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Milagros Cuesta Casañas: la articulación de la gestión del conocimiento y de la ciencia

Redacción JT
22 julio 2026 | 2 |

Por Msc Milagros S. Cuesta Casañas, especialista integral de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente; Secretaria Ejecutiva del PNCT Desarrollo Local en Cuba


Me sumo a este ejercicio que resulta polémico, pero solucionable, expresando mi opinión como cubana, cuya vida laboral desde 1982 hasta la fecha ha sido compartida en el MES como profesora y en cuatro instituciones del CITMA.

Desde la dimensión de pueblo es importante atender a ciertos elementos claves sobre la estrategia que fue elegida (sobre todo en el CITMA), reflejo de los resultados del camino seguido a través de los años.

Como he expresado en otras plataformas, estoy muy de acuerdo con la articulación de dos ministerios que por su función y responsabilidad social externa ante el desarrollo económico social llegaban un punto de desconexión que no resultaba favorable para materializar los efectos e impactos requeridos en aras hacia un despegue articulado al desarrollo.

No existe una obra perfecta, siempre se precisa de revisión y ajustes. La generación del conocimiento está muy ligada a su puesta en práctica, que tiene como centro formación, desarrollo, fortalecimiento, consolidación de ese conocimiento, por medio de un sistema de procesos de superación, docencia, investigación como fuente primaria en la obtención de INVENCIÓN. Esto continuará hacia la gestión de ciencia con alta dosis de experimentación acompañada de la gestión de innovación como motor impulsor del desarrollo.

La estratégica cadena practicada no cerraba ciclo, con una manifestación de cierta duplicidad en funciones, con débil materialización y extensión de resultados que lamentablemente y no en pocas oportunidades quedaban engavetados y solicitando a gritos el análisis integral para su puesta en marcha.

Hoy se enfrenta un desafío, la articulación de gestión del conocimiento – gestión de ciencia en una línea conductora para una gestión eficiente y eficaz  de este binomio insustituible como premisa crucial en la construcción del desarrollo.

Insto a que no se vea como desaparición del CITMA, pensemos en la esencia misma del concepto de desarrollo y que en el actual escenario precisa de una gestión más comprometida con el desarrollo que solo nosotros podemos y estamos obligados a construir.

El reto a enfrentar lleva cambios de mentalidad en la manera de gestionar los escasos factores de producción que contamos, la formulación de estrategias (que han estado un poco distantes), no como recetas rígidas, que minimicen las interpretaciones aisladas que limitan y obstaculizan el acompañamiento y éxito de las políticas formuladas.

De ahí la necesidad de que el establecimiento de las funciones asignadas al nuevo ministerio sea el resultado de un ejercicio profundo de integración, que visualice cuál es la nueva misión, con qué contamos y qué se pretende ser, y no sea un reflejo de sustracción y adición de funciones de uno u otro organismo.

Estas lecciones además son aplicables al resto de la arquitectura organizacional que se ha formulado, con análisis de la influencia de las externalidades fruto de la articulación; observaciones que contribuyen al planeamiento y cadena de valor desde el nivel territorial hasta la nación en la búsqueda de un equilibrio macroeconómico.

Es tarea difícil, pudiera parecer romántica, mas, la construcción del desarrollo admite y no se desliga de sueños, alcanzables por etapas, donde todos somos responsables; en fin, la práctica de la ciencia integrada al servicio de construir el desarrollo autónomo, próspero y sostenible.

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Comentarios

    JAVIER PÉREZ CAPDEVILA 22/07/2026

    Hay algo que me inquieta profundamente de este escrito, y es que intenta justificar una de las sacudidas institucionales más grandes que ha vivido la ciencia cubana, pero lo hace sin poner sobre la mesa una sola prueba que realmente pese. Habla desde las alturas, con frases que suenan bien en una presentación de gestión —”desconexión”, “duplicidad de funciones”, “resultados engavetados”, “la cadena no cerraba el ciclo”—, pero nunca nos muestra los datos, los estudios, los casos concretos que nos hagan decir: “sí, aquí está el problema, y eliminando el CITMA se arregla”.

    Son afirmaciones durísimas. Y, sin embargo, se quedan en el aire. Porque una cosa es decir que algo no funciona, y otra muy distinta es demostrar que el causante de ese mal es la existencia misma del ministerio y no, por ejemplo, fallos en su gestión que podrían corregirse. ¿Qué funciones estaban duplicadas? ¿Qué normas lo provocaban? ¿Cuántos proyectos se acumularon en un cajón? Si no se responde a eso, lo que tenemos delante no es un argumento sólido, sino una opinión muy bien vestida.

    Luego viene un salto lógico que me cuesta seguir: la idea de que juntar dos ministerios resolverá, casi por arte de magia, la distancia entre el conocimiento y su aplicación. La historia nos enseña una y otra vez que cambiar el organigrama no es sinónimo de mejorar los resultados. La coordinación real se teje con liderazgo, políticas claras, financiamiento, incentivos y formas de gobernanza que van mucho más allá de poner varias oficinas bajo el mismo techo.

    Y hay algo que me descoloca todavía más: se nos pide que “no se vea como desaparición del CITMA”, cuando lo cierto es que la institución deja de existir como ministerio. Es como intentar suavizar un hecho con palabras bonitas. Se puede defender la reorganización, claro, pero negar que el organismo, tal como era, desaparece, es jugar con los nombres para no asumir la realidad.

    Pero el vacío más grande —el que de verdad me deja con preguntas— es que el texto nunca encara la cuestión de fondo: ¿por qué era tan imprescindible eliminar el ministerio y no, simplemente, sanar lo que no funcionaba? Si el problema era la coordinación, la duplicidad o la implementación, ¿acaso no había margen para reformas internas, cambios normativos o mecanismos de articulación sin tener que desmantelar una institución con más de tres décadas de historia? Mientras esa pregunta siga sin respuesta, el texto se siente más como un acto de fe en la medida que como una verdadera justificación técnica.