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Entre el laboratorio y el sagrario. El doble apostolado del padre Varela.

Carlos Jesús Alfonso Oliva
24 febrero 2026 | 0 |

El presbítero Félix Varela es uno de los padres fundadores del pensamiento cubano, sus aportes en educación, innovación ciencia y fe son aún fuente constante de ideas. Su nacimiento en La Habana y fallecimiento en San Agustín marcan una vida comprometida con el desarrollo de las ideas en Cuba.

Para marzo del año 2012, el papa Benedicto XVI declara venerable al siervo cubano Félix Varela, un paso dado a través de la Congregación para la Causa de Canonización de los Santos, colocando al presbítero cubano más cercano a los altares de la santidad. Varela es ampliamente recordado como un filósofo, político, educador y claro está como un hombre de profunda fe. En menor medida también el presbítero ha sido estudiado como promotor de las ciencias.

Lo más curioso dentro de todas las facetas de recordación varelianas, es una especie de amnesia en cuanto a la integración de todo su pensamiento. Como bien dijo Mons. Carlos Manuel de Céspedes, no hay un Varela de La Habana: pedagogo, político, revolucionario y otro Varela de New York: sacerdote ejemplar.[1] “El santo de los cubanos” integró totalmente su fe y pensamiento filosófico en la promoción y renovación científica en Cuba.

Para 1812, el padre Varela publicó por primera vez sus ideas sobre la Química, Física, Astronomía y Meteorología. Fue esta la etapa inicial de espíritu reformador educativo de Varela rompiendo con la mera repetición del saber antiguo y abriéndose al deseo de conocer, de interrogarse, de buscar la verdad. Vemos en el sacerdote cubano la materialización de la idea de Kant, de que no se aprende filosofía, sino a filosofar. Llegar con la razón propia a descubrir y analizar, no a memorizar.

Si tomamos en cuenta que no existe referencia de un profesor experimental en la Física y Química previo a Félix Varela, no es de dudar el altísimo mérito del sacerdote. Su modesto laboratorio costeado por quien sin dudas fue su mentor, el Obispo de Espada inauguró la enseñanza de la Física experimental[2] en el Colegio Seminario de San Carlos, ajena a la anquilosada Universidad dominica cubana a quien el Colegio debía subordinarse.

En 1816 había realizado otra innovación, la de transformar las antiguas discusiones literarias en simples exámenes, donde los alumnos respondían a las preguntas del tribunal con simples razonamientos naturales.[3] Varela rompía así con un tradicional método memorístico, de la antigua escolástica.

En el año 1818, les habla a sus discípulos que se disponían a iniciar estudios de filosofía en el Seminario de San Carlos, ironizaba sobre aquello greco-latino-bárbaro-arbitrario que llaman escolástico y las fórmulas y ceremonias que se deben enseñar en las clases de filosofía.[4] Como precursor del razonamiento, el presbítero no solo se opuso a los arcaicos métodos de enseñanza que prevalecían en su época, sino que también los condenó:

Si las ciencias son el conjunto de los delirios de los hombres, de voces hijas del capricho, de prácticas y reglamentos mecánicos; desde luego confieso que mis discípulos no están dispuestos para estudiarlas (…). Mas si las ciencias naturales son el agregado de conocimientos exactos sugeridos por la naturaleza (…) mis discípulos no encontrarán tropiezo.[5]

La influencia del padre Varela se encuentra en José Antonio Saco, quien le sucede en la enseñanza de la Física en el Seminario durante el periodo 1821-1824 y en su Estado de las Ciencias Físicas en la Habana en los años de 1823 y 1824[6], reconoce la importancia que tuvo la labor de su maestro.[7]

Pero, no solo en Saco, el periódico El Habanero fue un verdadero instrumento para la divulgación científica. A menudo se asocia a este periódico como instrumento meramente difusor de las ideas políticas que representaba el padre Varela, pero lo cierto es que ya desde el exilio 1824 el papel periódico vería la luz tal y como decía en su subtítulo: Papel político, científico y literario.

Félix Varela trabajó además en varias innovaciones, una rueda de nuevo tipo, por ejemplo. Según Antonio Hernández Travieso en agosto de 1831 obtuvo Varela la patente de una rueda de nuevo tipo. Se desconoce si llegó a ser utilizada, pero la noticia del invento fue publicada en The Truth Teller, de Nueva York.[8] Siendo este uno de los dos inventos patentados a nombre del presbítero.

Otro de sus aportes fue un proyecto de innovación para calefacción en los hospitales, publicado en el año 1841 en El Repertorio Médico de La Habana. Ambos trabajos demuestran el carácter práctico que Varela mostraba en sus investigaciones, trascendiendo la mera forma especulativa y así impactar concretamente en la vida cotidiana de la gente.

Sin embargo, ninguno de los aportes de Varela está alejado de la fe. El padre Varela entiende que su manera de filosofar, y su manera de hacer ciencia están estrechamente relacionadas con la verdad revelada. Para Varela la ciencia es la reunión de verdades reveladas y mandatos divinos explicados según el espíritu de la iglesia en constante tradición.[9] Separar la doctrina católica del pensamiento científico de Varela sería como quitarle el apellido burguesa a la Revolución francesa de fines del siglo XVIII.

Varela se nutre de Santo Tomás de Aquino quien sienta las bases y los límites para entender la jerarquía entre la fe y la razón y se adelanta 200 años a Juan Pablo II explicando con hechos lo que con palabras conformarían la Carta Encíclica del Sumo Pontífice a los Obispos de la Iglesia Católica Fides et Ratio (Fe y Razón).

 La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo.[10]

La obra de Félix Varela, iniciaba lo que sería la escuela cubana de pensamiento. Tres de sus continuadores expresarían sobre Varela: “quien nos enseñó primero en pensar” y “nuestro verdadero civilizador” (José de la Luz y Caballero). “El primero de los cubanos” y “el autor de la más profunda revolución filosófica” (José Antonio Saco y López Cisneros) y “patriota entero” (José Martí y Pérez).[11]

Varela conectó lo más profundo de su pensamiento filosófico y científico con sus ideas políticas. De ahí que sus Lecciones de Filosofía contuvieran en cuatro tomos: la Lógica Inductiva, Metafísica y Física. El primer tomo terminaría curiosamente con una lección única de patriotismo. La unión de toda esta razón de filosofar está vinculada estrechamente con la fe revelada para “el patriota entero”.

El patriotismo de Varela estaba estrechamente relacionado con los mejores valores del cristianismo, y tal pareciera que en la madurez de su vida, tal y como Sócrates, condenado por el sistema en el que vivían por corromper a la juventud, que en definitiva era incitarla a que pensara, Varela dedica un enorme esfuerzo intelectual en sus famosas Cartas a Elpidio sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones con la sociedad.[12]

Este texto, que sin dudas eleva mucho más el pensamiento de Varela, constituye no solo un tratado de moral. El sacerdote entiende que no basta solo con conocer la ciencia, sino constituye para el que la conoce una verdad revelada y solo puede ser mostrada a quien realice el bien. Las Cartas a Elpidio no son una apología a la religión, pero sin dudas vemos en ella una clara alusión a temas dogmáticos.

Entre las muchas preocupaciones de Varela, el destino de su país ocupaba un punto medular. Elpidio etimológicamente significa esperanza y Varela, quien declara que la obra está destinada a la juventud cubana, entiende que ella es la esperanza de Cuba. Solamente llevando adelante el pensamiento creador, se pudiera pensar en una Cuba limpia de los vicios coloniales; y ese pensamiento, que es en definitiva la virtud es medular para la Patria. No hay como el mismo Varela dijera Patria sin virtud, ni virtud con impiedad.      


[1] Céspedes, Carlos Manuel: Señal en la noche. Editorial Oriente, Santiago. de Cuba, 2003, pp. 74-75

[2] Hernández Travieso, Antonio: El Padre Varela; Biografía del forjador de la conciencia cubana. Editor Jesús Montero, La Habana, pp. 56-57, 1949

[3] Purón, Esperanza: “Faceta científica en el padre Félix Varela”. Espacio Laical. La Habana, Año 19, No. 2. 2019. p. 28

[4] Biblioteca de Clásicos Cubanos: Félix Varela Morales. Editorial Imagen Contemporánea. Volumen 1, La Habana, 2007. p.132

[5] Ídem

[6] Saco, José Antonio: Colección de Papeles Científicos, Históricos, Políticos y de otros ramos sobre la Isla de Cuba, Tomo Primero, París, 1858. p.20

[7] Purón, Esperanza: Ob cit. p.30

[8] Ídem.  

[9] Biblioteca de Clásicos Cubanos: Ob Cit. p.132

[10] Juan Pablo II: Carta Encíclica Fides et Ratio del Sumo Pontífice Juan Pablo II a los Obispos de la Iglesia Católica sobre las relaciones entre la fe y la razón. Roma. 1998. p.1

[11] Torres Cuevas, Eduardo y Yoel Cordoví Núñez: Memorias de la Nación Cubana. Tomo I. Editorial Imagen Contemporánea. La Habana. 2024. p. 132

[12] Varela y Morales, Félix: Cartas a Elpidio sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones con la sociedad. Imprenta de Guillermo Newell. Nueva York. 1935


Este texto se inscribe en el homenaje de la Cátedra de la Cultura Científica Félix Varela de la Universidad de La Habana. 

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