“No es concebible el futuro del país sin la ciencia y la técnica”. Han pasado cinco décadas desde aquel encuentro y, sin embargo, basta volver sobre estas palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz para descubrir que muchas de las preguntas que entonces planteaba siguen acompañando a Cuba: cómo formar a sus jóvenes, cómo convertir el conocimiento en fuerza productiva, cómo estimular la investigación y la innovación y, sobre todo, cómo preparar desde las aulas el país del futuro.
En el día del centenario de su natalicio, esa intervención ofreció un punto de partida particularmente revelador para aproximarse a su visión sobre el papel de la educación y la ciencia cubanas.
No porque aquel discurso pronunciado el 13 de septiembre de 1974, durante la clausura de la III Conferencia Nacional de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ), contenga todas las respuestas, sino porque en él aparece condensada una idea que atravesaría buena parte de su pensamiento: el desarrollo de una nación depende cada vez más de su capacidad para formar hombres y mujeres capaces de dominar, crear y transformar la ciencia y la técnica.
Quizá por eso no resulte casual que, en el contexto del centenario, la Universidad de La Habana haya vuelto a colocar la educación, el internacionalismo, la historia y el pensamiento de Fidel en el centro de su actividad intelectual.
La jornada de homenaje desarrollada el miércoles 12 de agosto incluyó el foro “Fidel Castro: Educación, internacionalismo y legado en el centenario de su natalicio”; el Fórum Nacional de Historia de Cuba, “Fidel Castro: 100 años de legado y memoria”, convocado por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) Nacional; y el Encuentro Internacional de Cátedras Honoríficas para el estudio del pensamiento y la obra de Fidel Castro Ruz, bajo el título “Fidel: por la educación y la paz”.

En la conferencia inaugural, el ministro de Educación Superior, Walter Baluja García, recordó que “la idea de una universidad accesible para todos los cubanos, independientemente de su procedencia económica o social, incluyó la reapertura y expansión de las universidades públicas, la creación de nuevas instituciones de educación superior, las becas nacionales y la formación de jóvenes dentro y fuera del país”.
También destacó que la universalización condujo también a construir capacidades científicas propias. De ahí que la formación de profesionales, el desarrollo de posgrados y la preparación de nuevos investigadores fueron adquiriendo un peso creciente en el país.
Tal como sucedió con la formación técnica: “La propia Universidad de La Habana fue punto de partida para el desarrollo de nuevas áreas de enseñanza vinculadas con la tecnología, mientras otras instituciones fueron surgiendo y trasladando determinadas especialidades hacia territorios donde existían sectores económicos, productivos o científicos capaces de fortalecer la preparación de los estudiantes”, expresó.
En particular, el encuentro internacional de Cátedras Honoríficas, dedicado a “Fidel: por la educación y la paz”, incorporó otra dimensión a esa mirada: el conocimiento como herramienta no solo para el desarrollo nacional, sino también para la cooperación y el entendimiento entre los pueblos.

Para la doctora en Ciencias Psicológicas Laura Domínguez García, profesora consultante y emérita de la Universidad de La Habana, uno de los aportes esenciales del pensamiento de Fidel a la educación está en haber entendido que enseñar no significa únicamente instruir. “La educación debe estar acompañada por una ética, por valores y por la capacidad de pensar críticamente. No basta con que un profesional domine los contenidos de su especialidad, debe ser capaz de preguntarse para qué utiliza esos conocimientos y qué responsabilidad tiene ante la sociedad”.
Otro elemento que Domínguez García considera esencial es la relación entre teoría y práctica. La enseñanza, explica, no puede reducirse a la transmisión de contenidos. El conocimiento debe permitir al estudiante interpretar su propia realidad, enfrentarse a problemas concretos y utilizar lo aprendido para transformarla. En ese sentido, la universidad tiene que ser también un espacio donde el joven aprenda haciendo, investigando y cuestionando.
Por su parte, para el Lic. Johansel Reyes Izquierdo, profesor de Historia de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, quien también participó del encuentro, la historia de la educación cubana posterior a 1959 puede leerse también como la materialización de aquella apuesta de Fidel. La alfabetización, la formación de nuevos maestros, los destacamentos pedagógicos y las experiencias actuales de incorporación de jóvenes a la enseñanza forman parte de una misma preocupación: garantizar que el conocimiento llegue a todos y que se pueda sostener y multiplicar.
Asimismo, Luis González Méndez, estudiante de segundo año de Derecho y presidente de la FEU de esa facultad, establece una conexión directa entre aquella visión de Fidel y la universidad actual. Resalta que los jóvenes universitarios de hoy tienen la posibilidad de estudiar y hacer ciencia desde etapas tempranas de su formación, algo que considera estrechamente relacionado con la concepción de Fidel sobre el papel de las nuevas generaciones.

Para él, el Comandante en Jefe fue decisivo en la transformación de la universidad cubana, al convertirla en una institución vinculada al proceso revolucionario y abierta a una concepción diferente de la educación superior.
Las presentaciones e intercambios realizados en el contexto del evento fueron propicios para a dar a conocer resultados académicos sobre investigaciones, proyectos y agrupaciones que se dedican a profundizar en la vida y obra del Comandante en Jefe.
