Inicio / Debate en vivo: la reestructuración del CITMA / Ricardo Milian Pila: De la innovación, la educación superior y la política sobre la transición energética

Ricardo Milian Pila: De la innovación, la educación superior y la política sobre la transición energética

Redacción JT
19 julio 2026 | 1 |

Por Ricardo Milian Pila, Director del Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales de la Universidad de La Habana


China entendió que hay un límite en cuanto al modelo industrial tradicional y que la innovación es el único camino para evitar el estancamiento económico.

Por ese motivo, prácticamente toda actividad de la vida cotidiana de las personas en ese país se vincula a la tecnología, la ciencia y la innovación (no sólo la tecnológica). Se estimula desde edades tempranas la creatividad, el asombro, la curiosidad.

Los programas de formación de pregrado y posgrado tienen grandes incentivos para la innovación. Todo esto se encuentra engranado de una manera tan orgánica que prácticamente todas las leyes, acuerdos, planes y declaraciones del partido colocan la ciencia y la innovación en el centro de cualquier gestión.

En Cuba, desde hace unos años se habla de gobierno basado en ciencia. La realidad es que muy poco se ha avanzado en ello. En mi opinión porque se ha manejado la ciencia y la innovación con un enfoque meramente instrumental y no de manera transversal y orgánica al desarrollo y a la cotidianidad.

Pueden haber muchas razones para ello. Y no voy a culpar a un organismo u otro. Lo cierto es que el CITMA no ha sido capaz de impulsar ese cambio de paradigma. En parte, porque más bien funcionó como un órgano burocrático, fiscalizador y regulador de la actividad científica, exceptuando áreas del conocimiento como el Medio Ambiente, donde sí son destacables los resultados en ese sentido vinculados a instituciones del CITMA.

Pero la realidad es que la ciencia en Cuba, de mayor impacto, se hace en las Universidades y en los Centros del Polo Científico. Una evidencia clara de ello es que la inmensa mayoría de los Premios de la Academia de Ciencias de Cuba, cada año, se concentran en las universidades.

Ello no es casual, existe una relación estrecha entre la formación profesional (pregrado y posgrado) y las investigaciones y los fondos captados para proyectos nacionales e internacionales, lo cual no es un aspecto menor. Cuba vive una de las contradicciones, en mi opinión, más críticas en cuanto a la formación posgraduada. Según datos de la CEPAL, somos capaces de tener una altísima tasa de graduados universitarios, pero contradictoriamente una de las menores tasas de doctores en la región.

Por supuesto, aquí influyen muchos factores: la situación económica, la emigración hacia sectores de servicio, la emigración hacia otros países, etc. Pero también tiene que ver con la manera en que hemos sido capaces o no de gestionar el conocimiento y la innovación a nivel de país. ç

Hoy, en renglones industriales de gran relevancia, que requieren personal altamente calificado, notamos una sequía tremenda de másteres y doctores. Las propias industrias y ministerios, más allá de en papeles, no siempre conciben la capacitación entre sus prioridades, más allá que las operarias.

Por otro lado, hay que reconocerlo, no existe tampoco cultura de innovación. La innovación es un proceso complejo, con un lenguaje propio que exige la construcción de un ecosistema y un entramado de relaciones que no siempre es fácil de conseguir, justamente por el desconocimiento sobre ello.

Además, es una actividad que suele requerir un esfuerzo multi e interdisciplinario. No creo que exista mejor escenario para ello que las universidades, donde suelen confluir especialistas de todas las áreas. Un espacio como este contribuiría a superar la existencia de islas y feudos para determinados temas que requieren esfuerzos conjuntos y urgencias; así como la concentración de recursos y un mayor impacto de los resultados que se deriven de la actividad científica e innovativa.

Así que, amén de las tendencias, la gestión de la ciencia y la tecnología por el ministerio de educación superior, en la nueva propuesta de estructura gubernamental, me parece más que atinado.

Por eso, aun con los resultados alcanzados en los últimos años, me parece contradictorio que, por ejemplo, la política científica relacionada con la energía y la transición energética sea definida por el MINEM. La transición energética implica un cambio de paradigma, y es sobre todo una transición cultural. De la manera que se pretende, independientemente de la importancia estratégica de ese renglón, creo que manifiesta una visión instrumental de la ciencia.

El tema de la energía es transversal a prácticamente cualquier actividad social, política y económica (es muy difícil que el MINEM, ojalá me equivoque, logre vincular por sí solo, por ejemplo, la transición energética con factores como pobreza energética y transición justa), y a toda investigación e innovación que pretenda llegar a la población.

Que el MINEM concentre esta actividad, o cualquier otro ministerio con una función similar, lo aísla o tiende aislar frente a otros resultados de la ciencia generados o acumulados por otras vías.

Por eso quiero enfatizar que el ministerio que resulte tendrá el reto de conectar de manera integral la formación profesional con la investigación y la innovación. Y en ello influir, de manera notable, en la motivación y vinculación de los jóvenes profesionales al desarrollo del país.

Igualmente debe ser capaz de impulsar la cultura científica en la población. Propiciar los espacios de integración y co-creación científica, con un marcado carácter multidisciplinario que borre de manera definitiva las fronteras entre especialidades, y coloque en el centro, con todos sus matices, la sociedad cubana.

Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

    Moisés Luciano 20/07/2026

    Interesante