Proceso de trabajo del proyecto en la Empresa Mecánica Héroes del 26 de Julio./Fotos y videos: cortesía del Parque Científico Tecnológico de Holguín
En Holguín, un grupo de especialistas intenta resolver dos problemas a la vez: el volumen creciente de desechos plásticos y la necesidad de nuevas fuentes de combustible. El proyecto Pyralis, incubado en el Parque Científico, Tecnológico e Industrial del territorio, trabaja en una planta de pirólisis capaz de transformar residuos plásticos en aceites y combustibles útiles para distintos fines.
La propuesta combina desarrollo tecnológico, validación industrial y aprovechamiento de materiales difíciles de reciclar por vías convencionales. Su valor no está solo en el producto final, sino en la manera en que articula varios procesos: recogida, clasificación, transformación térmica y eventual refinación del combustible obtenido.
En un país donde la gestión de residuos y el acceso a portadores energéticos siguen siendo retos de primer orden, la iniciativa ha despertado una atención creciente.
Un proceso de descomposición controlada
La pirólisis es una técnica termoquímica que descompone materiales orgánicos en ausencia de oxígeno mediante la aplicación de altas temperaturas. En el caso de Pyralis, la materia prima principal son residuos plásticos posconsumo, entre ellos bolsas, tapas y otros desechos de difícil recuperación mecánica.
El material entra primero en un sistema de preparación y luego pasa al reactor, donde se somete a temperaturas de entre 450 y 500 grados Celsius. Ese tratamiento rompe las cadenas moleculares del plástico y genera gases y vapores que posteriormente se enfrían en etapas de condensación. De ese proceso emerge aceite pirolítico, un producto intermedio que puede ser refinado para obtener gasolina y diésel.
La lógica del sistema busca cerrar el ciclo dentro de la propia planta. Parte de los gases no condensables puede emplearse como fuente energética para alimentar equipos auxiliares o generar electricidad. De esa forma, el modelo reduce dependencia externa y aprovecha al máximo los subproductos del proceso.
Una planta pensada como sistema
Uno de los elementos que distingue a Pyralis es su concepción integral. No se trata de un reactor aislado, sino de una secuencia tecnológica diseñada para operar de manera continua. Cada etapa responde a una función concreta: recepción del residuo, acondicionamiento, pirólisis, condensación, separación y aprovechamiento energético.
En la práctica, esto exige coordinación entre varias disciplinas. Hay que dominar la mecánica de equipos industriales, la química de los materiales, la transferencia de calor, la automatización de procesos y el control de riesgos. Por eso el proyecto ha requerido una preparación larga y una combinación de conocimientos que no suelen reunirse en una sola área profesional.

El impulso inicial surgió de Alejandro Ortiz, quien asumió el diseño y desarrollo de la tecnología a partir de años de estudio y experimentación. Su experiencia no proviene de una formación tradicional en química industrial, sino de una trayectoria más amplia en la gestión empresarial y la informática, a la que sumó una preparación intensiva en áreas técnicas vinculadas con el proceso.
Validación científica y soporte institucional
La existencia del Parque Científico de Holguín ha sido decisiva para que la iniciativa avanzara. Ese espacio cumple una función que va más allá de la incubación: ofrece respaldo legal, articulación con especialistas, acompañamiento técnico y un marco para convertir una idea en una empresa viable.
Carlos Rafael Batista Matamoros, presidente de esa institución, ha defendido en varias ocasiones que el parque debe servir para acelerar proyectos con base tecnológica y capacidad de impacto real. Bajo esa lógica, Pyralis se inserta como una solución que no solo produce combustible, sino que también contribuye al desarrollo territorial y a la creación de capacidades productivas en el oriente cubano.
La validación científica es otro eslabón imprescindible. Antes de cualquier escalado industrial, la planta debe demostrar que el combustible obtenido cumple parámetros de calidad, que los equipos operan con seguridad y que el proceso se sostiene en condiciones reproducibles. Sin esa certificación, no hay transición posible entre prototipo y producción.

Rendimiento y potencial
Las proyecciones del proyecto hablan de una escala considerable. En condiciones óptimas, la planta podría procesar más de 3 500 toneladas de plástico al año y generar alrededor de 3.5 millones de litros de combustible. Esa estimación parte de una relación aproximada de un kilogramo de residuo por cada litro de aceite pirolítico.
Aunque esas cifras todavía dependen de la puesta a punto del sistema, muestran el alcance que podría tener una tecnología de este tipo si logra consolidarse. No se trata únicamente de fabricar combustible, sino de convertir una corriente de desechos en un insumo energético con valor económico.
En una primera etapa, el producto final se orientaría a usos estratégicos y servicios esenciales. El objetivo es garantizar que la producción tenga un impacto social visible y que el beneficio no quede reducido a una lógica estrictamente comercial.
Residuos difíciles de gestionar
El interés de Pyralis se explica también por el tipo de materiales que procesa. El plástico, especialmente cuando ya ha cumplido su vida útil, representa uno de los residuos más complejos para los sistemas de gestión ambiental. Su dispersión en vertederos, calles, costas y ríos genera un impacto prolongado y difícil de revertir.

A eso se suman otros desechos como aceites usados, neumáticos y residuos industriales que también plantean problemas de acumulación y tratamiento. La propuesta de pirólisis abre una vía para reducir esa carga ambiental y, al mismo tiempo, recuperar valor a partir de materiales que normalmente terminan sin aprovechamiento.
Desde el punto de vista técnico, esa capacidad de transformación es una ventaja. Desde el punto de vista ambiental, puede significar menos contaminación. Y desde el punto de vista económico, representa un posible ahorro en la importación o adquisición de combustibles convencionales.
Un desafío de ingeniería y gestión
Aunque el proyecto ha avanzado, todavía enfrenta retos de peso. Entre ellos están la obtención de financiamiento, la compra o recuperación de componentes, la certificación de los resultados y la organización de una fuerza laboral calificada.
El equipo debe resolver, además, un asunto clave: la logística de suministro de materia prima. Una planta de pirólisis necesita un flujo constante de residuos clasificados y preparados, algo que no depende solo de la capacidad industrial, sino también de la participación de instituciones, comunidades y actores locales.
A ello se añade la necesidad de garantizar condiciones seguras de operación. El manejo de combustibles, altas temperaturas y gases exige protocolos estrictos, control técnico permanente y supervisión especializada. En ese sentido, la planta no solo es una solución energética; también es un ejercicio de ingeniería aplicada al riesgo.
Ciencia útil para el territorio
La relevancia de Pyralis no se limita al combustible que pueda generar. Su mayor aporte, quizás, esté en demostrar que desde un parque científico provincial pueden incubarse tecnologías con capacidad para responder a necesidades concretas del país.
Holguín aparece así como un territorio donde la ciencia se presenta como herramienta. Un espacio donde los residuos dejan de verse como elementos pasivos y comienzan a entenderse como recurso. Y donde la innovación no se concibe como adorno, sino como una vía para resolver problemas reales.
Pyralis todavía está en proceso, pero ya ofrece una lección valiosa: cuando la investigación se enlaza con la producción y el soporte institucional, los desechos pueden transformarse en algo más que un problema. Pueden convertirse en materia prima para otra etapa del desarrollo.
