Foto: cortesía del entrevistado
A Carlos Luis Barnés Infante la noticia lo tomó por sorpresa. “Tuve que releer varias veces el documento para realmente caer en cuenta”, confesó al recordar el momento en que supo que había recibido el premio del CITMA como estudiante investigador.
Para este joven formado en la Universidad de Holguín, el reconocimiento significó “un honor inmenso y un impulso enorme para continuar”, además de la validación de que las investigaciones que realizan los jóvenes cubanos “es relevante y necesaria para el país”.
Su vínculo con la ciencia nació en primer año, cuando se incorporó al Grupo de Procesamiento de Datos Biomédicos. Allí, colaboró en el diseño de un sistema para gestionar trazas de voz en pacientes con Ataxia Espinocerebelosa Tipo 2.
“Fue mi primer acercamiento a cómo la ciencia de datos puede aportar al diagnóstico temprano y, sobre todo, ayudar a la salud de las personas”, explicó.
Más adelante, en segundo año, trabajó en un sistema de gestión académica pensado para facilitar la planificación de clases y eventos universitarios, experiencia que le permitió madurar en el desarrollo de software y entender que investigar exige rigor y compromiso real.
Con el tiempo, Barnés Infante decidió orientar sus esfuerzos hacia un camino más personal. A mitad de la carrera se enamoró del potencial de la inteligencia artificial y quiso poner ese conocimiento al servicio de un propósito muy nuestro: la preservación del dialecto cubano.
“La meta que me mueve es simple: poner la tecnología al servicio de nuestra propia identidad cultural”, afirmó. Esa decisión le permitió unir varias pasiones, entre ellas la ingeniería de sonido, la literatura y el apego por la cultura e idiosincrasia que identifica a los cubanos.
Hoy, investiga en el área de la inteligencia artificial aplicada a la preservación del dialecto cubano. Escogió ese campo porque, según dijo, quiere que existan tecnologías modernas que reflejen a las personas tal como son.
“Al final, el propósito es que cualquier cubano pueda interactuar con estas herramientas de forma natural”, señaló, convencido de que la tecnología debe adaptarse a la manera real en que hablamos y nos comunicamos, y no al revés.
El principal aporte de su trabajo está todavía en construcción y se centra en los datos. “Estamos trabajando en la recopilación y curaduría de un corpus doble”, detalló.
Por un lado, textos con información valiosa sobre la cultura y la literatura cubana; por otro, grabaciones de voz de hablantes nativos. La aspiración es conformar uno de los conjuntos de datos más ricos y completos para estudiar el dialecto cubano y avanzar en soluciones útiles para ese propósito.
Para consolidar esa investigación, el equipo participa actualmente en el hackathon de SomosNLP 2026, una de las mayores redes hispanohablantes en el área del Procesamiento del Lenguaje Natural.
“Llevar nuestro proyecto allí nos permite validar la calidad de lo que creamos en un entorno real y con estándares internacionales”, apuntó Barnés Infante, consciente de que estos espacios resultan decisivos para medir el alcance del trabajo y compararlo con experiencias de otros equipos.
Pero el camino no ha estado libre de obstáculos. Hacer investigación en inteligencia artificial desde Cuba, explicó, supone lidiar con documentación desactualizada, plataformas bloqueadas y barreras para acceder a servicios o herramientas indispensables.
A eso se suma la falta de infraestructura de cómputo de alto rendimiento, imprescindible para entrenar modelos de lenguaje y voz a gran escala. “Eso nos obliga a ser creativos, a optimizar cada recurso al máximo y a depender mucho del ingenio”, afirmó, convencido de que la inventiva ha sido una aliada esencial para avanzar.
En su formación ha tenido un peso decisivo la influencia de su tutora de trabajo de curso y profesora de Inteligencia Artificial, la MSc. Yisel Clavel Quintero. De ella destacó no solo su calidad humana, sino también el acompañamiento metodológico y el estímulo constante.
“Siempre estuvo ahí desde el principio, facilitándome metodologías de investigación y contenidos actualizados para estudiar este campo”, recordó, agradecido por el impulso que recibió para convertir las ideas en proyectos concretos.
Hoy, comparte con ella el equipo de investigación para la preservación del dialecto cubano, experiencia que considera una de las más motivadoras de su formación.
El premio del Citma, lejos de ser una meta final, ha reforzado sus planes inmediatos. Recién graduado y con dos años inmerso en esta línea de trabajo, Barnés Infante quiere concentrarse por completo en sus estudios de posgrado.
“Mi plan inmediato es desarrollar mi maestría y el doctorado lo antes posible”, dijo. Su intención es llevar esta investigación a la tesis doctoral, profundizar en la creación de herramientas y conjuntos de datos más maduros y, desde ahí, validar la propuesta académicamente y colocar la ciencia hecha por jóvenes cubanos en el mapa internacional.
“Queda muchísimo por aprender y por trabajar”, reconoció, “pero este reconocimiento nos aporta la energía necesaria para asumir este gran reto”.
