Por Dr. C José Antonio Díaz Duque, investigador y profesor titular de la Universidad Tecnológica de la Habana
Durante muchos años he tenido la posibilidad de trabajar en el CITMA, primero como Delegado Territorial en la provincia de Pinar del Río y luego en el propio ministerio como Viceministro a cargo de las actividades de la esfera ambiental. También me
honra ser fundador del Ministerio de Educación Superior en el cual trabajé durante años, primero como alumno ayudante y luego como instructor hasta llegar a Profesor Titular e Investigador Titular, desempeñando diversas responsabilidades, primero en
la Universidad de Pinar del Rio y luego en la Universidad Tecnológica de La Habana (Cujae), lugar donde trabajo actualmente en el Departamento de Geociencias.
También creo oportuno anotar mis tres legislaturas en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), en que una parte importante del tiempo me desempeñé como Presidente de la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología y Medio
Ambiente.
He podido analizar las consideraciones y propuestas de diversos colegas, y creo que todas tienen valor; son puntos de vistas interesantes que merecen respeto y valoración. Por supuesto, unos y otros no tenemos que coincidir en nuestras opiniones pues poseemos enfoques y experiencias diversas, y justamente en eso está lo valioso y lo abarcador del análisis y del debate que servirá a los decisores que analizan el marco jurídico que respaldará la mencionada reestructuración, y que deberá contemplar más que una simple reorganización o incluso integración de funciones y atribuciones, una nueva mirada, un nuevo enfoque de cómo proceder en lo adelante, y bajo las actuales circunstancias y en los futuros escenarios, en todas las esferas de competencia para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (CTI) y para el Medio Ambiente y los Recursos Naturales (MARNA).
Hay una realidad que debemos contemplar como punto de partida, se trata de una variable ya determinada: la reducción del número de organismos del Gobierno de la República de Cuba. Esto es algo que ya debió de haberse realizado antes, sin la presión de las actuales circunstancias económicas y sociales del país, pero sin lugar a dudas es una necesidad impostergable. Por tanto, hay que descartar soluciones de creación de nuevos organismos y ajustarnos a esta condición inicial.
Acerca del medio ambiente y los recursos naturales.
Uno de los problemas que siempre me preocupó y ocupó en el CITMA, y también en la ANPP, fue justamente la existencia de la condición de juez y parte para los recursos naturales del país, específicamente suelo, bosque, agua, minerales, hidrocarburos, entre otros.
Las sucesivas modificaciones de la legislación ambiental no han logrado hasta el momento resolver este delicado y complejo problema, y considero que es ahora en que puede hacerse, concentrando en el MARNA todos los aspectos regulatorios, de vigilancia y control de los recursos naturales y no solo del agua.
En la actual propuesta del Gobierno solo se incluye lo relativo a este recurso aunque no queda claro si se mantienen también, además de las funciones regulatorias, las que hoy posee el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) en cuanto a la
explotación de las aguas terrestres, lo cual sería continuar con el error ya mencionado.
Otro aspecto medular es el que corresponde a la integración de la planificación territorial y la planificación ambiental, actualmente separadas en el Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo (INOTU y el CITMA. Este asunto viene estudiándose desde hace décadas, incluso se llegó a elaborar una propuesta fundamentada partiendo de un análisis efectuado inicialmente por el Instituto de Geografía Tropical. Hay que retomar ese documento y actualizarlo para dotar al nuevo organismo de las herramientas pertinentes para la integración de un solo ordenamiento que incluya lo físico y lo ambiental en cada territorio y localidad de la nación.
La propuesta actual también incluye este asunto aunque debe profundizarse y perfilarse en las regulaciones jurídicas que surjan con posterioridad.
Lo que sí no es adecuado, en la reestructuración de este nuevo organismo, y me refiero al MARNA, es la inclusión de todo lo relacionado con la vivienda, no le es pertinente, y podría desviar la atención de los asuntos más apremiantes que tendría que atender este ministerio en las actuales y futuras circunstancias. Por tanto, considero que debe evaluarse la inclusión de todo lo relacionado con la vivienda en el nuevo Ministerio de Industrias y la Construcción.
Existen dos aspectos no contemplados en las funciones del nuevo organismo propuesto; uno de ellos es lo relativo a su papel en el logro del desarrollo sostenible del país, en consecuencia con los postulados de la Constitución de la República de Cuba y la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista. En resumen, ¿cuál será la misión del MARNA para construir una sociedad sostenible en Cuba?
El otro aspecto, se refiere al papel de este nuevo organismo en cuanto a la participación y las obligaciones del país en la esfera ambiental internacional, en específico, lo relativo a las interacciones con las diferentes Convenciones, Protocolos, Convenios y Acuerdos Internacionales relacionados con el medio ambiente y los recursos naturales, como por ejemplo Cambio Climático,
Biodiversidad, Desertificación y Sequía, entre otros.
Finalmente deseo llamar la atención sobre dos extraordinarias fortalezas existentes hoy en el CITMA, entre otras, y que no deben diluirse o atomizarse. Una de ellas es la existencia del especialista municipal, expresión integrada y muy activa del organismo en cada territorio y que constituye un valioso colaborador del gobierno de la localidad, y sobre todo lo será aún más en el nuevo escenario de mayor autonomía local.
La otra es la permanencia y consolidación de un prestigioso sistema de alerta temprana de eventos naturales potencialmente peligrosos para el país como los ciclones y los sismos, representados y coordinados por dos entidades que son además importantes sistemas de investigación científica, me refiero al Instituto de Meteorología (INSMET) y el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS); así como también los sistemas de alerta radiológica y ambiental presentes en las Agencias de Energía Nuclear y de Medio Ambiente respectivamente.
El nuevo ministerio (MARNA) deberá ajustar sus estructuras y hacerlas más dinámicas y coherentes con la misión que se le encargue en la ley, con menos niveles de dirección y cargos. Tendrán que definirse muy bien sus funciones para con el medio ambiente, los recursos naturales, el ordenamiento físico y ambiental, la investigación en las esferas de su competencia, su responsabilidad regulatoria, la interacción con los foros de negociación y los instrumentos jurídicos internacionales en materia de
medio ambiente, recursos naturales y desarrollo sostenible, así como su papel en lograr la sostenibilidad del país.
Acerca de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.
Posiblemente este sea el asunto que más debate ha provocado entre los académicos, científicos y profesionales vinculados a esta esfera tan importante y prioritaria para el país. Y no es para menos pues constituye un eje principal de nuestra resiliencia y desarrollo.
Lo ideal sería disponer de un organismo vertical, independiente y subordinado directamente al Consejo de Ministros que atendiera esta esfera. Sin embargo, la condición inicial para la resolución del problema nos lo impide: reducir el número de los ministerios. Entonces hay que decidir donde incluirlo.
Aquí aparece el dilema de juez y parte. En cualquiera de los ministerios existentes hoy se realizan investigaciones científicas y tecnológicas, y se desarrolla la innovación tecnológica, en unos más que en otros. El propio CITMA tiene a su cargo importantes centros de investigación en las ciencias sociales, humanísticas, exactas y naturales, por tanto, es también juez y parte en este asunto, de manera que este argumento no resulta suficiente para su permanencia en este ministerio.
La propuesta que realiza el Gobierno tampoco resuelve este asunto, sin embargo, a mi juicio es la más coherente, no solo porque en el Ministerio de Educación Superior (MES) se concentra el mayor potencial científico del país y alcanzan los mayores resultados científicos cada año, sino porque además forman a las nuevas generaciones de profesionales, tecnólogos y científicos que deberán hacer suya las herramientas de la investigación y del método científico para construir una nueva sociedad más próspera y sostenible. Se trata de lograr una mayor convergencia con las dos funciones más importantes que tendría este nuevo organismo: formar e investigar e innovar.
Por otra parte, esta experiencia no es única a nivel internacional, ya se han expuesto varios ejemplos en otros países, aunque esto no lo justifica por sí mismo. Sin embargo, esta integración fortalecerá la cooperación internacional en materia de investigación científica, tan necesaria hoy para nuestros centros de investigación, partiendo de la formación de máster y doctores en ciencias, cuya esencia misma es la investigación científica.
La inserción de la gobernanza de la ciencia, la tecnología y la innovación en el MES no implicará necesariamente que el resto de los organismos, incluido el CITMA, pierda o transfiera a sus centros de investigación. Ello significará la simplificación de trámites, la integración de actividades formativas y de investigación, menos burocracia, una mayor agilidad en las gestión de los programas y proyectos.
No hay que perder la experiencia acumulada por el CITMA y el resto de los ministerios durante décadas, sino aprovecharla y perfeccionarla. No se trata de trasladar o transferir funciones de un organismo a otro; es una nueva etapa de desarrollo, que
habrá que diseñar y construir entre todos con mucho cuidado para lograr una innovadora y superior forma de gestión y de desempeño en la ciencia, la tecnología y la innovación.
