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Desde Venezuela: “No quiero estar aquí”

Yuni Moliner
02 julio 2026 | 0 |

Frank Morey conoce el olor del humo, el ruido de las estructuras que colapsan y el peso de las pérdidas humanas. El bombero venezolano estuvo en Matanzas durante el incendio de la Base de Supertanqueros en agosto de 2022. Hoy vuelve a estar en la primera línea de otra tragedia, participando en las labores de rescate y salvamento en las zonas más devastadas por el sismo del 24 de junio en Venezuela.

Desde Maiquetía, Catia La Mar, Playa Grande y otros puntos afectados, describe un escenario desolador.

“Esto es como una zona de guerra. Hay muchísimas edificaciones colapsadas, mucha gente en la calle. Lo perdieron todo. Es una ciudad completamente en ruinas”.

Su trabajo consiste en buscar sobrevivientes, recuperar víctimas y acompañar a familias que esperan noticias de sus seres queridos. Pero hay respuestas que nadie quisiera dar.

“Quisiéramos poder decirles: ‘Tu familiar está bien’. Pero no podemos. Ayer recuperamos varios cadáveres que fueron entregados a sus familiares. Imagínate ese trance. No es fácil”.

Hay imágenes que ni siquiera un rescatista con años de experiencia logra apartar de su mente.

Lleva días aquí y por primera vez me dice que no quiere estar en un lugar. Allí colapsó una estructura donde se celebraba una pijamada infantil. “Cuando llegamos había entre 15 y 20 niños. Esa estructura cayó completamente. Hablaba con mi esposa, que también es bombera, y le decía: ‘No quiero estar aquí en este momento'”.

Sin embargo, Frank continúa.

En las zonas más afectadas trabajan equipos de rescate llegados de distintos países, entre ellos Cuba, junto a brigadas de Ecuador, Perú, Brasil, República Checa y otras naciones.

Testimonio del bombero venezolano Frank Morey


“La expectativa de encontrar personas con vida disminuye con el paso de las horas, pero no perdemos la fe. Hay lugares donde sobran equipos y otros donde los rescatistas trabajan con las manos, con las uñas, dejando todo por salvar a nuestros hermanos venezolanos”.

Asegura que ninguna fotografía publicada en redes sociales logra mostrar la verdadera dimensión de la tragedia.

“Lo que la gente ve es un porcentaje ínfimo de lo que realmente hay aquí”.

En medio del desastre también aparecen gestos que sostienen a quienes no pueden detenerse.

“Una botella de agua, un café, un caramelo… cualquier cosa se convierte en un bálsamo. Llevábamos casi cinco días sin tomar una bebida fría. Una señora me regaló una chupeta. La guardé dos días en el bolsillo del uniforme porque no tenía tiempo ni para comer. Al final terminé regalándola a otra persona”.

Los rescatistas duermen en campamentos improvisados, bajo el cielo, con pocas comodidades. Pero Frank insiste en que hay quienes están mucho peor.

“Somos humanos. Escuchamos llorar a la gente y también queremos llorar, pero no podemos flaquear. Ellos necesitan nuestra ayuda, un abrazo, una palabra de aliento. No sabemos hasta cuándo estaremos aquí, pero tenemos que aguantar y echar para adelante”.

Los días han mellado a Frank, pero sigue fuerte. La misma fortaleza que lo llevó a combatir el fuego en Matanzas y que hoy lo mantiene removiendo escombros en Venezuela, donde cada minuto puede significar una vida rescatada o una despedida.

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