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Un calor enterrado: nuevo giro para los viejos pozos

Daniela Alexandra Martínez Ibarra
04 julio 2026 | 0 |

Foto: tomada de Ecoinventos


En pleno debate sobre cómo acelerar la transición energética sin multiplicar el impacto ambiental de las infraestructuras, un equipo de investigadores de la Universidad de Manchester mostró recientemente que parte de la solución podría estar oculta bajo tierra, en un lugar inesperado: los pozos de petróleo y gas abandonados.

Un estudio publicado en la revista Applied Thermal Engineering revela que estas viejas perforaciones, que durante años representaron un pasivo ambiental y económico, pueden reconvertirse en pequeñas centrales de energía geotérmica con costes ambientales hasta cien veces menores que los de una planta geotérmica construida desde cero.

La investigación, liderada por el doctor Jingyi Li de la Universidad de Manchester, parte de una premisa tan sencilla como poderosa: los pozos de petróleo y gas existentes ya alcanzan zonas profundas donde el calor de la Tierra puede aprovecharse para generar electricidad.

Al reutilizar estas infraestructuras en lugar de perforar nuevos pozos se evitan enormes movimientos de tierra, el consumo intensivo de materiales y las emisiones asociadas a la construcción de nuevas instalaciones. Los resultados son contundentes: en los casos analizados, la reconversión de pozos abandonados logró reducir más del 80 por ciento del impacto ambiental en comparación con los proyectos geotérmicos tradicionales.

Este hallazgo no es solo una buena noticia para el medioambiente, sino que también abre la puerta a una nueva forma de entender la economía circular aplicada al sector energético. Tal como señala el estudio, las infraestructuras diseñadas para una industria altamente contaminante encuentran así una segunda vida al servicio de la transición limpia.

Pero, ¿qué ocurre cuando trasladamos esta idea a un país como Cuba, con recursos limitados, pero con una larga tradición petrolera y un firme compromiso con las renovables? Para responder a esta pregunta, conversamos con la Ing. Ariannis Borrero Martínez, ingeniera geofísica del Centro de Investigación del Petróleo, quien nos ofrece una mirada privilegiada sobre el estado del arte y las perspectivas de esta tecnología en la isla.

Geotermia: el calor que nunca se apaga

Para comprender la magnitud de esta propuesta, conviene detenerse brevemente en qué es la energía geotérmica. El término proviene del griego geō (tierra) y thermós (calor), y el Consejo Europeo de la Energía Geotérmica la define como “la energía almacenada en forma de calor por debajo de la superficie de la tierra”. Se trata de una fuente renovable y limpia que aprovecha el calor natural del planeta, el cual es prácticamente ilimitado y se mantiene constante a lo largo del tiempo.

A diferencia de otras energías renovables como la solar o la eólica, la geotermia no depende del clima ni de la hora del día: funciona de manera continua las 24 horas del día, los 365 días del año.

Una central geotérmica puede producir alrededor de ocho mil 600 horas al año, mientras que una solar ronda apenas las dos mil horas anuales de generación. Esta disponibilidad constante convierte a la geotermia en una de las fuentes renovables más fiables y predecibles, ideal para proporcionar electricidad de base sin las intermitencias que caracterizan a otras de las llamadas tecnologías verdes.

Además, las centrales geotérmicas apenas ocupan superficie: la mayor parte de los componentes se encuentran bajo tierra, y en las viviendas una bomba de calor geotérmica tiene el tamaño de un electrodoméstico. Y no solo eso: según un informe del Banco Mundial publicado en 2023, la geotermia es el tipo de energía renovable que genera más empleo por cada megavatio instalado, lo que la convierte también en una herramienta valiosa para la reactivación económica de regiones que atraviesan procesos de reconversión industrial.

En palabras de la ingeniera Borrero, la geotermia ofrece ventajas críticas para el contexto cubano: “La energía geotérmica tiene un bajo impacto ambiental en comparación con los combustibles fósiles, produce significativamente menos emisiones de dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero. A diferencia de la solar y la eólica, que dependen de las condiciones climáticas, la energía geotérmica puede generar electricidad de manera continua, lo que ayuda a mantener la estabilidad de la red eléctrica y requiere de menos espacio que muchas instalaciones de energía renovable”.

El estudio de Manchester: cuantificando el ahorro ambiental

La investigación británica evaluó tres escenarios distintos: el uso de dos pozos ya abandonados, la reconversión de un único pozo y el aprovechamiento de instalaciones en su fase final de explotación, cuando ya producen más agua que petróleo o gas. Posteriormente, estos modelos se compararon con una planta geotérmica convencional diseñada desde cero.

El análisis arrojó una diferencia abismal. Al evitar nuevas perforaciones y reutilizar infraestructuras heredadas, los sistemas reconvertidos consiguieron reducir de forma notable los daños asociados a la contaminación del aire y la salud humana. En algunos casos, los costos ambientales se redujeron más de un 80 por ciento, e incluso se llegó a hablar de cifras hasta cien veces menores que las de una planta geotérmica estándar.

Sin embargo, el estudio también identifica una barrera importante: la escala. Los proyectos analizados generan poca electricidad, por lo que el costo por unidad de energía sigue siendo elevado en comparación con la geotermia convencional o con otras renovables como la eólica o la solar. No obstante, los investigadores subrayan que esta desventaja económica debe ponderarse con el ahorro ambiental y con el valor de dar una segunda vida a un pasivo que, de otro modo, requeriría inversiones millonarias para ser sellado y mantenido.

El contexto global: una idea que gana impulso

Lo que está ocurriendo en Manchester no es un caso aislado. En todo el mundo, la reconversión de pozos abandonados en fuentes de energía geotérmica está despertando un interés creciente.

Europa ha dado un paso decisivo con el lanzamiento del proyecto TRANSGEO, cofinanciado por la Unión Europea y coordinado por el Centro Alemán de Investigación en Geociencias (GFZ). Este proyecto, que reúne a 11 socios de cinco países, investiga cómo pueden reutilizarse los miles de pozos abandonados en Europa Central para generar energía geotérmica y almacenar calor, al tiempo que apoya la transición laboral de las regiones dependientes de los hidrocarburos. El objetivo es ofrecer soluciones técnicas y económicas viables que permitan transformar el legado fósil en una oportunidad para el crecimiento sostenible.

En Estados Unidos, varios estados están impulsando iniciativas similares. En Colorado, la empresa Gradient Geothermal participa en un estudio técnico para evaluar el potencial de reconversión de pozos abandonados, con el objetivo de transformar esos pasivos ambientales en activos comunitarios. En Oklahoma, más de 20 mil pozos han sido identificados como candidatos potenciales, y se calcula que abandonarlos con métodos convencionales llevaría 235 años y costaría cientos de millones de dólares.

En India, el Instituto Indio de Tecnología de Madrás lidera un proyecto para reconvertir los pozos agotados de la compañía estatal ONGC en Ankleshwar. Con un presupuesto de 1,6 millones de dólares, se prevé la instalación de un sistema de generación de 450 kW en un plazo de dos años. El profesor Rajesh Nair, responsable del proyecto, señala que existen unos 13 mil pozos de hidrocarburos abandonados en el país que podrían evaluarse para su conversión.

Mientras tanto, en Canadá los investigadores están analizando antiguas minas para convertirlas en redes geotérmicas capaces de climatizar viviendas e industrias. En Bolivia y México también se registran investigaciones sobre la reconversión de pozos petroleros para la generación de electricidad.

Como resume acertadamente Benjamin Burke, director ejecutivo de Gradient Geothermal: “La reconversión de la infraestructura existente para la energía geotérmica puede reducir las emisiones de metano, crear empleos locales y proporcionar energía confiable y de bajas emisiones a las comunidades”.

Cuba y la energía geotérmica: una historia de investigación constante

Si el mundo mira con interés esta tecnología, Cuba no es ajena a ella. Aunque la Isla no cuenta con el mismo potencial geotérmico de alta temperatura que otras regiones del planeta —como el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde el calor subterráneo es mucho más intenso—, el país ha mantenido una línea de investigación geotérmica constante durante décadas.

La propia ingeniera Borrero confirma la existencia de estos antecedentes: “En el año 1981, se realizaron estudios en varias regiones de Cuba, por academia Checoslovaquia y Cubana, para medir el gradiente geotérmico, que es la tasa de aumento de temperatura con la profundidad; el artículo se conoce como ‘Las primeras investigaciones geotérmicas en Cuba’”.

Más allá de la recogida de datos, los investigadores cubanos también hicieron contribuciones científicas relevantes. El ingeniero geofísico Miguel Nápoles, líder indiscutible de las investigaciones geotérmicas en Cuba en el Instituto de Geofísica y Astronomía del país, fue una figura clave en este campo. Además, los estudios permitieron identificar un fenómeno singular: la curva de temperatura en forma de U que se registra en la parte superior de la mayoría de los pozos, relacionada con el calentamiento climático de los últimos 200 o 300 años. Esta observación, que confirma experimentalmente la propagación hacia abajo de las variaciones de temperatura superficial, es considerada un aporte de enorme valor científico.

El presente y el futuro: Cuba en el mapa de la geotermia

Lejos de ser una cuestión del pasado, la investigación geotérmica en Cuba sigue viva y en plena actualidad. En abril de 2025, La Habana acogió la 11ª Convención Internacional de Ciencias de la Tierra, Geociencias 2025, un evento que reunió a investigadores de todo el mundo. En el contexto de esta convención, Enrique Castellanos, director de Geología del Ministerio de Energía y Minas de Cuba, expuso los avances en mineralogía, geoquímica, petrología y, por supuesto, los estudios relacionados con el potencial geotérmico de la isla.

Durante la inauguración, Ramsés Montes, director de Política y Estrategia Energética Nacional, explicó el proyecto cubano de transición energética hacia fuentes renovables, destacando la necesidad de garantizar la suficiencia y soberanía energética del país.

Apenas unos meses después, en octubre de 2025, La Habana volvió a ser sede de un evento de relevancia internacional en este ámbito: el 76º Congreso Científico y Asamblea General de la Federación Internacional de Hidroterapia y Climatoterapia (FEMTEC). Por primera vez en la historia, esta cita se celebraba en América Latina y el Caribe. Durante el congreso, se firmaron memorandos de entendimiento entre FEMTEC y el Ministerio de Salud Pública de Cuba, y entre instituciones balnearias de Rumanía y la isla, estableciendo una hoja de ruta para la cooperación en investigación, formación profesional y desarrollo de infraestructuras termales sostenibles.

El catastro de pozos y el desafío de la información

Uno de los primeros pasos para cualquier proyecto de reconversión es conocer con precisión cuántos pozos abandonados o inactivos existen y en qué estado se encuentran. Sobre este punto, la ingeniera Borrero es clara: “Sí existe [un catastro]. En los estudios que se realizan actualmente se está empleando esa información“.

Esta existencia de un registro detallado es una buena noticia, porque significa que, en caso de decidirse a avanzar en esta dirección, el país ya cuenta con los datos básicos para comenzar a evaluar el potencial real de sus pozos.

Sin embargo, la experta aclara que, hasta el momento, “aún no se estudian” formalmente los pozos con esta finalidad, aunque reconoce que “ya ha comenzado a recibir atención por estudios realizados en otras partes del mundo”. Y añade una reflexión clave: “Frente a este desafío, la reutilización de pozos petroleros abandonados o en declive productivo se presenta como una oportunidad estratégica para reducir inversiones, aprovechar infraestructura existente y acelerar el despliegue de proyectos geotérmicos”.

Viabilidad técnica, económica y obstáculos reales

Si bien la voluntad política y el interés técnico existen, el camino hacia la geotermia en Cuba enfrenta obstáculos considerables. La ingeniera Borrero confirma que “sí se han realizado y se están llevando a cabo estudios de viabilidad técnica y económica sobre el potencial de fuentes geotérmica en Cuba”, y subraya la urgencia del asunto: “Teniendo en cuenta que Cuba produce solo un tercio de su demanda energética, la inversión en la geotermia se convierte en una opción no solo factible sino absolutamente necesaria”.

No obstante, advierte que estos estudios aún están en una fase muy temprana: “Como fase inicial ha sido identificado el potencial principalmente asociado a nuestra compleja geología, siendo considerada esta tecnología dentro del mercado de nuevas energías, aun cuando el desarrollo está en una fase muy temprana a diferencia, por ejemplo, de la energía solar fotovoltaica, que es el proyecto principal actual de nuestro Estado”.

Entre los principales escollos, la experta menciona que la actual crisis “limita la inversión estatal, teniendo en cuenta que el acceso a financiamiento internacional está bloqueado por restricciones crediticias impuestas por Estados Unidos”.

Otro obstáculo es el requerimiento de alta tecnología de exploración y explotación, donde la colaboración con otros países es crucial, “lo que debe dar al traste con las dificultades para la llegada de las inversiones y la tecnología necesarias para la implementación de esta tecnología”.

A pesar de todo, la experta se muestra esperanzada en la colaboración internacional como vía para superar estas barreras.

Capacidades nacionales y marco regulatorio

Para que la reconversión de pozos sea viable, no basta con tener la idea; se necesita personal capacitado y un marco legal que lo permita. Sobre el primer punto, la ingeniera Borrero señala que “la industria nacional ha mostrado interés en el desarrollo de la energía geotérmica como parte de su estrategia para diversificar las fuentes de energía; sin embargo, la disponibilidad de tecnología avanzada y conocimiento específico para evaluar pozos geotérmicos puede ser limitada”.

Reconoce, no obstante, que Cuba cuenta con “profesionales en geología, geofísica, hidrogeología y áreas relacionadas que pueden contribuir al estudio de recursos geotérmicos, aunque la experiencia específica en proyectos geotérmicos puede no ser tan extensa como en países con una larga trayectoria en este campo”.

Por eso, insiste en la importancia de las alianzas internacionales: “Actualmente se han buscado soluciones de colaboración con otros países y organizaciones internacionales para desarrollar capacidades en energías renovables, incluida la geotermia. Estas colaboraciones pueden ayudar a transferir tecnología y conocimiento”.

En cuanto al marco legal, la experta considera que existe una base sobre la que construir: “Cuba cuenta con un marco legal, como es el caso del decreto ley No. 345 : sobre el desarrollo de las fuentes renovables y el uso eficiente de la energía, también los Informes de la Agencia Internacional de Energía (IEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que regula la explotación de recursos naturales, incluyendo el petróleo y los minerales. Este marco puede proporcionar una base para la regulación de proyectos geotérmicos, aunque podría necesitar ajustes específicos”.

Además, añade que “se han establecido políticas para promover el uso de energías renovables, lo que incluye incentivos para proyectos que utilicen fuentes como la solar, eólica y geotérmica. Estas políticas pueden facilitar la adaptación de regulaciones existentes para incluir proyectos de reconversión de pozos”.

Y cierra con una nota de prudencia ambiental: “Incluso cualquier proyecto que implique la modificación de pozos debe cumplir con normativas ambientales que protejan los recursos hídricos y el medio ambiente. Esto incluye evaluaciones de impacto ambiental y cumplimiento de estándares”.

Desafíos y oportunidades para la geotermia en Cuba

Por supuesto, no faltan los desafíos. El principal es de naturaleza económica y técnica. La reconversión de pozos requiere inversiones iniciales que, aunque menores que las de una perforación nueva, siguen siendo significativas.

Además, es necesario desarrollar la ingeniería de detalle adaptada a las condiciones específicas del subsuelo cubano, que no es idéntico al de Europa o Norteamérica. También hacen falta estudios de prefactibilidad más específicos que determinen con precisión cuántos pozos abandonados en la Isla serían viables para este tipo de aprovechamiento.

Aún así, las perspectivas son alentadoras. A diferencia de otras energías renovables que sufren las variaciones del clima, la geotermia ofrece una base firme y constante sobre la cual construir.

Como bien sintetiza la ingeniera Borrero al hablar de la contribución de esta tecnología al objetivo del 24 por ciento de renovables para 2030: “Considerando los estudios preliminares que se han desarrollado hasta la actualidad, Cuba presenta un por ciento para desarrollar la energía geotérmica, las cuales cuentan con varias áreas con actividad geotérmica. Estas áreas podrían ser exploradas para identificar recursos geotérmicos que sean viables para la producción de energía. Teniendo en cuenta que Cuba enfrenta desafíos en el desarrollo de su matriz energética, el potencial geotérmico puede ser una parte importante de su estrategia para alcanzar el objetivo de fuentes renovables para 2030, aunque sea a pequeña escala, siempre que se realicen las inversiones y estudios necesarios. También la colaboración con países con experiencia en geotermia podría facilitar este proceso”.

Un camino por recorrer

El estudio de la Universidad de Manchester ha puesto sobre la mesa una evidencia ineludible: reutilizar lo que ya existe es, con frecuencia, más inteligente que construir desde cero. Los pozos de petróleo y gas abandonados, esos agujeros negros en el paisaje industrial que durante años han sido una fuente de preocupación ambiental, pueden convertirse en aliados de la transición energética.

El camino es largo y los desafíos técnicos y económicos no son menores. Pero si algo demuestra la historia de la energía es que las grandes transformaciones no nacen de grandes descubrimientos, sino de la capacidad de mirar con nuevos ojos lo que ya tenemos delante. Y a nuestros pies, literalmente bajo tierra, espera un calor silencioso, constante y gratuito. Solo hace falta saber cómo aprovecharlo.

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