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Inclusión que transforma: herramientas para una participación sin barreras

Rosmery Pineda Mirabal
17 septiembre 2026 | 0 |

Fotos: Christian Suárez Castro


En un proyecto agrícola, ¿quiénes tienen realmente la posibilidad de participar? ¿Qué ocurre cuando una persona con discapacidad intenta acceder a una capacitación, incorporarse a una actividad productiva o asumir responsabilidades dentro de su comunidad? Las respuestas no siempre están en las limitaciones individuales, sino en las barreras que persisten en los espacios, las instituciones y las propias formas de organizar el trabajo.

Estas interrogantes atravesaron el taller “Fortaleciendo capacidades de las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) para una programación inclusiva con enfoque interseccional”, convocado por la organización internacional Humanity & Inclusion (HI) Cuba, que concluyó este jueves en La Habana.

El encuentro reunió a representantes de organizaciones vinculadas al proyecto “Sembrando Inclusión: sistemas alimentarios comunitarios y resilientes”, entre ellas la Asociación de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF), la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) y el Centro Félix Varela, junto a integrantes de Organizaciones de Personas con Discapacidad (OPD), como la Asociación Nacional del Ciego (ANCI) y la Asociación Cubana de Personas con Discapacidad Intelectual (ACPDI).

El propósito inmediato del taller es potenciar el avance en la hoja de ruta del proyecto, aseguró su coordinadora Sonia Álvarez Pineda, quien explica que estos ejercicios de capacitación vienen realizándose desde mayo, cuando tuvo lugar el primer intercambio y se conformó la Red de Inclusión Económica.

Sonia Álvarez Pineda

“El eje fundamental del proyecto es precisamente el de incorporar a las personas con discapacidad en los sistemas alimentarios, pero no podemos llegar a ello sin antes pasar por la experiencia de vivir y entender la inclusión”.

Afirmó, además, que ya contaban con una selección de mujeres para llevar a cabo las labores agrícolas, sin embargo, a partir de ahora trabajarán en revisar el listado y establecer nuevas herramientas según lo aprendido. “Haremos otro diagnóstico que incluya estos enfoques, sobre todo buscando mujeres con discapacidad, cuidadoras o jóvenes”.

“Estamos sentando bases claras sobre inclusión para poder llegar a las comunidades con un acompañamiento cercano, inclusivo y responsable”, dijo Álvarez Pineda.

Uno de los primeros temas abordados durante el taller fue la evolución de los modelos desde los cuales se ha comprendido la discapacidad. La discusión permitió reconocer cómo ha evolucionado este concepto con el tiempo y cómo esa transformación también modifica la manera en que las instituciones diseñan sus proyectos y se relacionan con las personas.

Ernesto Fernández, miembro de la ANCI y colaborador de HI, explicó que estos modelos funcionan como marcos conceptuales para comprender qué se entiende por discapacidad, sus causas y las respuestas que debe ofrecer ante ella la sociedad.

Ernesto Fernández, miembro de la ANCI y colaborador de HI

Durante la primera jornada, los participantes analizaron situaciones de la vida cotidiana y las respuestas que suelen generarse ante ellas. El ejercicio permitió trasladar conceptos teóricos a experiencias concretas y reconocer cómo determinadas actitudes, prácticas o condiciones del entorno pueden convertirse en obstáculos.

En esa misma dirección, el coordinador de HI en Cuba, Manuel Simoncelli, presentó parte de la trayectoria de la organización y su trabajo con personas con discapacidad y otros grupos en situación de vulnerabilidad. También explicó elementos de la Política de Discapacidad, Género y Edad desarrollada por HI.

Coordinador de HI en Cuba, Manuel Simoncelli.

Sobre el proyecto destacó su deseo por superar la visión tradicional de los sistemas alimentarios para favorecer la incorporación de quienes habitualmente encuentran mayores dificultades para participar.

Género, discapacidad y cuidado

El enfoque interseccional constituyó otro de los ejes del taller. Durante la presentación “De la exclusión a la autonomía: género, discapacidad y cuidado y la reorganización social del cuidado”, Yelene Palmero, de la ACPDI, junto a Ania Mirabal, coordinadora de proyecto del Centro Félix Varela, propusieron precisamente mirar esas interacciones.

Las expositoras llamaron la atención sobre el riesgo de abordar género, discapacidad o cuidados como asuntos independientes, cuando en la práctica se relacionan y pueden generar desigualdades específicas.

Para Palmero, incorporar personas de determinados grupos a un proyecto no es suficiente. El desafío consiste en revisar las propias estructuras y maneras de trabajar de las organizaciones.

Este planteamiento adquiere particular relevancia en iniciativas relacionadas con la agricultura y los sistemas alimentarios. “La participación de las mujeres, las personas jóvenes o las personas con discapacidad no debería reducirse a cumplir una proporción determinada dentro de una actividad, sino implicar condiciones reales para que puedan intervenir, decidir y aportar sus conocimientos y capacidades”, expuso.

El análisis también colocó sobre la mesa la distribución del tiempo y las tareas de cuidado. Ania Mirabal señaló que el tiempo puede convertirse en un factor de desigualdad cuando su uso está condicionado por responsabilidades y oportunidades distribuidas de manera diferente entre las personas.

Así, hablar de inclusión supone mirar también aspectos que pueden parecer ajenos a un proyecto productivo: quién dispone de tiempo para capacitarse, quién puede trasladarse, quién recibe la información y en qué formato, quién asume las labores de cuidado y quién participa en la toma de decisiones.

De la teoría a la práctica: ¿Cómo hacer un proyecto más inclusivo?

Una de las dinámicas de la segunda jornada también llevó la discusión del terreno conceptual a situaciones concretas. Divididos en grupos, los participantes analizaron diferentes momentos de la ejecución de un proyecto y respondieron a una pregunta común: ¿Qué elementos deben tenerse en cuenta para incorporar siempre los enfoques de género, discapacidad y cuidados?

Las respuestas mostraron que la inclusión no depende de una única acción, sino de una cadena de decisiones que comienza desde la planificación y continúa durante la ejecución de cada actividad.

En los procesos de planificación, los grupos identificaron la necesidad de conocer las características y necesidades de las personas que participarán en una actividad en concreto, crear espacios accesibles y prever ajustes razonables para las personas con discapacidad. También señalaron la importancia de generar oportunidades para la participación de las mujeres en las diferentes tareas de desarrollo agrícola y de adaptar horarios y dinámicas para facilitar su presencia.

Otro elemento destacado fue acercar las actividades a quienes, por sus circunstancias, no pueden desplazarse hasta determinados espacios.

Sobre la entrega de insumos, los participantes apuntaron hacia la realización de diagnósticos adecuados de las personas con discapacidad y sus necesidades, así como hacia procesos transparentes y responsables de selección y distribución. Propusieron documentar las entregas mediante actas y establecer mecanismos de monitoreo que permitan dar seguimiento al uso de los recursos.

“Los insumos y herramientas no pueden seleccionarse de manera uniforme si las personas que integran el proyecto tienen necesidades diferentes. Considerar la discapacidad desde esta etapa implica valorar, cuando sea necesario, ajustes razonables y procurar que los recursos adquiridos sean funcionales y adecuados para quienes los utilizarán”, explicó Yudián Padrón Pérez, presidente provincial de la Asociación Hermanos Saíz en Pinar del Río.

En los espacios formativos, la inclusión fue asociada a varios aspectos: utilizar un lenguaje respetuoso de la diversidad, promover una participación equitativa y garantizar la accesibilidad de los lugares y materiales. Los participantes destacaron además la importancia de comunicar previamente la información necesaria sobre talleres y actividades, de manera que las personas puedan organizar su participación y sus responsabilidades de cuidado.

Mientras en la comunicación, punto defendido por Ernesto Fernández, se llamó la atención nuevamente sobre lenguaje inclusivo, el diseño universal, la accesibilidad y los ajustes razonables, teniendo en cuenta el mensaje que se quiere comunicar y los públicos a los cuales se busca llegar.

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