Por MSc. Jorge Gómez Torres, Experto en Gestión de ciencia, tecnología e innovación
Algunos amigos me habían pedido expresar mi opinión en un artículo, pero había preferido escuchar a otros compañeros. Solo he realizado algunos comentarios en ocasiones, pero el alcance del debate me ha motivado a exponer algunas ideas, algo que me posibilita la revista Juventud Técnica
He tenido el privilegio de haberme formado como profesional de la ciencia en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), donde transité desde aspirante a investigador, Jefe de proyectos hasta ocupar cargos de dirección y obtener un Premio Nacional de Innovación Tecnológica.
Digo un privilegio, porque considero el sistema de ciencia tecnología e innovación de las FAR el mejor y más robusto del país, donde el Estado define prioridades, financia, gestiona, organiza, planifica, evalúa y controla la ejecución, para lo cual integra como un todo, a las universidades (todas, no solo las militares), los centros de investigación y de servicios, las industrias y todo el potencial necesario para cumplir los objetivos.
Esto no ha sido posible solo porque estén la ciencia y la educación integradas en un mismo ministerio; al contrario, ha sido posible porque ese ministerio ha funcionado como debiera funcionar el gobierno para con la ciencia en los demás sectores, integrando a todos los actores, no solo a los que hacen ciencia, sino también planificación, finanzas, importaciones hasta las industrias que deben introducir los resultados, todo eso coordinado por una secretaria de subordinación directa con funciones muy bien definidas.
Luego fui directivo en el Centro de Neurociencias (Cneuro) y posteriormente trabajé como docente en el Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas (Instec). Finalmente, ocupé el cargo de Director de Programas y Proyectos Estratégicos en el CITMA, donde fui partícipe de la elaboración de las políticas y normas jurídicas para perfeccionar el sistema de ciencia tecnología e innovación del país, incluyendo la recién aprobada Ley General de ciencia tecnología e innovación. Actualmente sigo vinculado a la actividad de ciencia como especialista principal de gestión de procesos de I+D en el Centro de Inmunología Molecular.
Por tanto, aunque este debate me resulta incómodo, esa larga trayectoria en la actividad científica me ha permitido apreciar las generalidades y particularidades de la ciencia en cada sector y campo del saber.
Parecería algo trivial, pero no lo es, en eso radica la esencia o el espíritu del CITMA, organismo que en sus años de labor ha comprendido la importancia de todas las ciencias, ejerciendo un malabarismo para mantener un equilibrio donde las normas sean representativas de esa pluralidad. Gracias a eso cobija y protege numerosos centros de investigación, y ha ganado un reconocido poder de convocatoria para integrar los esfuerzos de todos los organismos en tareas de estado, en la divulgación de la ciencia y en la educación de la población en especial de los niños. Este importante equilibrio se rompería con su integración a la educación o cualquier otra cosa.
Leo y releo los criterios de los expertos que han escrito y me sorprende el desconocimiento sobre el alcance del CITMA; he podido apreciar simplificación de un tema tan complejo que va más allá de la investigación científica. Las funciones del CITMA son poco conocidas por la mayoría de los que opinan y el papel rector que ejerce es imprescindible para mantener ese equilibrio y transversalidad en la gestión de la actividad, en un país llamado a convertir la ciencia en motor del desarrollo.
El problema no es el CITMA o el MES, es el modelo de gobernanza de la ciencia en Cuba
Decimos que la ciencia es importante pero ¿realmente lo es?
Pongámonos en contexto. Me voy a centrar en algunos elementos básicos. ¿Por qué no se cambia el sistema de planificación, en particular de la actividad de ciencia? Cuando todo el mundo sabe que es un ejercicio estéril. ¿Cuando se le asignarán recursos en divisas a la actividad de ciencia? Sin divisas no hay ciencia posible.
¿Por qué no poner compensaciones en el pago de impuestos en correspondencia con los aportes en divisas del sector empresarial? ¿Cuántas de las miles de tesis doctorales y publicaciones científicas han tenido un impacto real en la economía del país? Y todavía hay quien se vanagloria de que hace más ciencia que nadie. ¿Ciencia para qué?
¿Cuántas tesis doctorales son de especialidades técnicas? Revisen las estadísticas de la ONEI y la OCPI para que vean por donde andamos, ni hablar en materia de patentes.
¿Por qué nuestros jóvenes persiguen las becas en el extranjero y la fluctuación laboral es tan alta, sean de un ministerio u otro? ¿Por qué a pesar de crear nuevas formas de gestión de la ciencia, el impacto real en la producción no se ve, salvo excepciones? ¿Cuál es el impacto de tantos convenios y proyectos internacionales? ¿No será que estamos trabajando para otros fines y/o con otros fines?
Ni hablar de los aportes de las agencias extranjeras que radican en Cuba cuyos proyectos van dirigidos en lo fundamental a problemas sociales y de medio ambiente o a empoderar emprendedores, muy pocos al desarrollo de la industria.
Además de estos elementos pudiera mencionar otros de carácter subjetivo, en otro momento. Seguimos sin gobernar con ciencia.
