En medio de un escenario económico muy complejo y con recursos limitados, la ciencia cubana vuelve a colocarse en el centro de las soluciones. El proyecto CAFRUVALOR, dirigido al fortalecimiento de la capacidad de la agroindustria local para mejorar las cadenas de valor alimentarias, presentó sus resultados preliminares en un seminario que evidenció cómo la innovación puede convertir subproductos agrícolas en bienes competitivos, con impacto económico, social y ambiental.
Ejecutado entre octubre de 2023 y febrero de 2026, el proyecto concentró sus acciones en dos territorios estratégicos. Cumanayagua, en Cienfuegos, zona frutal por excelencia, y la Sierra del Guamuhaya, en Villa Clara, región cafetera de reconocido prestigio. Su objetivo ha sido elevar el valor añadido de productos agrícolas locales fortaleciendo capacidades técnicas, organizativas y productivas de todos los actores que intervienen en la cadena.
La estructura de trabajo incluyó al Ministerio de la Agricultura, grupos empresariales, institutos de investigación, cooperativas, productores y gobiernos locales, con el acompañamiento de la Agencia Internacional de Cooperación del Japón.

El representante residente de JICA en Cuba, Ashida Tatsuya, calificó la experiencia como “exitosa, promisoria y generalizable en todas las empresas agroforestales del país” y subrayó que abre oportunidades para nuevas investigaciones y procesos de innovación.
Más allá del intercambio institucional, el evento mostró resultados concretos. Diversificación productiva, mejor aprovechamiento de materias primas y reducción de pérdidas en territorios con alto potencial agrícola.
Más que mango, una plataforma de futuro

En la zona frutal de Cumanayagua, la apuesta se centró en el mango, específicamente en la variedad Super Haden, reconocida por su pulpa firme y cualidades favorables para el procesamiento.
El proceso tecnológico consiste en extender la pulpa sobre silicona y someterla a deshidratación a 60 grados Celsius durante ocho horas. El resultado es un alimento con mayor vida útil y atractivo comercial, que reduce pérdidas postcosecha y amplía las posibilidades de mercado.

“El objetivo principal del proyecto es aprovechar el mango en la cadena de valor mediante un producto innovador, los rollitos de mango deshidratado”, explicó Nuria Diela Díaz Torres, directora de Proyectos y Desarrollo de la Empresa Cítricos Arimao.
Café en el campo

En la región cafetera de Villa Clara, el proyecto se enfocó en la cáscara de café, que representa alrededor del 43 por ciento del peso de la cereza. Tradicionalmente considerada un residuo, hoy se perfila como materia prima con alto potencial productivo.
“Aprovechar la cáscara fortalece la cadena de valor del café mediante el incremento de valores añadidos, sobre todo en comunidades montañosas de Manicaragua”, afirmó Yusdel Ferrás Negrín, del Instituto de Investigaciones Agroforestales.

A partir de la cáscara deshidratada y su harina derivada se desarrollaron panes, té y galletas. La iniciativa contribuye a diversificar la producción, generar ingresos en zonas rurales y disminuir impactos ambientales asociados a desechos agrícolas.
En un contexto donde la soberanía alimentaria ocupa un lugar central en la agenda de desarrollo del país, experiencias como CAFRUVALOR demuestran que la articulación entre ciencia, producción y cooperación internacional puede generar soluciones tangibles. La transformación de subproductos en bienes comercializables no solo fortalece las cadenas de valor, sino que abre oportunidades reales para el desarrollo territorial sostenible.
