva a la izquierda tras la cual la corriente baja bruscamente en tumultos para descargarse en una espléndida poceta que se extiende hacia la derecha. Después viene otro rápido complicado y todo culmina en una nueva poza, la que se corta bruscamente por la ladera del frente, que desciende en un impresionante farallón, mientras el río gira a la izquierda.

Después de la inspección, me lancé por la corriente, siguiéndome detrás los más cercanos. Pasé los rápidos iniciales, doblé a la izquierda y descendí sobre las aguas tumultuosas, hasta caer en la poceta sin perder mi posición sobre la balsa. Después atraqué a la derecha y, como en las últimas navegaciones por el Jaguaní, me paré sobre una piedra para orientar a los que iban acercándose.

Hubo varios que bajaron sin problemas. Entre ellos, se le vio a Lorenzo agarrarse con la fuerza que lo hace alguien que casi no sabe nadar, a Denis trabarse un poco gracias a su peso corporal y a Osniel equilibrándose al final para no caerse. María Emilia iba bien, pero terminó mal al virarse al llegar a la poceta; Yaíma, navegando en una escuálida balsita, terminó en el agua; Claudia volvió a revolcarse aparatosamente; y María se revolcó también. Edgardo, Rangel y Amanda se tiraron dos veces sin caerse. Yaíma también repitió, pero en un colchón inflable como para demostrar que su problema era la balsita, y bajó bien con el colchón. Yo bajé una segunda vez, pero sin balsa, descendiendo con cuidado por los chorros, hasta tirarme a la larga al final.

Janett bajó bien una primera vez y después se colocó en una buena posición para filmar varias escenas del descenso de la gente. Luego quiso repetir el descenso para que la filmaran y la gracia le salió mal, porque lo que le filmaron fue su revolcadera.

La gente se fue agrupando en la orilla del frente del rápido y alrededor de donde yo estaba parado. Al final tiroteamos el maní del mediodía sobre las piedras de mi orilla.

Luego de pasar el rápido siguiente sin grandes problemas, continuamos por aguas tranquilas, hasta detenernos en Arroyo Blanco, el lugar donde acampamos en el 2015 cuando salimos al Jaguaní provenientes del Nibujón. Al llegar allí la vanguardia, la flotilla se había estirado bastante, por lo que el alto sirvió para reagruparnos. En una pequeña playita de la orilla derecha varios se acostaron para aprovechar las sombras de los árboles; entre ellos, Eledys, Claudia y Yanieyis se quedaron rendidas. La espera se extendió a causa de un ponche de Denis.

Cuando llegó la retaguardia, continuamos, sobreviniéndonos una curva hacia la derecha y después una secuencia de rápidos atractivos en una recta de alrededor de un kilómetro de extensión. En un rápido que se bifurca, me entretuve y la corriente me apretó la balsa contra una piedra, retorciéndola primero, volteándola después y finalmente zafándome la mochila.

Más adelante nos juntamos algunos en un sitio impresionante, que sirvió de acampada en las guerrillas de los años 1990 y 2006. Allí el río gira bruscamente a la izquierda. Hacia esa mano se extiende la playa que sirvió de acampada y al frente se muestra una parte de la ladeara erosionada, una bella aguada y, en la curva, un farallón que resalta por su dimensión, inclinación y los matices de colores que se aprecian en su superficie rocosa.

Sin esperar a los últimos, continuamos por el río en un tramo de amplias curvas. En la primera, a Eduardito la corriente le apretujó la balsa contra una piedra, volteándosela y zafándole la mochila. Al niño, del malestar por el trance en el que estaba, se le aguaron los ojos, por lo que anclé mi balsa en una orilla y regresé para ayudarlo. Ese fue el único momento en que lo vi algo desesperado, porque en el resto del viaje había mostrado bastante disposición y habilidad para la navegación.

Tras rebasar una de las curvas, pasamos un arroyo por la derecha y descendimos un largo rápido, teniendo a otro arroyo mayor, también por la derecha. En este rápido el Gaby y Héctor se revolcaron.

Luego de una curva a la izquierda, encallamos las balsas en una playita a esa mano y fuimos a buscar sombra bajo unas matas. Poco a poco la gente se fue reuniendo sobre la arena de la playa, pero Yordanis se demoró a causa de un ponche. En esa playa habíamos acampado en el 2013 y, viendo unas rocas al frente, los que estuvimos cuando aquello, recordamos habernos tirados desde ellas.

Bajo un fuerte sol, en aquella bella playa surgió entre algunos la idea de volver a acampar allí. Pero yo me opuse alegando que debíamos avanzar más para llegar a los 10 u 11 kilómetros previstos para el día, para no atrasarnos. Después de un breve debate, solucionamos el dilema con una votación y ganó la opción de seguir.

Volvimos a navegar, teniendo por delante una larga y suave curva. Oscar, quien iba haciendo de fotorreportero, me preguntó si quedaba algún rápido fuerte por delante y le dije que sí, muy cerca, recordando aquel en el que Ariel “El Bala” se demoró un mundo en bajar en el 2006. Oscar se adelantó, bajó el rápido y tomó una posición privilegiada en platea.

El rápido tenía un descenso bastante tumultuoso al principio y uno más fuerte y brusco casi al final, para continuar por un canal con fuerte corriente, hasta que la presión del agua iba cediendo. A la derecha: una extensa playa de piedras, con gran desnivel desde la orilla hasta una especie de planicie. Por la izquierda: la ladera rocosa descendiendo bruscamente hasta el río.

Con Oscar en platea, me lancé por la corriente, bajé bien el primer chorrero, pero en el segundo, con Gabriel y Edgardo atravesados, tuve que irme contra mi voluntad por la derecha, donde un brusco descenso me lanzó de boca contra una piedra, “aboyándome” un labio, el que de inmediato se hinchó y soltó un poco de sangre. Pero la cámara de Oscar aún no estaba lista y no quedó video alguno de mi desventura.

Cuando se fue acercando el grueso de la gente, Oscar ya tenía lista la cámara. Bajó  Amelie y salió airosa, después Eduardito, y también, pero Rangel se trabó, quedándose sobre una piedra. Detrás Laksmi chocó con su balsa a Rangel, provocando que este diera una vuelta de carnera de un modo nada visto en una navegación malnombrista. Senia y Laksmi terminaron el rápido bien, al igual que Lorenzo, a pesar de que este se fue por el descenso brusco de la derecha. Pero María Emilia se cayó de la balsa desde el inicio y, debajo de esta, fue dando tumbos hasta el final.

Eledys le continuó bajando bien la primera parte y de espaldas la segunda. Después le tocó el turno a Claudia, quien descendió bien el primero y el segundo chorrero, pero saliendo del último, se le viró la balsa, como para no perder la costumbre. Le tocó el turno a Amanda, pero entre Edgardo y Gabriel la protegieron, haciéndola bajar de la balsa, agarrándola cada cual por su lado.

Llegó María al inicio del rápido, Gabriel la direccionó, la muchacha se lanzó, bajó de medio lado y se cayó completa al final. Detrás se lanzó Amanda por fin, bajó bien al principio, pero se fue por la derecha y cayó casi de cabeza en el último chorro.

Ania comenzó bien, después se ladeó un poco, pero al final libró. El Gaby no corrió la misma suerte, volteándosele la balsa al final. Edgardo dio un fuerte bajón al final, pero no se cayó. Yanetsy perdió la balsa desde el principio y se quedó un rato agarrada a una piedra, Yordanis bajó bien y Yaíma descendió agarrada de su balsita como pudo.

Luego de un lapsus de tiempo, Janett se lanzó, bajó bien al principio y dio un giro brusco al final, pero sin caerse de la balsa. David y Osniel bajaron sin caerse. Denis no podía ser menos y se revolcó al final.

Mientras todo esto sucedía, Camila estaba haciendo tiempo, pues evidentemente no quería tirarse. Entonces Yanetsy aprovechó las dudas de Camila y cogió el colchón de la adolescente para desquitarse. Bajó Yane bien el principio, pero en el chorro súbito el agua la puso de lado para de inmediato voltearla aparatosamente, terminando de bajar el rápido debajo de la balsa.

Aquel revoltoso rápido le llegó a la gente cuando se creía que lo más duro había pasado. Para la posteridad quedaron los videos filmados por Oscar desde una envidiable platea.

El rápido más fuerte del Jaguaní

Con la tarde cayendo, me adelanté en la navegación buscando una playa buena para acampar. Pasé un tramo donde a la izquierda se extendía una playa demasiado pedregosa como para hacer campamento, mientras que la derecha estaba dominada por un farallón.

Vino un rápido ligero y luego un tramo de más playa pedregosa por la izquierda, mientras que por la derecha las pomarrosas antecedían a una inclinada ladera. Llegó una curva a la izquierda y más adelante apareció al fin una playa por esa orilla, no muy larga, pero con buena arena y suficiente área para acampar los 30 malnombristas.

A las 6:04 minutos iniciamos la acampada frente a un bello y pequeño arroyo que caía de una inclinada ladera en la orilla opuesta y teniendo a la vista una balsa de bambú encallada. El grupo Tres de cocina comenzó a hacer el arroz que tocaba en la jornada. Los plátanos cargados por Héctor se sumaron al presunto menú.

El tiroteo estuvo listo de noche. Luego de comer, una fogata alargó la jornada, la que fue amenizada por la música que nos puso Héctor. Cerca de la fogata podíamos ver las hojas de un libro de historia, que Yaíma había puesto a secar. Ella tendría una prueba próximamente y se llevó aquel libro creyendo que podría estudiar. Antes de las once de la noche ya reinaba el silencio en el campamento, el cual estaba inmerso en un ambiente natural bastante apacible.

Miércoles 18 de abril del 2018

Pero la naturaleza suele ser maldita. A las dos de la madrugada se desató un aguacero, que le pasmó el sueño a todo el mundo, excepto a los felices niños. La fuerte lluvia duró unas dos horas, las suficientes para hacer crecer el río hasta la entrada de las tiendas más próximas a la orilla, empapar las tiendas de campaña por dentro y convertir el pequeño arroyo del frente en un ruidoso salto de agua.

Al amanecer el río ya había bajado, pero se quedaba con una turbia coloración. Como en las jornadas anteriores en el río, el de pie lo di a las 6:30. Este sería el último día de navegación, de unos ocho kilómetros hasta Boca del Naranjo.

El grupo Cuatro de cocina, con Osniel de jefe, preparó el desayuno habitual. Después vino el acostumbrado atraso para coger ponches y arreglar los forros de las balsas. A las 9:30 partió la navegación en su último día. La meta de la jornada era Boca del Naranjo.

Rebasamos un primer y ligero rápido, que nos hizo girar a la derecha para entrar en una larga recta, con ladera inclinada por la izquierda y extensa playa por la derecha.

Al final de la recta llegamos a uno de los dos lugares a los que los malnombristas hemos nombrado “el lugar más lindo del mundo”. En el sitio el río dobla a la izquierda. La orilla derecha está colmada de vegetación tropical, que tiene su punto cumbre en un paisaje con capas: al borde del río las cañas bravas, le siguen las palmas reales, después una vegetación más ocre y, finalmente, el cielo. Por la izquierda, un pintoresco farallón antecede a una playa que va doblando con el giro de la corriente. Allí la delantera de la flotilla navegante hizo un alto y Oscar se deleitó tirando fotos.

En la playa de las acampadas de 1990 y el 2006

El próximo tramo a navegar fue una larga curva hacia la derecha, que concluye con la llegada al otro “lugar más lindo del mundo”: Boca del Jaguaní. Allí confluyen los ríos Jaguaní y Toa y de ahí en adelante la corriente toma el nombre del Toa. En el lugar el paisaje se ensancha, una gran duna ocupa un gran espacio en la confluencia de los ríos y al frente cae un firme que se adorna con un farallón al borde del agua. El Toa llega más tímido, o más bien más taimado, como ocultando el enrevesado cauce plagado de saltos y rápidos que le anteceden al lugar.

Nos reunimos los malnombristas sobre la duna y después fuimos para la vertiente del Toa. Allí tiroteamos el maní del mediodía y nos tiramos varias fotos.

Después del relax, continuamos por una corriente ensanchada, bajo un sol liberado del acoso de las nubes. De allí en adelante los brazos tendrían que esforzarse más, pues los rápidos disminuirían y serían largos los tramos de corriente tranquila.

Avanzamos varios cientos de metros de aguas quietas en los que la gente a veces braceaba y a veces se dejaba llevar. Así llegamos al rápido más extenso del recorrido, con unos 50 metros de largo, aunque el descenso no era muy complicado. Allí se formó un largo tren de malnombristas.

Desde el inicio del día, Eledys estaba echando miedo por un rápido en el que ella y Liz pasaron un susto en el año 2013. La cantaleta de Eledys provocó que algunos novatos estuvieron algo asustados, sobre todo Camila.

Los largos tramos que nos obligaban a bracear bastante, siguieron sucediéndose. Pasamos la larga recta que en su intermedio se asienta una estación hidrológica, doblamos al final a la derecha e hicimos alto en una playa de la orilla izquierda para reagruparnos, cuando mi reloj marcaba las dos de la tarde.

A la playa le seguía el rápido del miedo de Eledys, pero lo bajamos sin ninguna complicación. Ello provocó que le diéramos bastante “cuero” a la doña. Rebasamos una recta a brazo limpio, doblamos a la derecha, bajamos un rápido y pasamos por el sitio donde acampamos en el año 2013, cuando nos llovió toda la noche y el Toa amaneció algo crecido. En el sitio, por la derecha está la playa pedregosa y por la izquierda, una pared de tierra, que es víctima perenne de la erosión por las crecidas.

Al final del tramo doblamos a la izquierda y nos acercamos al rápido de Leyva, donde el veterano papá de Hery pasó un buen susto en el 2006, luego de caérsele la mochila de la balsa. La complicación del rápido está dada porque la corriente, tras descender con velocidad, choca contra una pared de tierra. El escape está en nadar con fuerza hacia la derecha para evitar el impacto. Otra variante es irse por la derecha desde el principio, aunque ello implica que haya que arrastrar la balsa, porque el tramo final tiene poca agua y esta corre sobre las piedras. Finalmente, la corriente se va fuerte por la derecha, corriendo por una especie de canal.

Eledys, la misma que echó susto anteriormente, fue la primera en asustarse en el rápido de Leyva. Bajó por el centro del rápido, se volcó ante la pared de tierra, perdió la balsa y siguió por el canal a cappella.

La próxima asustada fue Camila, quien se proyectó contra la pared, con tan mala suerte que se fue a la izquierda, sin terminar aún de pasar el rápido. Edgardo, al verla aislada en un sitio más calmado, pero con el chorro por delante, fue a buscarla. Para ello pasó por la parte alta del rápido, hasta dar la vuelta completa y llegar adonde estaba la muchacha. Pero yo no quise creer lo que estaba viendo. Edgardo la estaba acomodando sobre la balsa para que se volviera a lanzar. Le empecé a gritar a Edgardo para que no lo hiciera, pero con el rugido del rápido de por medio, no me oyó. Soltó a Camila, esta se volvió a proyectar sobre la pared de tierra y salió sin balsa, dando tumbos por el intranquilo canal. Mamá Laksmi y yo la fuimos a asistir, pero ella estaba que no hablaba.

Después de aquellas desventuras, caminé sobre la parte baja del río hasta colocarme en un punto desde el que podía ver a todo el que llegara, para avisarle que se fuera por la derecha para evitar el chorro fuerte. Pero Héctor y Osniel venían demasiado impulsados. Siguieron por el centro, bajaron de súbito, chocaron contra la pared de tierra y se dieron sendas revolcadas. Del trance, Héctor perdió la cámara de Wilfredo.

Los demás pudieron irse por la derecha. Denis fue el que más trabajo pasó, pues su elevado peso corporal lo llevó a estancarse en la parte baja del rápido.

El final de la travesía para la jornada era en Boca del Naranjo, y ya estábamos cerca. Por eso un grupito se quedó a buscar la cámara. Dos razones de peso movían a hacer el esfuerzo por encontrarla: el hecho de que fuera de Wilfredo y él no estuviera en la excursión y la cantidad de videos y fotos interesantes que se habían tomado de la navegación. Allí se quedaron Héctor, Osniel, Janett y Rangel. Los dos últimos conformaban la retaguardia del día.

En la Boca del Jaguaní

El resto seguimos navegando o más bien nadando, porque tuvimos que bracear bastante por varios cientos de metros. Comenzamos a ver casas por las laderas. Doblamos una gran curva hacia la izquierda, bajamos un largo y suave rápido, pasamos junto a la boca del río Naranjo y, más adelante, atracamos en una extensa playa de la orilla derecha cuando mi reloj marcaba las 3:56 de la tarde.

(Continuará la próxima semana)

Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *