Inicio / Debate en vivo: la reestructuración del CITMA / Alejandro Palmarola: “esta integración no es una excentricidad”

Alejandro Palmarola: “esta integración no es una excentricidad”

Redacción JT
15 julio 2026 | 0 |

Por Dr. Alejandro Palmarola, biólogo, botánico y ambientalista cubano, presidente de la mipyme estatal La Quinta S.U.R.L


Como científico cubano que ha dedicado 23 años a la investigación y la docencia universitaria, sigo con atención el proceso de transformación institucional en Cuba. Y debo decir, con toda franqueza, que comparto la esencia del cambio: la fusión de las funciones de ciencia y educación superior en un solo organismo es, sencillamente, alinearnos con una tendencia global que tiene sólidas razones de ser.

El CITMA, hay que reconocerlo, hacía tiempo que había perdido la supremacía real en la gestión de la ciencia y la tecnología del país, aunque mantenía un peso innegable en materia ambiental. La ciencia que se produce en Cuba hoy, exceptuando tal vez la estrictamente ambiental, se gesta en un altísimo porciento en las universidades y en centros de alto rendimiento como los de BioCubaFarma. La gestión científica estaba, en los hechos, fragmentada en dos estructuras: el Ministerio de Educación Superior (MES) y el CITMA. Lo he vivido en carne propia: en visitas de ministros y altos funcionarios de educación superior de otras naciones, la contraparte cubana siempre eran tanto del MES como del CITMA. Eso no es una anécdota; es la evidencia de una función partida artificialmente.

A nivel internacional, esta integración no es una excentricidad, es la norma. Basta con navegar un poco para ver los ejemplos. En Alemania, el Ministerio Federal de Educación e Investigación (Bundesministerium für Bildung und Forschung, BMBF) gestiona de forma indivisible la política universitaria y la estrategia científica nacional, desde la investigación básica hasta la innovación aplicada. En Noruega, el Ministerio de Educación e Investigación (Kunnskapsdepartementet) tiene bajo su paraguas tanto las universidades como los consejos de investigación y la política científica. Malasia fusionó en 2004 su Ministerio de Educación con el de Ciencia, creando un macro-ministerio que luego evolucionó, pero siempre bajo la premisa de que el sistema universitario es el corazón de la capacidad científica de una nación. La lista es larga: Suiza (State Secretariat for Education, Research and Innovation), México (Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación), El Salvador (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología) y muchos otros. En España por ejemplo la creación en 2023 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades que unificaba las dos carteras fue celebrado por la comunidad científica al ser considerado un reclamo de larga data – “La presidenta de la Conferencia de Rectores y Rectoras, Eva Alcón, agradece que se haya atendido la reclamación de la comunidad universitaria de unificar Universidades y Ciencia bajo un mismo Ministerio –más del 60% de la investigación se realiza en los campus–”

La razón es epistemológica y práctica: no se puede concebir la creación de conocimiento de alto nivel desgajada de la formación doctoral y posdoctoral. El investigador se forma investigando, y la universidad es el ecosistema natural para esa simbiosis.

La transformación propuesta, por tanto, no implica un cataclismo funcional para los que hacemos ciencia cada día (como he leído por ahí); el cambio más notable será, quizás, a nivel de las estructuras burocráticas y los funcionarios ministeriales. Lo cual no es poca cosa si alivia la duplicidad y la lentitud que tanto daño nos hacen. Realmente espero que esta sacudida remueva el inmovilismo y la falta de modernidad y creatividad que aquejan a la gestión científica cubana, salvo contadas excepciones.

En cuanto a la creación de un Ministerio de Ambiente, me parece un acierto y una necesidad. Era un paso lógico. Personalmente, hubiera preferido un nombre más limpio y abarcador, simplemente “Ministerio de Ambiente”, y luego en sus funciones detallar todas las atribuciones transversales que tendrá. Pero eso es cuestión de gustos. Lo sustancial es que se trata de una entidad necesaria y con vocación transversal.

Muchos años hemos hablado de la necesidad de eliminar de una vez la duplicidad de funciones que existía entre la Dirección de Medio Ambiente (DMA) del actual CITMA y la Agencia de Medio Ambiente (AMA), un solapamiento que he presenciado y que ha sido sumamente dañino para la gestión ambiental real, creando confusión, ineficiencia y vacíos de responsabilidad. El retroceso sustancial en la calidad de la gestión del Sistema Nacional de Áreas Protegidas desde la disolución de la función rectora que tenía el CNAP, es un ejemplo de ello.

Ahora bien, hay un punto donde debo manifestar mi inconformidad: la actual subordinación de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC). La Academia es, por decreto y por su propia naturaleza fundacional, un órgano libre y asesor de la Presidencia de la República, no una dirección ministerial más. Es la conciencia científica de la nación, que debe mantenerse con la independencia necesaria para ejercer su función consultiva sin las ataduras propias de la cadena de mando ministerial. No encuentro ningún sentido en la creación reiterada de nuevas comisiones asesoras de innovación y ciencia que vienen a suplantar, de facto, el papel que ya tiene la Academia por mandato. Es un despropósito duplicar o diluir una institución que, precisamente por su estatus independiente, es la llamada a ofrecer análisis desprejuiciados y de luz larga sobre el desarrollo científico del país. Espero que sobre este punto aún haya espacio para la reflexión y la rectificación.

Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *