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Julia Azanza: contra viento y marea

Ana Lauren Miranda
24 agosto 2026 | 0 |

En el lado derecho del portal de la casa de Julia Azanza Ricardo hay macetas artesanales repletas de plantas, un jardín breve pero copioso. Los libros están donde menos te lo esperas, encima de muebles, de mesitas o cualquier rincón útil para colocarlos.

En el mueble acolchado de la sala hay almohadillas verdes en forma de tortuga, en el piso hay tortugas de plástico duro, juguetes de su hijo, y en los lóbulos de sus orejas, dos aretes con pequeñas tortuguitas visten también de verde su rostro.

Dos gatos recorren la casa como si fuesen los dueños, aunque Julia dice que su familia es más de perros: uno compartido con los vecinos, el otro rescatado de la calle desde pequeño.

En las paredes reposan cuadros con su hijo y el mar; lo que su profesión logró unir por completo. Desde que Dario tenía un año lo lleva a Guanahacabibes, él observa y comparte el amor por las tortugas, por la naturaleza.

Julia Azanza Ricardo, además de ser profesora e investigadora en el Instituto Superior de Ciencias Aplicadas (INSTEC), lidera el proyecto Desarrollo Sostenible local de Comunidades Costeras y conservación de la Biosfera, en la península de Guanahacabibes, vinculado al Centro de Investigaciones Marinas (CIM), donde practica el monitoreo y conservación de tortugas marinas. A lo que le ha dedicado su vida.

La primera experiencia de Julia con una tortuga fue fatigosa, estaba todavía en la universidad y aunque los especialistas le habían explicado el procedimiento de cómo trabajar con tortugas, la situación se tornó compleja: “Cuando apareció ese primer animal, mi pareja de equipo y yo no sabíamos qué hacer, la tortuga avanzaba y no teníamos forma de detenerla. Cuando vinimos a ver estábamos completamente mojados, él sin espejuelos y no supimos cómo atraparla”.

  ¿Por qué las tortugas marinas? ¿qué fue lo que la convenció de estudiarlas?

—Yo honestamente quería ser bióloga marina desde niña, desde que tenía ocho años. Estuve en un círculo interés en el Acuario Nacionale y lo que me llamó la atención fueron los tiburones. A inicios de mi carrera me encantaban.

“Cuando estaba recibiendo Zoología en el año 1998 lanzan la convocatoria de un proyecto que iba a comenzar para el monitoreo de tortugas marinas. Desde la primera vez que fui y vi a una tortuga saliendo del mar, fue amor a primera vista. Me enamoré de esos animales que son unos seres increíbles, las hembras poderosas entrando en la arena con un esfuerzo tremendo, y desde momento decidí que esa iba a ser mi vida”.

—¿Cuál fue su primera investigación?

— En realidad, yo quería con mucha insistencia ser bióloga, entonces desde duodécimo grado me vinculé con el laboratorio de genética molecular en la Facultad de Biología. Comencé con la genética del camarón y eso fue lo primero que estudié.

 “Más tarde me adentré en el mundo de las tortugas marinas. En mis inicios estudié su conducta y su elección de los sitios para anidar. Posteriormente se han ido diversificando muchísimas líneas de investigación; por ejemplo, cambio climático y su afectación a estos animales, fotoidentificación para reconocer a las madres de las crías, los eventos ciclónicos en las playas y cómo eso afecta a las tortugas en sus áreas de anidación, entre otros muchos temas para estudiar a profundidad estos seres”.

—¿Cuál ha sido el mayor descubrimiento o aporte que considere ha hecho en su carrera científica?  

—Hemos trabajado temas diversos. Hay uno en particular que a mí me interesó mucho y realmente creo que puede tener una gran repercusión para la concepción de las tortugas marinas como especies: el estudio de genética poblacional, que investigué para mi tesis de doctorado.

“Encontramos que, en Cuba, sobre todo en Guanahacabibes, se encuentra una de las mayores diversidades genéticas de todo el Atlántico. Contar con una riqueza de ese calibre hace que nuestro archipiélago sea un sitio esencial para la conservación. Para mí fue extremadamente interesante y bonito.

“A la vez, en investigaciones más recientes que he hecho hay resultados bastantes preocupantes, debido a que el cambio de temperaturas está produciendo una anomalía en la forma del tamaño de las crías de tortugas marinas y la proporción de hembras que está siendo cada vez mayor”.

—¿Cómo equilibra su vocación científica con la docencia?

 —A mí las dos actividades me gustan y en muchos sentidos se complementan. Yo investigo, lo aplico en la docencia, por tanto, lo que vamos descubriendo lo compartimos con los estudiantes y todo se engrana en un mismo objetivo, así el esfuerzo se vuelve menor.

 “Además, muchos de los estudiantes se convierten en mis alumnos de tesis, entonces hay una simbiosis muy bonita. Realmente es un esfuerzo grande porque presupone llevar la investigación y a la par prepararse para las clases: es complejo.

 —¿La maternidad tuvo alguna influencia particular en su carrera científica?

—Yo salí embarazada ya dirigiendo el proyecto y fueron momentos difíciles donde me sentí frustrada por todas las actividades que tenía que asumir, hasta solté mis lagrimitas, pero se pudo. De hecho, la maternidad nunca ha sido un obstáculo para mi vida profesional, porque desde que Diego tenía un año me lo estoy llevando para Guanahacabibes y siempre se ha involucrado en este mundo de la ciencia.

“Más bien ha sido una forma de unirnos los dos en algo bonito, que él valora y le interesa. Indudablemente ahora mis trabajos de campo ya no pueden ser de 45 días, como hacía antes, pero cuando voy, vamos los dos y hemos hecho que funcione”.

—¿Cómo ha sido su rol como mujer dentro del mundo científico?

—“Yo creo que las mujeres en Cuba tenemos la posibilidad de desarrollarnos y avanzar mucho más que en otros lugares y en el campo de la ciencia particularmente me parece que aún más.

“De hecho, el proyecto lo inició la doctora María Elena Ibarra; una mujer, directora del Centro de Investigaciones Marinas. Ella lo impulsó y lo mantuvo hasta su fallecimiento en el año 2009. Después lo continué yo y a pesar de las difíciles condiciones de campaña que tenemos en el proyecto muchísimas mujeres se han involucrado.

“Nunca he sentido que ser mujer me ha hecho diferente, sino, por el contrario, que tengo todas las oportunidades del mundo para poder hacer cosas útiles por la conservación de la biodiversidad”.

—¿Qué dificultades o problemas ha tenido diariamente en el trabajo de campo?

—El problema fundamental es la logística. Este proyecto de las tortugas es ambicioso, pues involucra voluntarios, por tanto, hay que asegurarles la estancia, la comida, el transporte y eso es lo más complicado.

“La selección de estos voluntarios es compleja, hay muchas personas que quieren ayudar, pero hay que constatar que el trabajo esté bien hecho. Muchas veces los seleccionados no terminan trabajando bien, por ende, es una tarea dura de controlar. Es muy bonito involucrar a muchas personas; es una experiencia impresionante, pero necesitamos voluntarios que no solamente quieran ir a un lugar natural, sino que vayan a trabajar”.

El proyecto implica, cuenta Julia, que “las personas estén todo el verano en las playas de Guanahacabibes monitoreando las tortugas. Estos voluntarios hacen recorridos en las noches y miden a los animales, le cuentan los huevos y demás parámetros biológicos, desde julio hasta septiembre”.

Conservación marina y desafíos

—¿Cómo ha evolucionado la investigación de tortugas marinas desde que se inició usted hasta ahora?

—“El estudio de las tortugas marinas comenzó mucho antes de yo vincularme. Desde los años 70 del siglo pasado, el Centro de Investigaciones Pesqueras acometió un grupo de investigaciones dirigidas a la pesquería sostenible y lograron muchos descubrimientos relacionados con dieta y distribución de las especies en el archipiélago.

“Entonces, cuando nosotros comenzamos, el proyecto se basó sobre todo en levantar la información poblacional básica: total de anidaciones, áreas más importantes de anidación de las tortugas.

“En la medida que íbamos avanzando se fueron ampliando las investigaciones de esas ramas básicas que eran tres o cuatro y ya actualmente hemos alcanzado 17 líneas de investigación diferentes. Las cuales involucran diferentes elementos desde el seguimiento de la tortuga sin embarcación física, satelital o genética. La fotoidentificación, como te comentaba antes, que va –a los efectos del cambio climático– con el estudio del aumento de la temperatura y sus consecuencias.

“Otra de las líneas de investigación está relacionada con las afectaciones de la morfología de las crías, porque estamos viendo cambios en la estructura del carapacho de las nuevas que están naciendo.

“A la vez, estudiamos cómo la vegetación puede ser beneficiosa para las tortugas en este escenario de alta temperatura. Hemos investigado muchísimo para entender no solo la biología de las tortugas, sino cuáles son las mejores condiciones para que se desarrollen en este ambiente de alta temperatura que tenemos en la actualidad. Por ahí vamos en estos momentos”.

—¿Cuáles son los peligros reales de la caza indiscriminada?

—Las tortugas son buscadas o cazadas en diferentes países con disimiles objetivos. En algunos lugares buscan los huevos para el consumo humano. En otros, como en Cuba, van en busca de las tortugas adultas por la carne y por las conchas.

 “Esta actividad en Cuba está prohibida, es ilícita, y está conduciendo al declive de nuestras poblaciones; podemos llegar a perderlas, aunque afortunadamente en otros lugares del mundo se están recuperando”.

—¿Cuál considera que sea el mayor reto que enfrenta la conservación de estos animales marinos en Cuba?

—Por una parte, la actividad ilícita. Por la otra, considero que las personas no están claras del impacto negativo al ecosistema que están teniendo con esas acciones relacionadas con el comercio.

“Muchos consideran que al estar muerta la tortuga ya tienen potestad para vender su carne, la concha, y no se dan cuenta que así generan el mercado. Yo creo que los mayores retos serían la falta de conciencia de las personas y no tener todos los recursos necesarios para poder conservarlas adecuadamente”.

—¿Considera usted que las instituciones correspondientes cumplen su función contra estos delitos medioambientales?

 —En el país se hacen esfuerzos grandes, constantemente se están vigilando las redes sociales para poder controlar de alguna manera, el comercio ilícito. También se producen recorridos para revisar las actividades de pesca ilegal, pero, una vez más, con las carencias que tenemos se hace realmente difícil un control efectivo. Eso justamente es lo que hace que el esfuerzo de las autoridades sea imperceptible, que haya tantos problemas, no dan abasto con toda esta situación”.

Zoología como ciencia en Cuba: los desafíos

—¿Cómo considera que sea el estado actual de la Zoología en Cuba?

—Creo que la Zoología es una de las ramas de la biología que a mucha gente le motiva porque hay muchos grupos de fauna carismáticos.Es una rama que realmente llama mucho la atención, pero no en todos los grupos de animales. Entonces hay algunos de estos grupos que están mejor representados, para los cuales existen muchos especialistas, pero otros, sobre todo en temas de taxonomía de grupos grandes de especies como los invertebrados, carecen de expertos dedicados a su estudio.

“Eso haría falta reforzarlo y motivar más a los jóvenes a que se dediquen a investigar a esas especies que también son interesantes”.

—¿Cuál considera que sea el mayor reto de la zoología cubana actual?

—Considero que sería tener el relevo asegurado, que haya jóvenes que se interesen por la ciencia, que trabajen. Sobre todo, rescatar esos grupos. La zoología tiene el reto de la continuidad y de retomar esos grupos de especies que ahora mismo nadie investigar o muy pocos “.

—¿Para usted que significa ser zoóloga?

—La zoología, como su nombre lo indica, es el estudio de un grupo de animales en particular.  En mi caso, esta especie que tuve privilegio de estudiar constituye una oportunidad maravillosa, no solamente porque es muy carismática, sino porque tiene una vida compleja e interesante.

“Considero que la circunstancia de estudiar una especie con gran movilidad, complejidad en el ciclo de vida es una oportunidad única para reflexionar lo complicada que se puede tornar la vida.

“Las tortugas son especies que se mueven mucho a lo largo de grandes regiones, que cambian de hábitat a lo largo de su vida y eso hece el trabajo mucho más retador, pero a la vez extraordinario de estudiar”.

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