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Armando Rodríguez Batista: “Los mejores caminos posibles para la Cuba que soñamos”

Redacción JT
06 agosto 2026 | 0 |

Por Dr. C. Armando Rodríguez Batista, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (tomado de su perfil en redes sociales con su autorización)


Desde que comencé a estudiar Radioquímica en el entonces Instituto Superior de Ciencia y Tecnología Nucleares (ISCTN), perteneciente hoy a la Universidad de La Habana, empezó a formar parte de mi vida la sigla Citma: ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Siendo aún estudiante, la doctora Rosa Elena Simeón, su ministra fundadora, a la que aprendí a respetar y admirar, me involucró, junto a otro estudiante y compañero de mi propia carrera, en debates y espacios con científicos y expertos del Citma, radicado por ese entonces en el Capitolio Nacional de Cuba.

En los pasillos de ese emblemático edificio di mis primeros pasos laborales como reserva científica vinculado a centros nucleares. Toda mi vida profesional ha sido en el Citma y he tenido el privilegio de trabajar con todos los ministros y otros valiosos compañeros que han formado parte del ministerio en cada una de sus etapas. Con esto solo intento expresar, que mi relación con el Citma es semejante a la que se tiene con un ser vivo, con un familiar, alguien a quien se quiere más allá incluso de sus virtudes y defectos. Mi cariño, sentido de pertenencia e identificación con los resultados, desafíos e insuficiencias de este ministerio, no derivan de mi actual responsabilidad, ni cesarán con ella.

Puedo entender plenamente el espíritu que ha animado a muchos de los compañeros que por estos días han dedicado publicaciones o comentarios a expresar sus preocupaciones con el cese de la actual configuración del Citma. Hay ideas en esas publicaciones que puedo o no compartir, términos que pueden ser, desde mi apreciación, los más adecuados o no; pero sinceramente creo en el debate, en la aportación de ideas, en los análisis desde el método científico, y creo en la honestidad y en el sentido de compromiso con Cuba de los que se han sumado a esas reflexiones. Esa es la primera y principal idea que quisiera expresar en estas líneas que esbozo, consciente de que es un deber hacerlo desde mi responsabilidad actual en un gobierno que tiene entre sus pilares la gestión basada en la ciencia e innovación y la comunicación social.

Compartí la decisión del Consejo de Ministros sobre la necesidad que tiene Cuba hoy de disponer de instituciones públicas más compactas, que generen menos gastos y trámites burocráticos, con una mayor capacidad de actuación rápida, centradas en la formulación, concertación y control del cumplimiento de las políticas públicas y no en la administración de los procesos, a la par que se dan los pasos para un empoderamiento real de nuestros municipios y un mejor desempeño del sector empresarial en cada uno de los sectores.

Se ha discutido mucho si este es el momento adecuado para transformaciones de este carácter y todos sabemos que vivimos en circunstancias nada favorables para pensar y proyectar el futuro; pero, por otro lado, la propia vida, a veces dramática, se ocupa de transformar en la práctica mucho de lo diseñado para condiciones normales y no espera por mejores momentos. Por eso nos toca actuar ahora, adecuar nuestras instituciones al momento que vivimos y sumarlas de la mejor manera a la batalla por superarlo, por crear mejores condiciones de vida para nuestra gente que hoy se sumerge en cortes eléctricos prolongados, carencias de agua y de necesidades básicas para la vida cotidiana. Ello le confiere todavía más responsabilidad al ejercicio, pues buscamos los mejores ministerios posibles, los que tengan la mayor capacidad de transformar la realidad.

¿Cuál debiera ser la más adecuada manera, el mejor modelo institucional para formular políticas sobre ciencia y controlar su cumplimiento? Ese quizás fue el tema más debatido. Y ello involucra a toda la sociedad, pues en Cuba tenemos más de 250 instituciones que realizan ciencia e innovación en diversas formas organizativas, desde un centro de investigación, una universidad, un parque científico-tecnológico, una empresa de alta tecnología o una pequeña empresa, público o privada, que base su desempeño en la innovación. Y ellas pertenecen a distintos sectores. Hace unos días la Academia de Ciencias de Cuba entregó los premios a los resultados científicos más relevantes en el 2025, y la institución que más premios recibió, con 14, fue el Instituto de Medicina Tropical (IPK) Pedro Kourí, perteneciente al ministerio de Salud Pública.

La Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación que aprobó en diciembre nuestra Asamblea, después de un año de debates y construcción colectiva, dejó claro que en Cuba no hay actor menor para el sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, desde el investigador, el profesor, el estudiante, el empresario, el guajiro… y así tendrá que ser en el futuro porque nuestra ciencia es patrimonio de todos, cualquiera que sea el ministerio encargado de esa temática. Eso no cambiará.

También se ha reflexionado mucho sobre el nuevo ministerio de Medio Ambiente, Hábitat y Recursos Hidráulicos; y es comprensible que eso ocurra. Cuba en las peores circunstancias ha sabido formular y hacer cumplir una coherente política ambiental que es referente internacional, y cuyos mayores valores han sido la voluntad política y la ciencia que la sustentan. Atesoramos mucho talento y preparación en los especialistas y funcionarios dedicados a ese propósito en instituciones dentro y fuera del Citma y sobre todo, dicha grande, en las provincias y municipios, en los lugares más recónditos del archipiélago, en instituciones del Estado y en nuestra sociedad civil.

El país fue capaz de construir un modelo en el que el conocimiento científico fuera la base de la gestión ambiental, y por ello en no pocos casos ambas funciones se ejecutan desde las mismas instituciones. Un tejido, con aciertos y desaciertos, como toda obra humana, pero con el que hemos logrado importantes resultados, y en el que se basan legítimas aspiraciones y capacidades para acceder a financiamientos climáticos y ambientales internacionales. Como en la ciencia, el medio ambiente y el uso sostenible de los recursos naturales tampoco es jurisdicción de un solo ministerio, es algo que involucra a toda la sociedad. Es también una mayúscula responsabilidad conducir el medio ambiente desde el ministerio más pertinente para las circunstancias actuales.

Se habla mucho menos, pero no podemos olvidar las demás funciones sustantivas que el Citma ha incorporado a su gestión por indicaciones de Gobierno a lo largo de los años: la gestión documental y los archivos -parte imprescindible de la memoria histórica de la nación- la propiedad industrial, la normalización, la metrología y la calidad. Si bien es cierto que no eran responsabilidades fundacionales del ministerio, en el cumplimiento de estos encargos, nuestros trabajadores fueron ganando conciencia sobre la importancia de cada una de ellas, de modo que se han integrado armónicamente en nuestra organización y son actividades que deben contar con todo el respaldo en las nuevas estructuras que se creen.

Hay otra cualidad que le confiere aún mayor responsabilidad a lo que estamos haciendo. El propio Citma, pero mucho más que eso, el desarrollo de la ciencia y la ejecutoria ambiental de la nación cubana, son consecuencias del pensamiento, la voluntad y el seguimiento permanente de Fidel. Eso nos compromete más. Si se pudo lograr tanto también en momentos muy difíciles, no podemos hacer menos ahora, justo en su Centenario. A ello se suma la decisión de ubicar a la ciencia en el centro de la gestión del actual Gobierno, política impulsada por el Presidente, cuya implementación también requiere de instituciones sólidas, con capacidad de liderar las transformaciones que necesitamos.

Un aprendizaje que quiero compartir, es que el éxito de lo que hagamos pasará por promover la mejor gobernanza posible de la ciencia y del medio ambiente, con la mayor y mejor participación de nuestra gente en cada lugar de Cuba.

No hay que debatir quién produce más o menos ciencia, salvo que hablemos de cómo integrarnos más para quien haga más y mejor sea Cuba. Fidel hizo el Polo de la biotecnología, hizo la universidad, el Citma, el Forum, hizo el Frente de Proyectos… ¡hizo Cuba! Tuvo muchos hijos en la ciencia y por la ciencia que hoy solo la unidad entre nosotros puede salvar, con ese espíritu construimos nuestra Ley General de Ciencias.

Se hace largo este texto, pero quiero compartir tres ideas para el camino futuro:

1-Sigamos impulsando un Sistema de Ciencia e Innovación inclusivo, transparente, donde no hay actores menores, donde el potencial humano es primero de Cuba, antes que de las instituciones.

2-Sintamos orgullo de nuestra política ambiental cuyas raíces se han nutrido de la investigación científica.

3-Hagamos un monumento cotidiano a este nuestro pueblo, de ciencia y pensamiento, y a nuestras instituciones científicas y protejámoslas en la adversidad. Sintamos también insatisfacción de todo lo que hagamos, para hacerlo mejor.

Y como les comenté al principio que en los pasillos del Citma comencé mi vida laboral, les confieso que he sentido orgullo de identificar en el sustrato de muchas de las opiniones expresadas en estos días, un sentido de pertenencia por este ministerio, que ha sido una de las maneras en que tantas valiosas personas han contribuido por más de 30 años al mejor desempeño del país en ciencia y medio ambiente. Ese legado será muy útil en las nuevas organizaciones que continuarán esa historia. A todos esos protagonistas del pasado, del presente e incluso del futuro, también nos debemos en la búsqueda de los mejores caminos posibles para la Cuba que soñamos.

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