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Precursores (29): en reclamar los derechos de la mujer en Latinoamérica

Arnaldo González Arias
22 julio 2026 | 0 |

En un artículo anterior se reseñaron las primeras mujeres que lucharon por sus derechos de género en todo el mundo (ver artículo). Sin embargo, en Latinoamérica la conquista europea primero, las posteriores guerras de independencia, y también los enfrentamientos políticos siguientes, causaron un retraso en la aparición de las luchas por la igualdad de la mujer. De aquí que parece justo y oportuno dedicar, aunque sea un breve espacio, a recordar cuáles fueron las primeras féminas que hicieron historia en la lucha por los derechos de la mujer en esta parte del mundo.

La primera que aparece con resultados destacados es Juana Manso en Argentina, a mediados de 1850. No mucho después, a principios del siglo XX, surgieron en Uruguay Paulina Luisi y María Collazo.

Sin embargo, es necesario mencionar que, al parecer, quien primero abogó a favor de los derechos de las mujeres en Uruguay no fue una mujer, sino el canónigo Martín Piñeiro alrededor de 1855, como se verá más adelante.

Juana Manso

Juana Paula Manso de Noronha nació en Buenos Aires en 1819 en un hogar de clase media. Su padre era un ingeniero y agrimensor andaluz que llegó a Argentina en 1789 y se casó con una argentina de ascendencia hispánica. El matrimonio tuvo dos hijas; Juana Paula e Isabel.

De niña, Juana asistió a la Escuela Moserrat y en 1827 tomó clases de piano y asistió a una academia de música; después inició estudios de francés, y prosiguió sus estudios mayormente en forma autodidacta.

Su vida se desarrolló en la época de las guerras por la independencia en el Virreinato del Río de La Plata y las posteriores guerras civiles, las cuales disputaban la manera de conformar el país una vez independizado de la corona española.

La participación de su padre en las contiendas políticas obligó a la familia a emigrar a Montevideo alrededor de 1834 o 1839 (hay disputas acerca de la fecha). Entre 1839 y 1841 su vivienda en Buenos Aires fue confiscada y vendida en subasta pública.

Por esa fecha Juana comenzó a dar clases particulares en su casa en Uruguay, pero la familia tuvo que partir de nuevo, también por razones políticas, esta vez a Rio de Janeiro. Allí Juana impartió clases de castellano y francés. Para finales de 1843 la familia regresó a Montevideo, donde un año después Juana ocupó el cargo de directora de una escuela para niñas; en esa época escribió su ‘Manual para la Educación de las Niñas’.

En 1845 la familia viajó nuevamente a Rio de Janeiro, donde Juana conoció a un compositor brasileño con el que se casó. Viajó a los EE.UU. y después a Cuba. El matrimonio tuvo dos hijas pero, tras la muerte de su padre, Juana se separó del esposo y regresó a su país.

Durante todo este tiempo escribió libretos dramáticos-musicales junto a su esposo, dramas, novelas, diversos ensayos, y artículos sobre la emancipación de las mujeres. Fundó O Jornal das Senhoras y además actuó como actriz profesional en diversas representaciones. En 1856 se reconcilió con su esposo.

Llegado 1859 pasó a ser directora de la primera Escuela Mixta Nº 1. En esa época cofundó las revistas La Flor del Aire, y en 1864 La Siempre Viva. En 1865 dirigió los Anales de la Educación Común, donde publicó numerosos artículos en los que exponía y defendía sus propuestas educativas, que habían sido muy cuestionadas con anterioridad.

Como expuso en sus primeros artículos sobre el tema educativo, Manso consideraba que la educación era clave en la emancipación de la mujer. Promovía la escolarización en general y abogaba por una educación popular, gratuita, metódica, mixta, científica y abierta a todas las clases sociales. Consideraba la co-educación como una modalidad que partía del reconocimiento de la igualdad entre hombres y mujeres. Citamos:

‘Quiero probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo o un defecto, un crimen o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica. La sociedad es el hombre: él solo ha escrito las leyes de los pueblos, sus códigos; por consiguiente, ha reservado toda la supremacía para sí; el círculo que traza en derredor de la mujer es estrecho inultrapasable, lo que en ella clasifica de crimen, en él lo atribuye a la debilidad humana; de manera que, aislada la mujer en medio de su propia familia, de aquella de que Dios la hizo parte integrante, segregada de todas las cuestiones vitales de la humanidad por considerarse la fracción más débil, son con todo obligadas a ser ellas las fuertes y ellos en punto a tentaciones, son la fragilidad individualizada en el hombre’.

Juana fue la primera mujer inspectora del Consejo de Instrucción Pública del gobierno de Sarmiento en 1869; este último se destacó tanto en su labor a favor de la educación pública como en su contribución al progreso científico y cultural de su país.

Falleció a los 56 años y fue enterrada en el Cementerio Inglés de Disidentes por pertenecer a la Iglesia Anglicana. Una contemporánea dijo de ella en sus honras fúnebres: “Juana Manso gloria de la educación. Sin ella, nosotras seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer. Ella es, sin duda, una mujer’”.

Martín Piñeiro

Según relata la escritora e investigadora uruguaya Virginia Cánova, existen documentos que revelan que el canónigo Martín Piñeiro publicó algunos artículos en Uruguay defendiendo los “derechos naturales” de la mujer, en 1855. La idea central de sus escritos era que las mujeres poseen derechos que le son dados por la naturaleza, pero cuyo ejercicio les es impedido por los hombres. Argumentaba que la mujer, además de un cuerpo material, también poseía un alma, así como facultades intelectuales que debían ser desarrolladas, y que era un deber de la educación proveer a las mujeres de las herramientas para desarrollarse como ‘ser racional’. Calificaba lo contrario como ‘crimen de lesa-racionalidad’.

 Citamos en el castellano original de la época:

‘La muger, como el hombre, es la imagen de Dios; es como el hombre, dotada de una
alma espiritual y de un cuerpo material; tiene como el hombre, facultades intelectuales que desarrollar, razón que enriquecer, pasiones que dirijir, conciencia que ilustrar y despreocupar, deseos que satisfacer y una verdad que encontrar. Todo esto en la mujer como en el hombre, es una necesidad!…es un deber de la educación
proveer á la muger de lo preciso para atender á esas mismas necesidades como ser
racional.’

Piñeiro no solo teorizaba; también denunció algunas prácticas retrógradas de la época. Por ejemplo, opinaba que los hombres habían ‘hecho enmudecer’ a las mujeres en lo espiritual, coartando su libre expresión a la par que en lo material acaparaban sus riquezas, incluso cuando ellas tenían un patrimonio propio por herencia.

Paulina Luisi

Nacida en Argentina en 1875, hija de emigrantes, pasó a vivir a Uruguay con su familia en 1878; se instalaron de forma definitiva en Montevideo, en 1887. Su padre, Ángel Luisi Pisano, había sido legionario del movimiento de Garibaldi, uno de los principales líderes y artífices de la unificación de Italia, quien también tiene bastante historia en Latinoamérica, en particular en Uruguay. El matrimonio tuvo varias hijas, y al menos cuatro de ellas se destacaron en diferentes ámbitos.

Paulinafue la primera mujer en estudiar en la facultad de medicina; se graduó como ginecóloga en 1908 y se especializó en Dermatología y Enfermedades Venéreas en París; también se destacó por su activismo a favor de la mujer.

Inés fue una médica-cirujana uruguaya que llegó a ser la primera mujer que integró un tribunal examinador en la Facultad de Medicina. Clotilde fue la primera mujer abogada de la República Oriental del Uruguay en 1911, y Luisa fue pedagoga, poeta, y crítica literaria.

La figura anterior muestra el mapa incluido en una de las publicaciones Paulina de 1929, donde detalla la situación del derecho a voto femenino en distintos países del mundo.

A partir de 1908 Paulina se dedicó al activismo femenino. Decidida sufragista, abogó por incluir la educación sexual en las escuelas y luchó contra la trata de mujeres, el proxenetismo y la prostitución, considerando estas actividades un comercio sobre el cuerpo de la mujer.

En 1916 fundó el Consejo Nacional de Mujeres y en 1919 la Alianza de Mujeres. Entre 1910 y 1928 participó en no menos de 9 congresos en Buenos Aires, Montevideo, Ginebra, Oslo, Roma y Panamá.

Representó al Gobierno uruguayo en la Sociedad de Naciones, antecedente de la ONU, sobre temas de la mujer y la niñez, y formó parte de su comisión de expertos y participó o dirigió diversas organizaciones internacionales feministas.

En la actualidad llevan su nombre una sala en el Centro Hospitalario Pereira Rossell, una ONG que trabaja por los derechos de las mujeres y los niños, una sala en el Palacio Legislativo del Parlamento uruguayo y diversas calles en Montevideo, Río Branco y Colonia del Sacramento.

María Collazo

Hija de inmigrantes gallegos con una familia de 8 hermanos, nació en Montevideo en 1884. Se casó en 1902 y tuvo 4 hijos. La familia se instaló en Buenos Aires, pero María quedó viuda en 1908.

En 1907 organizó, junto a otras activistas, el Centro Femenino Anarquista, primera organización libertaria de Argentina conformada por mujeres.

A causa de su activa participación en un movimiento de protesta contra la subida de alquileres en Buenos Aires y otras ciudades de Argentina, el gobierno argentino deportó a inmigrantes sindicalistas, por lo que tuvo que volver a Uruguay junto con su familia. En 1921 fundó la Unión Sindical Uruguaya. Fue cofundadora, de ‘La Nueva Senda’, periódico anarco-feminista, desde donde se reivindicó las condiciones del trabajo obrero de las mujeres.

En 1911 impulsó y fundó en Uruguay junto a otras cincuenta mujeres, el centro femenino ‘Emancipación’. Entre sus objetivos, perseguía ‘la emancipación de la mujer, la conquista de los derechos que legítimamente le corresponden.’ Promovía la sindicalización de las mujeres trabajadoras y respaldó a la Sociedad de Resistencia de Obreras Alpargateras, a la Sociedad de Obreras Aparadoras y ayudó a la formación de la Sociedad de Costureras y Anexos.

El centro también fue activo en la lucha por la separación de la Iglesia y el Estado.

Desde 1915, y por algunos años, fue directora del periódico anarquista ‘La Batalla’, el cual tenía por uno de sus objetivos ‘bregar por los intereses de los trabajadores y del pueblo en general’. En el periódico se exponían las duras condiciones de trabajo de los obreros, los diversos abusos y maltratos a que se veían sometidos, y también se denunciaba el accionar salvaje del aparato represivo contra las diversas luchas obreras.

Aunque no se mencionan reconocimientos específicos con su nombre, su figura se homenajea con frecuencia en actos y publicaciones donde se destacan a las uruguayas pioneras en la política y el periodismo. Su activismo y sus escritos la convierten en una figura clave en la recuperación de la memoria histórica de las luchas obreras y feministas, y fue reconocida como una de las “Pioneras del Bicentenario” por la Intendencia de Montevideo. María Collazo falleció en esta capital en 1942.


Bibliografía

Vida de Juana Manso: biografía y trayectoria completa, https://juanamanso.org/vida-de-juana-manso/

María Collazo (Vida y obra) | SOBRE LA ANARQUÍA Y OTROS TEMAS (VIDA, OBRA Y BIOGRAFIAS DE ACTIVISTAS, LUCHADORAS Y LUCHADORES ANARQUISTAS) HASTA EL AÑO 1899, https://jjmlsm.wordpress.com/2019/04/19/maria-collazo-vida-y-obra/

 Paulina Luisi – Wikipedia, la enciclopedia libre, https://es.wikipedia.org/wiki/Paulina_Luisi

La narrativa uruguaya olvidada del s. XIX. Virginia Cànova. Deslindes 4y5, https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/30656

Inés Luisi – Wikipedia, la enciclopedia libre,https://es.wikipedia.org/wiki/In%C3%A9s_Luisi Las hermanas Luisi, primeras universitarias uruguayas y pioneras del feminismo, https://www.harta.uy/hemanas-luisi/

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