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Turismo circular, “una oportunidad para competir mejor y desperdiciar menos”

Sheryl Márquez Vega
20 julio 2026 | 0 |

Cuando se habla de sostenibilidad en el turismo, muchas veces la conversación se reduce al reciclaje. Sin embargo, la economía circular propone un cambio mucho más profundo. Se trata de repensar la manera en que se utilizan los recursos para reducir desperdicios, prolongar la vida útil de los materiales y aprovechar al máximo lo que ya existe.

Para un país como Cuba, donde el turismo continúa siendo uno de los principales generadores de ingresos y donde la disponibilidad de recursos sufre importantes limitaciones, la economía circular deja de ser una aspiración ambiental para convertirse en una necesidad económica. Menos consumo de agua y energía, menor dependencia de insumos importados y una gestión más eficiente de los residuos pueden traducirse tanto en beneficios ambientales como en una mayor competitividad de los destinos turísticos.

Aunque el concepto gana terreno en numerosos países, todavía existen pocas investigaciones que analicen cómo se aplica en la hotelería cubana. Sobre este tema conversamos con el investigador Sandro Felipe Acosta Mesa, quien estudió la relación entre economía circular y competitividad turística en el contexto nacional.

¿Qué los motivó a investigar la relación entre economía circular y competitividad turística?

-Empezamos a notar algo que nos llamó mucho la atención: mientras en el mundo se habla cada vez más de economía circular como palanca de competitividad turística, en Cuba prácticamente no existían estudios que analizaran esto de forma concreta, sobre todo en la hotelería. Había normativa y discurso, pero muy poca evidencia empírica sobre qué estaba pasando realmente dentro de las instalaciones. Esa brecha entre lo que se dice y lo que se hace fue lo que nos impulsó a investigar primero desde la revisión bibliográfica y después mediante un diagnóstico directo a entidades de alojamiento.

¿Por qué este tema adquiere especial importancia para Cuba en el contexto actual?

-El turismo es uno de los pocos sectores donde el país tiene margen real para diferenciarse y generar divisas. Al mismo tiempo, enfrenta limitaciones de recursos, tecnología y financiamiento. La economía circular no es un lujo ambiental; es una respuesta pragmática a la escasez. Permite optimizar lo que ya existe, extender la vida útil de los materiales y reducir gastos en un contexto donde no siempre es posible importar o invertir. Además, los turistas internacionales valoran cada vez más las prácticas sostenibles, por lo que avanzar en esta dirección también puede fortalecer la posición competitiva de Cuba dentro del Caribe.

Cuando se habla de economía circular, muchas personas piensan inmediatamente en reciclaje. ¿Qué tan acertada es esa idea?

-El reciclaje es apenas la última etapa de un proceso mucho más amplio. La economía circular aplicada al turismo implica repensar todo el modelo, desde cómo se diseñan los espacios y los servicios para generar menos residuos, hasta la reutilización de materiales, el uso compartido de recursos y la extensión de la vida útil de los productos. Trabajamos con una jerarquía de estrategias que comienza con acciones como repensar o rechazar aquello que genera residuos innecesarios y continúa con reducir, reutilizar y, finalmente, reciclar. Si un destino turístico se limita únicamente al reciclaje, está aprovechando solo una pequeña parte del potencial de la circularidad.

¿Cuáles son las tendencias internacionales en materia de circularidad?

-Observamos que la adopción de prácticas circulares en la hotelería avanza, aunque de forma desigual. Europa muestra experiencias importantes en eficiencia energética, reciclaje y diseño sostenible. América Latina presenta un desarrollo más reciente, con énfasis en la gestión de residuos. En el Caribe destaca la cooperación regional mediante iniciativas como Caribe Circular, que busca enfrentar de forma conjunta problemas de infraestructura, financiamiento y legislación.

¿Qué países están marcando la pauta y qué podría aprender Cuba de ellos?

-España aparece constantemente como referencia debido a la articulación entre el sector público y privado. También destacan Grecia, Italia y Australia en la producción científica sobre el tema. Dentro del Caribe sobresalen Jamaica, República Dominicana y los territorios franceses de ultramar por sus marcos regulatorios específicos. La principal lección es que las regulaciones por sí solas no bastan. Deben ir acompañadas de incentivos, mecanismos de financiamiento y niveles de autonomía que permitan a las empresas invertir y tomar decisiones.

¿Qué acciones concretas podrían implementar hoteles y restaurantes cubanos sin grandes inversiones?

-Existe un amplio margen para actuar con costos relativamente bajos. Entre las medidas más accesibles están el ahorro de agua y energía, el consumo de alimentos locales y de temporada, la eliminación de plásticos de un solo uso, la instalación de estaciones de recarga de agua, la separación de residuos en origen y el compostaje de desechos orgánicos. A ello se suma la capacitación ambiental de los trabajadores, una herramienta de gran impacto porque modifica comportamientos y fortalece el resto de las acciones implementadas.

Según el investigador, las principales barreras para avanzar hacia este modelo en Cuba sería el acceso limitado a recursos materiales y tecnologías adecuadas. “Lo ven como obstáculo las propias entidades. También pesan los altos costos de implementación y las dificultades para acceder a financiamiento. A estas limitaciones se suman problemas relacionados con la disponibilidad de personal especializado y determinadas rigideces institucionales que restringen la capacidad de los hoteles para tomar decisiones sobre inversiones ambientales”.

¿Qué papel desempeñan los turistas dentro de este proceso?

-Un papel fundamental. La economía circular no depende únicamente de decisiones empresariales. También influye la conducta de quienes visitan el destino. Acciones como reutilizar toallas, reducir el consumo energético o valorar las prácticas sostenibles generan señales claras para las empresas.La creciente demanda internacional por servicios turísticos responsables se ha convertido en uno de los principales motores que impulsa la adopción de estándares de sostenibilidad en el sector.

¿Cómo puede la economía circular contribuir simultáneamente a la sostenibilidad y a la rentabilidad?

-Uno de los hallazgos más interesantes fue que la mayoría de las entidades asocia la economía circular principalmente con la reducción de costos y el aumento de la eficiencia. Y ambas dimensiones no son contradictorias. Reducir el consumo de agua y energía, disminuir los gastos asociados al manejo de residuos o reincorporar materiales a los ciclos productivos genera beneficios económicos directos mientras reduce el impacto ambiental. El desafío consiste en ampliar esa visión para que el sector también reconozca su relación con el uso y la extracción de recursos naturales.

¿Existen experiencias cubanas que puedan servir de referencia?

-Sí, aunque todavía son casos puntuales. Cadenas internacionales presentes en Cuba, como Iberostar y Meliá, han incorporado estándares de sostenibilidad que en algunos aspectos superan las exigencias nacionales. También existen iniciativas en destinos como Varadero y Jardines del Rey. Sin embargo, el reto sigue siendo convertir esas experiencias aisladas en una estrategia integral que involucre a las instituciones académicas, al Ministerio de Turismo y a las propias empresas del sector.

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