La ceremonia de entrega de los Premios de la Academia de Ciencias de Cuba 2025 reunió en el Hospital Docente Ortopédico Fructuoso Rodríguez a investigadores, académicos y representantes de instituciones científicas de varias provincias del país.
Los Premios de la Academia de Ciencias de Cuba no distinguen únicamente una investigación exitosa. Representan la culminación de un proceso científico que comienza mucho antes de que aparezcan los resultados. Cada proyecto laureado es el desenlace de años de trabajo en laboratorios, hospitales, universidades y centros de investigación; de la formación de nuevos investigadores; de publicaciones en revistas de alto impacto; de patentes, colaboraciones internacionales y, sobre todo, de soluciones concretas a problemas del país.
Son la expresión de una ciencia plural, objetiva y de capacidad transformadora. Una ciencia que dialoga con la economía, acompaña las políticas públicas, impulsa la innovación y busca mejorar la calidad de vida de la población. Una ciencia que no se limita a generar conocimientos, sino que encuentra su verdadera dimensión cuando logra impactar los diferentes sectores de la vida nacional.
Esa visión volvió a hacerse evidente durante la entrega de los Premios de la Academia de Ciencias de Cuba correspondientes a la convocatoria de 2025. El Hospital Docente Ortopédico Fructuoso Rodríguez acogió la ceremonia que reunió a una representación de los autores principales de los resultados científicos más relevantes de La Habana, Mayabeque, Pinar del Río y el municipio especial Isla de la Juventud, seleccionados tras un proceso de evaluación que distingue la excelencia científica y el impacto económico y social de las investigaciones.
En esta edición fueron laureados 104 resultados científicos, distribuidos entre las áreas de Ciencias Agrarias y de la Pesca (8), Ciencias Técnicas (7), Ciencias Naturales y Exactas (16), Ciencias Biomédicas (40) y Ciencias Sociales y Humanísticas (33).
Más allá de las cifras, la diversidad de los trabajos premiados confirma que la ciencia cubana continúa aportando respuestas a desafíos tan diversos como el tratamiento del cáncer, la adaptación al cambio climático, la innovación tecnológica, la salud pública o la formación de profesionales.
La elección del Hospital Docente Ortopédico Fructuoso Rodríguez como sede de la ceremonia tampoco fue casual. La institución mantiene un estrecho vínculo con la Academia de Ciencias de Cuba como entidad auspiciadora y constituye uno de los principales escenarios para la formación doctoral en Ciencias Biomédicas. Su director, el doctor Roberto Balmaceda Manén, es miembro titular de la Academia de Ciencias de Cuba y ha sido distinguido en múltiples ocasiones por los resultados de sus investigaciones, una trayectoria que ha contribuido a consolidar al hospital como referente nacional en investigación e innovación.

Como explica la doctora Thais Lok Ramos, subdirectora del centro, el hospital es sede del programa de doctorado en Ciencias Biomédicas y desarrolla proyectos con un elevado impacto científico y asistencial, entre ellos investigaciones sobre prótesis parciales de cadera y fijadores externos que también han sido reconocidas por la Academia.
Ese tránsito desde la investigación hasta la aplicación práctica quedó reflejado en varios de los resultados distinguidos. El Centro de Inmunología Molecular (CIM), por ejemplo, recibió cuatro premios que sintetizan décadas de trabajo en el desarrollo de inmunoterapias y productos biotecnológicos. Uno de ellos reconoce el proceso productivo que permitió obtener el antígeno utilizado en la vacuna Soberana contra la COVID-19; otro distingue la evidencia científica que respaldó el registro sanitario definitivo de la vacuna terapéutica cubana contra el cáncer de pulmón. Los restantes resultados corresponden a una novedosa variante de citocina que concluyó con éxito la fase I de investigación clínica y a un inmunomodulador derivado de Neisseria meningitidis, cuyo estudio ha permitido comprender mejor la respuesta del sistema inmunológico.

Para Kalet León Monzón, director adjunto de Investigaciones del CIM, esos reconocimientos reflejan la vocación científica que ha caracterizado al centro desde su creación. La institución apuesta por investigaciones capaces de competir en el contexto internacional y presentar a la Academia resultados consolidados, con suficiente evidencia científica y publicaciones que respalden su impacto.
La presencia de jóvenes investigadores entre los premiados demuestra, además, que el relevo científico continúa fortaleciéndose. Joan Nieves Cuadrado, del Instituto de Cibernética, Matemática y Física (ICIMAF), participó en una investigación basada en el análisis de datos de expresión genética para identificar biomarcadores que permitan desarrollar métodos de diagnóstico más económicos y nuevas terapias capaces de actuar sobre distintos tipos de cáncer.

El Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Ameijeiras también figuró entre las instituciones reconocidas, con investigaciones que abarcan desde las nuevas fronteras de la medicina personalizada hasta la producción de conocimiento para la formación de profesionales.

La doctora Gissel García Menéndez encabezó dos estudios centrados en el microbioma intestinal, un campo que gana cada vez mayor relevancia en la comprensión de enfermedades complejas. Una de las investigaciones caracterizó las alteraciones de la microbiota presentes en pacientes con cáncer de colon, mientras la otra demostró que un tratamiento basado en simbióticos —la combinación de bacterias beneficiosas y prebióticos— logra restablecer el equilibrio microbiano en personas con diabetes y mejorar su respuesta a los tratamientos.
“Estas investigaciones constituyen una nueva línea de desarrollo”, explicó la investigadora, quien destacó que el propósito es avanzar hacia una medicina personalizada a partir de la modulación de los equilibrios microbianos. También subrayó que ambos resultados fueron posibles gracias a la colaboración científica internacional.
El reconocimiento al Ameijeiras también llegó desde la producción científica destinada a la docencia. El libro Problematización de la asistencia médica clínico-quirúrgica, resultado de una experiencia colectiva encabezada por los doctores Fidel Emilio y Caridad Chao Pereira, integra la visión de múltiples especialidades, desde la medicina clínica y la enfermería hasta la psicología, para abordar el diagnóstico y tratamiento de diferentes enfermedades.
La obra, utilizada como bibliografía de referencia en programas de posgrado dentro y fuera de Cuba, recoge además una década de investigaciones desarrolladas en la institución. “Es una experiencia colectiva donde hay varios autores” y “una referencia bibliográfica obligada para todas las investigaciones que se han hecho”, destacó Chao Pereira, quien considera que el volumen resume el conocimiento acumulado por el hospital y lo pone al servicio de las nuevas generaciones de profesionales.

La arquitecta Dayra Gelabert, junto con la doctora Dania González Couret y estudiantes de la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría (CUJAE), desarrolló una investigación dedicada a la adaptación de las ciudades al cambio climático. El estudio analiza cómo el incremento de la temperatura media anual y el fenómeno de las islas de calor intensifican la sensación térmica en los entornos urbanos y propone soluciones para mitigar esos efectos.
Como parte del proyecto, el equipo trabajó junto a gobiernos municipales en una manzana piloto de La Habana Vieja para identificar puntos críticos y diseñar medidas que puedan incorporarse a la planificación urbana, demostrando el papel de la ciencia en la construcción de ciudades más resilientes.
Los 104 resultados reconocidos en la convocatoria de 2025 confirman la amplitud del sistema científico cubano. Detrás de cada premio hay instituciones que colaboran, equipos multidisciplinarios y años de trabajo sostenido para convertir preguntas de investigación en soluciones concretas. Desde la biotecnología y la medicina hasta la arquitectura, las ciencias sociales y el desarrollo tecnológico, los proyectos distinguidos evidencian que la investigación continúa siendo una herramienta estratégica para responder a los principales desafíos del país y generar conocimientos con impacto económico y social.
