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Roberto Pérez Rivero: “es un buen momento para concentrar lo ambiental en lo que debió ser”

Redacción JT
15 julio 2026 | 3 |

Por Roberto Pérez Rivero, Director de Programa Naturaleza y Comunidad de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre.


En la mayoría de los países de América Latina hay un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación que, por supuesto, incluye la educación universitaria y a la academia (lo de superior se lo dejo a la filosofía aunque siempre me ha sonado muy mal. Concentrar estos sectores en un solo espacio es algo muy bueno y posible, que hacia falta que sucediera hace tiempo. Ahora, centros de investigación tienen todos los ministerios y eso no debe cambiar.

En cuanto a lo ambiental, debería concentrarse como Ministerio de Ambiente, Recursos naturales y Cambio climático, no Medio Ambiente, porque lo queremos completo y sano. Entonces ahí deberían caer la Agencia de Medio Ambiente con todos sus centros de investigación y todas las oficinas de recursos naturales , mineros, agrícolas, acuíferos. Porque, hasta cuándo esos ministerios que explotan recursos van a ser juez y parte, diciendo que todo está muy bien. En ese Ministerio de Ambiente deberían quedarse la Dirección de medio ambiente o política ambiental, como se llamó mucho tiempo, y hasta se podría añadir el cuerpo de guardabosques, para darle poder real.

Sobre la investigación hay que tener en cuenta que todo el mundo la hace, y son muchos sectores diferentes. Tenerla toda en el CITMA fue un sesgo grande que enfrentamos por años, donde sufrieron mucho las ciencias sociales, que las defendió el Ministerio de Educación Superior desde Flacso, además de que la medicina, la educación y el deporte estaban totalmente separados del sistema.

Creo que es un buen momento para reorganizar la ciencia, la investigación y la innovación en Cuba, para cortar redundancias indeseables y llenar vacíos . Y concentrar lo ambiental en lo que debió ser, la biodiversidad, los ecosistemas, y los recursos naturales.


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Comentarios

    Javier Pérez Capdevila 21/07/2026

    La ciencia, la tecnología y la innovación nos ayudan a entender qué le pasa al planeta, a prevenir daños y a buscar soluciones reales a los problemas ambientales. Pero ese conocimiento no sirve de mucho si no se traduce en políticas, normas y acciones concretas, y justamente de eso se encargan la gestión y la regulación ambiental. Separar una cosa de la otra es como tener un buen diagnóstico médico pero no permitir que nadie recete el tratamiento: se rompe el puente entre quienes generan la evidencia y quienes tienen la responsabilidad de aplicarla para cuidar la casa común que es nuestro patrimonio natural.

    Cuba, como tantos otros lugares, vive hoy una tormenta perfecta de desafíos: cambio climático, suelos que se desgastan, falta de agua, contaminación… y, además, la urgencia de reinventar su modelo productivo. Estos no son problemas que se resuelvan por separado, cada quien en su isla. Todo lo contrario: necesitan una respuesta de conjunto, donde investigadores, innovadores y reguladores remen en la misma dirección, bajo una misma brújula estratégica. Solo así se logra coherencia y verdadera eficacia.

    Durante más de treinta años, la investigación y la regulación ambiental han caminado juntas en nuestras instituciones, y esa convivencia ha facilitado justamente lo que hoy hace falta: coordinar el trabajo científico con las políticas públicas y el control ambiental. Ahora, si alguien propone cambiar ese modelo, lo lógico —y lo responsable— sería presentar primero pruebas objetivas, evaluaciones técnicas serias que demuestren que la nueva estructura va a funcionar mejor que la integración que ya tenemos y que ha dado frutos. Pero no se ha hecho nada de eso. Y si algún día se hiciera, lo único que terminaría por demostrarse es que, para proteger lo que nos sostiene, la CTI y, la gestión y regulación ambientales deben permanecer unidas.

    Leonel 16/07/2026

    Título: “del lado de los que dicen NO a la transformación del Ministerio CITMA”:

    Por estos días, he podido apreciar que, el nuevo proceso de reorganización de los Ministerios, ha generado mucha polémica sobre la decisión de porcionar el Ministerio CITMA. Un fragmento hacia el MES (Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología) y la otra porción (Ministerio de Medio Ambiente, Hábitat y Vivienda), este último, recibiendo otras estructuras gubernamentales, como INRH, INOTU e INV.

    Las corrientes de criterios, se han centrado en el impacto que esta decisión puede tener sobre la pérdida del Capital Humano formado y la anulación de su capacidad de gestión rectora sobre la Actividad de CTI. Otras consideraciones, se enfocan sobre la tan esperada transferencia y concentración de toda la actividad de CTI (ACTI) al Ministerio de Educación Superior, promovida hace muchos años por una pléyade de académicos y profesionales del MES, que han basado sus afanes, en el hecho de que en las Universidades se ha concentrado más del 70% de la producción científica del país, no siempre con un destino claro y objetivo.

    Comparto mi perspectiva personal, en la dualidad de haber laborado por más de 20 años en el sistema del Ministerio CITMA y de haberme formado como Investigador y Profesor desde el CITMA, con ejercicio profesional directo en una Universidad cubana. Coincido con muchos de los que defienden que, es un error estratégico afrontar un proceso de perfeccionamiento de los Ministerios -no solo el CITMA-, en este momento coyunturalmente complejo y de crisis sistémica y multidimensional. Es momento de hacer una mirada interna de cada organismo, para diagnosticar y transformar el grado de debilitamiento funcional (Misión) y el alcance de la pérdida de la institucionalidad a cada nivel (funciones), para compulsar medidas transformadoras.

    El Ministerio CITMA, se creó en la primera mitad de la década de los años ´90 (abril de 1994), en un momento de una crisis multidimensional sin precedentes en el país. Gracias a la acostumbrada perspectiva previsora del Líder Histórico de la Revolución Cubana “Fidel Castro Ruz”, de que en esa coyuntura había que apostar por jerarquizar el papel de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación; como motores, ejes y palancas pivotes, para salir de esa crisis (Período Especial). Para ello, el CITMA ejercería el papel rector de todos los instrumentos (Políticas) y ente integrador natural de las fuerzas y capacidades que asumirían esa proyección, en especial las Universidades, las Entidades de CTI (Centros de Investigaciones y Centros de Servicios CT), así como los demás actores integradores (Fórum de CT, Polos Científico-Productivos Territoriales, ANIR, BTJ, otros).

    Por lo que no puedo entender, como en una nueva coyuntura de crisis multidimensional, se divida un Organismo que está llamado a sumar e integrar esas fuerzas, en estas circunstancias, independientemente de los procesos de descapitalización (pérdida del potencial científico humano), hacia otros sectores; donde este proceso no ha sido expedito del CITMA, ya que es un fenómeno generalizado, incluida las propias Universidades, funcionando con Departamentos docentes con el 25% del Claustro.

    Algunos manejan el criterio de que esta decisión, lo que busca es “fortalecer” el organismo y por ello, ponen de ejemplo muchos modelos europeos y latinoamericanos de buenas experiencias con este tipo de opción. Pero sabemos que, no siempre las réplicas son buenas para nosotros y no coincido en que, transferir el papel rector de la Política de CTI, del marco legal y regulador de la CTI en Cuba a un Ministerio formador como el MES, sea compatible con la necesaria jerarquización de un organismo que asegura la contrapartida de esa gestión (dirección, coordinación, integración, control y regulación).
    Además, el CITMA ha demostrado que, es la única instancia -con aciertos y desaciertos- con capacidades reales y autoridad ganada, para convocar y ejercer la coordinación de todos los sectores y procesos asociados a la I+D+i; así como a la gestión de innovación en las empresas, a la gestión de proyectos de CTI, a la creación de mecanismos de coordinación (comisiones, consejos, grupos de expertos), entre otras.

    Según, el proyecto de Ley de la Organización de la administración central del Estado, plantea que los organismos tienen como funciones comunes, “dirigir, regular, coordinar y controlar”, y no creo que esas sean funciones que pueda ejercer un organismo formador (proceso docente educativo y de la actividad de posgrado). De acuerdo, al artículo – 80 de la referida Ley, sobre las funciones específicas del Ministerio de Educación Superior, CyT, de las 21 funciones específicas declaradas a este organismo, solo cinco (5) funciones (23%) corresponden a la Gestión de la CTI, esa es una expresión de que se seguirá jerarquizando en el nuevo organismo las funciones y actividades docente-educativas, es decir las específicas del actual MES.

    Por otro lado, un Ministerio de Medio Ambiente, Hábitat y Vivienda, no es concurrente con el alcance de la nueva Ley del Sistema de los Recursos Naturales y el Medio ambiente, en el que no se concibe el enfoque de “sistema de los recursos naturales”. Ya que, solo se le transfiere en el nuevo ordenamiento, el papel rector sobre los recursos hídricos, preserva el de la biodiversidad. El enfoque constructivo que requiere el CITMA en este contexto, estaría en concentrar en un mismo organismo la función rectora sobre todo el sistema de los recursos naturales, para acabar de romper con el viejo paradigma de “juez y parte”. Es decir, el MINAG es rector del suelo y el bosque, pero el mismo organismo los explota y degrada, asimismo sucede con el INRH, MINEM y otros. Sí el enfoque, es de Medio Ambiente y el Hábitat; ¿Por qué no transferir también el papel rector sobre el resto de los recursos naturales (factores y condiciones físicas), principalmente el suelo, el bosque, geológicos, marinas?. Eso implicaría modificar, muchas Leyes (Ley-124, Ley-150, L-155, otras), Decretos-Leyes, Decretos y otras normas específicas.

    Se debe tener mucho cuidado con el eslogan actual, -que muchos usan a su favor-, de que “se debe cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Bajo ese precepto, se puede tachar una parte importante del Legado más luminoso de Fidel, en el año del Centenario de su Natalicio. La Educación Superior no puede ser garante de su propia actividad de I+D+i, -necesita contrapartida- y mucho menos, -como organismo formador-, ser fiscalizador de la actividad científica y tecnológica, normalización, metrología, calidad, propiedad industrial, etc, inherentes a otros sectores.

    Por lo que, pongo a consideración de los que tienen las facultades, prerrogativas y privilegios, -para levantar el brazo-, en expresión de aprobación o desaprobación, -consciente o inconsciente- de esta propuesta de Reorganización de la Administración Central del Estado, en especial del Ministerio CITMA, para que se preserve la condición fundacional de Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y por defecto, se proyecte un proceso de fortalecimiento orgánico multidimensional de ese organismo a todos los niveles, que propicie un mayor nivel de protección a la institucionalidad de la Ciencia, la Tecnología, la Innovación y el Medio Ambiente en el país, como de otros sectores debilitados.

    El nuevo paquete de 176 medidas, pide a gritos una mirada milimétrica al “orden y la legalidad” en los nuevos proyectos de negocios; para ello se requiere un mayor nivel de fortalecimiento de los cuerpos reguladores y fiscalizadores, en especial el del CITMA, esa es también una buena razón para preservar y robustecer este Ministerio Fidelista (CITMA).

    Leonel 16/07/2026

    La transformación del CITMA sin un diagnóstico técnico, riguroso y público que la justifique no es solo una temeridad administrativa: es un acto de irracionalidad que lesiona tanto la coherencia estratégica del país como la vida profesional de quienes han sostenido esa visión integradora en el terreno. Durante más de treinta años, este ministerio articuló ciencia, innovación y medio ambiente como dimensiones inseparables del desarrollo, tal como recomiendan la UNESCO y el PNUMA. Desmantelarlo sin evidencias claras de que el nuevo modelo será superior reproduce un patrón preocupante —lo vimos con el ordenamiento y la bancarización— donde las medidas se toman sin diagnósticos previos y los problemas se multiplican. Pero el daño no se agota en lo macroinstitucional: baja hasta el municipio y se encarna en esos especialistas que durante años fueron el rostro concreto de la política científica y ambiental en cada territorio, y que hoy son forzados a una elección imposible.

    Esos profesionales no eran simples funcionarios sectoriales: eran nodos integradores capaces de asesorar a un productor agrícola en manejo sostenible, acompañar proyectos de innovación local y coordinar respuestas ante emergencias ambientales, todo desde una mirada holística. Ahora la fragmentación los obliga a decidir a qué ministerio pertenecer, como si en la práctica cotidiana la ciencia pudiera ejercerse sin el medio ambiente, o la innovación sin el territorio. Quien vaya al ámbito universitario perderá el vínculo directo con los problemas ambientales y productivos; quien se incline por la nueva institucionalidad ambiental quedará desacoplado de los procesos de investigación; y quien termine en estructuras de vivienda o recursos hidráulicos verá su formación diluida en prioridades ajenas. El municipio pierde así ese nodo que permitía tender puentes entre actores locales, justo en el espacio donde los desafíos no vienen etiquetados por ministerios sino que se presentan todos juntos. Se rompe la capilaridad del sistema científico-ambiental en el nivel donde más se necesita.

    Defender la permanencia de un Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente no es, por tanto, una postura conservadora ni una defensa burocrática: es exigir que los cambios institucionales respondan a evidencias, protejan la coherencia estratégica y no diluyan la identidad de agendas que definirán el futuro de Cuba. Es también reivindicar el valor de esa inteligencia territorial forjada durante décadas, que hoy se pone en riesgo innecesariamente. Gobernar sin diagnóstico ya es grave; hacerlo desoyendo el capital humano que ha sostenido la integralidad en cada rincón del país es un lujo que una nación con recursos limitados simplemente no puede permitirse.