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Lourdes Mugica: Las aves como pasión y legado

Ana Lauren Miranda
04 junio 2026 | 0 |

Foto: David Estrada Rodriguez/Naturaleza Secreta


Dos breves tazas blancas de café adornan el escritorio del departamento de Ornitología de la Facultad de Biología, donde los libros llenan la esquina de un viejo estante. Lourdes Mugica, con expresión tenue y voz dormida, nos cuenta de su amor por lo vivo, por las aves.

Con precisión casi milimétrica habla de su infancia, de la casa de sus abuelos del campo, las vacaciones corriendo tras las gallinas o subida en cuánto árbol estuviera disponible, donde comenzó a amar lo natural.

La Ornitología para Lourdes no fue un capricho de la niñez, ni cosa del azar, o el destino: fue un profesor. “Durante la carrera no tenía interés por las aves y cuando recibí la asignatura con el profe Orlando Torres, el amor por esos animales surgió. Realmente me motivó muchísimo a que ese fuera el foco de mi vida profesional”.

Lourdes es profesora e investigadora, desde hace 40 años, en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. Ha sido conferencista invitada para compartir su conocimiento sobre aves cubanas en varios lugares del mundo: Costa Rica, Colombia, los Estados Unidos y España.

De esos viajes, guarda la que resultó su experiencia más retadora como conferencista. Corría 2016 y sesionaba la reunión anual de la American Ornithological Society (AOS), en Washington. “Aunque me preparé con un año de antelación, era un evento con alrededor de tres mil personas y tres pantallas, una central y dos laterales, como si fueras a dar un gran concierto; realmente nunca me había puesto tan nerviosa.

 “Existía, además, la posibilidad de que vinieran grupos contrarrevolucionarios a boicotear la conferencia. Era uno de mis miedos. Pero logré recomponerme, mantener vivo el discurso dando información científica y haciendo anécdotas.

— ¿Cómo fue su primera investigación?

— Mi primera investigación fue un estudio de la alimentación de la garza ganadera, que en ese momento se estaba diseminando por el país. Había llegado desde los años 40, pero había pasado a ser una de las aves más comunes.

“Empezamos a estudiarla porque se decía que se estaba nutriendo de pinchones de codornices y había que controlar las poblaciones. Hicimos un estudio en el cual analizamos los estómagos de la garza durante más de un año.

“Para mí fue impresionante ver la variedad de insectos y pequeños vertebrados que comía. Ahí aprendí lo que es un ave oportunista, la cantidad de presas que era capaz de ingerir.

“También fue una gran sorpresa que casi no comiera garrapatas, cuando coloquialmente se le dice garza garrapatera, porque la ven asociada al ganado y a instrumentos que se mueven en los campos, y eso le da el chance de comer más fácil. Su estudio me resultó muy interesante; aprendí mucha ecología, sobre todo”.

¿Qué investigación o descubrimiento considera que marcó su carrera?

 — Para el profesor y ornitólogo Martín Acosta Cruz, con quien formo un dúo profesional pues llevamos trabajando juntos más de 40 años, las arroceras fueron algo espectacular. Hicimos ambos nuestras tesis doctorales en el arroz y pudimos evidenciar cuán importante es este cultivo para la conservación de las aves acuáticas.

“Ser zoológa es tener la oportunidad de hacer algo por nuestro patrimonio natural, es un reto grande. Cada vez que escribimos y tratamos de dejar un legado se convierte en uno aún mayor, porque implica no detenerse, aumentar el conocimiento, pasarlo a las personas”./Foto: cortesía de la entrevistada.

“Comenzamos a trabajar ahí para responder una pregunta económica, porque los patos se estaban comiendo el arroz. En ese momento nos dimos cuenta de que era un sitio importantísimo para las aves y aprendimos que las arroceras, junto con los humedales naturales, conforman una unidad de conservación. Las aves utilizan el humedal natural para descansar y la arrocera como sitio de alimentación.

“Esa información había que pasarla a los arroceros. Nosotros hicimos para esto tres campañas de educación ambiental de tres meses en cada pueblo, que fueron muy exitosas en su momento.

“También escribimos un libro titulado Ecología de las aves acuáticas en las arroceras de Cuba, con el cual logramos que estuvieran incluidas en las áreas de importancia reconocidas por organismos internacionales.

 “Eso fue un gran logro. Por primera vez una IBA ( Important Bird Area) llamaba la atención a los campesinos de que lo que tenía en su mano no era solo arroz, sino la conservación de muchos de estos animales .

“Nos permitió estudiar la energía que obtienen las aves a partir del arroz. En la etapa invernal estos animales consumen cinco veces más alimento que en el verano, porque las emigrantes de invierno usan mucho este cultivo, eso quiere decir que las arroceras nuestras son importantes no solo para los pájaros cubanos, sino a nivel regional; los que vienen de Norteamérica.

“Además, este es el único estudio ambiental que se ha hecho de un cultivo cubano de forma tan integral. Entonces fue para nosotros una investigación que empezó casi casual y nos abrió el horizonte acerca de cómo el segundo cultivo más importante de Cuba contribuía a la conservación de la fauna”.

— ¿Qué desafíos ha enfrentado como mujer en el campo científico?

—Han sido muchos: la maternidad, mantener una familia, criar a mis hijas con amor a una disciplina que les robó tiempo de su mamá. Tengo dos hijas, una es bióloga y la otra es geógrafa; han aprendido amar a la naturaleza, pero eso ha costado mucho esfuerzo.

 “La realización de maestrías, doctorados, mantenerme yendo al campo a la par de mantener una familia donde llevo más de 50 años de casada; cuidar a mis nietos ha sido sin descanso. He tenido que trabajar durísimo, pero no me arrepiento.

— ¿Cuál fue su experiencia al ser una de las pocas mujeres trabajando en campos de arroceras, en esos ambientes difíciles?

—Cuando llegué los campesinos se quedaban extrañados. Al principio hubo un poco de rechazo, pero con el tiempo nos los fuimos ganando Martín y yo. A veces llegábamos al campo y cuando ellos veían un ave diferente, nos lo decían. Llegó el momento en que ya nos invitaban a almorzar.

“Para ellos fue una cosa asombrosa vernos atravesando el campo porque nadie lo suele hacer. Atravesar ese lugar es duro, rompimos muchísimos zapatos, la ropa se hacía jirones porque la planta del arroz es muy dura y te va gastando la ropa.

“Realmente ellos se quedaban abismados; nosotros caminábamos horas haciendo inventarios. Posteriormente les dábamos conferencias y así comenzaron a tenernos un respeto bastante bonito”.

— ¿Cómo combina su vida personal con la docencia y las investigaciones?

— Trabajando sin parar, me mantengo siempre muy positiva y proactiva. Llego a la casa, cocino, trabajo, incluso, los fines de semana. Trato de dedicarle también tiempo a mi familia.

“Para mí el hogar no se puede tirar a un lado, eso no funciona. Mi familia tiene para mí una prioridad tan alta como mi trabajo. Esa combinación exige muchas de mis horas, pero lo hago con amor a las dos cosas”.

Zoología en Cuba: crear valores

“Hay una generación, la nuestra, que se está esforzando extraordinariamente en formar a los jóvenes, en crear nuevos valores, lo cual es indispensable para el futuro, más que el conocimiento”./Foto: David Estrada Rodriguez/Naturaleza Secreta)

— ¿Cómo ve el futuro de la zoología en Cuba?

— Depende mucho de la generación actual de jóvenes, de que se apasionen como nos hemos apasionado nosotros, de que se dedique por entero primero a saber qué tenemos.

“Nos falta mucho por saber; en vertebrados un poco menos porque son de los grupos más estudiados, más evidentes: aves, mamíferos, reptiles, anfibios, la parte terrestre en general. Aunque todavía se encuentran nuevas especies, sobre todo de anfibios y reptiles.

“En el caso de las aves, no es que se encuentren más, sino que nuevos estudios muestran especies que, aparentemente iguales, pasan a ser diferentes. Pero todo esto lleva; primero, un conocimiento; después, la dedicación para conservar lo que tenemos.

“El futuro estriba también de cuánto logremos a la generación actual pasarle los valores de respeto por la naturaleza. Nuestra labor es muy importante en ese sentido; no puedo decir que va a ser para bien o para mal, porque todo tiene que ver mucho de la situación del país.

 “Yo creo que hay una generación actual, la nuestra, que se está esforzando extraordinariamente en formar a los jóvenes, en crear nuevos valores, lo cual es indispensable para el futuro, más que el conocimiento”.

— ¿Cuál considera, entonces, que sería uno de los mayores retos?

— Lograr imprimir esos valores, a pesar de que estamos en tiempos muy difíciles en los cuales tener dinero o ganancias ha pasado a ser la prioridad. Ese compromiso es uno de los mayores desafíos: que nuestro país avance y en la misma medida se dedicar más recursos a la conservación.

— ¿Cuáles son las principales barreras para el trabajo de campo?

— La primera, el transporte; si logramos conseguirlo podemos trabajar. Ha habido etapas muy duras, de no haber alimentos. Durante mi tesis de maestría yo bajé 70 libras. La estaba estructurando en una universidad canadiense, pero las investigaciones las hacía aquí en el año 92. Fue muy difícil la vida diaria; no desayunábamos ni almorzábamos y a veces nos comíamos un pan para después regresar a investigar al campo todo el día.

“Al zoólogo le gusta el trabajo de campo, lo disfruta. Vivir en una casa de campaña unos días no es complejo para nosotros, ni cocinar al aire libre, es decir, llevar esa vida simple. Pero sí el tener el mínimo de logística”.

Conservación y biodiversidad

— ¿Cómo ha cambiado la biodiversidad de aves en Cuba en las últimas décadas, según sus observaciones?

— Ha cambiado. Por ejemplo, yo trabajaba en la década de los 80 y 90 en las arroceras y era común ver las poblaciones de yaguacines, sobre las cuales hice mi tesis de maestría y doctorado. Hoy día son muy difíciles de ver en la misma arrocera, a pesar de que han pasado solo 30 o 40 años.

“Hemos visto grandes cambios en grupos de aves, sobre todo en las acuáticas. Sin embargo, en el Jardín Botánico, que es donde estoy trabajando ahora, hay un aumento en las poblaciones de aves y esto está relacionado con que es un área de conservación Ex situ que está protegida. Además, la vegetación está bien conservada y tiene una gran variedad. Ahí en particular hay un aumento sustancial de las especies.

 “En los años 90 nosotros hicimos un primer libro sobre las aves del Jardín Botánico y eran 41 especies; ahora acabamos de hacer el último y son 128. La diferencia es muy notable y está relacionada con el desarrollo de la vegetación, tanto cubana como de otros lugares tropicales, que hace que la diversidad también sea mucho mayor.

— ¿Cuáles considera que sean actualmente las principales amenazas para la conservación de la fauna en el país?

— En primer lugar, nuestra situación económica, el bloqueo, eso es fatal. Las personas necesitan sobrevivir y cuando no encuentran las provisiones necesarias se giran hacia la naturaleza.

 “Si no hay gas se cocina con carbón, que sale de los árboles; si no hay proteína, se coge una jutía, un pájaro… La pobreza extrema conlleva a un uso irracional de los recursos”.

— ¿Cree que las instituciones gubernamentales hagan correctamente su trabajo en juzgar los delitos medioambientales?

— Considero que tenemos buenas leyes desde un punto de vista legislativo; la regulación 160 que controla las especies de significado especial, una nueva ley de Medio Ambiente, incluso en el código penal se empiezan a declarar delitos ambientales como delitos oficiales.

“Sin embargo, la implementación de la ley está muy por debajo. Eso también está relacionado con queno tenemos suficiente personal: inspectores, y los pocos que hay les falta conocimiento.

“Entonces, todavía hay mucha ilegalidad en nuestras áreas protegidas que conllevan a delitos ambientales que están afectando las especies; por ejemplo, la cacería de aves de jaulas está sin límites. Es triste, porque está bien legislado. No es suficiente el control, ni la aplicación de la ley”.

— ¿Para usted qué es ser zoóloga?

Foto: David Estrada Rodriguez/Naturaleza Secreta

— Un desafío. Realmente tener la oportunidad de hacer algo por nuestro patrimonio natural, es un reto grande. Cada vez que escribimos y tratamos de dejar un legado se convierte en uno aún mayor, porque implica no detenerse; aumentar el conocimiento, pasarlo a las personas.

“Si no lo comunicamos no hicimos nada. No solo hay que publicar en el mundo científico, hay que llegar a la sociedad y tratar de que las personas entiendan de que todos somos responsables de cuidar ese patrimonio, que es tan importante como el que está en un museo”.

Lourdes reconoce la necesidad de hacer bibliografía para el pueblo, que puedan consumir y disfrutar:En una ocasión, en un área protegida, cuando publicamos el primer libro, regalamos a la población cercana y a las bibliotecas ejemplares, para que llegara a la mayor cantidad de personas posibles.

“Una persona de un área protegida en Matanzas me dice que había estado en ese lugar, un amigo mío. Cuando me dice el nombre me pareció raro, mi amigo no hablaba mucho.

“Cuando me contó cómo supo que era mi colega, no me lo podía creer. Lo había reconocido por una foto de dos centímetros que estaba en mi libro. Me dijo que ellos lo leían todas las noches antes de acostarse, que era el libro de cabecera en su casa. Eso me hizo ver cuán importante era para muchas personas la bibliografía, principalmente para esas que no tienen acceso a libros atractivos ni a información, cuánto lo disfrutan y aprenden. El ciudadano común no tiene acceso a los artículos científicos, que se mantienen en el mundo académico”.

Del bullicio de las arroceras al silencio de los libros, Lourdes sigue tejiendo su legado: no solo descubre, sino que enseña.  Para ella, la zoología no termina en un papel científico, sino en las manos de quien aprende a mirar y cuidar a un ave por primera vez.

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