Explotación minera en Historia Natural y General de Indias, de Gonzalo de Oviedo.[1]
Para los españoles encontrar oro no fue difícil, los propios aborígenes los llevaron diciendo: “¡Osama guacheri, guariquen caona yari!” (¡Fíjese caballero, aquí es donde yace el oro! Bartolomé de las Casas en su Historia de Indias)
Diego Colón, virrey de La Española, encargó indagar el potencial aurífero de la isla a Diego Velázquez de Cuellar, en una expedición que desembarcó en el extremo oriental de Cuba en 1510. Este, a su vez, le ordenó a Pánfilo de Narváez realizar una exploración por toda la isla por tierra, y encontró oro en varios lugares: Bayamo, Jobabo, Guáimaro, Arimao, Agabama y Jaruco.
El oro encontrado fue principalmente en los aluviones, que son los conjuntos de detritos rocosos arrastrados por las corrientes fluviales.[2] Aunque la empresa de la colonización de los territorios americanos tuvo una organización capitalista, en la práctica las formas de producción fueron totalmente feudales. A cada colono se le asignó una determinada cantidad de indios que debían hacer la tarea y ser evangelizados. La encomienda debía producir la suficiente cantidad de oro para amortizar las deudas contraídas para viajar a América y sus leoninos intereses.

Figura 1. Método lusitano de lavado de arenas auríferas.
El método de exploración fue simple: a lo largo del sistema fluvial, rio arriba, se va haciendo un lavado de la arena cada cierta distancia (por ejemplo, cada cien pasos) contando cuántos granos se encuentran en el fondo de la batea y se deja una marca. Después, se regresa a los puntos de mayor cantidad de oro y se densifican los lavados hasta que se selecciona el mejor lugar para comenzar la extracción.
El método de laboreo utilizado fue recogido por Fernández de Oviedo[3] en tres tipos de lo que él denomina “minas de tierra”:
- En los lechos de los ríos desviando la corriente o en el fondo de lagunas después de desecarlas.
- En las terrazas de los lechos fluviales, en las riberas o en las quebradas.
- En las faldas de los cerros más cercanos.
Las arenas se arrancaban con aperos de labranza y eran transportadas en contenedores muy sencillos, para luego de tamizadas proceder a concentrar el metal en las jaguas o bateas. La fábrica es poco productiva, pero no requiere grandes inversiones y los obreros aprenden rápidamente.
Ya a finales de 1512, en Bayamo, se construye la primera fundición de oro, la cual fue trasladada en abril de 1515 a Santiago de Cuba. Desde allí se remitieron a la corona española las primeras remesas valoradas en 12 mil 437 pesos correspondientes al pago al impuesto denominado el “Quinto de la Corona”.

Figura 2. Estatuilla antropomórfica de oro (Departamento de Arqueología Centro Oriental de Holguín).[4]
La explotación de las minas (y el despojo del poco oro que poseían los aborígenes) llevó, entre otras causas, a la drástica disminución de la población autóctona. El régimen de explotación no solo erosionó la naturaleza, sino que, además, se llevó de paso la vida de la gran mayoría de los habitantes originarios. Con los aborígenes se va su lengua, su visión del mundo y su cultura.
El rápido agotamiento del oro en los ríos de Cuba coincide con el descubrimiento de fabulosas minas en el continente, decreciendo el interés hacia las cubanas. A los cubanos de hoy no llega casi nada de la rica herencia taina, sacrificada por el oro aluvial. Durante treinta y dos años ocurrió una explotación indiscriminada y desordenada del oro, la cual se abandona, tan pronto como se conoció lo limitado de sus recursos, unido al descubrimiento de criaderos mucho más ricos en México, Perú y California. Dice Calvache: “hicieron que quedase olvidado nuestro oro por más de tres siglos, pues hasta mediados del siglo XIX no se vuelve a explotar ese metal”.[5]
Conocer el volumen exacto de la producción de oro en Cuba en el siglo XVI es una tarea casi imposible, porque no existen estadísticas adecuadas, los datos existentes están muy dispersos, la cuantificación en los reportes no siempre es exacta y, por último, nunca se podrá saber qué volumen de la producción no fue declarada para evitar los impuestos.
El naturalista gallego Ramón de la Sagra realizó un magnífico trabajo de extracción de información sobre la industria minera del oro en Cuba en los primeros años de la conquista, fundamentalmente a partir de los manuscritos de la llamada “Colección de Juan Bautista Muñoz” y es el primero que publica extractos de la carta de Diego Velázquez a Sus Majestades el 1 de abril de 1514[6].
Los apuntes se resumen a las cifras siguientes:
| Año | Remesas según La Sagra | Fundiciones según La Sagra | Remesas según D’Esposito y Jacobs[7] | Remesas según Hamilton[8] |
| 1512 | 162 | 162 | ||
| 1513 | ||||
| 1514 | ||||
| 1515 | 12 437 | 12 480 | ||
| 1516 | 180 000[9] | 125 | ||
| 1517 | 21 000 | 21 000 | 33 535[10] | |
| 1518 | 26 300 | 45 407 | ||
| 1518 | 25 000 | |||
| 1519 | 32 790 | 112 000 | ||
| 1520 | ||||
| 1521 | 48 000 | |||
| 1522 | ||||
| 1523 | 4 250 | |||
| 1524 | ||||
| 1525 | ||||
| 1526 | ||||
| 1527 | 2 300 | |||
| 1528 | 4 250 | |||
| 1529 | ||||
| 1530 | ||||
| 1531 | 1 435 | |||
| 1532 | 21 500 | 50 000 | ||
| 1533 | 23 000 | 70 000 | ||
| 1534 | 8 154 | 56 028 | ||
| 1535 | 4 050 |
Tabla 1. Remesas de oro y fundiciones de Cuba (en pesos de oro).[11] A modo de comparación en la tabla se colocan las cifras del artículo de D’Esposito y Jacobs que resultaron ser similares a las de La Sagra.
De sus notas de los archivos de Indias, La Sagra estima que las remesas a la corona fueron por un total de 260 000 pesos de oro, desde el año de 1515 al 1534. Considerando que lo que se remesaba constituía entre un quinto del doré que se fundía, la producción total pudiera estar por encima del millón de pesos. La Sagra estimaba que esta cifra era un mínimo, la producción total real debió estar entre dos y tres millones de pesos de oro.
[1] Oviedo y Valdez, Gonzalo. Historia general y natural de las Indias (Madrid, 1535, primero de 19 libros edición completa. Publícala la Real Academia de la Historia, Madrid, Imp. de la Real Academia de la Historia, 1851)
[2] Brauns, R., 1860, Mineralogía, Biblioteca General, Universidad de La Habana, 549–B.
[3] Fernández de Oviedo, Gonzalo. 1526. Sumario de la Natural Historia Natural de las Indias. 1526. México: Fondo de Cultura Económica. 1950
[4] Marcos Martinón Torres, Roberto Valcárcel Rojas, Juanita Sáenz Samper, Maria Filomena Guerra. Metallic encounters in Cuba: The technology, Exchange and meaning of metals before and after Columbus. Journal of Anthropological Archaeology, 2012, 31(4), pp. 439-454.
[5] Calvache Dorado Antonio 1965 Historia de la Minería en Cuba.
[6] Sagra, Ramón de la, “Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba”, Tomo I Paris 1838
[7] D’Esposito, Francesco y Jacobs, Auke P. Auge y ocaso de la primera sociedad minera de América. Santo Domingo 1503-1520 Espacios y actores de la actividad minera en América Latina. Siglos XVI al XIX – Coord. David Navarrete G. Coloquios | 2015
[8] Carrasco Galán, J., 2017. Minería en La Española al comienzo del Descubrimiento (1503-1515). Boletín Geológico y Minero, 128 (3): 737-765
[9] Anglería, Pedro Mártir De orbe novo (troisième décade)
[10] Para el periodo 1513-1517
[11] El “peso de oro” fue llamado más comúnmente “castellano”. Pesaba la sexta parte de una onza o la centésima parte de una libra española, o sea 4,6 gramos.
