Amanda Serrano Díaz forma parte del Grupo de Estudios Sociales del Trabajo en el CIPS desde hace siete años./Foto: cortesía de la entrevistada.
Hay trayectorias profesionales que parecen trazadas desde el comienzo y otras que se van definiendo a medida que surgen nuevas preguntas. La de Amanda Serrano Díaz, investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), pertenece a estas últimas. Graduada de Estudios Socioculturales, encontró durante su etapa universitaria un interés creciente por el estudio de la economía y, más adelante, por el tema laboral.
Desde hace siete años forma parte de un equipo de investigación enfocado en estudiar los procesos que atraviesan algunas de las transformaciones más significativas de la sociedad cubana contemporánea. El sector privado, el cuentapropismo, las mipymes, la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y la Economía Social y Solidaria (ESS) asoman hoy entre los principales temas de su agenda científica que intenta comprender no solo cómo funcionan estos actores económicos, sino también cuál puede ser su contribución al desarrollo de las comunidades y territorios donde se insertan.
— Su formación de base es en Estudios Socioculturales, pero su carrera terminó enfocándose en la economía y la temática del trabajo. ¿Qué le hizo dar ese giro?
—La inclinación vino desde la propia carrera, donde recibí varias asignaturas sobre economía: primero, Economía política, luego Economía regional y posteriormente cubana. Estas fueron de las materias que más me atraparon. Ya desde segundo año tenía claro que quería hacer mi tesis de licenciatura relacionada con estos temas y así lo hice.
“La motivación por lo vinculado al trabajo vino después, durante la realización del ejercicio de culminación de estudios, exactamente desde cómo se trabajaba en un segmento específico del sector empresarial. Luego en mi primera experiencia laboral estuve asumiendo responsabilidades sindicales y conocí el funcionamiento de la organización y su rol más allá de lo formal. Creo que ambos aprendizajes influyeron en mí y en mi posterior desenlace”.
—¿Cuál es el vínculo que guarda su formación con su trabajo actual?
—La carrera de Estudios Socioculturales es muy amplia, abarca disímiles disciplinas y áreas del conocimiento dentro de las ciencias sociales. Diría que es como “muchas carreras dentro de una carrera” y eso te proporciona un espectro más completo, tanto de conocimiento como de posibilidades de especialización. La investigación es una de esas tantas aristas; en mi caso, la vinculada a temáticas sociales que es en la que me desempeño, junto con mi formación previa, me han permitido conectar con preocupaciones e inquietudes existentes en la sociedad.
—¿Cómo llega al CIPS? ¿Cuál es su rol dentro del centro? ¿Se enfoca directamente en los temas socioeconómicos?
—Lleo casi de casualidad. Al terminar mi servicio social quería trasladarme de la institución donde estaba y dedicarme a algo que me apasionara más. Realmente al inicio no había valorado la investigación social, más bien estaba buscando opciones vinculadas a lo cultural. En esa búsqueda, a través de la investigadora Carmen Luz, a quien le estoy muy agradecida, conozco de la existencia de plazas dentro del CIPS. Entonces fui, me entrevisté con su director, en aquel entonces el M. Sc. Juan Carlos Campos, y me aceptaron para trabajar. Comencé como especialista de la Subdirección Científica, atendiendo docencia, superación y reservas científicas. Yo contaba con categoría docente, pero no investigativa.
“A los dos meses de estar en el centro comienzo a vincularme, en calidad de colaboradora, con el Grupo de Estudios Sociales del Trabajo, donde continúo hasta hoy, pues encontré en él la manera de mantenerme estrechamente ligada a estos temas que siempre me han atrapado.
“Recuerdo que en el momento de mi incorporación al grupo se estaba investigando sobre la Responsabilidad Social Empresarial en el Centro de Inmunolgía Molecular, algo nuevo para mí que marcó mi interés por esta temática específica.
“En resumen, mi rol actual dentro del CIPS es precisamente ese: soy investigadora del Grupo de Estudios Sociales del Trabajo”.
—En el imaginario popular, el sociólogo a veces es visto como alguien que “estudia problemas”. ¿Cómo lo valora usted?
—Los sociólogos estudiamos el desarrollo y el funcionamento de la sociedad, ello implica generar nuevos conocimientos sobre fenómenos sociales. Por tanto, no solo analizamos las problemáticas sino también su desenvolvimiento y los cambios de las estructuras sociales, las relaciones, tendencias y las interacciones entre las personas. Al tiempo que ofrecemos propuestas para transformar realidades o fenómenos.
—Ya tiene dos másteres. ¿Cuáles fueron las líneas de investigación que exploró con estos estudios?
—En ambas maestrías trabajé la línea de la RSE en el sector privado, pero desde dos enfoques diferentes. En España[1] me enfoqué en el impacto en el desarrollo local de emprendimientos socialmente responsables en La Habana, a partir del estudio de cuatro negocios ubicados en cuatro municipios diferentes, y en Cuba[2] me centré en la gestión de la RSE en el espacio privado en el municipio capitalino San Miguel del Padrón, a través de un estudio de casos de cinco mipymes.
—¿Estudiar fuera y dentro del país le cambió su mirada como socióloga? ¿Qué experiencias adquirió en España y cuáles aplica hoy al estudio del sector privado cubano?

—Poder estudiar en ambos lugares me permitió ampliar mi espectro, conocer otras maneras de hacer investigación, otras miradas para analizar los problemas y procesos sociales, pero sobre todo me reafirmó el valor de la ciencia que hacemos en Cuba.
“En España tuve la oportunidad de estar vinculada a la Escuela Andaluza de Economía Social, recibir el diplomado que ellos imparten y visitar experiencias mayormente de cooperativas sobre estos temas. A partir de ello he comprendido mejor la importancia de la Economía Social y Solidaria y la Responsabilidad Social para Cuba, cuánto se puede hacer en este sentido, sus beneficios a lo interno y externo, los compromisos que se generan y fundamentalmente cuánto le aportaría a nuestro modelo económico gestionarse desde estas lógicas”.
—¿Cuál considera el principal desafío psicológico o social que enfrentan hoy los emprendedores cubanos?
—El principal desafío para los emprendedores cubanos creo que está en reiventarse en función de las condiciones del entorno y en lograr ser el soporte que necesita hoy el país. Además, deben tener mayor vínculo con la comunidad donde radican, apoyarla; articularse con los gobiernos locales e instituciones del territorio que puedan ser afines, alinearse con los objetivos o prioridades de las Estrategias de Desarrollo Municipal, y visualizarse como actores del desarrollo.
—En su trayectoria, ha participado en la Red de Economía Social y Solidaria y Responsabilidad Social Empresarial (ESORSE) y en la Red Cubana de Estudios Sociales del Trabajo. ¿Cuál es el debate más fuerte que tienen actualmente los especialistas sobre el futuro del trabajo en Cuba? ¿Por qué?
—Desde la Red ESORSE, los debates están centrados en la necesidad de que esas lógicas de trabajo (las mencionadas en la respuesta anterior) formen parte del accionar cotidiano de las entidades, para que se articulen con los procesos de desarrollo local. Fomentar el cooperativismo y rescatar el rol de las cooperativas como actor clave de la Economía Social son dos elementos clave.
“Por su parte, en la Red Cubana de Estudios Sociales del Trabajo, las principales discusiones tienen como eje común la centralidad que debe tener el trabajo en Cuba hoy, un ejercicio laboral digno que a su vez lleve a un salario digno y permita la satisfacción de las necesidades básicas de la persona. Hoy existe una distorsión entre el salario y el costo de la vida y ello está incidiendo en el aumento de la informalidad laboral.
“Otros temas son la precarización laboral, el rol del sindicato, el teletrabajo y el trabajo a distancia”.
—Usted, siendo tan joven, ha acumulado una intensa trayectoria científica en el CIPS. ¿Considera que es más de empujar puertas o de que se las abran?
—Creo que soy más de empujar, aunque el CIPS también abre puertas.
—¿Se ha sentido subestimada alguna vez por su edad o género? ¿Alguna anécdota en particular? ¿Cómo hace frente a otros investigadores cuando tiene que defender sus criterios?
—Realmente no he experimentado algo así. En los espacios del centro en que participo prima el respeto, la escucha y la empatía ante cualquier criterio. Eso me genera confianza.
—¿Qué tema laboral podemos decir le causa mayor inquietud?
—En particular, lo referente a los procesos de trabajo en entidades que abrazan los valores de la Economía Social y Solidaria y la RSE. En un plano más amplio también me son de interés lo relativo a la protección laboral, con un enfoque mayor en el sector privado; y los temas sindicales.
—¿Hacia dónde cree que debe evolucionar la regulación del trabajo por cuenta propia en los próximos cinco años para que sea más eficaz y ordenado?
—Considero que se necesita mayor estímulo en sentido general para el sector privado, a fin de que pueda desarrollarse y sostenerse en el tiempo. Hace falta estabilidad e integralidad en las normativas, porque cambian con mucha frecuencia; mayor protección para sus trabajadores, derechos laborales, así como facilitar los procesos de contratación.
—Asumió la jefatura de la Subdirección Científica del CIPS. ¿Cómo se lleva esa responsabilidad con una mirada crítica y joven?
—Estuve en ese rol durante un año, hasta inicios de abril de 2026. Asumí dicha función con muchos temores, precisamente por ser joven y por la responsabilidad de tener que coordinar el funcionamiento del área más grande del centro, la que constituye su razón de ser. Además de tener que coordinar a investigadores de muchísima experiencia y muy buenos resultados.

“Fue un año intenso, con cambios en normativas de funcionamiento de la actividad científica y en las condiciones del contexto país, pero confieso que fue todo un aprendizaje, especialmente por el apoyo que recibí”.
—¿Cuál es la línea de estudio que explorará en su doctorado? ¿Qué aspiraciones tiene con dicha investigación?
—Continuaré con la línea de la RSE. El propósito es elaborar una propuesta de modelo de evaluación de la RSE para mipymes privadas en Cuba, una arista poco explorada en investigaciones previas sobre la temática.
“En el país se carece de un modelo para evaluar la RSE, aunque se reconocen buenas experiencias de propuestas que surgieron con otros objetivos y que, aunque no son instrumentos propiamente para medir este parámetro, en cierto sentido se acercan a ello y sirven de referente.

“La idea es que sea un modelo flexible, ajustable al tamaño y objeto social de la empresa y cuya esencia pudiera ser aplicable, en la medida de lo posible, a empresas de otros espacios económicos.
Las condiciones están dadas. La necesidad de lograr un instrumento de evaluación de la RSE para las mipymes cubanas es inminente. ¿Habrá que empujar puertas para su aplicación?
[1] Máster en Políticas y Prácticas para un Desarrollo Humano Sostenible, especialidad en Alternativas Económicas y Empresas Sociales, Universidad de Córdoba
[2] Máster en Desarrollo Social, FLACSO
